Egipto

En Egipto se utilizaban aros, perforaciones y pendientes de todo tipo desde la más temprana época. Sin embargo, algunos lugares del cuerpo estaban restringidos a cierto estatus social. Por ejemplo uno de los detalles más interesantes al respecto es que el ombligo solo podía ser perforado si se era un faraón, y quien se atreviese a perforarlo sin serlo era inmediatamente ejecutado.

Relieve en piedra Maya.
Relieve en piedra de la cultura Maya donde puede verse el piercing y los elaborados aros que estos utilizaban.

No obstante, la gente común tenía permitido perforarse otros lugares del cuerpo mientras no sea el ombligo.

Roma

Los centuriones

Los centuriones solían perforarse las tetillas y colocarse pequeños aros. Esto era considerado un símbolo de virilidad y hombría. Varios personajes importantes de la historia romana, como por ejemplo Julio César, parecen haber poseído estas decoraciones.

Estos eran uno de los tantos símbolos que identificaban al centurión, desde las placas circulares que vestían en su armadura, su penacho horizontal tan característico y su palo el vitis, con el que golpeaban a los soldados fuera de linea.

Los gladiadores

Los gladiadores solían perforar la cabeza de su pene y colocar un pequeño aro en dicha perforación. Esto permitía que el pene fuera sujetado fuertemente y no se sufrieran accidentes en las luchas gladiatoriales.

No obstante, hay recuentos de gladiadores sufriendo serios accidentes (recordemos que las batallas entre gladiadores rara vez eran a muerte, a diferencia de lo que nos muestran las películas de Hollywood) cuando su subligaculum, el paño con el que se envolvían la cintura hasta hacerlo una especie de calzón, era arrancado por otro gladiador mientras ambos forcejeaban. Tan solo imaginemos el dolor de dicha situación.

Los marineros y piratas

Hoy en día está popularizada la imagen del marinero antiguo o del pirata llevando un gran aro de oro, generalmente, en su oreja derecha. Esto no tenía nada que ver con la «moda» de la época ni nada por el estilo sino que hacía motivo a una antigua costumbre.

La tradición indicaba que todo el que encontrara el cadáver de un hombre de mar podría quedarse con el aro de oro sólo si le daba sepultura Cristiana al cuerpo hallado. De lo contrario, si la persona se quedaba con el aro sin haber enterrado el cuerpo, el espíritu del infortunado navegante lo atormentaría por el resto de su vida.

Como mencionamos anteriormente la superstición en la época era tal que nadie se hubiese atrevido a quitar el aro de oro sin honrar el deseo póstumo del pirata. Algo así, según las creencias de la época, hubiese acarreado un destino muy trágico para el osado e irrespetuoso que lo hiciera.

Los aztecas

Los aztecas utilizaban todo tipo de piercings y perforaciones tanto en hombres como en mujeres. Los niños tenían sus orejas perforadas a edad temprana utilizando un hueso, y sus orejas serían estiradas con el paso de los años. De hecho, dar un aro se consideraba un ritual de maduración y llegada de la adultez.

Pero las orejas no era la única parte del cuerpo que perforaban. Los labios eran perforados en hombres que poseían posiciones militares y cada vez que tomaban un prisionero de guerra se les permitía mejorar el ornamento que tenían en sus labios.

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