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El asistente de laboratorio novato que destruyó por error el mejor archivo fotográfico del Día D

Robert Capa, de origen húngaro, es reconocido como uno de los mejores fotógrafos y corresponsales de guerra del siglo XX. Desde la Guerra Civil Española, donde capturó la “Muerte de un miliciano”, pasando por la guerra Segunda guerra sino-japonesa, la Guerra árabe-israelí de 1948, hasta la destrucción de Berlin entre otros. Es muy posible que sin saberlo hayas visto su obra cientos de veces, ya que tomó algunas de las fotografías más emblemáticas e icónicas de la Historia.

Su talento y su valor eran tales, de hecho Chttps://www.meneame.net/m/cultura/asistente-laboratorio-novato-destruyo-error-mejor-archivo-dia-dapa se metía entre los soldados en medio del combate, que el Comando Aliado lo autorizó para tomar las fotografías del desembarco en Omaha, durante la Batalla de Normandía. A ver, para que entendamos la dimensión de esto, era húngaro, y Hungría era parte del Eje, por lo que para el mando aliado y a pesar de ser judío y perseguido por los nazis Capa era ante todas las cosas un “ciudadano enemigo”, y la invasión a Normandía era crítica y se mantenía en el máximo secreto. No obstante, su talento y coraje eran tales que así y todo lo enviaron a capturar con su cámara el desembarco cómo fotógrafo para la revista LIFE. Después de todo, su lema era “Si tus fotos no son buenas, es que no estás cerca”

Y así lo hizo, el valiente fotógrafo se subió a una de las lanchas de desembarco, sobrevivió a la artillería que destruyo a varias de las lanchas antes de que toquen tierra en la Playa de Omaha, sobrevivió a las ráfagas de ametralladora que venían desde los búnkers alemanes, a las minas, al fuego de morteros y a los francotiradores alemanes todo mientras tomaba fotografías con sus dos cámaras Contax II y lentes de 50 mm de la acción aconteciendo a su alrededor. En total tomaría 106 fotografías. Si bien hubo otros fotógrafos, la importancia de Capa es que éste desembarcó con la primer ola junto a la Compañía E del Regimiento de Infantería 16 de la 1ra División, lo que le permitió capturar el momento más intenso y cruento de la batalla. En comparación, ninguno de los fotógrafos de la Agencia AP pudo desembarcar con la primer ola, y el otro fotógrafo de LIFE, Bob Landry, desembarcaría en una playa no muy defendida. Los fotógrafos restantes irían con el General Patton o con la fuerza aérea.

Pero lo peor, incluso peor que las balas y granadas alemanas pasando a centímetros de su cuerpo durante el Día D, llegaría más tarde, cuando un asistente de laboratorio de sólo 15 años de edad llamado Dennis Banks contratado por la revista Life por unos pocos dólares en Londres tomara tres y medio de los cuatro rollos entregados por Capa, configurara mal el secador de la plancha de negativos derritiendo los mismos en el proceso. Sólo 11 fotografías sobrevivieron, este juego fotografico se conoce hoy con “Las Once Magníficas”. Curiosamente, Capa se apiadó del joven y nunca le dijo nada a sus jefes en Londres.

Algunas fotografías de Capa
Sperlinga, 1943.

La muerte de un miliciano, 1936.

El último insulto a Lavoisier

En el pasado habíamos hablado lo injusta y despiadada que fue la ejecución de Lavoisier, uno de los más grandes científicos en la Historia. Traicionado, acusado injustamente y decapitado sin reparo alguno, aunque posiblemente el desprecio que sufrió durante y tras su ejecución fue aun peor que cualquier daño físico.

