Fotografía de un grupo e mafiosos en una rueda de reconocimiento.

Michael Malloy, el tipo más duro y difícil de matar de la historia

En la década de 1930 Michael Malloy era un hombre al que la mafia intentó asesinar y hacerlo pasar como un accidente. No obstante, Malloy se negaba a morir.

Michael Malloy era un vagabundo de origen irlandés de la década de 1930 en Nueva York, desafortunadamente, se rodearía de personas de mal pasar que, intentando sacar rédito de su muerte, lo pondrían bajo tres seguros de vida. Estos eran cuatro hombres apellidados Murphy, Marino, Pasqua y Kriesberg. Quienes esperaban cobrar un seguro casi equivalente a 60 mil dólares actuales.

El asesinato debía parecer una muerte natural, por lo que pensaron que una muerte por envenenamiento con alcohol, uno de los grandes vicios de Malloy, sería oportuna para así engañar a las aseguradoras. Marino, que tenía una tienda de licores y otros aperitivos, tendría la «buena bondad» de darle crédito infinito a nuestro duro héroe. Pensando que así, ante la posibilidad de tomar todo lo que quisiera, este moriría rápidamente.

Fotografía de Manhattan.
Calles de Manhattan, Nueva York durante la década de 1930.

Pero no fue así, y Malloy probó ser un Hércules del mundo moderno. Tras tomar reiteradas veces cantidades de alcohol que envenenarían a un hombre promedio durante varias semanas, el único efecto secundario que padecería sería el de irse a dormir por varias horas, sólo para levantarse y volver a tomar al poco tiempo.

Esto comenzó a serle un gran gasto de dinero a Marino, por lo que convenció al grupo de mezclar la bebida de Malloy con anticongelante, intentando así asegurar una muerte que, muy al pesar de los malhechores, no llegaría.

Tras el fallido intento, procederían a mezclar el vino de su víctima con veneno, e incluso le ofrecerían mariscos con alcohol -algo que los criminales creían venenoso-. Nada funcionaba, incluso linimento para caballos o trementina mezclada con vino lograban descomponer al Hércules neoyorquino. Ni siquiera un sandwich hecho a partir de sardinas podridas y fragmentos de hojas de afeitar.

Fotografía de Tony Marino.
Tony Marino, uno de los asesinos de Michael Malloy.

Tal fracaso los llevó a buscar otra solución y una noche de invierno en la que la temperatura logró descender a un promedio de -26ºC lo mojaron con grandes cantidades de agua y lo dejaron durmiendo en uno de los tantos parques de la ciudad. Pero ni el desgarrador frío pudo vencer a Malloy, quien al otro día volvió solo con un resfrió.

Incluso intentaron atropellarlo con un taxi, sobornando a un taxista de nombre Harry Green a quien le pagarían $150 dólares si lograba matarlo. Tras emborracharse e inconsciente, Malloy sería llevado hacia un camino solitario, en el cual Green, tras tomar dos cuadras de aceleración con su taxi, le erraría al cuerpo de Malloy, asustados, lo llevarían a otro camino y allí sí lograrían atropellarlo.

Finamente, y ya creyéndolo muerto, lo abandonarían en ese lugar. Pero Malloy estaba vivo, y el «accidente» solo le costaría tres semanas de hospitalización a causa de su hombro y cráneo fracturados.

El final de Malloy desafortunadamente llegaría tras salir del hospital, cuando tras emborracharse uno de los criminales le tapara la boca con una manguera ahogándolo y así terminando de una vez por todas con su vida.

No obstante, y gracias a un particular caso justicia poética, el matar a Malloy fue tan difícil que los criminales no dejaron de hablar de lo sucedido, haciendo que la noticia llegue a oídos de la policía y fueran así apresados tras que un grupo de infiltrados de la policía en la mafia le contara lo ocurrido a las autoridades.

De los mafiosos apresados uno sería condenado a cadena perpetua y el resto ejecutados en la silla eléctrica por haber cometido un homicidio culposo. El homicidio de Malloy se volvería una leyenda en la ciudad de Nueva York, donde lo nombrarían como el tipo más duro de toda la Historia.

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