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Arriesgando la vida para probar las máquinas voladoras de Leonardo da Vinci

En el año 1010, siglos antes que Leonardo da Vinci naciera, Eilmer de Malmesbury un monje obsesionado con la historia de Dédalo e Icaro, pasó estudiando durante años el vuelo de los pájaros. Convencido de que ya había logrado descifrar los secretos del vuelo (y de hecho lo hizo) construyó un ala rígida, se subió al campanario de su monasterio y saltó al vacio, logrando planear por casi 300 metros y saliendo casi ileso, sólo se quebró una pierna. De ésta historia ya hemos hablado en detalle en éste artículo.

Incluso siglos antes de que Eilmer de Malmesbury se arrojara al vacío, Abbás Ibn Firnás, otro hombre interesado en la ciencia del vuelo, pero esta vez en Córdoba, España y en el año 875, ideó el primer paracaídas funcional de la historia el cual también tenía elementos de parapente. Tenía 65 años y tras confeccionar un armazón de madera recubierto en seda con un volumen interior para capturar aire se subió a una torre y se arrojó al vacío ante una multitud que él mismo había invitado. Firnás logró permanecer en el aire durante varios minutos, y si bien al tocar tierra se quebró las dos piernas, el intentó fue todo un éxito. El intrépido inventor siguió arrojándose en sus paracaídas/parapente hasta bien pasados los 70 años.

Pero lo anterior no quita merito a Leonardo, ya que es casi imposible que el florentino más famoso contara con información alguna sobre éstos dos hombres. Además, el trabajo de Leonardo, realizado principalmente durante su estadía en Milán, fue mucho más científico y se enfocó en el concepto de resistencia del aire. Además Leonardo no se contentó con simplemente sobrevivir a la caída, Leonardo quería controlar sus máquinas, y el mayor trabajo fue justamente en diseñar los sistemas de control de vuelo. En fin, Leonardo nunca pudo probar sus invenciones, pero gracias a valientes modernos que las construyen al pie de la letra y las prueban poniendo en riesgo su propia vida, vemos que sí, en efecto, muchas de las máquinas voladoras del renacentista más famoso funcionan. Más importante aun es que gracias a los meticulosos documentos que el florentino mantuvo durante su vida, contamos con planos para reconstruir dichas invenciones.

El planeador híbrido

El planeador de da Vinci es un concepto muy interesante, ya que no es un planeador per se sino que se trata de un parapente con elementos de paracaídas (y en el video esto se puede ver perfectamente), y además posee una cola para poder controlar la dirección del vuelo. El mismo fue diseñado a partir del milano, un ave rapaz muy común en Italia.

El paracaídas

Construido y probado pro Olivier Vietti con la ayuda de Eric Viret y Eric Laforge ésta es una réplica exacta del paracaídas piramidal ideado por el florentino. Una prueba de bastante riesgo ya que los diseñadores del mismo buscaron ser fieles a la época de Leonardo y utilizaron materiales como disponibles en Florencia durante el siglo XVI.

La fase más peligrosa de la prueba no es el tramo de descenso de la caída en si, sino la abertura del paracaídas. Al estar construido con un armazón rígido, si por alguna razón el paracaidista hubiese llegado a desestabilizarse éste corría el riesgo de haber quedado enrollado entre las cuerdas, lo que le hubiese impedido liberar el paracaídas secundario y moderno que llevaba por seguridad.

Lo bueno de éstos dos hombres es que probaban ellos mismos sus invenciones, a diferencia de Jean Pierre Blanchard, quien utilizaba perros para probar sus diseños de paracaídas en el siglo XVIII.

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Jones Live Map, el GPS de 1909

Los mapas existen desde tiempos inmemoriales, pero la navegación asistida es un lujo tecnológico de finales del siglo XX, o eso creemos.

Con la invención del automóvil a motor de combustión interna a finales del siglo XIX, el cual permitió comenzar a recorrer largas distancias en relativamente poco tiempo, y a diferencia de los trenes a lugares no predefinidos, los conductores prontamente se encontraron con la problemática de no conocer los lugares a los cuales debían viajar. Anteriormente, con los caballos o carruajes, los viajes de larga distancia eran más lentos y requerían de varios parajes de descanso. Esto como era de esperarse llevó a que se genere un rápido y lucrativo negocio con la creación y venta guías para conductores.

