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El psicólogo que se especializaba en traumatizar a sus pacientes

El pequeño AlbertEn varias oportunidades hemos hablado sobre experimentos realizados durante los inicios y mediados del siglo XX que, a pesar de ser considerados como poco éticos en el presente, eran en ese entonces aceptados en pro del avance del conocimiento y, por lo tanto, practicados por algunos de los profesionales más respetados en el mundo académico. Recordarán el experimento de Kellogg, en el cual Winthrop N. Kellogg expuso a su hijo recién nacido a criarse junto a un chimpancé para así estudiar las diferencias en la capacidad de aprendizaje entre ambas especies, la fábrica de emociones de Duchenne de Boulogne, los experimentos con LSD del ejército británico, la obsesión del profesor Voronoff o las hijas de la ciencia entre otros. No obstante, la diferencia entre los experimentos anteriores y del que hablaremos hoy, el experimento sobre la adquisición de fobias del doctor John B. Watson, radica en que si bien extremos, éstos no buscaban causar un daño sobre los pacientes. No así con el experimento de Watson, que efectivamente tuvo como meta final el ver si mediante estímulos externos se podrían llegar a causar desordenes de comportamiento en seres humanos.

Adquiriendo fobias
El pequeño AlbertEl experimento ocurrió en la prestigiosa institución universitaria Johns Hopkins durante la segunda década del siglo XX. En el mismo, el ya por ese entonces afamado psicólogo John B. Watson, pionero en la escuela del estudio del comportamiento observable, se dispuso a realizar una serie de pruebas en un niño de nueve meses llamado Albert, supuesto hijo de una de las amas de crianza del hospital universitario -practica ya totalmente en desuso en Occidente, aunque aun practicada en otros lugares del mundo, en la cual se empleaba a una reciente madre de bajos recursos para que utilice parte de su leche materna para amamantar a otros niños- a la cual no se le comunicó precisamente al alcance y la extensión de lo que se buscaba con los experimentos. Watson tenía como teoría que el miedo irracional y las fobias hacia ciertos objetos, ya sean animados o inanimados, eran comportamientos adquiridos. Teorizaba en su trabajo que los humanos nacían sin ningún tipo de temor, y que estos miedos eran más bien el resultado de experiencias chocantes durante los primeros meses de vida. Experiencias que podían ser activadas mediante estímulos asociados a las mismas, por lo que, incluso sin que esté presente el objeto causante de dicho temor, Watson creía poder activar el comportamiento buscado solamente con traer cerca del paciente el estímulo asociado con el mismo. Obviamente el académico había sido fuertemente influenciado por los estudios de Ivan Pavlov en el comportamiento reflejo de los perros, estudios muy famosos y mencionados incluso al día de hoy.

El pequeño AlbertDe manera sorprendente una de las tareas más simples del experimento fue el conseguir el paciente sobre el cual experimentar. Algo ciertamente impensado en el presente donde incluso las investigaciones más costosas tienen que sortear gran cantidad de papeleo y tiempo de espera para acceder a seres humanos. Debiendo además atenerse rigurosamente a estrictos códigos de conducta y regulaciones, incluso cuando se trata de pacientes terminales que aceptan tratamientos experimentales como último recurso. Algo muy bueno ciertamente y señal de que, a pesar de hacer más dificultoso el trabajo de los investigadores, se ha ganado un mayor respeto por la vida humana.

Los miedos de Albert
Watson se propuso junto a Rosalie Rayner, su asistente, documentar sus hallazgos siguiendo un meticuloso método de experimentación en el cual se expondría a Albert a distintas pruebas emocionales a partir de las cuales, al cabo de un tiempo, podrían llegar a observarse cambios inducidos en el comportamiento en el infante. Para ésto, obviamente, primero debió de establecer si Albert ya sufría previamente de algún miedo, por lo que en primera medida se expuso al pequeño a objetos que luego iban a ser utilizados en la inducción de temores. Un conejo, una pequeña rata blanca, un perro, máscaras e incluso un mono eran algunos de estos objetos de prueba, a todos, el niño reaccionó sin temor. Mostrando incluso curiosidad y alegría por algunos.

