El oro y la humanidad

La humanidad ha sentido fascinación por el oro desde tiempos ancestrales, al punto que guerras enteras se fueron libradas por el dominio de minas abundantes en oro, y muchas culturas construyeron templos y estatuas de oro para honrar a sus deidades, como es el caso del templo Kinkaku-ji en Japón, un templo cuya parte exterior se encuentra finamente laminada en oro, ó la estatua de oro macizo de la diosa Atenea que solía adornar el interior del Partenón en la antigüedad. No obstante, el oro es raro, y conseguirlo es difícil, justamente lo que le da su valor más allá de su nobleza química. Debido a esto muchas veces la búsqueda de oro desató fiebres intensas como la que veremos a continuación: la fiebre del oro de 1983 en Brasil.

La fiebre del oro de 1983 en Brasil

Pocas veces se han visto imágenes tan espectaculares como las captadas en 1983 en el Amazonas brasilero. Estas capturan parte de la naturaleza humana, la desesperación de la gente que no tiene otra salida y la codicia humana de aquellos que explotan a los que están necesitados.

Fiebre del oro de 1983 en Brasil.
Escaleras improvisadas durante la fiebre del oro brasilera.

Todo comenzó a finales de dicho año, cuando se corrió un rumor sobre el hallazgo en uno de los garimpos (minas de oro improvisadas) de una veta madre de oro puro. El rumor tomó fuerza explosiva cuando pepas del tamaño de un puño se encontraron en el río Juma, por lo que los periodistas documentando la locura que acontecía denominaron al fenómeno como «Eldorado do Juma». Locura que tristemente se repetiría en varios de los cientos de garimpos por todo el amazonas, como el de Serra pelada y el del río Pacu.

La fiebre fue inmensurable, docenas de miles de empobrecidos campesinos llegaban todos los días a escarbar aunque sea con sus manos, familias enteras. Las pestes comenzaron a aflorar y la malaria atacó a miles de personas.

El crimen y todo acto de amoralidad y falta de ética estaba a la orden del día, pero a la absoluta mayoría de las personas en la región sólo le importaba una sola cosa: el oro y nada más que el oro. Decenas de miles obsesionadas por hallar oro, así sea unos pequeños granos de oro granular. Como hormigas, sin equipos de excavación, sólo con palas y picos, removieron una montaña entera, y excavaron cavernosos laberintos en toda la región.

El daño ambiental fue terrible, ya que los garimperos cargaban bolsas al hombro hasta el área de proceso, donde se utilizaba cianuro para separar el oro de baja calidad de los demás minerales, descartando los residuos en el río.

Fiebre del oro de 1983 en Brasil.
Vista aérea de las multitudes.

Todo terminó como podía esperarse desde un principio, la gente desilusionada y explotada abandonando los garimpos en masa, dejando pueblos fantasmas a su paso, ecosistemas completamente destruidos y un legado de los bajo que puede llegar la miseria humana.

Fiebre del oro de 1983 en Brasil.
Mineros improvisados cargando las bolsas con rocas, entre las que esperaban haya algo de oro.

La explotación de los mineros

Tristemente como en todos los casos donde la miseria reina un puñado de aprovechados hace una fortuna, y esta no fue una excepción. Varios operadores de plantas de refinamiento compran las bolsas de roca por unos pocos centavos.

Fiebre del oro de 1983 en Brasil.
Enormes y peligrosos puentes y caminos eran improvisados para facilitar el camino a la mina.

Al juntar varias toneladas de roca, lo cual lograban hacerlo en una pocas horas debido a la enorme cantidad de gente vendiéndoles las rocas, estos operadores de refinadoras de mineral ejecutaban el proceso de refinamiento obteniendo considerables cantidades de oro granular en la roca, ganando siempre pequeñas fortunas tras cada día de operación.

Fiebre del oro de 1983 en Brasil.
Vemos a los fotógrafos enfrente de la multitud.

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