Ilustración de los Castillos flotantes franceses.

Los «castillos flotantes franceses» y la guerra psicológica en 1798

Tras un desastroso intento francés por invadir Gran Bretaña en 1759, tiempo después, los Británicos utilizaron este episodio para humillar a Francia.

Los antecedentes, la invasión frustrada de 1759

Decididos a terminar con la Guerra de los Siete Años en 1759 mediante un golpe sorpresa y decisivo, los franceses planearon una estrategia que, según ellos, era la única manera de terminar con la guerra. Invadir las Islas Británicas utilizando más de 100 mil hombres y unos novedosos transportes de fondo plano que permitirían ignorar la armada británica por completo.

El problema era cómo desembarcar en las costas de un país con una armada tan poderosa. La idea del duque de Choiseul, hombre a cargo de la tarea, fue bastante creativa. Ignorar a la armada británica a través de la velocidad. Para esto se construirían cientos embarcaciones especiales de fondo bajo. Una vez construidas los 100 mil hombres junto con todo su equipo esperarían en las costas francesas del Canal de la Mancha completamente alertas por el primer viento favorable para así iniciar la invasión.

El plan, en si, no era malo si funcionaba se lograría invadir las islas ignorando la armada británica por completo. Tras una serie de reuniones y negociaciones en secreto el duque de Choiseul logró el apoyo del gabinete francés. Ahora, no obstante, proseguía lo más difícil. Levantar un ejército de 100 mil hombres cerca del cabo de Gris-Nez y construir los transportes de fondo plano en secreto.

Ilustración de los Castillos flotantes franceses.
Curiosamente de todos los diseños producidos por los británicos a manera de burla para dejar a Francia en ridículo, este fue el único de fondo plano. No obstante, sigue siendo un diseño ridículo. Un fuerte flotante con cuatro molinos alimentando 4 ruedas de paletas.

El problema para Choiseul y sus asistentes era que los británicos tenían una amplia red de espías dentro del gobierno francés, e incluso antes de que se construyera el primer transporte Lord Anson y el gabinete de guerra en Londres ya estaban al tanto de la invasión.

Los franceses, no obstante, no sabían que sus planes eran en vano, por lo que gastaron una fortuna construyendo más de 320 transportes y en entrenar especialmente a 50 mil soldados. Incluso tras una serie de simulacros determinaron que iban a poder cruzar lo suficientemente rápido para evadir a la armada británica.

Los planes terminaron siendo un fracaso, de hecho los británicos atacaron por sorpresa el astillero y puerto de Le Havre y destruyeron varios de los transportes y luego tras la batallas de Lagos y de la Bahía de Quiberon las pérdidas para los franceses fueron tales que se abandono la idea por completo. Incluso lograron desarticular todos los planes secundarios de los franceses como el instigar a los rebeldes jacobitas a tomar las armas y lograron matar al corsario Francois Thurot quien supuestamente iba a crear una enorme distracción naval el día de la invasión.

Peor aun, con el tiempo la población en general tanto de Francia como de Gran Bretaña se enteraron de la invasión y los franceses quedaron en ridículo.

Ilustración de los Castillos flotantes franceses.
Este diseño se burlaba de los franceses asegurando ser una «representación precisa». Según el autor, transportaba 60 mil hombres y 600 cañones. La razón por la cual todos estos diseños en burla tienen molinos de viento es porque el viento de popa era una parte fundamental de los planes franceses en 1759.

La maquinaria de propaganda británica

El fiasco de la invasión frustrada de 1759 quedó en la memoria popular tanto francesa como británica, y es aquí donde uno de los más astutos ataques de propaganda y algo que recién durante el siglo XX tendría nombre, es decir la guerra psicológica, del pasado tuvo lugar.

Décadas más tarde, más precisamente en 1798, durante las Guerras revolucionarias francesas, la propaganda británica jugó esta carta con el fin de disuadir a través de la baja moral a los franceses de incluso intentar considerar nuevamente una invasión naval a Gran Bretaña.

Ilustración de los Castillos flotantes franceses.
Otro de los diseños a manera de burla. Este asegura ser una «representación exacta» a partir de los dibujos de un prisionero que se escapó de Francia.

Aprovechándose del fiasco que significaron los transportes del duque Choiseul y la fortuna tirada a la basura que significó construirlos y entrenar a los soldados, varias imprentas británicas comenzaron a realizar impresiones de «barcos castillo» franceses tanto en inglés como en francés y a distribuirlas por Francia y Gran Bretaña.

La idea fue no solo reavivar el nacionalismo de los ingleses, sino además convencer a los ciudadanos franceses que cualquier plan de invadir Gran Bretaña navalmente era ridículo, algo sin sentido que terminaría siendo otro costoso fiasco como lo fueron los transportes de fondo plano del duque de Choiseul.

Ilustración de los Castillos flotantes franceses.
De todos los diseños a manera de burla, este es el más ridículo de todos. Ya que puede transportar unidades de caballería y tiene un domo de metal en el centro que protege a los soldados de los cañonazos. Incluso asegura que existe, y que fue vista en las costas de Saint Maloe.
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