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Los hormigueros más grandes del mundo

El Gran nido de Hokkaido

Durante la década del setenta, uno de los más respetados entomólogos del mundo, el profesor Seigo Higashi, se encontraba investigando las colonias de hormigas en las costas de la isla japonesa de Hokkaido. Su investigación parecía ser rutinaria y metódica, hasta que, junto a su equipo, realizaron un descubrimiento que los dejaría perplejos e incrédulos. Una súper colonia, que se extendía a lo largo de aproximadamente 18 kilómetros, de más de 45 mil nidos unidos por complejos e intrincados puentes y juntas, la cual conformaba el hogar de más de 307 millones de hormigas. De éstas, 306 millones eran trabajadores y 1.1 millones eran reinas. El asombro llegaría no solo por el astronómico número de habitantes sino por la complejidad y densidad de la estructura, que logró dejar pasmados a los ingenieros de las mejores universidades de Japón. No solo en complejidad matemática se destacaba esta súper colonia sino que además hacía gala de un avanzado sistema social donde las reinas se distribuían el poder en cúmulos de influencia.

Por desgracia el tsunami sufrido en 1993 borró gran parte de los nidos, ahogando cientos de millones de hormigas a su pasó. Pueden visitar el sitio web de una Universidad Japonesa que se dedica a estudiar las diferentes especies de hormigas de la Isla de Hokkaido. (Está en Inglés pero hay gran cantidad de imágenes)

En los Estados Unidos un grupo de científicos llenó con cemento líquido un nido de hormigas gigantesco para lue

Las montañas de Jura
El caso de Japón no fue algo aislado. Otra súper ciudad de hormigas que deja a New York opacada en la categoría de pueblucho se encuentra en Suiza, dentro de las hermosas montañas de Jura. En Jura, a diferencia de Hokkaido, los nidos no están unidos. Forman “feudos” monumentales controlados por un puñado de reinas aliadas. La particularidad de estas colonias son los densos nidos que forman para protegerse de los crudos inviernos Suizos.

La Internet del siglo XIX

Internet cuenta con un largo y distinguido linaje de antepasados que se remonta incluso hacia mediados del siglo XIX. Su madre, Arpanet, fue solo un eslabón más de tantos enlaces y sistemas de comunicación global que el mundo ha visto. Hoy hablaremos del primer vínculo de conexión intercontinental de la historia.

En 1842 Samuel Morse demostraba exitosamente como se podían transmitir telegramas vía cables sumergidos en el Puerto de New York. Las personas visionarias inmediatamente imaginaron un sistema subacuático que permitiese transmitir datos al instante, dejando de lado las tediosas esperas de días y hasta semanas para obtener noticias de un país a otro, incluso, entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Las primeras conexiones sumergidas tuvieron lugar entre entre Francia e Inglaterra, luego Inglaterra e Irlanda y así se fueron conectando unos con otros territorios separados por ríos y lagos en todo el mundo. Sólo quedaba un gran reto: unir dos continentes separados por un océano, algo que convertía a los canales y lagos de los intentos anteriores en simples gotas de lluvia.

Fue gracias a la voluntad y esmero del financista estadounidense Cyrus Field, quien manejara la emblematica Atlantic Telegraph Company, que se lograría esta hazaña de la ingeniería. Construido de cables de acero enlazado los cuales eran encapsulados en una gruesa capa de goma india, el Primer Cable Transatlántico se vería desplegado de costa a costa partiendo desde Gran Bretaña para llegar a Newfoundland, antigua América Británica -actual Canada-, y ramificarse por distintas subestaciones hasta llegar a la Costa Este de los Estados Unidos.

Si bien hoy en día estamos acostumbrados a conexiones intercontinentales de varios gigabytes simultáneos, en ese entonces la tecnología era muy poco permisiva. La increíble longitud del cable hacía que la resistencia eléctrica debiera ser superada utilizando un voltaje muy elevado -en esa época no tenían amplificadores, repetidores ni superconductores para empezar-. Como si esta limitación ya fuera poco, otro problema era el sistema utilizado para retardar la dispersión de los pulsos del telegrama, el cual era tan agresivo que el ancho de banda -o cantidad de información que pasaba por el cable- se veía extremadamente limitado a 1 palabra cada 20 minutos en promedio.

Plagado de problemas y limitaciones tecnológicas el proyecto solo operaría durante un mes. No obstante, el cable probaría que conectar dos continentes era posible e iniciaría una carrera tecnológica para mejorar la tecnología de conexión y hacer posible un sistema viable.

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