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Stilyagi, los jóvenes “a la moda” que desafiaron a la Unión Soviética

StilyagiEs muy común hoy en día ver fenómenos culturales de otras regiones del mundo meme-ificarse y expandirse en los lugares más inesperados, como si se tratase de un imparable incendio forestal en un bosque reseco por el verano. Generalmente estas modas son influenciadas por las películas y el Internet. Claro, eso es comprensible, pero cuando este fenómeno se da en un lugar tan cerrado, aislado y represivo como la Unión Soviética de los años 60, eso es sorprendente.

Si bien el Kremlin y la Nomenklatura, la elite del partido comunista en los lugares de poder, reprimían con mano de hierro, fusilamientos y viajes sólo de ida al gulag a cualquier elemento considerado como “contrarrevolucionario” y en efecto controlaba todo medio audio visual en los territorios que manejaba, por otra parte cientos de miles de jóvenes hombres eran alistados en las fuerzas armadas y enviados a regiones fronterizas, embajadas o bases remotas. Allí, éstos hombres, en su gran mayoría adolescentes o veinteañeros, tenían por primera vez en sus vidas contacto con culturas extrañas, llámese la cultura Occidental. Por más que los comandantes impusieran castigos y reprimendas, sólo había que tener una pequeña radio o televisión para ver recitales de rock, películas y demás. Ni hablar de revistas, o incluso items culturales.

Stilyagi

Tras terminar su servicio y volver a sus pueblos, éstos soldados traían de vuelta consigo esas influencias, y es así, como al intentar replicarlas, y el hecho de que a más presión siempre habrá mayor resistencia, que nace la cultura de los Stilyagi, quienes eran una mezcla rara de la cultura greaser con el rock de principios de los años 60.
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La barba de Hans

Hans LangsethPor alguna razón siempre que hurgo por archivos fotográficos antiguos siempre, absolutamente siempre, me encuentro con fotografías que me maravillan. Esta es una de esas pocas tan bellas como interesantes y totalmente fuera de lo común. Se trata de Hans Langseth, un hombre noruego nacido en el siglo XIX y que a principios del siglo XX, entre 1910 y 1919, por alguna razón que escapa maravillosamente a la cordura, decidiera dejarse crecer una barba de 5,1 metros mientras vivía en Dakota del norte, Estados Unidos.

Quizás el proceso de plata coloidal utilizado para tomar la fotografía es lo que logra darle ese particular aura que rodea los bordes de la imagen y que deja tan definidos los rasgos de Hans y el bello ornamento de la silla sean lo que convierte a esta placa fotográfica en algo digno de otro mundo, quizás un plano fantástico digno de la imaginación de Tolkien.

La barba y la historia
Uno de los aspectos históricos más interesantes de las modas y las épocas, y que he leído en varios artículos pero nunca pude terminar de confirmar certeramente, es el por qué en la mayor parte de Europa con herencia latina, es decir de origen romano, los hombres solían rasurarse y recortar su cabello. Aspecto que dice que los romanos, a través de la influencia cultural de proveniente de Italia del sur, Magna Græcia, de etnia griega en ese entonces, se basaron en los códigos de conducta de Alejandro Magno quien, y esto si es verídico a la Historia, solía ordenar a sus soldados a rasurarse y cortar su cabello de forma regular, para así evitar ser sujetados del mismo durante el combate y sobretodo minimizar el efecto en las tropas causado por las epidemias de piojos.

Al volver a sus hogares, muchos hombres romanos ya acostumbrados a rasurarse cotidianamente, mantuvieron la costumbre. Siendo así el afianzamiento de esta costumbre en la Europa romana o latina. Costumbre que, como es evidente al ver representaciones de época de Vikingos y germanos, no era muy popular en lo que los romanos llamaban la “Europa Barbara.”

Por supuesto que hay muchas críticas al respecto, ya que por ejemplo también se adjudica a una herencia cultural etrusca -cultura itálica previa de la cual los romanos tomarían muchas costumbres- quienes solían afeitarse. Pero venga de donde venga la costumbre, para el 300 AC el rasurarse era normal en Roma, y dejarse crecer la barba volvería a estar en auge durante el Imperio cuando la “barba de filosofo” se impondría a través de los estoicos -siendo el emperador Marco Aurelio, junto a su gran barba, el estoico más famoso.- y, sobretodo, entre los paganos opositores al cristianismo, como el Emperador Juliano el Apóstata, quien dejara crecer su barba a manera de dejar en evidencia su preferencia hacia el paganismo.

