Un pasado guerrero

Japón posee un pasado, si bien muy romántico con su extremadamente rica cultura, honorables guerreros samurai, impresionantes jardines de ensueño y templos de madera que alcanzaban el cielo, bastante expansiona y agresivo contra sus vecinos erigiendo monumentos tales como las Mimizuka. Es por esta razón que en el este asiático muchos países ven a Japón como un estado históricamente agresor.

Grabado del guerrero Toyotomi Hideyoshi escalando una montaña.
En esta ilustración del siglo XIX vemos a un joven Toyotomi Hideyoshi escalando la montaña Inaba con el fin de guiar a sus tropas en un fulminante asalto contra un castillo enemigo.

No obstante, sería injusto señalar a Japón específicamente en lo que a violencia guerrera respecta cuando las invasiones militares violentas eran una constante mundial en el pasado. Incluso el mismo Japón sufrió invasiones extremadamente sangrientas, cómo por ejemplo la invasión mongol del siglo XIII, la cual quedó contada de manera visual en un enorme rollo ilustrado de unos 52,8 metros de largo.

Las Mimizuka

De este pasado violento son quizás las «tumbas de narices» o «tumbas de orejas» los más tristes recordatorios. Las mismas son tumbas para los enemigos del Japón en suelo japonés cuya función era la de servir como trofeos de guerra traídos desde tierra lejanas tras las conquistas militares niponas. Su nombre, muy descriptivo por cierto, viene del hecho de que en las mismas se depositaban las orejas y narices mutiladas de los soldados, y en muchas oportunidades civiles, enemigos. Narices y orejas que se traían de las campañas militares en enormes barriles los cuales tenían una solución de salmuera que las preservaba.

De todas estas, la más increíble de las colinas de orejas es la hallada en Kyoto, Mimizuka, referida informalmente como la colina de las cuarenta mil narices, y en la cual se depositaron entre 38000 a 40000 orejas y narices de soldados coreanos y chinos traídas como trofeo tras las cruentas invasiones japonesas a suelo coreano en el siglo XVI.

Las invasiones anteriormente mencionadas tuvieron lugar cuando un Japón unificado y bajo el mando de un regente ambicioso por poder, Toyotomi Hideyoshi, arrasó gran parte de Corea con la intención de hacerse con territorios de Corea y China. Región que posteriormente pasó a denominarse Manchukuo.

Sobre monumentos controvertidos: las estatuas y monumentos controvertidos son algo común en muchos países. Por ejemplo en Alemania, un país también con una historia repleta de guerras e invasiones, existe una «prisión para estatuas» donde el gobierno alemán almacena estatuas que hoy en días no son consideradas como políticamente correctas: La prisión para estatuas caídas en desgracia de Spandau.

La contienda duró siete años, y éstos fueron suficientes para que solamente entre los bandos defensores, principalmente coreanos y chinos, murieran más de un millón de soldados y civiles. Japón ‘sólo’ perdió unos ciento-cuarenta mil hombres tras lo que decidió abandonar la causa.

A continuación vemos una imagen de la colina en Mimizuka, podemos observar como la misma es una colina artificial, las orejas y narices se encuentran enterradas en urnas ubicadas en el centro:

Fotografía de la colina en Mimizuka.
Tumba con miles de orejas de soldados chinos y coreanos erigida en Japón tras la invasión a Corea del siglo VI. La misma es un gigantesco trofeo de guerra e instrumento de propaganda hacia los enemigos del Japón.

Increíblemente se calcula que éstas 38000 piezas humanas depositadas como trofeo en Mimizuka eran sólo una pequeñísima fracción del total de partes humanas traídas tras la invasión, ya que la gran mayoría de los ‘trofeos’ debieron de ser descartados durante el viaje a causa de la putrefacción de los mismos, sobreviviendo solamente los que pudieron ser almacenados en barriles de salmuera.

Los monumentos como propaganda

La colina Mimizuka puede considerarse un elemento de propaganda política antigua. Curiosamente los monumentos como propaganda política son uno de los ejemplos de propaganda más antiguos en la Historia de la Humanidad. En efecto, la pieza de propaganda política más antigua que se conoce es un monumento construido por el Imperio Persa hace miles de años: La primer propaganda política de la historia, el relieve de Behistun.