Las mismas generalmente estaban hechas de celulosa y se presentaban en prácticas libretas con los mapas de los territorios aledaños separados en varias hojas y un índice alfabético de las regiones que el volumen en cuestión contenía.

Uno de éstos conductores era el inventor J. W. Jones quien había adquirido un Ford Modelo T y una guía para el camino publicada por Rand McNally. Jones había hecho una pequeña fortuna patentando y vendiendo accesorios para fonógrafos de su invención, y por cuestiones de negocios debía recorrer regularmente los distintos caminos de la Costa Este de los Estados Unidos. No obstante, en el 1909 su empresa comenzó a comercializar un velocímetro deportivo, y Jones vio en la pista de carreras de Indianapolis, la cual se estaba inaugurando ese mismo año, una gran oportunidad de ventas. Allí, entró en contacto con gran cantidad de conductores y todos le comentaron el mismo problema: la incomodidad y el peligro de tener que estar leyendo mapas constantemente. Recordemos que las rutas y calles de principios del siglo XX no estaban listas para los automóviles, y los carteles de tránsito eran casi inexistentes.

Atento ante ésta nueva demanda y posibilidad de negocios Jones puso manos a la obra, y utilizando los recursos de su empresa en menos de 5 meses ya tenía un prototipo: el Jones Live Map.

Este dispositivo constaba de una carcasa con una serie de engranajes la cual se conectaba al eje del cuentakilómetros del automóvil, luego, de entre una serie de discos con información codificada de manera radial, se escogía el disco con la ruta que se iba a transitar y se ubicaba la posición actual del conductor en la posición correspondiente con la de los 180 grados en la circunferencia.

Al transitar, el movimiento del cuentakilómetros accionaba el mecanismo interno del Live Map llevando a que la rueda con información del dispositivo gire en sentido horario. La misma indicaba las condición del camino siguiente (si era de tierra o de piedra), la posición del trayecto en la que el conductor se encontraba en ese momento, puntos de descanso próximos, e indicaciones de navegación muy puntuales y específicas como por ejemplo la de “Doblar a la izquierda al llegar al árbol en el centro del camino pasando la iglesia” que se encontraba en Vallonia, en la posición 80 del camino entre Indinapolis y French Lick.

El dispositivo se vendería con éxito, existiendo cientos de rutas para el 2020 y la capacidad de recorrer los Estados Unidos de punta a punta, saliendo de Nueva York y llegando a Los Angeles utilizando siempre un disco de Live Map en todo punto del camino. No obstante, la necesidad de actualizar los mapas constantemente, sobretodo a mediado de los 20s cuando los distintos estados comenzaron una campaña de re-organización masiva de sus rutas con un foco en los automóviles, la pavimentación a nivel estatal y nacional y los carteles viales que comenzaron a hacerse visibles en todas las ciudades, llevaron a que el Mapa de Jones pierda su gracia y prontamente pase al olvido.

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El automóvil más viejo del mundo que aun funciona

Construido en 1884 y propulsado a vapor, éste De Dion-Bouton et Trepardoux, mejor conocido con La Marquise ha roto todos los récords no sólo por ser uno de los automóviles más viejos del mundo, sino porque aun funciona como el primer día. Ciertamente, ya no los hacen como antes.

Como apreciamos en el video, encender el motor del mismo era todo un tabajo, un proceso que requería más de media hora hasta que la caldera almacenera suficiente vapor como para poner al vehículo en marcha.

Mientras La Maqruise recorría las calles de París atrapando todas las miradas, en Alemania un ingeniero llamado Karl Benz se encontraba arduamente trabajando en algo revolucionario, un motor a combustión interna lo suficientemente pequeño como para funcionar en un vehículo de dimensiones similares a las de un carruaje. Benz ya había patentado un motor en 1878, pero la versión de 1885 era algo completamente distinto y verdaderamente revolucionaria. Un año más tarde, en 1886, construiría en Mannheim la primer versión de su mítico Motorwagen.