Marco AurelioJuliano el ApostátaAlejandro

La primer imagen es la famosa Estatua Ecuestre de Marco Aurelio, contemporánea al Emperador, es una de las pocas estatuas originales del siglo II en sobrevivir a la turbulenta historia de Roma tras la caída del Imperio. La segunda es una moneda mostrando a Juliano el Apóstata y su barba pro-paganismo. Por último una moneda egipcia del siglo III AC utilizada en los territorios de Ptolomeo I Sóter con la cara de Alejandro el Grande. Ptolomeo fue uno de los tenientes que acompañara a Alejandro en su histórica campaña.

Ford Nucleon, el auto nuclear

A finales de los 50 y durante la mayoría de los años 60 la tecnología nuclear era vista con temor, pero curiosamente, a la vez, era considerada como el futuro y prosperidad de la humanidad. Cualquiera que haya visto una película de la época, habrá notado como se presentaban distintos aparatos de índole “cuasi-mágica” que permitían realizar todo tipo de tareas tediosas en cuestión de segundos gracias al poder del átomo. No obstante, estos aparatos no eran territorio exclusivo de la ciencia ficción. Sino que varias empresas intentaron diseñarlos. Una de ellas fue Ford, y su prototipo de auto atómico: el Ford Nucleon.

Varias horas de trabajo y diseño se pusieron a cuestas de este prototipo presentado en 1958. Prototipo cuya mayor curiosidad era que reemplazaba el motor de combustión por uno nuclear. La celda con los materiales radiactivos se ubicaba en la extensa parte trasera del auto, aislada y fuertemente reforzada para evitar cualquier tipo de escape o fuga. Si bien la celda de poder estaba pensada para venir en distintos tipos de tamaño, el rendimiento promedio se calculaba en 8 mil kilómetros por recarga.

Si bien el proyecto nunca pasó de prototipo conceptual, quedó en la historia como el primer y único intento serio de diseñar un automóvil nuclear por parte de una de las principales automotrices del mundo.

El Ford Volante
No se ustedes, pero si a mi me dieran a elegir uno de los “protipos alocados” de la Ford elegiría el Ford Volante X-2000, uno de los “auto cohetes” más extravagantes de la historia. Incluso se rumorea que Henry Ford intentó sobornar a varios congresistas para que se le permitiera utilizar tecnología clasificada en la construcción de un prototipo -que desgraciadamente nunca llegó a ser-.

El saludador automático de James C. Boyle

Chindogu es el arte japonés de crear inventos absolutamente inútiles pero al mismo tiempo geniales que a pesar de su utilidad la cantidad de trabajo que hay que realizar para utilizarlos y a veces la vergüenza que nos hacen pasar en público es tan grande que es mejor directamente no utilizarlos en lo absoluto. Curiosamente, leyendo sobre patentes, descubrí que este arte no es nada nuevo. Sólo alcanza con mirar el saludador automático de Boyle (y no exactamente Robert :lol:):

En el pasado las estrictas reglas de caballerosidad indicaban el que se debía saludar a una dama formalmente aunque no se la conociese. Por regla general el acto de cortesía contemplaba el elevar el sombrero y bajar la cabeza. Cansado de tener que realizar esta práctica cada unos pocos pasos, James C. Boyle diseñó en 1896 un curioso “saludador automático”, el cual levantar el sombrero solo con presionar un botón. A causa de que el sistema era bastante pesado, unos 4 kilos, y el miedo que generaba en las personas ver un sombrero que se levantaba misteriosamente, la empresa y la inversión de Boyle fueron tal fracaso que terminó en la ruina.

El piercing en la antigüedad

Egipto
En Egipto se utilizaban aros y pendientes desde la más temprana época. Sin embargo, algunos lugares del cuerpo estaban restringidos a cierto status social. Por ejemplo el ombligo solo podía ser perforado si se era un faraón, y quien se atreviese a perforarlo sin serlo era inmediatamente ejecutado.

Roma

Los centuriones
Los Centuriones solían perforarse las tetillas y colocarse pequeños aros. Esto era considerado un símbolo de virilidad y hombría. Varios personajes importantes de la historia romana, como por ejemplo Julio César, parecen haber poseido estas decoraciones.

Los gladiadores
Los gladiadores solían perforar la cabeza de su pene y colocar un pequeño aro en dicha perforación. Esto permitía que el pene fuera sujetado fuertemente y no se sufrieran accidentes en las luchas gladiatoriales.

