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El capitán que sin saberlo fotografío al iceberg que hundió al Titanic

La fría noche del 14 de abril de 1912 pasó a la historia cuando aproximadamente a pocos minutos de la medianoche el barco más grande del mundo, un lujoso palacio flotante obra de los afamados ingenieros Thomas Andrews y Alexander Carlisle impactó en su lado de estribor contra un enorme iceberg y pocas horas más tarde se hundió en las gélidas aguas del Atlántico Norte causando una de las mayores catástrofes marítimas en la historia.

La historia del hundimiento del Titanic se ha contado cientos de veces, e infinidad de teorías intentando determinar el por qué este, en teoría, “barco imposible de hundir” se terminó hundiendo han sido postuladas. No obstante, hay otras historias relacionadas al hundimiento que no tienen que ver con el Titanic en si mismo, sino que relatan el esfuerzo de los navíos cercanos por rescatar a los sobrevivientes, recuperar cuerpos en el agua e incluso investigar y determinar qué fue lo que ocurrió.

Una de estas historias es la del buque de pasajeros SS Prinz Adalbert, el cual durante el mediodía del 15 de abril, aproximadamente unas 11 o 12 horas después del hundimiento del Titanic, detectó un iceberg particular que llamó la atención de los marineros ubicados en los puestos de vigía. Debido a la capacidad limitada de los equipos de telecomunicaciones de la época, la tripulación del Prinz Adalbert desconocía lo ocurrido ya que al momento del hundimiento se encontraban a más de 140 kilómetros del lugar y es por esta razón que los hombres en cubierta se sorprendieron al ver un enorme iceberg que presentaba restos de pintura roja en uno de sus lados. Es también importante notar que transcurrió un tiempo considerable desde que la colisión tuvo lugar hasta que el Titanic, que se encontraba viajando a una velocidad de 22 nudos, logró detenerse por completo, por lo que se calcula que el hundimiento tuvo lugar a una distancia de 5 kilómetros del iceberg.

Sospechando que una colisión había tenido lugar el capitán ordenó abandonar su curso planificado, emitir un mensaje de alerta a las embarcaciones cercanas y navegar en un patrón de búsqueda con el fin de quizás rescatar a algún naufrago. Uno de los barcos que recibió esa alerta fue la Minia, un barco comercial que se encontraba tendiendo cables telefónicos sumergidos en el océano. Debido a que se debía llevar un registro visual de ciertas de sus tareas, el capitán contaba con una cámara, la cual utilizó para capturar las que se cree son muy posiblemente las únicas imágenes cercanas que existen del iceberg que hundió al Titanic, específicamente dos fotografías: una de la cara sur y otra de la cara este.

Cabe destacar que existe una fotografía tomada por una de las pasajeras del RMS Carpathia en la cual puede verse un iceberg muy a lo lejos, y el cual varios investigadores han mencionado como posiblemente otro documento visual del objeto con el que colisionó el Titanic. La misma puede verse a continuación:

El día en que un grupo de veteranos de Vietnam protestando contra la guerra capturó la Estatua de la Libertad y cubrió su rostro

Todo ocurrió el 26 de diciembre de 1971, un grupo de 14 veteranos de guerra pertenecientes al VVAW (siglas en inglés del Veteranos de Vietnam Contra la Guerra) decidieron realizar una acción de protesta contra la guerra la cual no iba a ser ignorada por los medios. Debemos recordar que los veteranos protestando contra la guerra era uno de los mensajes anti-guerra que tenía más impacto y peso en el público estadounidense, por lo que el gobierno y los medios de comunicación intetaban constantemente disminuir su alcance.

La toma se denominó “Operación paz en la tierra” y fue planeada en Filadelfia a partir de la frustración causada por la falta de cobertura de prensa durante una de las protestas más grandes realizadas por la VVAW en Maryland. La operación ocurrió de manera fluida. Al ser el día después de navidad (en los Estados Unidos se festeja el 25), la estatua estaba relativamente vacía de turistas. Ayudados por su entrenamiento militar, en primer lugar cuatro hombres se dividieron en grupos de dos e ingresaron a la misma con la intención de forzar de manera sigilosa las rejas que daban acceso al brazo erigido y cortar sus candados; un grupo distraía a los guardias mientras el otro actuaba. Una vez cumplido lo anterior se esconderían para esperar al resto: 10 veteranos más y un reportero que decidió unirse a la causa.