Los muebles mecánicos de la realeza francesa

David RoentgenDurante mediados del siglo 16 al siglo 19 en Francia se desarrolló y extendió una fascinante manera de construir muebles. La misma, nutrida por los desarrollos técnicos de la revolución industrial y las fastuosas cantidades de dinero que la alta sociedad francesa pagaba por muebles, buscó desarrollar finas piezas las cuales, en su modo de reposo, ocuparan poco lugar pero que al ser accionadas se expandieran brindando funciones y prestaciones extras, siempre escondidas en sus entrañas

Si bien varios artesanos se dedicaron a realizar estas piezas, fueron David Roentgen y su hermano Abraham los ebanistas e ingenieros pioneros que convirtieron el mobiliario mecánico en una ciencia.

El escritorio mecánico
Denominado como el “escritorio secretaria“ esta magnífica pieza, creada hace más de 200 años, se reconfiguraba automáticamente y todos sus compartimientos y funciones se activaban a través de botones. Todo al ritmo de una melodía intercambiable a través de cajas musicales.

La mesa de los diez juegos
Para ser utilizada en estudios, permitía, sin ocupar mucho espacio, jugar varios tipos distintos de juegos de mesa e incluso ser utilizada como escritorio.

La mesa expandible a llave de Oeben
Si bien ésta en particular no es una creación de Roetgen, esta animación 3D creada por el Museo Getty nos permite apreciar la complejidad de estos muebles.

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El barómetro viviente del profesor Merryweather

El barómetro viviente del profesor MerryweatherGeorge Merryweather, personaje de apellido graciosamente apropiado ‘tiempo alegre’, era un naturalista e investigador británico de mediados del siglo XIX, uno de esos arquetipos victorianos que creían que todos los problemas y cuestiones de la humanidad podían ser oportunamente resueltos con ingeniosos mecanismos, e industrioso inventor que en su tiempo libre y con motivo de la Gran Exhibición de 1851 desarrollo la que es quizás la máquina metereológica más extravagante de la historia: el pronosticador de tempestades.

Este artificio digno del resultado de mezclar al dios Vulcano con Athanasius Kircher, utilizaba 12 sanguijuelas continentales que, atrapadas en un anillo conformado por 12 matraces transparentes los cuales estaban a su vez unidos superiormente a un centro en común en el cual se encontraba alojado un juego de palancas hechas con huesos de ballena que accionaban una serie de campanillas, lograban predecir el tiempo al agitarse con la inminente llegada de una tormenta y subir a través de los canales hacia las palancas. Según palabras del mismo Merryweather, los pobres anélidos ciertamente “no resistirían soportar el yugo de la soledad ante la llegada de una tormenta”.

Hasta aquí parecerían los divagues de un loco, pero Merryweather no era ningún loco, sino que se trataba de un naturalista experto en invertebrados que no sólo calculó perfectamente la forma y dimensiones necesarias del dispositivo, sino que además conocía perfectamente el comportamiento de este tipo particular de sanguijuelas, tanto, que en octubre de 1850 logró anticipar con algo más de dos días de antelación la fatídica tormenta que desbordó el Támesis y causó más de 20 muertes en Londres.

Por desgracia o falta de visión, y si bien Merryweather logró predecir todas las tormentas hasta esa fecha con días de antelación (todas reportadas a Henry Belcher, el presidente en ese entonces de la Philosophical Society), y el barómetro viviente en si mismo mismo fue exhibido en el salón central de la exhibición, la Cúpula del descubrimiento, en un lujoso formato cuya construcción fue pagada por los organizadores del evento, durante el transcurso de la Gran Exhibición los visitantes ridiculizaron el dispositivo y nadie tomó con seriedad el aparato a nuestro vanguardista inventor.

Esto no detuvo a Merryweather de seguir inventando por fortuna, y con los años desarrollaría infinidad de creaciones alocadas, y curiosamente precisas, para predecir el tiempo. Algunas de las cuales hablaremos en el futuro.