Éste hombre fue el científico que descubrió y nombró el oxígeno, nombró el hidrógeno (descubierto anteriormente por Cavendish pero explicado y nombrado por Lavoisier), creó los primeros modelos químicos de los procesos de combustión, estudió los procesos de oxidación, dio por obsoleta la teoría pseudo-científica del flogisto, impuso el método científico en el estudio de los elementos y avanzó notablemente el uso de procesos químicos en la agricultura entre otros logros, fue ejecutado en la guillotina debido su origen noble y su rol como tesorero del fisco en el pasado, labor a la que nunca le dio importancia ya que su mente estaba completamente ocupada con sus estudios científicos. Durante su juicio rogó no por su vida, sino porque se le permitiese continuar con sus estudios, pero el juez le replicaría que:

“La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido”

El último insulto
Pero quizás el último insulto vino casi un siglo después de su ejecución de manos de una tierra que nunca lo apreció ni respetó como se debía. La única estatua que se erigió en su honor en más de un siglo fue hecha a regañadientes, por un escultor poco interesado y mal pago que utilizó como modelo la cabeza de otra persona, el Marqués de Condorcet, por “no tener tiempo y aprovechar que ya tenía la otra”, y peor aun, durante la Segunda Guerra Mundial la misma fue cortada por su base, rebanada en partes, y fundida por su metal. La estatua nunca fue remplazada.

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El Sr. Richebourg, un espia particular.

El día en que a Hungría se le ocurrió forzar a la gente a sonreír para terminar con los suicidios

El club de la sonrisaUna década y media tras la primer guerra mundial en Budapest, Hungría, un grupo de investigadores estudiando varios datos estadísticos sobre la población y el desarrollo de la misma tras la posguerra, detectó algo que preocupó inmensamente a los gobernantes de dicho país: la cantidad de suicidios se había disparado de manera alarmante, eran los años 30 y los suicidios eran incluso superiores a los registrados durante la guerra en si misma. Si bien hoy sabemos que las olas de suicidio no son nada raro, y de hecho, por ejemplo en países como el Japón ocurren de manera periódica, por ejemplo todos los primeros de septiembre suelen ser mortales para los estudiantes ya que es el día en que finalizan las vacaciones y muchos estudiantes con problemas de stress o angustia no pueden sobrellevarlo, en la década del 30 estos fenómenos sociales eran completamente desconocidos; por lo que, en vez de buscar soluciones efectivas, como por ejemplo las desarrolladas en Japón, que buscan atacar las causas y amortiguar el stress y la angustia, en Hungría idearon una de las soluciones más extrañas alguna vez concebidas: forzar a la población a sonreír.

El club de la sonrisa
No sólo la solución fue extraña, las causas que se teorizaron también lo fueron, ya que se culpó de manera unilateral a la canción Gloomy Sunday, altamente melancólica y de tonos tristes. Canción cantada por Billie Holiday compuesta por el pianista húngaro Rezső Seress, una tarde lluviosa y nublada de domingo en El club de la sonrisaParís, mientras el músico lamentaba el reciente suicidio de su novia. La leyenda urbana sobre la “canción del suicidio”, la cual créase o no continúa hasta el día de hoy, creció de tal manera que llevó a que la canción fuese prohibida tanto en Hungría como en los Estados Unidos y varios otros países, e incluso se llegara a multar fuertemente a las radios que la pasaran. Hoy sabemos que la canción no tuvo que ver, y que la ola de suicidios estuvo relacionada con los efectos económicos y el tenso clima que se vivía en la Hungría próxima a los inicios de la segunda guerra mundial, con fascistas linchando gente por las calles y comunistas actuando para acorralar al país dentro del régimen soviético. El mismo Seress sufriría un destino trágico, primero perseguido por los nazis a causa de su religión y luego por los comunistas ya que sus canciones fueron consideradas “contrarevolucionarias”.

La ciudad de las sonrisas
El club de la sonrisaPara solucionar los suicidios se crearían las “escuelas de la sonrisa” agrupaciones en las cuales se le enseñaría a la gente a sonreír, muchas veces copiando las sonrisas de personajes famosos, como por ejemplo Roosevelt, o de obras de arte famosas, como la Mona Lisa.