El pequeño AlbertUna vez definido que no existía temor hacia los objetos que se iban a utilizar en las pruebas, Watson comenzó con su serie de experimentos. Como ya hemos mencionado, el mismo intentaba crear dos tipos de comportamiento: el primero y más simple era el de causar temor en el niño al presentarlo ante uno de los objetos seleccionados para éste fin; el segundo objetivo era el de crear un estímulo capaz de causar temor por si mismo aunque ninguno de los objetos temidos esté presentes. Incluso, Watson creyó poder llegar a remover dichos temores al traer los objetos causantes de los mismos y suministrar un estímulo placentero en las zonas erógenas del pequeño, una especie de anti-estímulo al estímulo original. Básicamente, el experimento se basó en una progresión que iría de un estímulo pasivo, el sonido estridente causante de una respuesta de temor pasiva, a un estímulo neutral, la introducción del objeto seguido del sonido estridente -asociando condicionalmente la respuesta de temor con el objeto-, a un estímulo condicional seguido por las respuestas de temor condicionadas causadas ya por mera introducción de los objetos.
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La mirada de las mil yardas

Mirada de las mil yardasCon la reciente muerte de Harry Patch, el último soldado sobreviviente que participó en el combate de trincheras durante la Primer Guerra, comencé a leer bastante sobre la vida de este gran hombre, quien a pesar de sus 111 años y frágil salud, continuaría hasta utilizar sus últimas fuerzas en advertir a las generaciones futuras sobre los horrores y la inutilidad de las guerras.

En la serie de recuentos y anécdotas que supo dejar antes de morir, una supo captar mi atención en gran medida. La misma contaba como, en un principio, los oficiales fusilaban a ciertos hombres por cobardía tras que éstos, al recibir una orden, la ignoraban por completo. No obstante, los soldados sabían que no se trataba de cobardía ni desobediencia, sino que había una razón mucho más profunda y desalentadora para este comportamiento que comenzaba a surgir en los campos de batalla modernos. No porque no existiese anteriormente, sino porque las condiciones de la guerra misma habían cambiado, volviéndose mucho más intensas y estresantes. Con el pasar de los meses, el Alto Mando Británico confirmaría esta sospecha, y daría la orden a rajatabla a sus comandantes de no fusilar a éstos hombres. Esto ya que catalogarían a los mismos como ‘enfermos de guerra’. Prontamente todos los bandos tendrían su nombre para esta condición: Kriegszitterer para los alemanes, obusite para los franceses, y shell-shock para los americanos y británicos.

Hoy lo conocemos como desorden de stress post-traumático agudo. No obstante, anteriormente, y años después del aterrador combate de trincheras y gases nerviosos, durante la Segunda Guerra, los soldados comenzarían a referirse a esto informalmente como “la mirada de las mil yardas,” a partir de un artículo aparecido en la revista LIFE y en alusión a la prácticamente abstracta presencia de la persona de su lugar físico. Era fácil reconocerlos, hombres sentados en trincheras o búnkers con sus miradas perdidas, mirando hacia la nada, muchas veces sonriendo a pesar de estar bajo intenso fuego de artillería, ignorando todo peligro a su alrededor como si sus mentes hubiesen decidido escapar de sus maltrechos cuerpos.

En la imagen en cuestión vemos a un soldado australiano de la Primer Guerra en un improvisado hospital de campaña tras la sangrienta Batalla de Ypres, con su mano amputada junto a otros heridos. Sonriente, y completamente abstraído de la sombría escena que le rodeaba, el soldado tiene su mirada perdida en la nada, como si se encontrase en un mundo aparte, alejado de los horrores de la guerra. -click en la imagen para ver la escena completa-.a

Como un accidente convirtió a un rey generoso en un tirano

Henry VIII y sus esposasUno de los sucesos más interesantes de la historia es el repentino cambio de personalidad sufrido por el Rey Henry VIII. Si bien al monarca se lo recuerda como uno de los mayores tiranos de la historia británica, uno se sorprende al estudiar su vida como en un principio, ese rey, que la historia plasmaría literalmente como una especie de cruza entre un demonio dantesco y un asesino serial, era al principio un hombre extremadamente culto, un renacentista amante de la ciencia y el arte en cuya corte se fomentaba y subvencionaba la razón, la literatura, la música y el estudio de la naturaleza. Sobretodo, sorprende como éste era mencionado en sus principios como un rey justo con el pueblo y muy generoso y de un día para el otro, como un monstruo tiránico.