Un millón de voltios para resucitar a su amada

Del conde Carl Von Cosel ciertamente se ha hablado mucho, y no es para menos, ya que el mismo ha transitado ese camino que lleva a la vida de una persona al territorio de las leyendas. Siendo, como toda leyenda, presa fácil de la exageración y los anecdotarios hiperbólicos sobre su vida. Desde libros contando versiones exageradamente románticas sobre su insana obsesión hasta oscuras obras de ficción basadas en sus experimentos. No obstante, si de algo podemos estar seguros, es que su obsesivo amor por aquella bella joven cubana lo llevó a desafiar a la misma muerte.

La máquina de resucitación de Carl Von Cosel

El objetivo de esta entrada es el de describir de qué se trata ese Frankensteiniano dispositivo visto en la fotografía. Siendo, sin embargo, imposible tal tarea sin contar primero la historia de su creador y su rara obsesión con la muerte.

Un conde en América
Nuestro protagonista nace en el año 1877 en la ciudad alemana de Dresden bajo el nombre de Carl Tanzler, desde temprana edad fue desarrollando gran interés por la ciencia y la cultura, principalmente por la medicina, la biología, la electrónica y la música. Intereses que fueron alimentados por su gran inteligencia y rapidez mental.

A la edad de 49 años abandona a sus hijas y esposa en Alemania para mudarse a los Estados Unidos, haciéndose pasar por Carl Von Cosel un conde cuyo estado y propiedades habían sido completamente destruidas durante la Primer guerra mundial, aunque según otras versiones éste álter ego sería asumido más tarde. Allí comienza a trabajar como radiólogo y patólogo en uno de los hospitales más importantes de Key West, alternando su trabajo con su tiempo libre, el cual utilizaba para construir todo tipo de invenciones así como dispositivos electrónicos que, luego, y como veremos en unos instantes, se irían volviendo cada vez más extraños.

Carl TanzlerEn 1930, nuestro inventor conoce a la mujer que logra robarle el corazón, y sin exagerar también podríamos decir que la cordura. Ésta era una joven cubana llamada Elena Milagro Hoyos quien desgraciadamente, y para infortunio de todos, era una más de los tantos pacientes que ingresaron al hospital durante la epidemia de tuberculosis de los años treinta. Si bien la mujer de principio rechazó la proposición de matrimonio realizada por Carl, éste, enamorado por completo y convencido que era la mujer que lo visitaba en sus sueños desde su adolescencia, comenzó a investigar y crear todo tipo de aparatos eléctricos y medicinas para intentar aliviarla. No obstante, Elena muere a finales de 1931 a la edad de 22 años y Carl, decidido a traerla de nuevo al mundo de los vivos, crea una máscara mortuoria de su rostro mientras que al mismo tiempo comienza a diseñar un sistema para conservar su cadáver.

Atormentado con la muerte de la joven una de sus primeras acciones consistió en construir un mausoleo de concreto diseñado por él mismo, el cual además de prevenir que el cadáver de la difunta fuese desintegrado por los elementos, como hubiese ocurrido con una tumba normal, contaba con un sistema de conservación que valiéndose de un tanque de incubación con capacidad para suministrar al hermético féretro de Elena con una solución de aldehído y otros compuestos metanales lograba así evitar su putrefacción.
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El hombre que logró volar en el siglo XI

Si bien en el imaginario colectivo la imagen borrosa del hombre pájaro probando su ridículo invento y encontrando la muerte rápidamente es endémica, existieron casos de hombres pájaro exitosos en el pasado. El más espectacular es el del joven monje Eilmer de Malmesbury Eilmer de Malmesbury, quien alrededor del año 1010 se obsesionara con la leyenda griega de Dédalo e Icaro y pasara días enteros estudiando el vuelo de los pájaros hasta construir un complejo par de alas muy similar a las alas de planeo actuales.

Tras finalizar y construir su diseño se subiría a la torre más alta de la abadía, sujetando con soga sus pies y manos a su “máquina voladora” y tras esperar al primer viento fuerte a favor se arrojaría al vacío. Pero, y a diferencia de muchos otros “hombres pájaro” a lo largo de la historia, el diseño de Eilmer era tan bueno que lograría planear por bastante más de un furlong (201 metros) según varios recuentos locales. Sólo cayendo no por un defecto de su aparato sino porque durante el vuelo se asustaría perdiendo el control.