Los marineros y piratas
Hoy en día está popularizada la imagen del marinero antiguo o del pirata llevando un gran aro de oro, generalmente, en su oreja derecha. Esto no tenía nada que ver con la “moda” de la época ni nada por el estilo sino que hacía motivo a una antigua costumbre. La tradición indicaba que todo el que encontrara el cadáver de un hombre de mar podría quedarse con el aro de oro sólo si le daba sepultura Cristiana al cuerpo hallado. De lo contrario, si la persona se quedaba con el aro sin haber enterrado el cuerpo, el espíritu del infortunado navegante lo atormentaría por el resto de su vida.

El mal educado y sucio amigo de Richelieu

Hace un tiempo hablábamos sobre la gradual adopción del tenedor en la mesa europea y sobre los mitos de bestialidad en la mesa medieval (al menos entre las clases más pudientes). Hoy vamos a revisitar en cierto grado el tema y hablaremos sobre el origen de los cuchillos de punta redondeada. Después de todo podríamos pensar cientos de justificaciones para su utilización, sin embargo, su origen es mucho más raro de lo que podamos llegar a imaginar en un principio.

El Cardenal Richelieu era una personalidad visitada por todo tipo de dignatarios no solo por motivos oficiales sino también por las amistades que éste tenía entabladas con los grandes Reyes y magnates del siglo XVII. Una de estas personalidades era nada más y nada menos que el Canciller parisino Pierre Séguier, famoso por su extenso linaje de familiares juristas y… su mala costumbre de eructar y comportarse como todo un cerdo en la mesa. Richelieu, quien debía de soportar estos impropios regularmente a causa de las visistas oficiales, sin embargo, no podía tolerar el que éste canciller se limpiara los dientes con los cuchillos. De esta manera ordenó crear una vajilla cuyos cuchillos presentaran bordes circulares y no en punta. Séguier dejó de limpiarse los dientes y prontamente estos cuchillos se pondrían de moda en toda Francia y el resto del mundo.

La belladonna

La búsqueda de la belleza femenina, que existe desde que el mundo es mundo, llevó a que muchas mujeres Italianas del siglo pasado, siguiendo la moda de poseer sus pupilas dilatadas, algo considerado de muy buen gusto y exquisitamente atractivo en la época, ingirieran una planta denominada belladonna, que provocaba éste efecto. No obstante, la belladonna, del Italiano mujer bella, es una planta de la familia de las solanáceas, y la misma posee un agente químico denominado antropina que es extremadamente tóxico. Justamente, la dilatación de las pupilas, era producto de uno de los efectos secundarios de este veneno que tarde o temprano llevaba a la locura o la muerte.

Los modales en la mesa medieval

BanqueteEn el pasado hemos hablado de las supuestas recomendaciones de Leonardo da Vinci a la hora de comer en el Codex Romanoff. Dicho libro no es más que una humorada contemporánea escrita por un crítico de cocina, utilizando imágenes de los códices de Leonardo y dándoles otros significados. No obstante, muchas de las recomendaciones que da a la hora de los modales en la mesa, no son inventadas, sino que tienen su base en costumbres y tradiciones reales de la mesa medieval.

De todas maneras siguen estas preguntas que formulamos al principio: ¿era realmente así la mesa Medieval?, ¿tenían tan poco sentido de la estética y de la conducta éstas mismas personas? La respuesta afortunadamente es un rotundo no!, y, de hecho, era muy importante la buena conducta, al menos en los banquetes de las clases altas. Gracias a fuentes como el Menanger de Paris, publicada en el siglo XIV, obtenemos un listado con todo tipo de consejos útiles que un marido de la nobleza le recomienda a su flamante esposa plebeya para mantener el decoro en la mesa -entre estos consejos se encuentran los de: Mantener la boca cerrada mientras se mastica y no hablar con la boca llena; limpiarse la boca antes de beber de la copa; no agarrar la ración más grande de la fuente; usar prolijamente la servilleta; y así varias recomendaciones que incluso lograrían asustar a cualquier persona contemporánea por lo rigurosas y meticulosas que estas eran-.

BanqueteComo es lógico sí es cierto asumir que las costumbres variaban considerablemente dependiendo de las diferentes cortes, así como también lo es el pensar que varios aspectos se mantenían invariables del lugar. Pero dividamos las aguas: Por un lado es verdad que se utilizaban las manos para comer. Lo que no es cierto es que esto se hiciera por brutalidad. El tenedor, a pesar de ser conocido desde el siglo XI, no ganaría popularidad hasta el siglo XVI o XVIII -dependiendo de nuestra interpretación-. Si bien es llamativo y podría llevarnos a pensar cómo es que en un principio no se les ocurrió utilizarlo, la respuesta es muy simple. La utilización de algo nace con la necesidad de éste algo, en la Edad media, la utilización de las manos era tan normal que simplemente no lo necesitaban. La comida era cortada por sirvientes o nobles menores en caso de reyes y príncipes, de tal manera que las porciones eran ideales para ser agarradas con la mano sin problema alguno. Junto al plato se disponía de un tazón de agua donde los comensales podían lavar constantemente sus manos. En el caso de las clases más bajas el cuchillo era más que suficiente para cortar la comida, al ser que la carne generalmente se embutía para evitar su descomposición.