No obstante, y para justicia de Henry, su personalidad tiránica no sea quizás su culpa, y se deba más bien a un daño cerebral que sufrió durante un serio accidente mientras participaba una justa. Es notable como todos los documentos de la época se sorprenden del literal e instantáneo cambio del monarca. Cambio que tuvo lugar el 24 de Enero del 1536, cuando se encontraba participando en uno de los tantos eventos deportivos que solía llevar acabo.

En este, tras una serie de exitosas pasadas, uno de los caballeros sería efectivo en su juego al derribar al rey de su caballo. La caída sería terrible, Henry se propinaría de cabeza contra el suelo y, para colmo, su caballo, que se había parado en las dos patas traseras, lo pisaría y luego, tras tropezar con el cuerpo inconsciente del monarca, caería sobre el mismo.

Henry VIIIHenry permanecería semi-inconsciente durante dos horas, y sus médicos lo creerían muerto en un principio ya que durante unos minutos no registraron respiración alguna -éste es hoy el mayor indicador que nos dice que, el hasta ése mismo entonces un rey generoso, sufrió un severo daño cerebral.- El Rey despertaría ante un nuevo mundo, ya no podría practicar más deportes, una de sus pasiones, ya que su pierna quedaría muy dañada, y prontamente engordaría en gran medida. No sólo su cuerpo se alteraría, sino que sus intereses variarían, dejaría de escribir poesías y baladas, algo que hacía con pasión anteriormente y su corte ya no sería tan renacentista. No sólo ordenaría penas mucho más severas para crímenes menores, sino que además, y a los pocos meses del accidente, ordenaría la ejecución de su esposa, Ana Bolena. Así, se volvería a casar varias veces más, ejecutando a todas sus esposas. Si bien dejaría todo tipo de actividad física de lado -Henry fue considerado hasta ese entonces como uno de los monarcas más atractivos y atléticos de Inglaterra- la comida se convertiría en su nueva pasión. Comiendo más de 13 veces al día prontamente llegaría a pesar unos 180 kilogramos.

Si bien muy posiblemente su personalidad se haya visto alterada por una combinación entre el golpe a la cabeza y su práctica invalidez tras el accidente, el que una vez fue un príncipe prometedor y admirado, terminó convirtiéndose en sinónimo de tirano y sangriento despiadado.

Curiosamente, y a diferencia de Julio César y Richard III, con Henry VIII Shakespeare no tuvo necesidad de exagerar en lo más mínimo.

NEEMO, la “nave” de las profundidades

1121-3.jpgNEEMO -NASA Extreme Enviroment Mission Operations-, un acrónimo que es en realidad un juego de palabras con el nombre del inolvidable capitán del Nautilos, no es quizás el lugar apropiado para una persona con claustrofobia. Ya que el mismo se trata de un complejo subacuático ubicado en las profundidades del Cayo Flores, diseñado específicamente para simular las condiciones de vida de una misión espacial.

Construido durante el 2001, ya ha albergado más de 13 misiones, y es parte de un largo legado de entrenamiento acuático para astronautas. De hecho, desde hace décadas la NASA entrena a sus astronautas en gigantescas piscinas con el fin de aclimatarlos a sus trajes espaciales. Siendo ya histórica la misión al Sealab II de Scott Carpenter, astronauta del Proyecto Mercury, quien en 1965 simularía exitosamente un viaje al espacio desde las profundidades oceánicas.

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No obstante, uno de los detalles más pintorescos, es el que los futuros astronautas son denominados aquanautas, en honor a otra famosa obra de ficción. La instalación es controlada para la NASA por el NURC -National Undersea Research Center-, y en los últimos 6 años ha servido de hogar a infinidad de vida marina. Seres que lograron otorgarle un aspecto realmente asombroso.

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La prueba del espejo

1101-1.jpgEn los 70s el investigador Gordon Gallup Jr realizaría un simple experimento para observar qué especies de animales poseían la capacidad de reconocerse a si mismos. El resultado, sería esperable pero asombroso, sólo cinco de los animales más inteligentes del planeta podían hacerlo. Estos eran los chimpancés (comunes), bonobos, orangutanes, delfines y, obviamente, los humanos. Posteriormente se añadirían a la lista los elefantes asiáticos, las orcas, las urracas y las palomas -estas últimas con resultados dispares-. En la imagen de la derecha puede apreciarse un mono capuchino realizando la prueba.