Estas “escuelas de la risa” tenían profesores de la sonrisa, los cuales contaban con todo tipo de material que enumeraba los distintos tipos y estilos de sonrisa y sus efectos en los demás. Esto último, por cierto, fue considerado como muy importante ya que se consideraba que la sonrisa se “transmitía”, por lo que a la gente triste, a la cual le costaba sonreír, se le proporcionaban “máscaras de la sonrisa”. Además de todo lo anteriormente mencionado, existían máscaras de entrenamiento de la sonrisa, en la cual se fijaba por horas la boca en posición de sonrisa.

Además de dichas escuelas, ejércitos de payasos salieron a las calles para alegrar a los transeúntes. La movida probaría ser inútil, y prontamente el gobierno húngaro, azotado por las creciente e inevitable amenaza en el horizonte de una nueva guerra mundial, cerró las escuelas de la risa las escuelas y enfocó sus esfuerzos en adiestrar a la población para una resistencia de combate urbano y supervivencia. Curiosamente, los suicidios bajaron.

Así eran los controles de los submarinos alemanes de la Primer Guerra

Submarinos alemanes de la Primer guerraLos Unterseeboot modelo 19, o SM U-19 según la designación de los miembros de la Triple Entente (los Aliados de la Primer Guerra), eran el tipo principal de submarinos alemanes durante la Primer Guerra mundial y con los cuales causaron estragos en las costas británicas. Su interior era realmente una maraña de controles, cables, válvulas y palancas, para los cuales, limitados por la tecnología de la época, los ingenieros alemanes debieron utilizar cada centímetro y recoveco de la sala de mandos y pasillos para agregar todos los controles necesarios requeridos por los sistemas de la nave, los cuales por motivos obvios palidecen en comparación a los actuales.

Submarinos alemanes de la Primer guerra

Submarinos alemanes de la Primer guerra Submarinos alemanes de la Primer guerra

La comunicación interna era quizás lo más problemático, ya que las limitaciones tecnológicas hacían que las mismas se den principalmente a manera de embudos y tubos de aire, en efecto, el capitán gritaba por un embudo, y los tubos llevaban el sonido hasta los ingenieros quienes debían interpretar qué quería el capitán entre el ruido de los motores y los sonidos distorsionados que salían por su embudo de comunicación.

Submarinos alemanes de la Primer guerra

Submarinos alemanes de la Primer guerraAsí y todo, con sus limitaciones y problemas, los mismos se volvieron en la mayor pesadilla de los barcos británicos cuando a principios de la guerra el HMS Pathfinder fue hundido por torpedos lanzados desde el U-21, poco más tarde, el U-9 hundía tres cruceros acorazados en una sola noche. Esto causó una histeria masiva en la armada británica, por lo que la misma redirigió su foco casi por completo a la caza de submarinos, vehículos bélicos que eran vistos como algo que podía cambiar el curso de la guerra, dando así comienzo a la U-boat Campaign, conducida principalmente por el Reino Unido con el fin de aplacar a los submarinos germanos.

Submarinos alemanes de la Primer guerra Submarinos alemanes de la Primer guerra

Recordando Hiroshima y Nagasaki

Museo Comercial de HiroshimaA 64 años de uno de los eventos más tristes en la historia, hablaremos de un edificio icónico. El Domo de la Bomba Atómica. Abierto al público a principios de la década del 20, este edificio, diseñado por el arquitecto checo Jan Letzel, tendría como objetivo primero ser un museo y un centro de exhibiciones. Pero el destino lo llevaría a convertirse en icóno y símbolo de uno de los actos más atroces de la historia: el bombardeo con armamento nuclear de una ciudad sin mucha importancia estratégica ni instalaciones militares con el simple objetivo de lograr la rendición de un país.

La razón por la cual este edificio pasaría a formar la pieza principal del Parque para la Memoria de Hiroshima no es menor, el domo, sería el único edificio de la ciudad en permanecer en pie tras el bombardeo.

