En plena transición del Renacimiento a la Era Moderna, donde cientos de charlatanes publicitaban sus teorías seudocientíficas, tratando frenéticamente de crear nuevas terapias milagrosas y todo tipo de tónicos «revitalizadores». Fue Franz Josef Gall (1758-1828) quien planteó la «revolucionaria» teoría que estipulaba el que las diferentes partes del cerebro controlaban 32 aspectos diferentes de la personalidad (inteligencia, humor, etc). Gall llamaría a esta «revolucionaria teoría»como la «teoría de la chichonología» o lectura de chichones del Dr. Gall

Ilustración de Franz Josef Gall.

La teoría de Gall se basaba en que, como los músculos, mientras más desarrollado y «trabajado» estuviese este aspecto, más desarrollada estaría dicha área del cerebro. Por lo tanto presionarían el cráneo hacia afuera y formarían un chichón. Gall, quizás no tan científico pero tampoco tan tonto, comenzó a vender su tratamiento de «lectura de personalidad». Tuvo tal éxito en su negocio que las personas formaban colas enormes para que Gall «leyera» su personalidad, chichones mediante. Esto quizás alimentado por el hecho de que Gall gozaba de cierto reconocimiento en la comunidad médica y el campo de la neuroanatomía.

Si bien cuesta creer que tantas personas cayeron en esto, debemos recordar que en dicha época la creencia general era que varios aspectos de la personalidad y el comportamiento podían leerse en el rostro y en otras características corporales. Razón por la cual la frenología era algo tan aceptado que incluso fuerzas policiales la utilizaban y hay instancias de jueces refiriéndose a esta para pasar veredicto.

Por ejemplo, hablando de frenología, el capitán FitzRoy que comandaba el HMS Beagle estuvo a punto de no permitir que Charles Darwin realizara su histórico viaje al rededor del mundo donde planteó las bases de su teoría de la evolución por basarse en que Darwin poseía «la nariz de un cobarde».

Esta no sería ni la primer ni la última teoría extraña sobre el comportamiento y la inteligencia humana. Por ejemplo, tras la muerte de Gall apareció Duchenne de Boulogne y su «fábrica de emociones».

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