Dudas del pasado

A lo largo de los siglos XVIII y XIX los avances tecnológicos y científicos llevaron a que distintos campos del conocimiento avancen como nunca antes lo habían hecho desde los inicios de la civilización misma. Esto impulsó a que todo tipo de aventureros se lancen a los rincones más inhóspitos del mundo para intentar develar y estudiar sus misterios. Quizás el más emblemático de estos viajes científicos fue la travesía a lo largo del mundo realizada por Charles Darwin abordo del HMS Beagle, o aunque menos conocidos pero igual de importantes, los viajes por el caribe del ilustrador y naturalista Alexander Von Humboldt, a quien el mismo Darwin definió como «el más grande viajero científico de todos los tiempos».

El HMS Beagle cruzando el Estrecho de Magallanes en el siglo XIX.
El HMS Beagle cruzando el Estrecho de Magallanes.

Estos viajes, lógicamente, muchas veces creaban más preguntas que respuestas. Por ejemplo, cuando un grupo de exploradores marinos capturaron los primeros especímenes preservados de los seres que hoy denominamos como crinoideos, surgió un debate entre los expertos en seres marinos sobre si se trataba de animales o de plantas. Si bien hoy sabemos que en efecto los crinoideos o ilirios de mar son seres pertenecientes al reino animalia, del filo de los equinodermos y parientes de las estrellas de mar, cuando los mismos fueron introducidos en los catálogos de seres marinos de las primeras décadas del siglo XIX existió una fuerte discusión al respecto de la naturaleza de estos seres, y algunos investigadores sugirieron que se trataba de plantas. No obstante, y si bien la discusión duró algunos años, finalmente en el año 1821 J.S. Miller logró estudiar de cerca a estos seres, determinar que en efecto se trataba de equinodermos, e introducirlos con una clasificación correcta en su histórico catálogo de seres marinos.

Fotografía de un crinoideo.
Fotografía de un crinoideo cercano a las costas de la isla de Okinawa por François Michonneau.

El misterio del sueño de las jirafas

Quizás el más llamativo de este tipo de misterios fue la duda, o mejor dicho el mito, que existió durante varios siglos sobre si las jirafas dormían o no. Aunque parezca ilógico pensar que una especie animal «no duerme», este antiguo mito perduró en la humanidad a lo largo de los siglos. En efecto, debido a su particular anatomía, las jirafas tienen un patrón de sueño bastante distinto al del resto de los mamíferos, durmiendo de manera intercalada en varios lapsos que solo duran unos pocos minutos. Esto llevó a que durante prácticamente miles de años, incluso en los tiempos del Imperio romano, se crea que las jirafas no dormían.

El misterio no fue resuelto a ciencia cierta sino hasta el año 1956, relativamente reciente. Año en el cual el zoólogo Bernhard Grzimek realizó un estudio en las jirafas del Zoológico de Fráncfort y descubrió el singular patrón de sueño de las mismas. Determinando que estas se posan sobre el suelo, arquean su largo cuello y apoyan su cabeza a un lado de su cuerpo y duermen profundamente durante unos 2,5 a 6 minutos. Acto seguido se levantan y al cabo de un tiempo vuelven a repetir el proceso.

Si bien el misterio fue resuelto, las jirafas en efecto dormían como el resto de los animales, aún existió una gran duda entre los investigadores durante varias décadas sobre la brevedad del sueño de las jirafas, ya que incluso sumando todos los lapsos de 2,5 a 6 minutos estas dormían menos de una hora y media por día.

La singular manera de dormir de las jirafas.
Jirafa durmiendo, el misterio sobre el sueño de las jirafas duro vario siglos, y solo fue resuelto en su totalidad en el año 1996.

Debieron pasar otras cuatro décadas hasta que el misterio fue resuelto en su totalidad, cuando en 1996 las investigadoras Irene Tobler y Barbara Schwierin del Instituto de Farmacología de Zúrich pasaron 152 días junto a ocho jirafas, cinco adultas, dos pequeñas y una juvenil, estudiando sus hábitos y patrones de sueño. Durante su estudio descubrieron que, además de los lapsos de 2,5 a 6 minutos, las jirafas también tenían la capacidad de quedarse dormidas también en lapsos de unos pocos minutos estando paradas. Con la particularidad que podían mantener los músculos de su largo cuello tensados durante el sueño. En total, según el estudio de Tobler y Schwierin, las jirafas duermen un promedio de 4,6 horas cada 24 horas.

Un misterio milenario que fue resuelto tras 152 días de investigación.