En la imagen de la derecha -click para expandir- vemos al domo antes de la bomba, cuando aun servía como museo comercial para la prefectura de Hiroshima.

El Domo de la Bomba Atómica El Domo al poco tiempo de la bomba atómica El Museo por la Memoria de Hiroshima

2472-1Los ocho afortunados
Entrada que relata la increíble historia de las únicas ocho personas que sobrevivieron tanto a la bomba sobre Hiroshima como la de Nagasaki. Estas personas serían denominadas como Nijū Hibakusha -doblemente bombardeadas-, y si bien se calcula que pudieron llegar a ser 160 en un principio, esta entrada relata la historia de Tsutomu Yamaguchi y las otras siete personas que lograron dejar legado de sus experiencias para la posteridad. – Ir al artículo

2472-2Nagasaki antes y después
Si bien esta entrada relata lo ocurrido posteriormente en Nagasaki, es realmente un testimonio único sobre el poder devastador de la bomba atómica. Estremece pensar que hoy una mark VI tiene miles de veces el poder destructivo de Fat Man y Little Boy, como se llamaría a las bombas arrojadas sobre Japón. En el caso de Nagasaki, ciudad sobre la que caería Fat Man, la explosión tendría un poder total de 21 kilotones. – Ir al artículo

2472-3Hosen-Ji, el árbol que sobrevivió a la bomba de Hiroshima
No sólo un edificio sobreviviría al poder del átomo. Un simple y humilde árbol ginkgo que logró sobrevivir, hasta el día de hoy, triunfante a la bomba. Lo apasionante de la historia es que el ginko no sobrevivió por pura suerte, sino que gracias a su singular biología. Los ginkos son fósiles vivientes cuya evolución tuvo lugar cuando la atmósfera terrestre no brindaba las condiciones actuales de vida. – Ir al artículo

2472-8Videos del bombardeo de Dresde e Hiroshima a color
Es un hecho el que la historia es escrita por los triunfadores. Razón por la cual los crímenes de guerra cometidos por los Aliados y sobretodo por Estados Unidos y el Reino Unido han sido prácticamente enterrados en las polvorientas páginas de la caótica historia moderna ya hablamos del primer campo de concentración industrializado que se implementó. Por esta razón, los siguientes testimonios son realmente un legado de la crueldad humana. – Ir al artículo

El infierno de la Batalla del Dniéper resumido en una sola imagen

Ayer por la tarde me encontraba leyendo sobre la Batalla del Dniéper la cual se considera al día de hoy como una de las batallas más grandes, tanto en personal como equipos y pérdidas, en la historia de la humanidad: 2.650.000 soldados del lado soviético y más de 1.250.000 de soldados del lado italo-alemán en conjunto a miles de tanques y decenas de miles de cañones y piezas de artillería se enfrentarían desde el 24 de agosto de 1943 hasta el 23 de diciembre del mismo año. En total entre 1.600.000 a 2.800.000 seres humanos perderían sus vidas o serían heridos. Superando con creces el millón de muertes

Batalla del Dniéper

Increíblemente, otra vez más, me encuentro con el ejemplo de cómo, una simple imagen, puede resumir algo sin necesidad de palabras. La imagen anterior refleja el infierno de la contienda, vemos a un soldado herido caminando entre las piezas de artillería soviética abriendo fuego sobre posiciones alemanas. Me aterra como algo tan horrible e inhumano puede, a la vez, dejar como legado una imagen tan estéticamente bella. Simplemente me aterra.

La mirada de las mil yardas

Mirada de las mil yardasCon la reciente muerte de Harry Patch, el último soldado sobreviviente que participó en el combate de trincheras durante la Primer Guerra, comencé a leer bastante sobre la vida de este gran hombre, quien a pesar de sus 111 años y frágil salud, continuaría hasta utilizar sus últimas fuerzas en advertir a las generaciones futuras sobre los horrores y la inutilidad de las guerras.

