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La legendaria katana perdida de Masamune

Masamune Ozaki es considerado de forma unánime como el herrero más legendario de todo Japón. Activo en el siglo XIII en la región de Sagami, prontamente sus espadas y dagas se volvieron legendarias en Asia, con candidatos a discípulos que viajaba desde todos los rincones de las islas para verlo. Dichas armas eran tan preciadas y buscadas que solo emperadores, shogunes y generales tomaron posesión de las misas, incrementando así aún más la leyenda.

La legendaria espada perdida
Masamune OzakiLas espadas de Masamune fueron utilizadas por algunos de los personajes más históricos del Japón, desde emperadores hasta héroes nacionales como Musashi y sus 47 rōnin.

Es por ésto que las espadas de éste celebre herrero son consideradas como tesoros nacionales de valor incalculable, todas resguardadas en museos o colecciones de prestigio, salvo, y tristemente, la que es por lejos la más legendaria de todas las espadas creadas por Masamune: Honjo.

La espada era el símbolo de la casa de los shogunes Tokugawa, pasada de generación en generación y considerada como la espada más filosa de todas. Debido a ésto, era llevada a las batallas y utilizada por el mejor de todos samurai de los Tokugawa, así, durante muchos años inspiró a miles de guerreros.

Durante una de éstas batallas, Umanosuke, el samurai encargado de llevar la espada en batalla, se trenzó en duelo contra el general enemigo, Honjo Shigenaga. Si bien en un principio Shigenaga queda gravemente herido ya que la filosa espada atravesó el costado de su casco casi sin esfuerzo cortando su rostro, el experimentado general logró sobreponerse y matar a Shigenaga. Como trofeo tomaría la espada, la cual sería renombrada a Honjo Masamune en su honor.

Honjo Masamune

Pasarían los años, las décadas y los siglos, y eventualmente la familia Tokugawa, ya no shogunes sino que adinerados empresarios, recuperarían la espada familiar y la preservarían.

Tokugawa IemasaNuevamente la espada volvería a pasar de generación en generación, hasta que en 1945, Tokugawa Iemasa, con un Japón devastado por la guerra y las bombas nucleares, llevaría la espada a una comisaría en el distrito de Mejiro para protegerla de los saqueos que los soldados invasores estaban cometiendo. Desgraciadamente su plan resultaría ser un tiro por la culata, ya que el ejército de los Estados Unidos, que se encontraba tomando todo Japón tras la rendición incautaría la espada tras obligar a los oficiales de policía a entregar todas sus armas, espadas y dagas incluidas.

Si bien en un principio un tal “Sargento Coldy Bimore(en comillas ya que hoy se sabe dio un nombre falso) tomó “posesión temporal“ de la espada, la misma rápidamente desaparecería y nadie en el ejercito americano se hizo cargo, permaneciendo perdida hasta el día de hoy a pesar de enormes recompensas ofrecidas por la misma y literales expediciones en su búsqueda.

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La venganza del castillo Königsberg

Castillo de Königsberg La historia del castillo se remonta al siglo I, cuando la tribu germánica de los godos erigiera un fuerte cerca del río Pregel para controlar eficazmente una zona de gran importancia estratégica en lo que luego pasaría a ser la región báltica de Prusia del este. Así, durante más de un milenio, el castillo serviría como base de operaciones a las fuerzas nativas de la región. Hasta que en el siglo XIII los caballeros de la Orden Teutónica conquistaran el área y reforman el fuerte transformándolo en un Ordensburg -un tipo característico de castillo/fortaleza germánico- para 1257. Pasando a ser así en el cuartel general del Gran Maestre del la orden.

Los sucesivos conflictos contra las fuerzas de Polonia, llevarían a reforzar las defensas del castillo gradualmente durante los siglos. Y si bien los polacos ganarían gran cantidad de guerras contra los caballeros de la orden -que eran prácticamente un estado en si mismo- y contra los ejércitos de las naciones germánicas, el castillo se encontraba tan bien fortificado que los polacos nunca intentaron tomarlo, incluso tras haber prácticamente devastado a la orden de los teutones en la histórica Batalla de Grünwald -ocurrida en el 1410 y considerada como la batalla Medieval más épica en la historia.- Por supuesto que esto no terminaría la rivalidad entre polacos y teutónicos, y a solo un siglo de Grünwald, volverían a enfrentarse.