El resto de los protestantes llegó a la isla en la última enbarcación, en el interior de la estatua se encontraba un guardia al cual rápidamente le comunicaron que se retire ya que su intención era “traer a nuestros hermanos de vuelta a casa”. Una de las primeras acciones fue bloquear los accesos inferiores y dirigirse hacia la corona de la estatua para plantar una bandera estadounidense invertida en la misma. Una bandera invertida tiene un significado muy antiguo en la cultura estadounidense que se remonta a los tiempos de la guerra revolucionara, y la misma se utilizaba en fortificaciones para indicar que estaban en problemas. Es considerada una señal de angustia.

La policía de Nueva York y Nueva Jersey, ambas con jurisdicción en la Liberty Island rápidamente llegaron al lugar y enviaron dos helicópteros a sobrevolar el área. Es así que una odisea de negociaciones que duraría dos días comenzó a tener lugar, todo mientras los hombres aprovechaban para diseminar su mensaje a la infinidad de medios de prensa que se hicieron presentes en el lugar. Sus pedidos iban desde terminar la guerra, la injusticia que los civiles de Vietnam estaban sufriendo y el pedido de incrementar la ayuda social y médica para los miles de veteranos que vivían en las calles.

Tras terminar la protesta, la cual era justa, y sobretodo el hecho de que se trataba de veteranos de guerra, el gobierno federal decidió no presentar cargos y los veteranos recibieron penas simbólicas.

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Los cosmonautas que quedaron varados durante meses en la Mir tras la disolución de la Unión Soviética

Son conocidas las historias de personas que quedan varadas en aeropuertos tras que el estado al cual pertenecían entra en conflicto o simplemente desaparece debido a colapsos geopolíticos, guerras u otros problemas. Incluso existe una película protagonizada por Tom Hanks, The Terminal, la cual está basada en la larga estadía del refugiado iraní Mehran Karimi Nasseri en el aeropuerto Charles de Gaulle.

Si bien las historias anteriores son interesantes, lo que ocurrió a principios de la década del 90 en la estación espacial Mir es simplemente espectacular. Todo tuvo lugar el 26 de diciembre de 1991 cuando la Declaración 142-Н, la cual formalizaba lo pactado en el Tratado de Belavezha, puso fin formal a la Unión Soviética como nación. En la estación espacial Mir se encontraban el comandante Alexander Volkov y Sergei Krikalev, ingeniero mecánico prodigio y cosmonauta veterano quien entrenó para volar en el proyecto Buran (el transbordador soviético) y quien ya había realizado varias misiones a la Mir durante finales de los años 80, incluidas largas actividades extravehículares con el fin de instalar módulos extra en la estación.

El comandante recibió ese mismo día la orden, de “mantenerse alerta ante cambios repentinos”. Todo era pleno desconcierto ya que el programa espacial soviético no estaba centralizado, sino que por el contrario varias de sus instalaciones y talento humano así como depósitos, estaciones de control e incluso fábricas y cosmódromos se encontraban distribuidas en muchas de las 11 repúblicas que formaban la que fue la Unión Soviética. El control de la estación se encontraba en Rusia, pero el cosmódromo al cual retornaban las naves Soyuz desde la estación, el cosmódromo de Baikonur, estaba en Kazajistán. Peor aún, las fábricas y depósitos de los motores de cohetes estaban en su mayor parte ubicadas en Ucrania. Traer a los cosmonautas de vuelta probó ser un verdadero laberinto diplomático.

Krikalev había llegado a la estación en la misión TM-12 la cual tuvo lugar en mayo de 1991. Si bien debió volver en julio de ese mismo año, la inestabilidad política que la Unión Soviética se encontraba experimentando llevó a que se cancelen vuelos, por lo que el cosmonauta debió quedarse hasta octubre mientras que sus compañeros de la TM-12, considerados como personal no-crítico, retornaron a tierra. En teoría su reemplazo debió llegar durante la misión TM-13 comandada por Alexander Volkov. No obstante, el ingeniero de la TM-13, Toktar Aubakirov, fue enviado específicamente a reparar un subsistema de la estación sobre el cual era experto, pero éste no había sido entrenado para permanecer en el espacio durante períodos prolongados de tiempo por lo que pocos días más tarde la nave de retorno partió de la estación llevando a los cosmonautas de la TM-13 a la tierra y dejando a Volkov y a Krikalev en la estación, en efecto, ahora se encontraban solos en la estación y sin saber a ciencia cierta qué estaba ocurriendo en tierra y el alboroto político que acontecía a lo largo y ancho de la en unos meses sería la ex-Unión Soviética. Ni siquiera sabían exactamente qué país los debía rescatar, ya que Volkov era ucraniano y Krikalev ruso.