En la serie de recuentos y anécdotas que supo dejar antes de morir, una supo captar mi atención en gran medida. La misma contaba como, en un principio, los oficiales fusilaban a ciertos hombres por cobardía tras que éstos, al recibir una orden, la ignoraban por completo. No obstante, los soldados sabían que no se trataba de cobardía ni desobediencia, sino que había una razón mucho más profunda y desalentadora para este comportamiento que comenzaba a surgir en los campos de batalla modernos. No porque no existiese anteriormente, sino porque las condiciones de la guerra misma habían cambiado, volviéndose mucho más intensas y estresantes. Con el pasar de los meses, el Alto Mando Británico confirmaría esta sospecha, y daría la orden a rajatabla a sus comandantes de no fusilar a éstos hombres. Esto ya que catalogarían a los mismos como ‘enfermos de guerra’. Prontamente todos los bandos tendrían su nombre para esta condición: Kriegszitterer para los alemanes, obusite para los franceses, y shell-shock para los americanos y británicos.

Hoy lo conocemos como desorden de stress post-traumático agudo. No obstante, anteriormente, y años después del aterrador combate de trincheras y gases nerviosos, durante la Segunda Guerra, los soldados comenzarían a referirse a esto informalmente como “la mirada de las mil yardas,” a partir de un artículo aparecido en la revista LIFE y en alusión a la prácticamente abstracta presencia de la persona de su lugar físico. Era fácil reconocerlos, hombres sentados en trincheras o búnkers con sus miradas perdidas, mirando hacia la nada, muchas veces sonriendo a pesar de estar bajo intenso fuego de artillería, ignorando todo peligro a su alrededor como si sus mentes hubiesen decidido escapar de sus maltrechos cuerpos.

En la imagen en cuestión vemos a un soldado australiano de la Primer Guerra en un improvisado hospital de campaña tras la sangrienta Batalla de Ypres, con su mano amputada junto a otros heridos. Sonriente, y completamente abstraído de la sombría escena que le rodeaba, el soldado tiene su mirada perdida en la nada, como si se encontrase en un mundo aparte, alejado de los horrores de la guerra. -click en la imagen para ver la escena completa-.a

Buceando por el cementerio sumergido del lago Truk

Tras el ataque a Pearl Harbor, el alto comando estadounidense quedó con un sabor amargo en la boca, y desde el primer momento desearon vengar el hecho atacando la mayor base de operaciones japonesa en el Pacífico. Esta sería la hallada en el lago Truk, lugar en el cual la Armada Imperial Japonesa tenía una enorme base de operaciones que utilizaban no solo para reparar su flota, sino que además servía como principal punto logístico de varias operaciones en la región.

Su deseo de venganza se cumpliría el 17 de Febrero de 1944, con un brutal y sangriento ataque conocido como Operación Hailstone. Durante tres días bombarderos estadounidenses destruirían prácticamente todo, sin importar si las instalaciones que atacaban eran militares o civiles -especialmente pequeños barcos de pesca-. El resultado, además de la pérdida de vida humana, sería extremadamente costoso para Japón: 60 barcos hundidos y unos 275 aviones, en su mayoría anclados a portaaviones como el Nippo Maru, que terminarían en el fondo del lago.

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Hoy en día, tras más de 60 años del hecho, el lugar es realmente un cementerio sumergido. Una ciudad fantasmal de acero que, poco a poco, está siendo devorada por la naturaleza mientras se convierte en un gran coral.

Pequeña gran fortuna

La semana pasada me encontraba leyendo sobre la economía alemana tras las Guerras Mundiales. Si bien no me sorprendió, ya que era de mi conocimiento el dato de que tras la Primer Guerra Alemania registró la mayor devaluación de la historia, se generó en mi una gran curiosidad por ver esos billetes. Billetes que en algunos casos alcanzaron valores contados en cientos de millones de marcos -más allá de que en la realidad no llegaba a equivaler ni un centavo de dólar-.