Su aventura no le salió barata. Eilmer se rompió sus dos piernas y debió de ser puesto bajo la atención médica de los otros monjes durante varias semanas, siendo al mismo tiempo y casi a diario fuertemente reprendido por el abad. Tras recuperarse el intrépido monje quedó lisiado, debiendo utilizar un bastón por el resto de su vida (que sería muy larga, de hecho hay registros que datan del avistaje en Inglaterra del cometa Haley en 1066 que mencionan al “viejo monje Eilmer de Malmesbury”). Si bien nunca más se subiría a una máquina voladora el monje continuó perfeccionado su diseño original, sugiriendo, correctamente, que debía de agregarle una cola para mayor estabilidad y un sistema de ganchos para soltar las piernas rápidamente y así aterrizar fácilmente.

Hoy se recuerda al monje y su hazaña con un bello vitral en la abadía de Malmesbury.

Y un hombre pájaro que NO pudo volar
Hemos de re-visitar una historia que hemos tratado hace unos años. El primer (y último) intento de Franz Reichelt, un soñador austriaco de principios del siglo XX y sastre de profesión, que dio su vida intentado alcanzar su sueño de vencer a la naturaleza y flotar por los aires. Por desgracia la naturaleza fue más fuerte, y la fuerza de gravedad lo convirtió en estampilla del suelo de la torre Eiffel.

Utilizando sus conocimientos de sastre Franz creo algo que, en concepto, era muy similar a un paracaídas. Sin embargo, sus pocos conocimientos sobre aerodinámica le hicieron subestimar en gran medida la resistencia necesaria para frenar su caída.

El día de la prueba fue el 4 de Febrero de 1912, y tuvo lugar en la que ese entonces era la estructura más alta del mundo: la torre Eiffel. Docenas de curiosos y varios periodistas con sus atentas cámaras se reunirían a presenciar el gran acontecimiento.

Debo decir que la música agregada hace el “viaje de Reichelt” más que emotivo.

Un arma con balas cuadradas (para católicos y musulmanes)

Patente del arma de PuckleEn la historia han ocurrido hechos descolocados ciertamente, siendo en el reino de las invenciones donde más nos asombramos. James Puckle era un inventor británico especializado en municiones y armas a repetición de principios del siglo XVIII. Su mayor invención, la Puckle Gun, se trataba de un arma a repetición estática capaz de lanzar 9 balas por minuto -nada en estándares actuales pero toda una hazaña en el siglo XVIII, donde un mosquetero experimentado podía llegar a tardar más de un minuto en cargar y disparar su mosquete.-

A pesar de la efectividad de su invento, Puckle se encontraría con varios obstáculos a la hora de presentar su arma y ganar clientes. Desde los que la consideraban extremadamente cruel y poco caballeresca, hasta los que la veían como algo incierto.

Plagado de deudas y con sus inversores a punto de estallar, Puckle ideó un descabellado plan de publicidad: Su arma variaba de munición dependiendo del enemigo. Redonda y menos dolorosa si el enemigo se trataba de protestantes, o una cuadrada y más dolorosa si el enemigo se trataba de católicos o de musulmanes. En esa época, en Inglaterra se intentaba purgar todo rastro católico del Reino Unido; mientras que las fuerzas otomanas eran realmente poderosas, y los reportes de su crueldad causaban un gran rencor en las fuerzas de occidente. Por lo que Puckle, siempre alerta a sacar tajada, vio una gran oportunidad al rededor de esto.

Arma de PuckleLa intención de Puckle, no obstante, no era la de crear un arma sádica, sino el convencer a los compradores que su arma no era “tan cruel” cuando se utilizaban balas redondas, de esta manera derribando uno de los “mitos” que impedían su venta. En conjunto a esto le cambiaría el nombre a “Arma de defensa de Puckle,” intentando darle un nombre más pasivo.

Por desgracia, para nuestro inventor claro, el nuevo nombre y la nueva estrategia de venta no funcionarían a la hora de atraer clientes, e irónicamente se diría a posterioridad que el arma de Puckle “solo ha lastimado a sus inversores.”