Pasarían los siglos, Alemania se unificaría y llegarían las guerras mundiales. En la Segunda Guerra Mundial, por desgracia, el viejo castillo debería enfrentarse a un tipo de armamento mucho más poderoso que el impulsado por catapultas y trebuchets para el que fue construido. No obstante, e increíblemente, las gruesas murallas y bastiones exteriores del mismo, exitosamente defenderían a la estructura principal de gran parte de los bombardeos británicos de 1944 y del fuego de artillería soviético. Y si bien varias alas del castillo se habrían quemado o derrumbado para el fin de la guerra, la estructura principal del mismo, aunque muy dañada, había sido protegida de su destrucción total gracias a las murallas.

Castillo Königsberg Tras terminar la guerra Königsberg sería tomada por los soviéticos y renombrada como Kaliningrado. Por desgracia, en un acto de astronómica ignorancia, desprecio por la cultura y la historia, pero, y por sobretodo, de soberbia digno de un representante perfecto de la estupidez crónica, Leonid Brezhnev, el Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, decidiría a finales de los 50s convertir a Kaliningrado en un “pueblo modelo soviético” y comandaría a “borrar todo símbolo prusiano” de la ciudad. Esto significaría la demolición de edificios, monumentos, estatuas y castillos centenarios, muchos de ellos, como la estructura principal del castillo Königsberg, muy dañada y en pleno abandono pero aun en pie, milenarios. Si bien la excusa consistía en limpiar los vestigios militaristas de Prusia, la medida sería excesiva, ya que también afectaría edificaciones de valor cultural.

Edificio de los SoviéticosA pesar de la protesta internacional y de los pobladores de la región, la grotesca transformación se haría igual, y el antiguo castillo de torres góticas, piedras talladas, escaleras de olmo, arcos de medio punto de mármol y bóvedas de crucería finamente pintadas, sería reemplazado por la Casa de los Soviéticos, un rectangular adefesio de concreto al mejor estilo de los monótonos bloques-comunales la Rusia comunista.

Pero… el castillo había dejado tras de sí una poética venganza, una extensa red de túneles que, a lo largo de sus casi dos milenios de existencia, habían sido excavados con el fin de almacenar provisiones para resistir asedios, depositar los restos óseos de caballeros caídos en batalla y almacenar tesoros y armas. Razón por la cual, gradualmente, el suelo sobre el que estaba construida la Casa de los Soviéticos fue cediendo hasta volverse inestable, inutilizando de esta manera la costosa construcción en los 80s.

Esto volvería al proyecto entero de transformación en el hazmerreír de Europa del este, y en una vergüenza internacional símbolo durante décadas de la tambaleante planificación y administración soviética. Ya que para salvar cara, el proyecto terminaría siendo finalizado en el 2005, irónicamente, casi medio siglo después de su inicio, con la URSS existiendo ya solo como parte de la Historia y a un coste varias magnitudes superior a los planeamientos originales. Esto hoy se denomina popularmente como “La venganza de los prusianos”

Operation Fortitude – El ejército inexistente que permitió la invasión a Normandía

La Operación Fotitude es quizás uno de los más interesantes eventos de la historia. No solo porque definiría el curso del mayor conflicto de la humanidad. Sino porque además fue el único ejército inexistente de la historia en causar tanto daño a su enemigo sin disparar una sola bala.

Las tropas aliadas debían entrar a Francia si querrían abrir exitosamente un frente occidental. Sin embargo, todas las posibles rutas de desembarco masivo, es decir las que poseían accesos a rutas que permitiesen la entrada de tanques, camiones y vehículos de apoyo, estaban fuertemente fortificadas por los alemanes.

El punto de entrada fue elegido tras mucho debate en el mando aliado. Este sería Normandía. Sus amplias playas permitían la entrada masiva de vehículos de combate y abastecimiento, y a la vez, la red de caminos cercanos daban la posibilidad de que las tropas se dispersasen rápidamente una vez tomadas las bocas de playa. De esta manera se evitaba el asedio de artillería de largo alcance y el bombardeo aéreo. Esta operación, ejecutada el famoso Día D, sería la histórica Operation Overlod. No obstante, existía un gran problema. Normandía era uno de los lugares mejor fortificados del mundo.

