La ejecución de Lavoisier

En el pasado habíamos hablado lo injusta y despiadada que fue la ejecución de Antoine-Laurent de Lavoisier , uno de los más grandes científicos en la Historia. Traicionado, acusado injustamente y decapitado sin reparo alguno, aunque posiblemente el desprecio que sufrió durante y tras su ejecución fue aun peor que cualquier daño físico.

Éste hombre fue el científico que descubrió y nombró el oxígeno, nombró el hidrógeno (descubierto anteriormente por Cavendish pero explicado y nombrado por Lavoisier), creó los primeros modelos químicos de los procesos de combustión, estudió los procesos de oxidación, dio por obsoleta la teoría pseudo-científica del flogisto.

No obstante, y más importante aun que incluso sus descubrimientos es el hecho de que Lavoisier impuso el método científico en el estudio de los elementos y avanzó notablemente el uso de procesos químicos en la agricultura entre otros logros, fue ejecutado en la guillotina debido su origen noble y su rol como tesorero del fisco en el pasado, labor a la que nunca le dio importancia ya que su mente estaba completamente ocupada con sus estudios científicos.

Ilustración del laboratorio de Lavoisier.
Varios estudios sobre la respiración realizados por Lavoisier.

En la ilustración anterior podemos ver a Lavoisier realizando uno de sus varios experimentos con el oxígeno.

Ciertamente uno de los más importantes e influyentes científicos de la modernidad a pesar de su trágico destino.

Nota: ciertamente la Revolución Francesa fue un período caótico, la obra maestra de Voltaire, contemporáneo a estos eventos, Candido o el Optimismo, nos ofrece un recuento y una visión de la sociedad francesa durante los momentos previos que llevaron a esta explosión social.

Movido por un deseo de conocimiento que iba más allá de incluso su propio bienestar y su propia vida, este científico que pasó a la historia como una de las más grandes mentes de la humanidad, durante su juicio rogó no por su vida, sino porque se le permitiese continuar con sus estudios, pero el juez le replicaría que:

“La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido”

Ciertamente una aseveración de una ignorancia supina.

Pero quizás el último insulto vino casi un siglo después de su ejecución de manos de una tierra que nunca lo apreció ni respetó como se debía. La única estatua que se erigió en su honor en más de un siglo fue hecha a regañadientes, por un escultor poco interesado y mal pago que utilizó como modelo la cabeza de otra persona, el Marqués de Condorcet, por:

«no tener tiempo y aprovechar que ya tenía la otra»

, y peor aun, durante la Segunda Guerra Mundial la misma fue cortada por su base, rebanada en partes, y fundida por su metal. La estatua nunca fue remplazada.


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