En el gráfico podemos ver la tercera especificación del arma entregada a la oficina de patentes, donde se observan el cargador para balas redondas y el cargador para balas cuadradas. Y de hecho, vemos que se aclara: “Defender al REY JORGE su PAÍS y LEYES / Es defenderse a UNO y a la CAUSA PROTESTANTE”

El Telectroscopio, un dispositivo único

Ví­a el “top-ten” de Digg llego a esta más que interesante nota de la CNN sobre el Telectroscope.

1081-1.jpgEste dispositivo de 11,2 metros de largo por 3,3 metros de alto había sido primeramente visionado por el ingeniero victoriano Alexander Stanhope St. George, quien enumeró varias teorías sobre un aparato capaz de permitirle a las personas ver de un lado a otro del Atlántico.

Si bien Alexander Stanhope St. George nunca concretó su sueño, serí­a uno de sus descendientes, Paul St. George, quien lo concretara, al menos simbólicamente. A diferencia de la versión original, la imagen no se proyecta a través de un túnel fí­sico, como lo deseaba Alexander, sino que lo hace mediante una conexión de fibra óptica y cámaras de alta definición. El punto de partida se encuentra cerca del emblemático Tower Bridge del Támesis, mientras que el punto de llegada en el Brooklyn Bridge de Nueva york.

Debido a que es un proyecto artí­stico y no una excavación real, Paul St. George decidió montar un pequeño espectáculo a ambos lados del atlántico en el cual varios taladros emergian hacia la superficie en el día de inaguración -más que nada como un homenaje a su antepasado-

1081-2.jpg1081-3.jpg

Curiosamente el nombre original del dispositivo deberí­a haber sido “Electroscope”, sin embargo, un reportero cometería un error tipográfico que alterarí­a, para bien o mal, el nombre original al de “Telectroscope”.

Si bien el dispositivo no funciona de la manera en la que fue originalmente pensado, el mismo si cumple la tarea perfectamente, ya que la conexión de fibra óptica transmite una señal de video en tiempo real a ambos lados del Atlántico, permitiéndo que personas a miles de kilómetros de distancia puedan verse unas a otras como si se tratase de una ventana.

Suena divertido:

Pero qué es lo mejor de todo, absolutamente que el miembro original de la familia St. George en pensar la idea no sólo la pensó, sino que durante años intentó llevarla a cabo. Una historia que merce un artículo para si misma.

Los Telectroscopios
Multitud de dispositivos compartieron esta nomenclatura durante los siglos 18 y 19, incluido uno de los primeros prototipos de un aparato de televisión conocido. El diseñado por el inventor alemán-polaco Paul Nipkow.

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Video de la construcción del aparato.

El Theremin, el único instrumento musical que no se toca

Es uno de los pocos instrumentos musicales que “no se toca”. Inventado hace unos 70 años por el ruso León Theremin, se basa en un par de antenas metálicas censoras que perciben la posición de las manos del músico. Estos sensores a su vez, y mediante un relativamente simple circuito, controlan uno o más osciladores de audio, dependiendo de la variante de theremin que se esté tocando. A partir de esta configuración con una mano se logra controla la frecuencia mientras que con la otra se controla el volumen. Al recoger los datos, las señales eléctricas generadas por el movimiento de manos y el trabajo de los osciladores son amplificadas y enviadas a un parlante. Como resultado, se obtiene una música casi “aural” muy reconfortante y hasta podríamos decir única en su tipo.

El avance tecnológico y las modificaciones llevaron a que hoy en día existan múltiples versiones, entre ellas, el Syntheremin. Un theremin que combina un sintetizador. Años después León crearía un instrumento, el terpsitone, del cual, a menos que se tenga una coordinación digna de la mejor bailarina de ballet del mundo, es imposible de tocar. El mismo utiliza una serie de antenas y debe manejarse utilizándose la totalidad del cuerpo.
 

Ondes-Martenot

Otro instrumento que utiliza el mismo principio de señales captadas por sensores convertidas a frecuencias eléctricas mediante osciladores, pero que, y a diferencia, actualmente se toca físicamente, y en mi opinión suena mucho mejor, es el Ondes-Martenot. En este video pueden ver a un experto en Ondes-Martenot. En el video, además, también puede observarse un theremin.