He aquí el billete más grande de la historia: 1 millón de millones de marcos, emitido en Noviembre de 1923 (el de la imagen aquí presente pertenece a Febrero de 1924):
Marco alemán devaluado

Si imaginaban comprar un yate de ensueños con semejante billete lamento desilusionarlos; ya que al 1 de Noviembre 10 de estos eran necesarios para comprar una docena de huevos; para el 15 de Noviembre con la misma cantidad no llegábamos a comprar media docena. Ese mismo mes saldría el Retenmark, un billete apoyado por el estado y los industriales que equivalía a un trillón de marcos!. Esas son las curiosidades de la economía, un país que hace 84 años registró la mayor devaluación monetaria de la historia, hoy día es la mula sobre la cual se mantiene estable el euro.

Si bien no el más grande, el billete que veremos a continuación fue el más valioso de la historia. Certificado en 1934 el billete de 100 mil dólares, directamente apoyado en reservas de oro, es considerado en el presente como el billete más valioso alguna vez emitido. Estos nunca fueron largados al público y se crearon con el fin de ser utilizados solamente por bancos de la Reserva Federal. El retraro representa al 28 avo Presidente, Woodrow Wilson. Es importante tener en cuenta que un dólar de 1934 era varias veces más valioso que un dólar de 2007 -el dólar también ha devaluado-

Dólar más grande

Habbakuk, el portaaviones de hielo de la Segunda Guerra

Winston Churchill consideraba que los “aeropuertos flotantes” eran imperativos si se deseaba terminar con la guerra en menos de 5 años. Sin embargo, la falta de acero hacía imposible la construcción de portaaviones capaces de atender y soportar un número considerable de aviones, por lo que en 1942 una de las ideas más extravagantes de la historia bélica tendría lugar con el fin de construir un “aeropuerto flotante de hielo”.

Meses antes a la orden de Churchill un comando británico había logrado capturar las esquemáticas y notas de diseño de varios proyectos alemanes, cuyos ingenieros han realizado proezas dignas de los libros de historia. Entre las tantas ideas extravagantes había una que aseguraba la creación de un “portaaviones imposible de hundir y pudiendo ser levantado sin requerir acero”. Para este fin inmensos icebergs eran utilizados como material, cortando su superficie en bloques y dándole la forma necesaria para que en su extremo expuesto existan varias pistas de aterrizaje. Dada la inmensa masa sumergida de estos no importaba cuan fuerte se bombardeara la estructura ya que siempre permanecería a flote. Otra de las ventajas era que al ser de hielo no importaba si se dañaban las pistas de aterrizaje durante los ataques enemigos, ya que solo debía de arrojarse agua y una mezcla especial en los baches para que luego al endurecer se alisaran quedando como nuevas.

Enterado de la idea de los alemanes y deseoso de complacer a Churchill, Lord Louis Mountbatten se propuso construir un prototipo basado en esta idea, el Habbakuk -nombrado en honor a un profeta de la Biblia que hablaba sobre un trabajo sorprendente-. Ante la problemática de hacer los cortes en el hielo eficientes y rápido encargaría al científico Geoffrey Pyke -quien inicialmente había sugerido a Mountbatten como suya la idea del portaaviones de hielo- para que desarrollara una sustancia eficaz y capaz de crear duros bloques de hielo de derretimiento lento, la cual sería nombra como “Pykrete” -no hace falta aclarar el por qué 😆 –. Hecha de una mezcla de hielo y pulpa de madera, resultó ser mucho más eficiente de lo esperado por lo que una vez elegido el bloque de hielo sobre el cual se construiría el prototipo a escala del Habakkuk se iniciarían las preparaciones.

El trabajo comenzó bajo el mayor de los secretos en el Lago Patricia de Canadá y en menos de 2 meses 15 hombres lograron construir el prototipo para el cual se habían utilizado más de 1100 toneladas de pykrete. Sin embargo, ya era 1944 y los Aliados habían asegurado varias fuentes de acero y cerrado la brecha del Atlántico por lo que el gobierno prefirió un enfoque más ortodoxo y decretó que se construyeran portaaviones convencionales sobre los de hielo. Durante algún tiempo el Habbakuk en miniatura fue utilizado para experimentaciones y anduvo deambulando por las aguas sirviendo como “cama de pruebas” para práctica de bombardeo.