Tras recibir en diciembre el comunicado de disolución y durante los siguiente tres meses de incertidumbre, ambos realizaron varias misiones de mantenimiento de emergencia, incluidas varias caminatas espaciales y reparaciones improvisadas. Lo más interesante durante éste tiempo tuvo lugar cuando rompieron el protocolo varias veces para utilizar la radio de la estación y comunicarse con radioaficionados en tierra para obtener noticias ya que el control de la misión no les daba información alguna de lo que estaba ocurriendo.

Ambos cosmonautas finalmente lograron retornar a la tierra el 25 de marzo de 1992, Krikalev nunca se cansó del espacio, y meses más tarde ya se encontraba entrenando para las misiones de cooperación entre la NASA y la Federación Rusa, incluidas varias misiones de transbordador y la histórica Expedición 1, la primer misión a la Estación Espacial Internacional.

El día en que a Hungría se le ocurrió forzar a la gente a sonreír para terminar con los suicidios

El club de la sonrisaUna década y media tras la primer guerra mundial en Budapest, Hungría, un grupo de investigadores estudiando varios datos estadísticos sobre la población y el desarrollo de la misma tras la posguerra, detectó algo que preocupó inmensamente a los gobernantes de dicho país: la cantidad de suicidios se había disparado de manera alarmante, eran los años 30 y los suicidios eran incluso superiores a los registrados durante la guerra en si misma. Si bien hoy sabemos que las olas de suicidio no son nada raro, y de hecho, por ejemplo en países como el Japón ocurren de manera periódica, por ejemplo todos los primeros de septiembre suelen ser mortales para los estudiantes ya que es el día en que finalizan las vacaciones y muchos estudiantes con problemas de stress o angustia no pueden sobrellevarlo, en la década del 30 estos fenómenos sociales eran completamente desconocidos; por lo que, en vez de buscar soluciones efectivas, como por ejemplo las desarrolladas en Japón, que buscan atacar las causas y amortiguar el stress y la angustia, en Hungría idearon una de las soluciones más extrañas alguna vez concebidas: forzar a la población a sonreír.

El club de la sonrisa
No sólo la solución fue extraña, las causas que se teorizaron también lo fueron, ya que se culpó de manera unilateral a la canción Gloomy Sunday, altamente melancólica y de tonos tristes. Canción cantada por Billie Holiday compuesta por el pianista húngaro Rezső Seress, una tarde lluviosa y nublada de domingo en El club de la sonrisaParís, mientras el músico lamentaba el reciente suicidio de su novia. La leyenda urbana sobre la “canción del suicidio”, la cual créase o no continúa hasta el día de hoy, creció de tal manera que llevó a que la canción fuese prohibida tanto en Hungría como en los Estados Unidos y varios otros países, e incluso se llegara a multar fuertemente a las radios que la pasaran. Hoy sabemos que la canción no tuvo que ver, y que la ola de suicidios estuvo relacionada con los efectos económicos y el tenso clima que se vivía en la Hungría próxima a los inicios de la segunda guerra mundial, con fascistas linchando gente por las calles y comunistas actuando para acorralar al país dentro del régimen soviético. El mismo Seress sufriría un destino trágico, primero perseguido por los nazis a causa de su religión y luego por los comunistas ya que sus canciones fueron consideradas “contrarevolucionarias”.

La ciudad de las sonrisas
El club de la sonrisaPara solucionar los suicidios se crearían las “escuelas de la sonrisa” agrupaciones en las cuales se le enseñaría a la gente a sonreír, muchas veces copiando las sonrisas de personajes famosos, como por ejemplo Roosevelt, o de obras de arte famosas, como la Mona Lisa.