La única crítica que tengo es que me desagrada como a veces se corre en exceso la modulación cuando la melodía es muy sostenida. Pero, habría que escuchar como suena una pieza compuesta exclusivamente para el ondes-Martenot.

El rayo de la muerte de Tesla

Nikola TeslaEl mayor sueño del genio Nikola Tesla radicó en la construcción de un sistema de distribución eléctrico inalámbrico el cual, gracias al empleo de altas torres y profundas excavaciones, obtuviera energía valiéndose la creación de poderosas alteraciones en el campo eléctrico natural de la Tierra. Esta energía ganada casi gratuitamente, posteriormente sería “retransmitida” libremente hacia todo el mundo a través de enormes torres inalámbricas ubicadas estratégicamente. De esta investigación nacería en los primeros años de 1900 uno de sus inventos que aterraría al mundo: La Torre Wardenclyffe. Comenzada con una inversión inicial del banquero J. P. Morgan, el cual luego se retiraría enfurecido por la falta de resultados económicos palpables y difamaría a Tesla limitando así la entrada de nuevos inversores, la construcción de la torre fue viendo infinidad de contratiempos. Desde incendios hasta sabotajes de espías e investigaciones del FBI. No obstante, el mayor obstáculo llegó cuando Tesla perdió definitivamente la propiedad del terreno a manos del financista George Boldt en 1915 y en 1917, en plena Guerra Mundial, este cedió al pedido del gobierno de New York de demoler gran parte de la estructura por temor a que sirviera de “faro” a los submarinos alemanes.

El rayo de la muerte
La torre de TeslaAhogado por las deudas e imposibilitado de continuar con su experimento, en los 30s, Tesla intentaría buscarle una aplicación miliar a los descubrimientos realizados con su fatídica la torre. Es así que pasaría varios meses ideando la manera de enfocar eficientemente un rayo de partículas macroscópicas, el cual, montado en una torre o en un aerostático, podría sembrar el terror en los ejércitos enemigos. Tras preparar un detallado documento, Tesla presentaría el proyecto a varias companias y departamentos de guerra de las distintas potencias, como el US War Department y las distintas ramas del ejército del Reino Unido. Sin embargo, su investigación sería catalogada como “los divagues de un loco” y un “gastadero de dinero perteneciente a un comic de ciencia ficción”. Debieron pasar varias décadas hasta que las ideas de Tesla fueran tomadas con seriedad y nacieran así los electrolasers.

Nikola Tesla

La intención de Tesla no solo era retransmitir energía gratuita, sino que además sus ideas llegaron hasta el punto de crear luz diurna artificial al alterar la ionosfera(Click para ampliar) No solo con los electrolasers y los rayos de partículas sería redimido este genio, sino que además la ciencia moderna corroboraría varias de las teorías propuestas por éste que en su época lo convirtieron en el hazmerreír de todo el mundo. Como por ejemplo el hecho de que la Tierra es un cuerpo cargado electricamente, e incluso su cálculo sobre la capacitación de la Tierra, el cual fue casi exacto. Desafortunadamente tendría que ser también después de muerto el que la Corte Suprema de los Estados Unidos reconociera oficialmente su importancia en la invención de la radio y se le diera el crédito por la primer fotografía de rayos X.

La torre de Tesla

Pobre Tesla, recordemos que prácticamente casi lo linchan cuando presento el primer aparato a control remoto de la historia y nadie le creía.

La colosal cometa de Alexander Graham Bell

Alexander Graham Bell fue una de ésas pocas personas que cambiaron completamente al mundo, o mejor dicho una de sus invenciones, nada más y nada menos que el teléfono. Sin embargo, Alexander poseía una de esas mentes hambrientas, siempre dispuesto a aprender cosas nuevas y a estudiar todo lo que desconocía en profundidad. De hecho el teléfono nació gracias a esta curiosidad, ya que la idea original de Bell no era construir un aparato de comunicación sino que consistía en crear un piano que pudiera accionarse a viento, así fue que investigó cómo transportar sonidos complejos mediante cables dando paso a la creación del primer prototipo de un teléfono.