Nota curiosa Pyke, a pesar de haber nombrado orgullosamente a “su” compuesto como “pykrete” en realidad había plagiado la fórmula del ganador del premio Nobel Max Perutz. No olvidemos que además había sugerido en un primer momento la idea del portaaviones como suya.

Los ocho afortunados, las personas que sobrevivieron a las dos bombas atómicas

En Japón se denomina como los Ocho Afortunados a los sobrevivientes que estuvieron tanto en Hiroshima como Nagasaki cuando las bombas atómicas fueron lanzadas. Si bien es muy probable que más personas hayan sobrevivido a ambas detonaciones, de hecho el Museo de la Paz en Hiroshima calcula que pudieron existir unas 160 Nijū Hibakusha -traducción literal: personas doblemente irradiadas-, la falta de registros por parte del gobierno y el caos tras la rendición de Japón hicieron que sólo se confirmaran ocho casos. Frustrado con este panorama el afamado productor de TV Hidetaka Inazuka decidió filmar un documental llamado “Niju Hibaku” -Doble Irradiación- en el cual entrevista al último sobreviviente, Tsutomu Yamaguchi, de 90 años.

Yamaguchi era un ingeniero de Mitsubishi trabajando en el puerto de Nagasaki. El destino quiso que el fatídico 6 de Agosto, día en en el que fue detonada “Little Boy” la primer bomba de de 13 kilotones, se encontrara en Hiroshima en un viaje de negocios con el fin de asegurar el suministro de repuestos para el astillero de Nagasaki. En el momento exacto de la explosión se encontraba a 2 kilómetros de la Zona Cero guarecido por una fortificada instalación de la zona industrial de Hiroshima. Sin embargo, el calor intenso y los temblores hicieron que sufriera quemaduras y contusiones por todo su cuerpo. Cuando se lo entrevistó mencionó sólo recordar ver el flash y lo difícil que era respirar con el aire tan caliente. Tras ver el caos y el descontrol pasó dos días intentando volver a su ciudad. Al llegar, y a pesar de las heridas, decidió dirigirse a su puesto de trabajo y reportar lo ocurrido a su jefe quien, como gran parte de la población de Japón, ignoraba lo que había ocurrido. Como ingeniero Tsutomu sabía que el arma utilizada en Hiroshima no era convencional y temía que la guerra esté totalmente perdida. Sus temores se confirmarían ese mismo día, el 9 de Agosto explotó la segunda bomba. Yamaguchi se encontraba en las oficinas del astillero a unos 3 Km de la zona cero reportando y describiendo todo lo visto. Volvió a sentir el calor intenso y en ese momento, según sus palabras “aterrado pensé que las explosiones me estaban siguiendo a mi”. Cuando salio a las calles llegó a pensar que había llegado el fin del mundo.

Afortunadamente desde ese entonces Tsutomu pudo vivir una vida pacífica y formar una familia. Ya jubilado sigue viviendo en Nagasaki y dedica su tiempo libre a escribir poesías.

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Los peores accidentes con explosivos de la historia

La Explosión de Halifax
Explosión de HalifaxEn el primer lugar nos encontramos con la Explosión de Halifax, considerada por muchos como la explosión no nuclear más poderosa ocurrida la cual, según se estima, liberó unos 2.9 kilotones de energía -aproximadamente un 14% del poder de la bomba de Hiroshima-. Todo ocurrió un 6 de Diciembre del año 1917 cuando en el puerto de Halifax, ubicado en Nova Scotia, un carguero que transportaba 2,653 toneladas de explosivos colisionó contra un buque por causa de un error humano. El choque rápidamente se convirtió en un voraz incendio que fue consumiendo los compartimientos del barco mucho más rápido de lo que los marinos podían combatirlo. Eventualmente llegó a la bodega y ocurrió lo inevitable. Casi 2 mil personas perecerían tras la explosión y la zona costera de Halifax quedaría completamente arrasada, no solo por la explosión inicial sino que las llamas posteriores incendiarían gran parte de la ciudad.