Estas “escuelas de la risa” tenían profesores de la sonrisa, los cuales contaban con todo tipo de material que enumeraba los distintos tipos y estilos de sonrisa y sus efectos en los demás. Esto último, por cierto, fue considerado como muy importante ya que se consideraba que la sonrisa se “transmitía”, por lo que a la gente triste, a la cual le costaba sonreír, se le proporcionaban “máscaras de la sonrisa”. Además de todo lo anteriormente mencionado, existían máscaras de entrenamiento de la sonrisa, en la cual se fijaba por horas la boca en posición de sonrisa.

Además de dichas escuelas, ejércitos de payasos salieron a las calles para alegrar a los transeúntes. La movida probaría ser inútil, y prontamente el gobierno húngaro, azotado por las creciente e inevitable amenaza en el horizonte de una nueva guerra mundial, cerró las escuelas de la risa las escuelas y enfocó sus esfuerzos en adiestrar a la población para una resistencia de combate urbano y supervivencia. Curiosamente, los suicidios bajaron.

The Right Stuff

The Right StuffDesafortunadamente durante el 40ta aniversario del gran acontecimiento que fue la llegada del hombre a la Luna me encontraba tan ocupado y atareado que no pude crear una entrada celebrando este evento histórico. No obstante, y porque mejor tarde que nunca, aprovecho esta conmemoración para acercarles la mejor película sobre la carrera espacial alguna vez creada: The Right Stuff

y si bien la misma no trata sobre el Programa Apollo, sino que relata la historia de los primeros astronautas, los “space cowboys” del proyecto Mercury, The Right Stuff es realmente una oda que simboliza el esfuerzo y sacrificio que costó la llegada a la Luna. Y por sobretodo, un gran homenaje a ésos intrépidos que arriesgaron sus vidas sentándose, literalmente, arriba de un tubo metálico lleno de combustible explosivo con el fin de avanzar el conocimiento humano.

Por cierto, y el hecho de tener que tratar esto realmente me entristece, pero es necesario. Últimamente ganó popularidad el mito infundado que dice que “el hombre no pisó la Luna,” y que todo se trató todo de una pantomima política filmada en un estudio de televisión. Esto último es casi tan ridículo como defender al “diseño inteligente” o decir que la actividad humana no es, en parte, responsable por el cambio climático. Realmente una ridiculez. En el Programa Apollo se vieron involucradas infinidad de personas de más de cincuenta países, y gracias al mismo se crearon infinidad de tecnologías que hoy utilizamos cotidianamente. No obstante, y por sobretodo, existen pruebas irrefutables y tangibles de la veracidad de la llegada del hombre a la Luna. Esto último ya lo he tratado en un artículo hace un tiempo en el cual se presentan enumeradas todas las pruebas de la veracidad del hecho. Desde la confirmación del éxito de la misión Apollo por el jefe de ingenieros del Programa Espacial Soviético, las pruebas físicas de la llegada, hasta los recuentos de los radio-astrónomos independientes que siguieron a los módulos hasta la Luna con su propio equipo.
The Right Stuff

La mirada de las mil yardas

Mirada de las mil yardasCon la reciente muerte de Harry Patch, el último soldado sobreviviente que participó en el combate de trincheras durante la Primer Guerra, comencé a leer bastante sobre la vida de este gran hombre, quien a pesar de sus 111 años y frágil salud, continuaría hasta utilizar sus últimas fuerzas en advertir a las generaciones futuras sobre los horrores y la inutilidad de las guerras.

En la serie de recuentos y anécdotas que supo dejar antes de morir, una supo captar mi atención en gran medida. La misma contaba como, en un principio, los oficiales fusilaban a ciertos hombres por cobardía tras que éstos, al recibir una orden, la ignoraban por completo. No obstante, los soldados sabían que no se trataba de cobardía ni desobediencia, sino que había una razón mucho más profunda y desalentadora para este comportamiento que comenzaba a surgir en los campos de batalla modernos. No porque no existiese anteriormente, sino porque las condiciones de la guerra misma habían cambiado, volviéndose mucho más intensas y estresantes. Con el pasar de los meses, el Alto Mando Británico confirmaría esta sospecha, y daría la orden a rajatabla a sus comandantes de no fusilar a éstos hombres. Esto ya que catalogarían a los mismos como ‘enfermos de guerra’. Prontamente todos los bandos tendrían su nombre para esta condición: Kriegszitterer para los alemanes, obusite para los franceses, y shell-shock para los americanos y británicos.