El método utilizado era simple, tras dejar al animal interactuar con el espejo durante un tiempo considerable, uno de los investigadores pasaría a distraerlo. Simultáneamente, un asistente marcaría al mismo con una tinta inodora. Acto seguido, se observaba si el animal, al volver a observarse en el espejo y ver la mancha, reconocía que la misma se encontraba en su cuerpo y no en el “ser” del reflejo.

De esta manera, podía observarse el nivel de desarrollo cognitivo y, en cierta medida, hasta una capacidad de abstracción en el sujeto de prueba. Si bien el estudio ha recibido sus críticas, el mismo ha demostrado que, en efecto, los únicos capaces en pasar la prueba son animales con los cerebros relativamente desarrollados.

Las críticas generalmente no hacen referencia a la invalidez del estudio, sino a que éste es antropocéntrico, y suele no tener en cuenta la capacidad de ciertos animales de inteligencia marcada, como por ejemplo el caballo y el ciervo, que a causa de su visión estereoscópica tienen mayor dificultad para enfocar su vista en un espejo. O por ejemplo los perros, incapaces en un gran porcentaje de reconocerse visualmente, pero muy efectivos a la hora de reconocerse a si mismos en base a su olor. Este argumento también se aplica a los pulpos y otros animales de inteligencia notable pero incapaces de reconocerse visualmente.

El siguiente documental de la NG está hablado en inglés, pero si no entienden el idioma hay interesantes imágenes de primates realizando la prueba del espejo.

Enlaces relacionados
Elefantes asiáticos pasan la prueba del espejo.
Estadio del espejo
Y este chiquitín que no pudo pasar la prueba, pero al menos lo intenta.

El número de Dunbar

Darwin_as_monkeyEn el año 1992 el antropólogo Robin Dunbar decidió responder una de las preguntas más buscadas por los expertos en primatología: ¿Cuál es el límite cognitivo de relaciones sociales estables que un ser humano puede mantener?. La respuesta, según Dunbar, sería 150. Número que no sólo parecería ser el límite de relaciones estables que una persona puede mantener. Sino que además podría indicar el límite de personas que pueden llegar a formar un grupo orgánico estable sin una estructura de autoridad piramidal. En palabras del mismo Dunbar:

…Existe un limite cognitivo al número de individuos con los cuales una persona puede mantener relaciones estables, así también éste limite es una función directa relativa al tamaño de la neocorteza, y esto en efecto limita el tamaño del mismo grupo [a formarse]

La base de la teoría
Dunbar partiría realizando un censo del tamaño promedio de grupos en 36 géneros de primates. Información que correlacionaría con el tamaño de su neocorteza. Con esta información crearía una ecuación de regresión con la cual podría predecir como ambas variables -tamaño del grupo con respecto al tamaño del cerebro- se corresponden entre si. Relacionando esta información al ser humano, deduciría que 147,8 es el número promedio de relaciones sociales estables en un ser humano. Dunbar tomaría este número como exploratorio ya que era consciente del margen de error en la ecuación. Sin embargo, prontamente descubriría que su ecuación no estaba tan errada.
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Hijas de la ciencia, el experimento sobre si los genios nacen o se hacen

Hace unos meses habíamos hablado sobre el experimento de Winthrop Kellogg, en el cual el investigador hizo convivir durante meses a su hijo con una chimpancé para comprobar de esta manera su teoría sobre el aprendizaje. Curiosamente, y por más increí­ble que parezca, hubo alguien que llegó a extremos aun más sorprendetes. Este fue László Polgár, quien no solo utilizaría a sus tres hijas con el fin de comprobar su teoría, sino que ademá las concebiría específicamente para este fin.

Nacido en Hungrí­a a finales de los 40s dedicaría sus estudios a la psicología y se especializarí­a, al punto de la obsesión, con los genios. Su investigación lo llevarí­a a leer y estudiar en profundidad las biografí­as y anécdotas de las grandes mentes de la humanidad, observando paralelos puramente empíricos en la mayoría. Según Polgár, la especialización directa en un tema a temprana edad, llevaba a la persona a destacarse muy por encima del promedio en dicha tarea. Más específicamente aun, si la persona era criada y guiada correctamente, ésta, terminaría convirtiéndose en una eminencia.