Explosión de Halifax

La explosión de Oppau
Este evento fue uno de los accidentes más espeluznantes de la historia, no solo por haber causado la muerte de aproximadamente 600 personas, sino que además borró del mapa a un pueblo entero y provocó grandes destrozos en un radio de 30 kms. La explosión ocurrió el 21 de Septiembre de 1921 en el pueblo alemán de Oppau cuando un silo con unas 4.500 toneladas de fertilizante explotó arrasando al pueblo entero.

Planta de Oppau

British Bang
Su nombre parte de un juego de palabras con Big Bang y fue una de las explosiones más extrañas y bizarras jamás ocurridas, ya que tuvo lugar tras que un grupo de ingenieros británicos intentara hacer desaparecer una isla llenándola de explosivos y provocando su hundimiento. La isla estaba plagada de fortificaciones construidas en la Segunda Guerra y, matando dos pájaros de un tiro, los ingenieros decidieron simultáneamente deshacerse de 7 mil toneladas de explosivos sobrantes. Si bien nunca pudieron hundir la isla a causa de varios errores de cálculo si lograron arrasar toda su superficie.

La Batalla de Messines
Batalla de MessinasEn pleno fulgor de la Primer Guerra, más exactamente un 7 de Junio de 1917, el ejército británico secretamente construyó y desplegó 20 minas gigantes en la región de Messines-Wytschaete. Un error llevó a que las minas detonaran en cadena dejando un resultado macabro: en cuestión de segundos más de 10 mil soldados y civiles alemanes habían perdido sus vidas a causa de la gigantesca explosión y la zona había quedado completamente destruida. El ruido pudo escucharse en extremos tan remotos como Dublín y Estocolmo y fragmentos de roca cayeron a varias decenas de kilómetros del lugar de la explosión. Los periódicos británicos titularon la noticia como “La victoria ‘terremoto’ de Messines”.

RAF Fauld Explosion
En Noviembre 27 de 1944 ocurrió una de las explosiones más enigmáticas y secretas de la historia -cuyas atribuciones varian desde cohetes V2 alemanes hasta sabotaje de espías-. Esta tuvo lugar en una base subterránea secreta de la RAF, en la que se experimentaba con explosivos, y donde afortunadamente sólo perdieron la vida menos de un centenar de personas a causa de lo profundo y fortificada que se encontraba dicha instalación. Sin embargo, la explosión fue tal que dejó un cráter de 100 metros de profundidad y medio kilómetro de ancho. Hoy en día es recordada en el Museo Imperial como “The RAF Fauld Explosion”.

Los insurrectos loros vigía de Paris

Durante la primer guerra mundial la aviación de combate era un recurso nuevo y poco explorado, que tomaba por sorpresa a los generales más experimentados y desequilibraba sus estrategias predilectas. Si bien el bombardeo aéreo no era para nada exacto, de hecho consistía en que el acompañante del piloto se levante y tire una granada a tierra con la mano, en la población local dichos ataques causaban un terror contundente. Para contrarrestar semejante arma psicológica los franceses comenzaron a entrenar un ejército de loros para que huyan al escuchar con su agudísimo oído el motor de un avión, una vez amaestrados los ubicaron en la Torre Eiffel. Desgraciadamente los emplumados vigías no distinguían bien entre amigos y enemigos, por lo que la población parisina se encontraba corriendo desesperada a guarecerse en sus casas cada vez que veía salir volando de la torre a las bandadas de loros… Su desempeño fue tan frustrante que el mismo almirante que sugirió la idea subió con una escopeta para deshacerse de sus infortunados vigías voladores.

Quizás les hubiese ido mejor con los hombres pájaro… ah no…