Hoy lo conocemos como desorden de stress post-traumático agudo. No obstante, anteriormente, y años después del aterrador combate de trincheras y gases nerviosos, durante la Segunda Guerra, los soldados comenzarían a referirse a esto informalmente como “la mirada de las mil yardas,” a partir de un artículo aparecido en la revista LIFE y en alusión a la prácticamente abstracta presencia de la persona de su lugar físico. Era fácil reconocerlos, hombres sentados en trincheras o búnkers con sus miradas perdidas, mirando hacia la nada, muchas veces sonriendo a pesar de estar bajo intenso fuego de artillería, ignorando todo peligro a su alrededor como si sus mentes hubiesen decidido escapar de sus maltrechos cuerpos.

En la imagen en cuestión vemos a un soldado australiano de la Primer Guerra en un improvisado hospital de campaña tras la sangrienta Batalla de Ypres, con su mano amputada junto a otros heridos. Sonriente, y completamente abstraído de la sombría escena que le rodeaba, el soldado tiene su mirada perdida en la nada, como si se encontrase en un mundo aparte, alejado de los horrores de la guerra. -click en la imagen para ver la escena completa-.a

Tom Attridge, el piloto que se derribó a si mismo

El 21 de Septiembre de 1956 la USAF y Grumman se encontraban realizando pruebas aéreas y análisis de rendimiento en aviones de la serie F-11 Tiger, un jet capaz de alcanzar velocidades Match 1.1 y de buena maniobrabilidad, sobre el océano Pacífico. Uno de los pilotos involucrados en las pruebas era Thomas W. Attridge, de 33 años y experimentado en este tipo de prácticas. Su trágica hazaña pasaría a la historia de la aviación como el primer incidente en el que se derribase a si mismo.

Esto ocurrió cuando, tras disparar una ráfaga de 4 segundos con su cañón de 20 mm a 3.900 metros, acelerara su avión en ángulo descendente utilizando el quemador (afterburner) de la nave. Al alcanzar los 2.100 metros Attridge volvería a disparar el cañón de 20mm, sin embargo, se vería interrumpido por una brusca sacudida. Pensando que había chocado con un pájaro, intentaría alcanzar la base más cercana, sólo para descubrir que el motor de su nave presentaba serios daños, siéndole imposible llevarlo más allá del 78% de su poder.

Desesperado, Attridge se daría cuenta que, dadas las condiciones de su vuelo, le sería imposible alcanzar la base, por lo que intentaría descender en una isla cercana. El aterrizaje sería problemático, y el avión se envolvería en una bola de fuego, Attridge, con su pierna y varias costillas rotas, sería rescatado en una arriesgada maniobra por un helicóptero enviado por la base. Tras el incidente debería permanecer durante dos semanas en terapia intensiva.

Tras una sería investigación se descubriría que el Tiger había sido impactado por sus propias balas que había disparado segundos antes a 3.900 metros.

Si bien el incidente parece de no creer teniendo en cuenta que hablamos de un piloto experimentado, debemos reconocer que los F-11 eran de los primeros aviones a reacción con buena aerodinámica, por lo que los pilotos de pruebas que los utilizaban realmente debían reaprender varias variables de vuelo ya que estos se comportaban de una manera muy distinta en el aire a todas las naves anteriores. Razón suficiente como para que estos tipos de accidentes se hicieran presentes en las pruebas.

La Gran Inundación de Moscú de 1908

Hace unos meses habíamos charlado sobre la Gran Inundación de Paris de 1910, en la que el Sena engulló a la Ciudad de las Luces -y en la que según tengo entendido se ahogó uno de mis tatarabuelos-. Pero Paris no fue la única ciudad que prácticamente quedó ahogada en la furia de la naturaleza. Pocos años antes Moscú había pasado por lo mismo a causa de una épica crecida del río Moscova.

Esta crecida, de aproximadamente unos 127 metros sobre el nivel del mar, fue la mayor en la historia de la ciudad. En las imágenes se puede observar el casco histórico moscovita semi-tapado por el agua. La crónica de todo un diluvio moderno:

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Imágenes de la gran inundación de Paris de 1910.