Literalmente se obsesionó con la posibilidad de “fabricar” genios. Sin embargo, a este punto, su mayor problema consistía en no poseer los instrumentos necesarios para probar su teoría, es decir, no tenía acceso a niños sobre los que pudiese decidir su educación. Con este fin concretaría una boda arreglada con una psicopedagoga con la que había compartido ampliamente su teoría. Y la cual era partidaria de la misma. Así tendrían tres hijas, cuya educación sería enteramente diagramada y suministrada por Polgár en persona, quien, además, opinaba que el sistema normal de educación solo tenía como fin crear mentes mediocres. No obstante, siendo fiel a su teoría, solo se enfocaría en especializarlas, dedicando la totalidad de su aprendizaje al ajedrez -materia en la que él, si bien jugador mediocre, había escrito varios libros y tratados de renombre internacional-. Este tópico de especialización, además, radicaba en que Polgár estaba convencido de que el ajedrez era la mejor combinación posible de ciencia y arte.

Tras años de una intensa educación enteramente basada en el ajedrez, y muy pocas “desviaciones” como eran el aprender a leer y escribir o geografía básica, la teoría de Polgár comenzaría a demostrar resultados. La primera de sus hijas Zsuzsa -Susana- se consagró campeona mundial de ajedrez y a la fecha posee 10 medallas Olímpicas. Su segunda hija, Zsófia, obtendría el récord de desempeño en el mundialmente renombrado Torneo de ajedrez de Roma al ganar 8 y empatar una de la serie de 9 partidas -récord que aun se mantiene-.

A este punto Polgár estaba convencido de la veracidad de su teoría, por lo que se enfocaría por completo en la formación de su tercer hija, Judith, quien aun era una pequeña niña. Desde tácticas hasta jornaestro internacional Vladimir Kovacevic a la edad de 11 años y ganando títulos tales como el de Gran Maestre Internacional. Además llegaría a convertirse en el puesto número uno de la FIDE en el ranking femenino con uno de los puntajes más altos, y habiendo derrotado a figuras tales de la talla de Kasparov.

Si bien el Experimento de Polgár, como es conocido, demostró resultados convincentes, una dura crítica hacia la ética detrás del mismo existe hoy en día en el ambiente académico. Esta se debe ya que, en efecto, se obliga al infante a seguir un camino o área establecida de antemano, quitándole forzadamente la posibilidad de ser él mismo chico quien decida su área o futuro intelectual. Por esta razón, el “método Polgár”, se ha reducido a contadas instituciones de enseñanza privada “fuera de lo normal”.

El experimento de Kellogg, o cómo experimentar con tu hijo de 10 meses

Winthrop N. Kellogg era un psicólogo doctorado en la Universidad de Columbia y profesor de la Universidad de Indiana, cuya área de especialización se hallaba en el estudio del condicionamiento, la conducta y el aprendizaje. Habiendo estudiado la capacidad del ser humano para adaptarse a la ecolocalización, decidiría extender su investigación a descubrir qué separaba al humano del animal. Es así que realizaría en 1931 su obra más famosa: “El simio y el niño” un estudio en el cual se utilizaría a un chimpacé bebé y a un humano de menos de 1 año, con el fin de hacerlos convivir como si fueran hermanos, utilizando la misma ropa, juguetes y utensilios, para así observar y estudiar la evolución y aprendizaje de ambos bajo un entorno similar.

Para el experimento Kellogg utilizaría una chimpacé recién nacida, Gua, y asombrosamente a su propio hijo de 10 meses, Donald. El experimento tenía como objetivo discernir cuándo precisamente se creaba esa brecha que, racionalmente, separaba al humano del animal. Gua sería tratada y cuidada de la misma manera que Donald, y ambos formarían una relación similar a la encontrada en hermanos de la misma edad. Sin embargo, ocurriría algo que Kellogg no imaginaba. Gua comenzaría a aprender más rápidamente que su hijo, dejando de mojar los pañales y comenzando a comer utilizando cucharas antes que Donald. Al mismo tiempo, y ocurriendo exactamente lo inverso a lo que esperaba Kellogg, no sería Gua la que se “humanizaría” sino que sería Donald quien comenzara a desarrollar las conductas de un chimpancé. Desde emitir ladridos hasta probar todo con la boca imitando el patrón característico de estos simios. Así mismo, su dominio del lenguaje se vería seriamente aletargado.