Operation Fortitude
Si se deseaba entrar exitosamente, había que distraer la atención de Alemania a tal punto que su alto mando evitara, con el fin de fortificar otras zonas supuestamente bajo amenaza, enviar refuerzos y tropas extras. De esta manera, no solo se aminoraba la cantidad de bajas en el desembarco, sino que además se eliminaba la posibilidad de un contra-ataque terrestre.

El plan estaba dividido en dos puntos concretos, hacer creer al eje que los aliados invadirían Noruega y que el intento de entrada a Europa continental sería por el Paso de Calais. Estas operaciones eran denominadas Fortitude North y Fortitude South. En caso de funcionar, Normandía quedaría prácticamente a merced de los aliados.

El primer problema consistió en cómo distraer a un ejército cuya tecnología era claramente superior. Esto se logró “engordando” el número de tropas aliadas al norte. No solo una sagaz red de contra-espías entraría en acción, difundiendo rumores en territorios del eje y en sus rangos de oficiales. Sino que además, se crearía el más grande de los “ejércitos invisibles” de la historia.

Faltaba poco tiempo para el Día D y estaba todo listo, la SHAEF organizaría la operación bajo la supervisión del general Dwight Eisenhower. El conjunto de la operación era monstruoso, enorme, y miles de piezas armaban el rompecabezas. Peor aun, si solo una de estas piezas fallaba la operación entera sería inútil. Claramente no una tarea fácil, ni mucho menos simple. Por lo que una operación multivectorial sería desarrollada:

a.- En primer lugar se utilizaría una red de radio-operadores que enviarían decenas de miles de señales y comunicados con el fin de simular coordinaciones de tropas y formaciones de batalla al norte de Normandía.

b.- Quizás el punto más interesante de la operación. Se construirían cientos de tanques y vehículos de madera, con el fin de engañar al reconocimiento aéreo alemán. Así mismo, se construirían falsas fachadas, simulando barracas y cuarteles,

c.- Una amplia red de contra-espías llevaría información falsa a Alemania.

d.- Se haría presente el legendario general George Patton para realizar el papel de comandante de la región. El prestigio de Patton y el hecho de ser uno de los más grandes estrategas de la historia, lograron que el eje ponga mucha atención en la zona y la considere un peligro latente. No era secreto que Alemania consideraba a Patton como el mejor general de los Estados Unidos.

e.- Se filtraría información diplomática a través de los países neutrales, ampliando la gama de rumores y la falsa data que llegaba a los cuarteles en Berlín.

El resultado
No solo el plan fue todo un éxito, limitando ampliamente la capacidad del eje para reforzar Normandía rápidamente tras el desembarco. Sino que además la operación significó un gravísimo golpe en la moral y confianza del comando central alemán. Limitando a su vez el ritmo con el que la inteligencia alemana catalogaba y difundía información estratégica del enemigo a sus generales.

De hecho, y por más curioso que parezca, la Operación Fortitude, creó el ejército inexistente que más daño hizo a su enemigo.

Nota curiosa: La invasión a Normandía fue el desembarco más grande de la historia. Rompió el récord anterior, el cual había sido impuesto hacía dos mil años por Julio César cuando este invadió Britannia -Reino Unido actual-. Curiosamente, Julio César hizo zarpar a sus navíos desde Normandia y desembarcó en un punto muy cercano del que dos mil años más tarde zarparía el contingente británico que invadiría Normandía.

Cómo la negligencia borró las inscripciones de un monumento de 3500 años

Las colosales Agujas de Cleopatra sobrevivieron intactas durante 3500 años a incontables guerras y saqueos. Pero desgraciadamente, lo que no pudieron hacer estos males en milenios, lo consiguió la humedad y el viento de Manhattan en menos de 90 años. Una verdadera tragedia, ya que pocos monumentos tienen la historia y el legado de estos obeliscos, los cuales fueron tocados por algunos de los más importantes personajes de la historia.

Estos tres obeliscos están entre los monumentos con mayor historia de la humanidad. Construidos por Thutmosis III en el 1450 AC fueron retocados y decorados 200 años más tarde por el legendario faraón Ramsés II. Siglos después Alejando Magno se pararía frente a ellos durante varias horas para contemplar su belleza y en el 12 AC serían admirados a tal punto por César Augusto, el primer emperador romano, que éste ordenaría que fuesen reubicados a su templo personal en Alejandría.

La total decadencia de Egipto y la pérdida de poder de Roma, llevó a que dejen de ser considerados y resguardados, por lo que, con el fin de evitar su destrucción, terminaron siendo enterrados. Esto ayudaría a que su decoración fuese conservada a través del tiempo.