Las pinturas vivientes de Inakadate

Arte tamboCuenta la leyenda que todo comenzó como una competencia entre dos campesinos rivales a muerte los cuales no se contentaban sólo con colectar las cosechas más abundantes de arroz, sino que además pretendían cosechar las más bellas. Otros dicen que la costumbre comenzó solo gracias a la casualidad, pero sea cual sea el origen de esta ya tradición el resultado es asombroso y realmente bello.

Arte tambo

Arte tamboTodos los años los campesinos del pequeño pueblo de Inakadate, Japón, realizan distintas “pinturas vivientes” las cuales son logradas gracias al empleo de los colores hallados en los distintos tipos de arroz. Con este fin se traza primeramente un diseño el cual, tras mucha paciencia, se formará sólo cuando germinen las plantas. Esto es debido a que los “trazos” de la pintura son formados gracias a la utilización de distintas variedades coloridas de arroz. Entre ellas, el kodaimai de hoja amarilla y el tsugaru de hoja verde (arroz romano en occidente) y arroz negro. El resultado es realmente asombroso y generalmente despliega escenas tradicionales japonesas.

Arte tambo

Arte tambo

Las pinturas vivientes de la Alemania Nazi
Esvástica del bosqueEsta costumbre, aunque con flores de jardín, era muy común en el pasado de los pueblos germanos. Durante el nazismo intentó ser revivida con gran éxito habiéndose plantado centenares de “pinturas arbóreas”. Si bien la absoluta mayoría fue destruida tras la Segunda Guerra aun queda una de estas “pintura arbóreas” en el bosque de Zernikow la cual, a causa de su lejanía, ha sobrevivido a los reiterados intentos de desmonte. Esta consiste en una svástica de 60 acres que sólo se forma brevemente durante la primavera cuando los alerces que la conforman florecen. Si bien aun mantiene su estructura varios de los arboles que la formaban fueron talados en algunos de los reiterados intentos de desmonte. Según se cree los alerces amarillos fueron plantados en 1937 en conmemoración del cumpleaños de Adolf Hitler.

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Los ocho afortunados, las personas que sobrevivieron a las dos bombas atómicas

En Japón se denomina como los Ocho Afortunados a los sobrevivientes que estuvieron tanto en Hiroshima como Nagasaki cuando las bombas atómicas fueron lanzadas. Si bien es muy probable que más personas hayan sobrevivido a ambas detonaciones, de hecho el Museo de la Paz en Hiroshima calcula que pudieron existir unas 160 Nijū Hibakusha -traducción literal: personas doblemente irradiadas-, la falta de registros por parte del gobierno y el caos tras la rendición de Japón hicieron que sólo se confirmaran ocho casos. Frustrado con este panorama el afamado productor de TV Hidetaka Inazuka decidió filmar un documental llamado “Niju Hibaku” -Doble Irradiación- en el cual entrevista al último sobreviviente, Tsutomu Yamaguchi, de 90 años.

Yamaguchi era un ingeniero de Mitsubishi trabajando en el puerto de Nagasaki. El destino quiso que el fatídico 6 de Agosto, día en en el que fue detonada “Little Boy” la primer bomba de de 13 kilotones, se encontrara en Hiroshima en un viaje de negocios con el fin de asegurar el suministro de repuestos para el astillero de Nagasaki. En el momento exacto de la explosión se encontraba a 2 kilómetros de la Zona Cero guarecido por una fortificada instalación de la zona industrial de Hiroshima. Sin embargo, el calor intenso y los temblores hicieron que sufriera quemaduras y contusiones por todo su cuerpo. Cuando se lo entrevistó mencionó sólo recordar ver el flash y lo difícil que era respirar con el aire tan caliente. Tras ver el caos y el descontrol pasó dos días intentando volver a su ciudad. Al llegar, y a pesar de las heridas, decidió dirigirse a su puesto de trabajo y reportar lo ocurrido a su jefe quien, como gran parte de la población de Japón, ignoraba lo que había ocurrido. Como ingeniero Tsutomu sabía que el arma utilizada en Hiroshima no era convencional y temía que la guerra esté totalmente perdida. Sus temores se confirmarían ese mismo día, el 9 de Agosto explotó la segunda bomba. Yamaguchi se encontraba en las oficinas del astillero a unos 3 Km de la zona cero reportando y describiendo todo lo visto. Volvió a sentir el calor intenso y en ese momento, según sus palabras “aterrado pensé que las explosiones me estaban siguiendo a mi”. Cuando salio a las calles llegó a pensar que había llegado el fin del mundo.