Banquete
En el caso de las reuniones también se seguían varios códigos de comportamiento. Por ejemplo cuando se realizaba una cena con invitados el cuchillo que utilizaba cada uno siempre era la daga de la misma persona, nunca se prestaba una por parte del huesped, no por una cuestión de avaricia sino de costumbre. La distribución de las copas también era diferente a la empleada en la actualidad, se estilaba, por lo general, a poner una copa cada dos invitados quienes la compartirían -de acá que fuera una regla de buena conducta limpiarse la boca antes de beber- pero no se asusten ya que generalmente no se compartía con extraños sino que se hacía entre esposos o familiares cercanos. Por mucho tiempo generalmente en España y Portugal para los caldos y sopas se utilizó un pan llamado Mense, que oficiaba de plato para el caldo y luego de comida sólida una vez terminada la sopa. Justamente de éste pan nace la palabra mesa. Los modales también dirigían los pasos a seguir en el momento de utilizar los condimentos. Para esto el comensal debía mantener su dedo meñique limpio y seco para así poder utilizarlo a modo de cucharilla y transferir condimentos a su plato sin dejar residuos de comida o líquido en el tarro.

Como podemos ver finalmente no era tan extremo el comportamiento en la mesa del Medioevo, diferente si, pero en lo más mínimo bizarro. Quizás si en algunas cortes los modales fueran menos elaborados que en otras, y sobretodo en tiempos caóticos de guerra o conflicto. Pero de eso ya no podemos culpar a la época.

Codex Romanoff II, los modales en la mesa medieval.

Codex RomanoffHace unas semanas, más bien unos meses en realidad, comenté sobre el presunto texto escrito por DaVinci sobre la cocina, El Codex Romanoff, que en realidad no es más que una serie de artículos humorísticos escritos por un crítico de cocina muy famoso.

No obstante, no es secreto que el mismo Leonardo da Vinci estaba fuertemente interesado por la mesa y la cocina en general. Este interés por la cocina se acentuó en Leonardo cuando se encontraba pintando La Ultima Cena. Para crear esta obra, y esto lo explica su personalidad perfeccionista en detalle, pasó aproximadamente un año, antes de comenzar a pintar, pensando que es lo que podrían haber ingerido y que utensilios podrían haber utilizado estos comensales tan notables. Para investigar esta duda que tenía pasó varias semanas en la cocina de una abadía.

Es por lo anterior que el tratado sobre los modales del Codex Romanoff resulta tan interesante y gracioso, ya que si bien es una humorada, es a su vez algo que perfectamente podría haber escrito Leonardo considerando su obsesión con la mesa y los manerísmos y modeles en la misma. En el artículo, da Vinci les da a los comensales de su señor mecenas Ludovico Sforza:

* Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.
* Tampoco ha de poner la pierna sobre la mesa.
* Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en ningún momento.
* No debe poner la cabeza sobre el plato para comer.
* No ha de tomar comida del plato de su vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.
* No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.
* No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.
* Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa.
* No ha de limpiar su armadura en la mesa.
* No ha de tomar la comida de la mesa y ponerlo en su bolso o faltriquera para comerla más tarde.
* No ha de morder la fruta de la fuente de frutas y después retornar la fruta mordida a esa mismo fuente.
* No ha de escupir frente a él.
* Ni tampoco de lado.
* No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.
* No ha de hacer ruidos de bufidos ni se permitirá dar codazos.
* No ha de poner los ojos en blanco ni poner caras horribles.
* No ha de poner el dedo en la nariz o en la oreja mientras está conversando.
* No ha de hacer figuras modeladas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor así se lo pida).
* No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.
* Ni tampoco serpientes ni escarabajos.
* No ha de tocar el laúd o cualquier otro instrumento que pueda ir en perjuicio de su vecino de mesa (a menos que mi señor así se lo requiera).
* No ha de cantar, ni hacer discursos, ni vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si está sentado junto a una dama.
* No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor).
* No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.
* Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.
* No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia).
* Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.