Alexander era además un gran proponente de la aviación, por lo que regularmente construía diseños de cometas sorprendentes como ardid publicitario. En un tiempo donde los materiales ultralivianos y resistentes de la actualidad eran inexistentes, este genio lograba crear todo tipo de rarezas voladores que incluso hoy en dia, casi un siglo más tarde, siguen resultando asombrosas, como esta capturada durante la década del 20 por la National Geographic.

…y de los tiempos presentes

Sin embargo la maravillosa cometa circular de Bell palidece en tamaño, aunque no en genialidad, ante Megabite -Megamoridsco- literalmente un monstruo volador de unos 62 metros que en 1997 batió -y según creo sigue imbatido- todos los récords de tamaño en cometas. Diseñada por Peter Lynn y ocupando un área de 10.043 pies cuadrados, es realmente un “bicho de temer”.

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El pato robot de Jacques de Vaucanson

Jacques de Vaucanson es prácticamente un desconocido hoy en día, pero en el siglo XVIII, cuando estaba por comenzar una de las edades doradas de la ciencia, este inventor excéntrico era una celebridad entre reyes y científicos de toda Europa, llegando a ser apodado como “El Nuevo Prometeo” por el mismísimo Voltaire -Prometeo era el semi-dios griego que, enfrentándose a todo el Olimpo y siendo castigado de una manera horripilante durante una eternidad a causa de esto, le regaló la llama del conocimiento a la humanidad. Su talento para la mecánica era legendario, de hecho, la primera vez que fue a la iglesia con su madre quedó fascinado con un reloj de la capilla. Durante horas lo observó y estudió para reconstruirlo de memoria a la perfección una semana más tarde. Tras ver esto, su madre que era viuda y pobre, decidió enviarlo con los Jesuitas para obtener una educación. Vaucanson entonces se haría amigo de su profesor de matemáticas, quien sería su mentor y le ayudaría a dar sus primeros pasos. Su meta era simple: crear vida artificial. Uno de sus primeros intentos, el cual le vino a la mante mientras deliraba a causa de la fiebre, radicó en construir un autómata musical que tocara la flauta. No solo dotó a su creación con movimiento en casi todas las partes del cuerpo, sino que además para lograr el efecto deseado pasó meses enteros investigando la manera de crear un material que simulara la piel humana. El 11 de Febrero de 1738, demostraría su androide ganando tan buenas críticas que se llegaría a decir “sólo le faltó darle un alma”. Tras la exposición Vaucanson ganaría fama y prestigio, pero más importante aun, los fondos necesarios para llevar su invención a un nuevo nivel. Cuidadosamente iría creando un mecanismo que simulara cada músculo, cada movimiento de un músico humano. Para esto pasaría días enteros observando orquestas, llegando como resultado a crear un autómata capaz de tocar 12 melodías diferentes.

Sin embargo, el invento más famoso de éste genio sería presentado al año siguiente. Ésta invención era nada más y nada menos que un pato artificial el cual no solo se movía como y comportaba un pato real, sino que en su interior poseía un sistema digestivo artificial el cual le permitía ingerir granos, digerirlos y excretarlos posteriormente. Incluso el mismo rey Luis XV, sorprendido al ver como el pato comía de su mano, le preguntó al inventor como funcionaba semejante maravilla Mecánica, a lo que éste explicaría el intrincado sistema de músculos artificiales, conductos digestivos y sobretodo el sistema químico que digería el grano ingerido convirtiéndolo en excremento.

Desafortunadamente, y contra su voluntad, Vaucanson se vería involucrado en la huelga de mineros de Francia siendo comisionado por las autoridades para construir mineros artificiales. Estas invenciones serían saboteadas por desconocidos y como resultado varios trabajadores perderían sus vidas. La culpa recaería sobre el mismo Vaucanson quien debió de escapar y retirarse en el exilio perdiendo en el proceso todas sus invenciones. Más de medio siglo después sería el mismo Goethe quien comenzara una búsqueda de los autómatas, tristemente encontrando a varios destruidos o averiados más allá de cualquier reparo.