Si bien Kellogg terminaría separándolos, Donald reportaría que varios de los modismos y conductas aprendidos de Gua quedarían patente durante toda su vida.

Enlaces relacionados
The Ape and The Child – el estudio realizado por Kellogg hallado libremente en la biblioteca en línea de la Universidad de Florida (inglés)

El método de Reid – O cómo obtener lo que queremos cuando interrogamos a alguien

El método de Reid es utilizado por fuerzas policiales de todo el mundo ya que es una de las maneras más simples y práctica de obtener información de una persona. Llamativamente su simpleza también lo hace aplicable a situaciones de la vida cotidiana.

Tras trabajar durante décadas realizando interrogatorios para la policía de New York, y tras especializarse en psicología social y la utilización de polígrafos como herramientas judiciales, John Reid descubrió que la manera más efectiva de obtener información de una persona es sometiéndola a distintas condiciones que desequilibren sus mecanismos racionales de respuesta y, consecuentemente, la induzcan a entrar en un estado de autodefensa el cual promueva y estimule las “respuestas instintivas”. Es decir, respuestas apresuradas muy fáciles de desmentir y analizar y por las cuales se puede verificar que es lo que alguien encubre, por qué lo hace e incluso obligarlo a decir la verdad.

En resumen
El método se basa en un conjunto de situaciones contrastantes que lleven a la “provocación de comportamientos”, con los cuales se podrá manipular a la persona, es decir, realizar preguntas estructuradas y analizar la respuesta ofrecida -lo que técnicamente se denomina BAI, Behavior Analysis Interview -Entrevista de Análisis de Comportamiento-.
Es importante notar que la técnica no se realiza de manera acusadora, como un interrogatorio, sino que se hace a manera de entrevista. No obstante, en la actualidad esto ha variado siendo la emoción mostrada por el entrevistador dependiente al tipo de pregunta. De esta forma el entrevistado asocia una emoción con un tipo de pregunta dado, por lo que variando, en las etapas finales, la emoción ante el tipo de pregunta el entrevistador puede inducir al entrevistado a responder preguntas inquisitivas o acusativas de forma más dócil sin que éste presente una defensa muy ardua.

Puntualmente
Son un total de nueve pasos. Este es un resumen con la intención de dar un paneo general del proceso, por la red encontrarán versiones detalladas y explicadas en profundidad.

Paso 1 – Confrontación directa: Al individuo se le hace saber de forma directa o indirecta que existe evidencia suficiente como para incriminarlo (aunque esta no exista).

Paso 2 – Desarrollo: Este paso tiene la intención de contrastar con el primero, por lo que se pone al individuo en lugar de víctima, inventando o buscando excusas que lo alejen de la culpabilidad.

Paso 3 – Evitar que el individuo se excuse a si mismo. Este es uno de los pasos más importantes, ya que el evitar que la persona se justifique a si misma diciendo que es inocente o que no lo hizo evita que fortalezca su nivel mental de defensa.

Paso 4 – A esta altura la persona va a crear una justificación citando los motivos y razones por las que no cometió el crimen (o de lo que se le acuse). Generalmente cuando la persona crea un concepto secundario para explicar por qué no tenía el motivo de hacer lo que hizo significa que es culpable (ver en los enlaces relacionados la explicación en detalle).

Paso 5 – Mostrar sinceridad, la intención es crear un vínculo con el individuo mostrándole sinceridad y comprensión. El fin de este paso es aumentar el nivel de receptividad de la persona y disminuir sus defensas haciéndola creer que a pesar de la presión se la entiende y apoya.

Paso 6 – El individuo se tranquiliza y comienza a escuchar, el contraste de presión y apoyo en la entrevista hace que vea al entrevistador como una figura paternal. En el caso de los culpables es normal el llanto contenido a causa de la presión. Es importante darle alternativas en este paso ya que, en el caso de los culpables, el tener alternativas los abstrae de la situación que enfrentan y buscan “salirse de la manera fácil” aceptando el “mal mejor”.

