Los fósiles vivientes

Los fósiles vivientes son seres vivos cuyo origen evolutivo tuvo lugar hace cientos de miles o millones de años y debido a ciertos aspectos ambientales se mantuvieron hasta el día de hoy relativamente sin muchos cambios. Esto los hace organismos muy distintos a todos los otros organismos en la actualidad, con funciones biológicas e incluso mecanismos biológicos extremadamente interesantes y distintos a la norma.

Hosen-ji, el árbol que logró sobrevivir a la bomba atómica.
Hosen-Ji, el árbol que sobrevivio al ataque nuclear en Hiroshima.

Por ejemplo, durante el ataque nuclear a la ciudad japonesa de Hiroshima, varios árboles de la especie Ginko Bilboa, fósiles vivientes tan antiguos que son la única especie dentro de su propia familia, sobrevivieron a la intensa ionización causada por la detonación nuclear gracias al hecho de que sus células estaban adaptadas a resistir altos niveles de oxidación celular. Esto se debió a que dichos árboles evolucionaron durante una era terrestre en la cual el oxigeno atmosférico era muy superior.

A continuación veremos algunos de los más interesantes.

El cangrejo gigante japonés

Las profundidades son uno de los misterios más grandes de hoy en día, de hecho, conocemos con mucho mayor detalle el sistema solar y la vía láctea que las profundidades oceánicas debido al simple hecho que es mucho más fácil observar con telescopios desde la distancia a los cuerpos celestes y los astros que descender a las profundidades mar para realizar las observaciones necesarias de cerca. En las aguas de Japón a unos 400 metros de profundidad existe un tipo de cangrejo gigante capaz de llegar a los 4 metros de longitud, en gran parte ocupado por sus largas y curiosamente finas patas.

La Macrocheira kaempferi, como se conoce por su denominación zoológica, y cangrejo araña o cangrejo gigante japonés como se lo denomina habitualmente, pesa unos 20 a 25 kilos y el hecho de tener poca carne en sus tenazas lo salva de ser capturada de manera intensa con fines comerciales.Sus largas y finas patas son muy útiles para caminar sobre el lecho marino, lugar de donde obtiene sus nutrientes.

Grupo de Macrocheira kaempferi o cangrejo gigante japonés.
Macrocheira kaempferi o cangrejo gigante japonés, sus patas largas, con una extensión de 4 metros entre pata y pata, les permite caminar con facilidad por el fondo del mar.

Si bien su hábitat natural es el fondo del Océano Pacífico se ha adaptado a vivir en distintas condiciones más favorables a su alimentación, que en gran parte se basa en una dieta de medusas, las cuales, debemos decir, son también gigantes en Japón y se reproducen en tales números que invaden por completo las costas de la isla asiática.

Este particular cangrejo gigante, todo un fósil viviente de tiempos lejanos en el pasado, llega a vivir un promedio de 100 años. Es difícil comprender la magnitud de este animal, no obstante veamos esta foto en perspectiva la cual nos permite apreciar la su tamaño en relación a un hombre adulto e imaginemos estar buceando y toparse con uno.

Macrocheira kaempferi o cangrejo gigante japonés, uno de los más espectaculares fósiles vivientes.
Hombre sosteniendo una Macrocheira kaempferi o cangrejo gigante japonés, uno de los más espectaculares fósiles vivientes.

Una planta Jurásica

En la árida Angola encontramos a la Welwitschia Mirabilis, una planta que es uno de los últimos ejemplares del tipo gymnosperms. No hace falta ser un biólogo o un botánico para observar la rareza de su forma y ese indiscutible aspecto tosco y primitivo que sus largas y planas hojas adaptas al calor y la sequía extrema demuestran. La Welwitschia Mirabilis es una de las últimas plantas de su tipo, salvada por casualidad de la extinción, algo que quedaría remarcado en su nombre: Mirabilis, milagrosa.

Una fotografía de una Welwitschia Mirabilis éste fósil viviente habita en África.
Welwitschia Mirabilis, una planta que es uno de los últimos ejemplares del tipo gymnosperms. Éste fósil viviente habita en África.

Una flor digna de un dinosaurio

De tamaño colosal esta flor es considerada como la flor más grande y masiva de la que se tenga registro. En nuestros tiempos donde la evolución ha encontrado mejor adaptabilidad en los tamaños reducidos, cuando pensamos en una flor inmediatamente imaginamos una frágil rosa o una margarita.