La separación de los obeliscos
Tras su redescubrimiento, los obeliscos serían yendo reubicados a miles de kilómetros de distancia unos de otros. La primera de las agujas fue transportada a Londres, luego de que en 1819 Mehemet Ali la ofreciera como regalo al Imperio Británico en conmemoración por la batalla del Nilo; no obstante, esta sería transportada a su destino final recién en 1877. La segunda aguja, de unos 23 metros y hecha con granito rojo, iría a parar a Paris, más exactamente a la Place de la Concorde, tras ser regalada por Mehemet Ali a Francia. El mismo Louis-Philippe se encargaría de seleccionar el lugar que ocuparía en la Concorde. Este obelisco en particular durante siglos ocupó una ubicación de privilegio en la entrada del imponente Templo de Luxor. Dicho obelisco puede ser visto en detalle a continuación:

La llegada a Manhattan y el desastre
La tercer aguja sería la que más sufriría. Con el fin de mejorar las relaciones comerciales, Ismail Pasha de Egipto, la regalaría en 1869 a Estados Unidos. Sin embargo, el traslado se haría esperar ya que, al igual que como ocurrió con Londres, el gobierno de los Estados Unidos consideró el traslado como una tarea extremadamente costosa. Razón por la cual un privado se encargaría de la tarea años más tarde. Este fue el magnate William Vanderbilt, y el trabajo le llevaría más de una década e incontables accidentes dignos de una historia aparte.

No obstante, y a pesar de los contratiempos, el obelisco llegó a New York casi intacto en 1880. Por desgracia, el conocimiento técnico más las políticas y estándares con respecto a piezas históricas de la época, eran infinitamente inferiores a las actuales. Esto llevaría a que no se estudiara el impacto del clima de New York sobre la superficie de granito de la aguja -sobretodo de un parque tan húmedo como el Central Park-. Es así que desgraciadamente, ante la inclemencia de los elementos, en menos de 90 años el obelisco perdió casi todas las inscripciones de su primer cara -la más expuesta al viento-.

Tras la tragedia
Hoy en día un equipo de experimentados arqueólogos y escultores de distintos museos Neoyorquinos se ocupa de su conservación y restauración. Sin embargo, el daño hecho a la primer cara es irrecuperable. Una gran pena, ya que gran parte de los textos en su superficie no fueron traducidos con anterioridad al borrado, y su significado ha sido perdido para siempre. Esta tragedia es considerada como uno de los mayores fiascos arqueológicos de la historia.

Los obeliscos de Kircher
Como no podía falta, el gran Athanasius Kircher, ese maestro de las mil artes, también se interesó por el estudio de los jeroglificos -de hecho, aunque errado en su teoría, fue el primero en implementar un análisis iconográfico de los mismos-. En su obra de 1654 podemos ver una ilustración de uno de estos. -si no me equivoco es el de Paris-

La mayor batalla naval de la historia

Es llamativo que se haya librado una batalla entre 1.500 barcos y 250 mil navegantes, sin embargo es sorprendente que esta se haya disputado hace aproximadamente 2500 años. Y es que entre los griegos y los persas existía un odio tan inmenso que prácticamente movilizaron sus países enteros para armar dos armadas tan monumentales que incluso dos milenios y medio después aun no se ha vuelto a librar una contienda naval con tantos barcos ni con tantos hombres.

TemistoclesLos griegos fueron una clase especial y única cuya magnificencia jamás se ha vuelto a repetir. Enfocados, lógicos y apasionados luchaban hasta lo último de su ser con el fin de proteger su civilización. En el 480 AC Persia era un imperio poderosísimo, no solo cientos de miles de soldados sino que centenares de navíos apoyaban sus invasiones. Sin embargo, no había armada o ejército que doblegara el espíritu helénico, y habiendo disputado monumentales batallas terrestres como la de Maratón o la heroica batalla de Termópilas, ahora quedaba enfrentarse en el mar.

El ejército Persa era enorme, y aun presentando las más decididas batallas los griegos no pudieron evitar que arrasaran Atenas. Sus ciudadanos, ahora refugiados en la isla de Salamina, enfrentaban una muerte segura la cual fue evitada por el ingenio de Temístocles quien tras una serie de artilugios y decisivas estrategias logró, con sus 350 vapuleados trirremes, vencer a más de 1271 navíos pesados persas. Astutamente consiguió llevar la tierra al mar, utilizando sus navios como transporte para descargar hoplitas en los barcos persas y eliminar a sus tripulaciones. El resultado de la batalla fue tan monumental que Xerxes -o Jerjes si se prefiere la versión castellanizada del nombre- volvió a Persia totalmente frustrado abandonando sus planes de conquista.