Paso 7 – Alternativas: en este punto se realiza una pregunta alternativa donde solo puede haber dos respuestas y en donde ambas se asume culpabilidad. La diferencia entre las respuestas es que una es socialmente más aceptable que la otra, haciendo a los culpables sentir que de esa manera su culpa se aminora. Un ejemplo simple podría ser ¿Lo haz hecho por motus propio o te han obligado?. Un inocente respondería que no o se enfadaría, pero la presión lleva al culpable a intentar justificarse nuevamente sin prestar atención a la doble intención de la pregunta.

Paso 8 – En este punto se lo deja hablar sobre lo ocurrido, se le piden opiniones e ideas. Es muy normal, si es que para esta altura ya no ha confesado en el paso 7, que la presión lo lleve a confesar al ver que se derrumba su coartada.

Paso 9 – La confesión

Enlaces relacionados
Extenso texto en español sobre el tema.

La Universidad de Wayne realizó una lista completa de los 9 pasos y las distintas posibilidades y recomendaciones para cada uno. Pueden ver la versión original aquí, o la “traducción” automática de Google aquí.

El experimento de Milgram: Un acercamiento a la tortura

En 1963 un profesor de psicología de la Universidad de Yale comenzó a desarrollar una serie de pruebas experimentales con el fin de determinar el nivel de obediencia en una persona cuando esta obediencia entra en directo conflicto con sus valores morales y humanos. Tras una larga serie de experimentos que dejaron atónitos a todos, ya que los resultados eran realmente inesperados, Stanley Milgram publicó en 1974 su obra: Obedience to Authority: An Experimental View -Obediencia a la Autoridad: Una Visión Experimental- en la que exponía con lujo de detalles lo acontecido.

El primer experimento de la serie transcurrió en la Universidad de Yale. Con el fin de reclutar individuos de prueba se realizó una solicitada en un periódico local, buscando personas de cualquier tipo y sin requerimiento previo alguno. Como recompensa se ofrecía una cierta cantidad de dinero y solo se debía participar en un simple experimento. Al aviso acudieron varias personas de distintos niveles, desde cuasi analfabetos hasta doctorados. Una vez en el lugar donde transcurriría la experimentación las personas, las cuales entraban individualmente y no en grupo, eran saludadas por el líder del proyecto el cual las introducía a otra persona, un actor cómplice al experimento, como si éste fuera un participante más con el que harían juntos la prueba. Acto seguido les comunicaba que el experimento se basaría en estudiar el aprendizaje bajo castigo y presión indicándoles que uno tomaría el rol de “maestro” y el otro el de “alumno”. Por supuesto la prueba estaba arreglada para que al actor siempre le toque el puesto de “alumno” y a la persona el de “maestro”. A causa de esto la persona creía que era en el “alumno” en el que se realizaba el experimento e ignoraban que en realidad serían ellos utilizadas como conejillo de indidas. Luego de repartir los roles eran separados en dos habitaciones diferentes, donde podían oírse pero no verse. Tras esto, al “maestro” se le daba un shock de 45 voltios indicándoles que esa sería la graduación más baja que el “alumno” recibiría, y que con cada respuesta errada el voltaje iría aumentando. AL iniciar el test las respuestas estaban estratégicamente ubicadas para fuera cuando fuera necesario, por lo que el voltaje, y por ende el dolor del “alumno”, se incrementaría gradualmente. En la etapa final el alumno no sólo gemiría y golpearía las paredes del dolor, sino que además comunicaría sus problemas cardíacos.

El resultado
De los 14 especialistas a los que Milgram había pedido un ensayo sobre que esperar en las reacciones de los individuos, todos, unánimemente, establecieron que sólo un 1.2% de los estudiados presentaría una conducta lo suficientemente sádica como para llegar al final del test. Sin embargo, la realidad fue mucho más espeluznante: de las personas en las que se realizó el experimento un 60%, a pesar del llanto y los pedidos de clemencia de la víctima, llegaron a aplicar el shock final de 450 voltios. Curiosamente, la gran mayoría de los que llegaron al final lo hicieron bajo una inmensa presión y un gran dolor interno, muchos presionaban el botón temblando y algunos otros incluso se largaron en lágrimas mientras hacían las preguntas. Sin embargo, muy pocos se negaron a no obedecer. El experimento fue variando y siendo repetido decenas de veces a lo largo de los años. En todos los casos el resultado fue muy similar.

Enlaces relacionados
Fotografías del expwerimento original.