Es difícil que lleguemos a pensar en una titánica Amorphophallus titanum de 80kgs y 3 metros de alto. No obstante, antes de intentar regalársela como muestra de afecto a un ser querido debes saber que los dinosaurios no eran muy románticos, y esta inmensa flor en vez de tener un agradable perfume emite un repulsivo aroma a pescado podrido: «similar al de una morgue cuya refrigeración ha dejado de funcionar hace una semana» no por nada se la apodó como «la flor cadaver» .

Amorphophallus titanum, una gigantesca flor.
Amorphophallus titanum, una gigantesca flor de 80kgs y 3 metros de alto. Su característica principal se da cuando esta florece, ya que comienza a largar un intenso olor a podrido difícil de soportar. Uno de los fósiles vivientes que más nos remonta a la era de los dinosaurios.

Récords de la naturaleza: debido al hecho de ser tan antiguos los fósiles vivientes forman parte de los récords de la naturaleza junto a los seres vivos más longevos, los animales más rápidos y los seres más grandes del planeta tierra.

Nasikabatrachus, la rana más extraña

Hallada hace menos de cinco años esta rana es una joya evolutiva, un eslabón perdido en toda su gloria. Su, es decir Nasikabatrachus, nombre deriva en parte del sánscrito y en parte del griego significando Batracio de nariz puntiaguda, obviamente bastante acertado si vemos el prolongado apéndice en su cara.

Suelen vivir la mayor parte del tiempo bajo tierra y solo salen a la superficie durante dos semanas al año para copular, su rareza no solo está en su carácter agresivo o su fisonomía particular y el hecho de la baba pegajosa que segrega por todo su cuerpo; sino que además es considerada un fósil viviente, conformando una nueva familia de batracios en si misma, y podría ser prueba de la separación continental hace millones de años.

Fotografía frontal de un Nasikabatrachus donde se aprecia su particular nariz.
Nasikabatrachus, ó, Batracio de nariz puntiaguda, Rana que vive la absoluta mayor parte de su vida bajo tierra y solo sale unos pocos días al año a la superficie para reproducirse.

Ciertamente y como podemos ver en la imagen, uno de los seres más singulares de la naturaleza terrestre.

Un parásito improbable

Esta flor, la Rafflesia arnoldii, es considerada como la segunda flor más grande del mundo -y en algunos casos como la primera ya que la definición estricta de qué es una flor descartaría a la Amorphophallus titanum- es uno de los parásitos más improbables, que a pesar de ir a «contramano de la norma evolutiva» logró sobrevivir durante millones de años y llegar a ser un fósil viviente.

Por desgracia su hábitat natural actualmente se encuentra siendo destruido por la tala indiscriminada y los fuegos intencionales en Sumatra y Borneo, fuegos tan intensos que la gran cantidad de calina en el aire torna a los cielos de color rojo intenso, y ya que sólo puede crecer como parásito del Tetrastigma, un arbusto invasivo, se ve en serio peligro de extinción. Llega a pesar unos 11 kilogramos y puede extenderse por más de un metro cuando florece. De todas maneras, me resulta mucho más llamativa la planta que resucita.

Un hombre posando al lado de una Rafflesia arnoldii.
Un hombre posando al lado de una Rafflesia arnoldii, la segunda flor más grande del mundo luego de la Amorphophallus titanum. Esta es una planta parasitaria del arbusto Tetrastigma.

El pez que volvió de la extinción

En 1938 se realizó en Sudáfrica un hallazgo que asombraría a la comunidad científica, un espécimen vivo de celacanto. Este tipo de pez, creído extinto en el Cretácico posee un conjunto de aletas lobuladas y es uno de los seres acuáticos primitivos más cercanos a los vertebrados actuales.

En la actualidad se tienen varios especímenes en cautiverio y se han identificado dos especies, la capturada en 1938 Latimeria chalumnae y Latimeria menadoensis identificada varias décadas después. El análisis del organismo de este pez fue fundamental para comprender el proceso evolutivo en mayor detalle. Su descubridora fue Marjorie Courtenay-Latimer, de la cual deriva su nombre.

Un celacanto nadando de lado.
Un celacanto, este tipo de pez fue creído extinto en el Cretácico. No obstante, en 1938 se descubrió que aun existía y se han detectado dos especies. Latimeria chalumnae y Latimeria menadoensis .

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