Batalla de salamina

Nota: Si nos referimos al tamaño de la batalla en poder de fuego sin duda alguna nos referiríamos a la batalla del Golfo de Leyte en la segunda guerra. Batalla en la que participaron 17 portaviones, 12 navíos de combate, 141 destructores y 24 cruceros aliados contra otro tanto de embarcaciones de guerra japonesas. En la batalla además participaron aproximadamente 1700 aviones y fue la primera vez en la que aparecieron los pilotos Kamikaze en acción.

Batalla de salamina

Alejandro Magno y la geometría

Cuenta la historia que, Menecmo, el maestro encargado de instruir a Alejandro Magno en matemáticas, se encontraba descansando y pensando tranquilamente en sus teorías. De repente el joven Alejandro se le acerca, y tras molestarlo, comienza a increparlo sobre la dificultad que le representaba la geometría, por lo que le pregunta si existía un camino para aprenderla más fácilmente. Menecmo entonces le responde:

“¡Oh , rey! Para viajar por el país hay caminos reales y caminos para los ciudadanos comunes, pero en la geometría hay un único camino para todos”.

Napoleón y sus escritos sobre la guerra y el cambio

Julio César y Napoleón fueron dos de los más grandes generales de la historia y ambos escribieron en detalle cómo la guerra no se mantiene igual, sino que la misma varía y se adapta a las nuevas reglas del juego constantemente, incluso durante una misma batalla. Napoleón, ciertamente, tuvo un rol muy grande en la estrategia militar moderna ya que fue el padre de una nueva generación de guerra. Sus tácticas hicieron que se abandone el asedio, modalidad predilecta durante milenios y se adopte el encuentro relámpago de tropas en el campo de batalla.

Napoleón además de general era un gran estudioso y en sus estudios los escritos y observaciones realizadas por Julio César tuvieron un lugar predominante. En su obra maestra La Guerra de las Galias César relata los acontecimientos históricos del conflicto bélico entre Roma y los Galos. Napoleón, por su parte, realizó una serie de comentarios de la obra. El siguiente es un comentario donde justamente explica el por qué se abandonó el asedio por el enfrentamiento relámpago

3. Cicerón defendió durante más de un mes con 5.000 hombres, contra un ejército diez veces más fuerte, un campo atrincherado ocupado por él desde hacia quince días. ¿Sería posible conseguir en nuestros días un resultado semejante? Los brazos de nuestros soldados carecen de la fuerza y robustez de los de los antiguos romanos; nuestros útiles para el trabajo son los mismos, pero nosotros tenemos un agente más: la pólvora. Podemos, pues, levantar murallas, abrir fosos, cortar árboles, construir torres en tan breve tiempo y tan bien como ellos, pero las armas ofensivas de hoy poseen un poder muy diferente de las de los antiguos, como diferentes son sus efectos. Los romanos deben la persistencia de sus triunfos a un método que no abandonaron jamás y que consiste en acampar invariablemente por las noches en un campamento fortificado, en no dar nunca una batalla sin tener a sus espaldas un campo atrincherado que les sirviese de refugio y donde encerrar sus víveres, sus bagajes y sus heridos. La naturaleza de las armas en esos tiempos era tal, que en tales campamentos se sentían no sólo al abrigo de los ataques de un ejército igual, sino incluso superior; eran dueños de combatir o de esperar una ocasión favorable. Mario es atacado por una nube de cinabrios y teutones; se encierra en campamento y permanece en él hasta el día en que la ocasión se le presenta favorable; cuando sale de allí lo hace ya precedido por la victoria. César llega a las cercanías del campamento de Cicerón; los galos abandonan a éste y marchan al encuentro del primero; su número es cuatro veces superior. César toma en pocas horas posición; atrinchera su campamento y soporta pacientemente los insultos y las provocaciones de un enemigo a quien no quiere aún atacar; pero la espléndida ocasión no tarda en presentarse; sale entonces por todas las puertas; los galos son vencidos. Continue reading Napoleón y sus escritos sobre la guerra y el cambio

