Una laboriosa manera de obtener miel

En Asia existe una antigua costumbre de recolectar miel en las alturas. Generalmente hallada en Nepal, la misma es practicada de manera bi-anual por varias de las tribus del distrito de Lamjung que, reunidas tras la aparición de la flor del rhododendron, período del año en que las abejas poseen la mayor cantidad de miel en sus panales, escalan las paredes de acantilados de más de 200 metros de altura con el fin de recolectar la tan preciada miel.

Fotografía de trabajadores en Lamjung.
Recolectores de miel de Lamjung trepando montañas.

Si bien hasta hace unos años la recolección de miel se había intensificado, llevando a una notable y problemática disminución en la la población de la A. laboriosa, el tipo de abeja de la región, una fuerte inversión del gobierno austríaco al ICIMOD, un centro que se encarga de medir el desarrollo y el impacto ecológico en Katmandú, ha logrado realizar una exitosa campaña de concienciación en la mayoría de las tribus. Disminuyendo el impacto ecológico de la cosecha de miel y estabilizando el número de A. laboriosas, primordiales y fundamentales a la seguridad medioambiental de Nepal.

Fotografía de las abejas de Lamjung.
Abejas de Lamjung, la miel de las montañas de Nepal.

El oro blanco

Otra interesante costumbre que requiere subir a las alturas de paredes cavernosas prácticamente verticales, es la recolección de nidos de vencejos en el sudeste asiático. Especialmente popular en Malasia, Tailandia y Vietnam.

Plato con miel de Lamjung.
Sopa de nido

De gusto singular y altamente nutritiva, la sopa de nido de pájaro es un manjar extremadamente costoso, llegando a los dos mil dólares por kilo. Razón por la cual cada año cientos de pobladores, muchos provenientes de pueblos de escaladores ancestrales, suben hacia las peligrosas alturas de las cavernas donde se hallan los suculentos nidos para así comenzar una masiva recolección de los mismos.

De manera curiosa, los nidos son producidos por una glándula especial en el pájaro que segrega una sustancia pegajosa y blancuzca, es esta sustancia enzimática la que le da a la sopa su tan característicos sabor. Sabor que la convirtió en una joya deseada y buscada por varias personas, razón la cual eso, combinado con lo difícil que es obtener los nidos en si, llevó a que un plato de esta sopa cueste una pequeña fortuna.

Desafortunadamente eso llevó a una especie de «fiebre del oro» por los nidos, y miles de personas se aventuran en las montañas buscando los nidos durante todo el año, lo que ha tenido un impacto ecológico nocivo de grandes dimensiones en las poblaciones de vencejos. El gobierno de la región, por desgracia, todavía no ha mostrado señales de intentar seriamente frenar la depredación voraz de los nidos.

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