La Torre Eiffel

La Torre Eiffel es el símbolo nacional más importante de Francia y uno de los monumentos y estructuras mejor reconocidas del mundo. Si bien en un principio los franceses sentían que la torre «era un adefesio» que arruinaba la imagen de la ciudad, muchas otras naciones la reconocieron inmediatamente como una obra única. Como es el caso del Reino unido, país que intentó (y falló) construir su propia Torre Eiffel. No obstante, con el tiempo los franceses terminaron aceptando esta torre tan particular, al punto que hoy en día es el sinónimo máximo de Francia.

Victor Lustig, el gran embaucador

Victor Lustig fue un personaje muy particular ya que, merecidamente, pasó a la historia como uno de los mayores embaucadores y timadores de todos los tiempos. Dotado de un carisma embriagante y con una sonrisa cautivadora, Victor, quedó inmortalizado como «El hombre que vendió la Torre Eiffel» y no solo una vez, sino que de manera sorprendente logró venderla dos veces.

Ya culpable de un profundo historial de estafas, como el haber vendido máquinas que imprimían dinero en su juventud, Lustig se lanzaría a realizar uno de los mayores engaños de la historia cuando en 1925, al leer en un periódico sobre los sonantes problemas que tenía la ciudad a causa de los gastos de mantenimiento del emblemático monumento parisino, adoptara el falso personaje de un oficial de gobierno y le enviara una invitación de negocios a seis comerciantes de la industria metalúrgica.

Victor Lustig
Vemos a Victor Lustig en el centro, con su característica sonrisa cálida y carismática. Lustig usaría su carisma para vender la mismísima torre Eiffel no una sino dos veces.

Armando una reunión en la misma torre, donde ofrecería a los posibles compradores transporte en lujosas limusinas y elaborados discursos sobre los beneficios de comprar el monumento, Lustig se las arreglaría para hacerlos entrar en un remate en el cual apostarían una gran cantidad de dinero. El remate lo ganaría André Poisson, y tras este, ya con un maletín repleto de billetes, Victor tomaría un tren hacia Viena donde viviría como un duque por varios años.

Sin embargo, las aventuras de Lustig no terminaron con esto. Un tiempo después de su particular venta de la torre convencería al mítico y extremadamente sangriento jefe de la mafia Al Capone, posible el gangster más famoso de todos los tiempos, de realizar un negocio en conjunto, negocio que cabe aclarar era completamente inexistente, por unos 40 mil dólares.

Tras mantener durante dos meses el dinero en una caja de seguridad Victor lo regresa a Al Capone con una falsa nota de disculpas y el comentario de que el negocio había fallado. Ciertamente, un juego psicológico extremadamente bien pensado. En un mundo de criminales, hallar una persona honesta era algo raro para el jefe de la mafia.

Los duros ajustes de cuentas de la mafia: Victor Lustig ciertamente tomó un enorme riesgo al estafar a Al Capone, ya que los ajustes de la mafia eran por lo general extremadamente violentos, como lo demuestra el caso de Michael Malloy, el más duro de todos los mafiosos.

Capone, sorprendido por la «integridad» de éste buen hombre, le enviaría la suma de 5 mil dólares en señal de agradecimiento por no haber escapado con el dinero. De esta manera Lustig se quedaría no solo con una considerable cantidad de dinero sino que, además, ganaría el favor y amistad de uno de los mayores jefes de la mafia, ¡y solo por haberlo estafado!.

Fotografía del centro de París.
Centro de Paris, con la torre Eiffel destacada en el medio y una vista del río Sena.

Victor Lustig en Alcatraz

Abusando de su suerte, varios años después de haber intentado vender la torre Eiffel y estafado a Capone, Victor Lustig es atrapado tras una redada en uno de sus negocios y enviado a la infame prisión de Alcatraz. De todas maneras se las arreglaría para vivir como un rey dentro de la misma.

Lo anterior no es una exageración, ya que contaba con el privilegio de poder comer comida traída desde restaurantes fuera de la cárcel, salir a dar caminatas por el patio en los horarios que el deseara, tener los libros y revistas que el pidiera e incluso jugar al ajedrez y las damas con los guardias y el súper intendente de la prisión, muchas veces apostando y ganando privilegios a través de sus apuestas.

Es así que Victor Lustig pasó a la historia como uno de los más talentosos y arriesgados timadores. Aquí hemos mencionado solamente sus dos más grande hazañas, si así podemos llamar a sus crímenes.

La lujosa vida de Al Capone en prisión: como muchos otros mafiosos Al Capone también terminó preso, siendo detenido no por sus actividades mafiosas, las cuales no pudieron ser comprobadas en las cortes, sino bajo otras excusas como la «evasión fiscal». Capone terminó preso en la Eastern State Penitentiary, prisión en la que gozaba de una celda con todos los gustos.

No obstante, Lustig cometió un sin fin de engaños y timos, y hasta el día de hoy los historiadores no están seguros si se conocen todos los timos cometidos por Lustig, ya que a lo largo de las décadas incluso después de su muerte se han ido descubierto nuevos episodios y anécdotas que llevaron a nuevas alturas el estado legendario de este estafador histórico.


Artículos relacionados

El embaucador de Los Angeles

La Sirena de Fiji

Wilhelm Voigt un estafador con estatua propia