Las granadas Medievales

En el imaginario popular habita la creencia que las granadas son exclusividad de los campos de batalla modernos, sin embargo no hay nada más alejado de la realidad. Las granadas, y refiriéndonos a las explosivas, ya que de lo contrario deberíamos remontarnos hasta la prehistoria, comenzaron a ser utilizadas hace más de 2000 años por los chinos. Curiosamente esta tecnología sería perfeccionada y, caravanas mediante, llegaría a Medio Oriente donde sería adoptada por las tropas del legendario Salah al-Din, mejor conocido por su nombre latinizado de Saladino en el siglo XII. Si bien se sospecha que fueron utilizadas con anterioridad, es bajo el mando de éste líder militar, más exactamente en el famoso asedio a Jerusalem, que luego llevaría a una de las batallas más sangrientas de la historia, que existe el primer registro escrito de la utilización de una granada, aunque no llamadas por este nombre ya que la denominación de “Granada” aparentemente es utilizada por primera vez en 1688, no obstante los Cruzados las llamarían simplemente “Pelotas explosivas.

Su construcción sería básica y extremadamente peligrosa de cargar: El exterior estaba constituido por diversos materiales, siendo la cerámica el mayoritariamente preferido, sin embargo también odian ser armadas con papel seco y versiones primitivas del vidrio. Lo interesante llega cuando vemos su interior, ya que diversos experimentos y pruebas eran llevados a cabo por los armeros y alquimistas para lograr mejores resultados. En mayor medida se utilizaba pólvora primitiva extremadamente inestable mezclada con una diversidad de aceites y combustibles, de aquí la peligrosidad de cargarla. No era raro que se le adicionaran pequeños clavos de metal, dándoles así un explosivo de tipo fragmentario.

Si bien se cree que la palabra granada comienza a ser utilizada, masivamente, en el siglo XVII, muchos historiadores comentan que fue utilizada con anterioridad por los cruzados. Los árabes denominaban a estos artefactos explosivos como: rummân; mientras que los cruzados, viendo una gran similitud con la fruta del Punica Granatum, o árbol de granada, comenzaron a llamar a éstas “bolas explosivas” como “granadas”. De hecho, se cree pero no ha sido confirmado, que no era extraño que se pusieran granos de pólvora dentro de la envoltura seca de una fruta de granada.

Es bueno aclarar varios puntos al respecto. No todo esto puede ser cierto, ya que la historia a veces suele ser engañosa: Si se sabe con seguridad que las granadas, al menos parecidas a las que nosotros llamamos granadas, comienzan ser utilizadas por los árabes durante las Cruzadas, incluso un poco antes pero no es seguro; es muy probable que los cruzados las llamaran granadas, aunque el primer registro escrito data del siglo XVII durante la famosa “Revolución Gloriosa”; si es seguro como las construían y que contenían, ya que, y como podemos ver en las imágenes, afortunadamente sobrevivieron varias granadas del siglo XII.

El triunfo y las ovaciones a los generales romanos

Hoy en día todo el mundo sentiría un pleno orgullo al recibir una ovación, de hecho, e irónicamente como ya veremos, decir que algo: “fue ovacionado” es sinónimo a decir que algo fue amplia y gloriosamente recibido. Curiosamente esto es producto de una degeneración conceptual a lo largo de la historia, ya que para un general Romano recibir una ovación no era exactamente algo como para sentirse muy orgulloso que digamos. Cuando un general triunfaba en campaña y lograba eliminar a 5000 o más enemigos éste, al volver a Roma, recibiría un Triunfo monumental. La ciudad se vestiría de fiesta, carrozas desfilarían y columnas y columnas de hombres y mujeres irían a vitorear al general triunfante. Sin embargo si el general, cónsul, pretor o quien quiera que fuese el que hubiera comandado las tropas no hubiere llegado a matar 5000 mil o más enemigos, incluso si así fueran unos 4999, en honor a éste solo se realizaría una modesta ceremonia y se sacrificaría una oveja en su honor. Algo con lo que todos podemos estar de acuerdo que resultaba mucho menos grato y deseable por los generales. Oveja en latín, y no casualmente, se denominaba ovis. Como podemos ver ser “ovacionado“, palabra en Español que desciende de la latina ovatio que su vez proviene de ovis, no era un motivo de tanto orgullo para los romanos como lo puede ser para nosotros el día de hoy.

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