Afortunadamente desde ese entonces Tsutomu pudo vivir una vida pacífica y formar una familia. Ya jubilado sigue viviendo en Nagasaki y dedica su tiempo libre a escribir poesías.

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Imágenes de la gran inundación de Paris de 1910

Uno de los desastres naturales más destructivos y devastadores de principios del siglo XX tuvo lugar en París en el año 1910, sólo dos años después de la gran inundación que destruyó Moscú. Trágico porque junto a sus aguas la inundación se llevó consigo algunos de los tesoros de la historia más valiosos como monumentos y reliquias de incalculable valor.Y llamativo porque nadie pudo haberla previsto, de hecho, Jean-Paul Phillipon, el arquitecto que construyó el Musée d’Orsay diría con un gran dolor “Calculamos que el agua podría subir hasta 33 metros, nadie podía haber imaginado que lo haría hasta los 33.62 metros”. De esta manera hospitales, museos, casas y edificios fueron arrasados por el agua. Los taxis de tierra fueron reemplazados por lanchas que transportaban suministros y gente enferma en una ciudad aterrorizada y convencida de que sería arrastrada por el Sena. Sin embargo, la inundación pasó y las fotografías quedaron como testigos inmutables de un evento histórico.

Reconstruir la ciudad y los monumentos tuvo un valor cercano a los cien millones de dólares,

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Como las matemáticas salvaron al mundo de una guerra nuclear

Si a la mayoría de las personas se le preguntara cómo mejorar las posibilidades de obtener lo que deseamos en una negociación donde debamos persuadir a nuestra contraparte, inmediatamente pensarían que la herramienta necesaria es la psicología. Sin embargo, estarían erradas ya que la Teoria de Juegos Matemáticos, diseñada por el matemático John von Neumann y el economista Oskar Morgesten en 1939, es el método más efectivo para obtener lo que queremos, e incluso hoy en día es el método predilecto siendo utilizado por empresas y gobiernos de todo el mundo.

Neumann y Morgesten buscaban una herramienta en la matemática aplicada que les permitiese perfeccionar, de la manera más óptima posible, el resultado de la interacción entre diferentes partes y sus comportamientos estratégicos ante un mismo problema. Para esto se basaban en modelos matemáticos de situaciones de decisión interactivos que varían y se adaptan con cada decisión tomada por los actores del conflicto. Esto es debido a que, ante un conflicto o negociación, varios actores con intereses totalmente opuestos y que utilizan diferentes tipos de interacción, en realidad pueden presentar incentivos e intereses similares.

Tras una gran investigación y desarrollo de sus conceptos publicaron un libro que es considerado la piedra angular de la teoría del juego: “Theory of Games and Economic Behavior” (1944). Una vez publicada dicha obra invitaría exitosamente a miles de matemáticos de todo el mundo a desarrollar sobre el tema. Con el pasar de los años sus aplicaciones se expandirían de la economía a la biología, la industria, el estudio poblacional, etc. Pero sería un campo en especial el más prolífico: El área militar.

Durante la Guerra Fría teóricos del juego ocupararon un rol importantísimo en la toma de decisiones, tanto políticas como militares. Su prueba de fuego, no obstante, transcurrió durante la Crisis de los Misiles Cubanos. Aquí, ante la necesidad inmediata de tomar un rumbo de acción, los matematicos de ambas partes comenzaron a analizar todos los posibles escenarios que se obtendrían como resultado del accionar de las diferentes partes. Sorprendente y afortunadamente, se llegaría a la conclusión de que una guerra sería la peor salida táctica posible. Los Soviéticos, que utilizaron los mismos conceptos matemáticos, llegaron a la misma conclusión. Gracias a las matemáticas, en gran parte, el mundo se salvo de una lluvia nuclear.

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– El profesor S. J. Brams realizó un análisis completísimo de la Crisis de los Misiles utilizando la teoría del juego como medio analítico. Una lectura muy recomendada si quieren comprender la teoría en todo su potencial (está en Inglés).