Imagen de Cruithne.

Cruithne el asteroide que se creyó era la segunda luna terrestre

Desde su descubrimiento en 1983 muchos astrónomos pensaron que el asteroide No. 3753 Cruithne era la tan buscada segunda luna terrestre.

Cruithne

Desde el descubrimiento del asteroide No. 3753 Cruithne en 1983, y debido a su su particular órbita de 364 días y su relativa cercanía con la tierra durante dicho movimiento, especialmente todos los meses de noviembre en los cuales llega a su punto de cercanía máximo con la tierra, muchos astrónomos e instituciones de investigación del mundo sugirieron que se debía estudiar en profundidad si este asteroide podía llegar a ser la tan buscada «segunda luna terrestre». Es decir, en otras palabras, si Cruithne orbitaba o no la tierra.

El cráter más grande del planeta tierra: los asteroides han sido parte de la historia geológica y ambiental terrestre desde su su formación. Fue un asteroide el evento que extinguió a los dinosaurios, y fueron los primeros asteroides que impactaron contra la tierra los que contribuyeron el hielo necesario para formar los océanos y mares. Puedes leer más sobre asteroides en el siguiente artículo: Vredefort, el cráter más grande que existe en el planeta Tierra.

Esta sugerencia se dio más que nada por la confusión que causó durante los primeros años de conocida su existencia hasta que se pudo saber correctamente su órbita y un tanto también a manera de broma por parte de los astrónomos debido a que la búsqueda de un asteroide que orbite la tierra ha sido una de las búsquedas más intensas de la astronomía moderna.

Cruithne la supuesta segunda luna terrestre.
3753 Cruithne, asteroide que órbita al Sol con una co-órbita a la Tierra.

No. 3753 Cruithne es un asteroide de unos 5 kilómetros de extensión y el mismo orbita al sol y no a la tierra, lo que, tristemente, lo elimina como candidato para ser considerado la segunda luna natural terrestre.

No solo los asteroides y las explosiones nucleares dejan enormes cráteres, en 1965 una explosión de 453 toneladas de TNT dejó un gigantesco cráter.

La búsqueda de la segunda luna terrestre

Grabado antiguo ilustrando la "bala lunar" de Julio Verne.
Arribo del proyectil lunar a Stone Hill, ilustración sobre el histórico viaje a la luna imaginado por Julio Verne.

Curiosamente la obsesión por hallar una segunda luna terrestre no es nada nada nuevo. A continuación hablaremos sobre los ejemplos históricos al respecto y los ejemplos en la literatura.

Hallarle una segunda luna a la tierra fue prácticamente una obsesión para varios astrónomos de siglos pasados, sobretodo en los del siglo XIX. Esto llevó a que varios prestigiosos observadores del cosmos se apresuraran a sacar conclusiones sin antes verificarlas del todo. Como por ejemplo Frédéric Petit, director del observador de Tolouse, quien con bombos y platillos anunciara haber descubierto la segunda luna terrestre en 1846.

Prontamente el descubrimiento de Petit fue declarado como erróneo y la reputación de este prestigioso hombre se vio afectada considerablemente. No obstante, de esto se enteraría el legendario escritor Julio Verne, quien cautivado por la idea, escribió sobre una pequeña y diminuta segunda luna terrestre. Julio Verne fue además uno de los tantos escritores que en sus textos predijeron varios detalles de los viajes a la luna correctamente.

Casi sesenta años más tarde el astrónomo Georg Waltemath, tras estudiar perturbaciones gravitatorias en la órbita lunar, creyó estar seguro de haber encontrado una segunda luna de unos 700 kilómetros de diámetro a poco más de un millón de kilómetros de la Tierra, llegando a anunciar muy orgullosamente que durante algunas noches podía vérsela brillar durante una hora o poco más.

Curiosamente el descubrimiento de Waltemath, que era errado, sería «confirmado» no por un astrónomo sino por un astrólogo, Walter Gornold, quien incluso fue tan lejos como ponerle un nombre: Lilith. Este fue un acto simplemente de suerte, ya que Gornold utilizaba métodos seudocientíficos que no tenían validez alguna.

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