Máquinas singulares

Entre los siglos XVIII y XX los avances industriales y el excedente de piezas y maquinarias permitieron a distintos inventores realizar todo tipo de máquinas singulares, algunas con fines un tanto particulares como el barómetro de viviente del profesor George Merryweather, quizás la más extraña de las máquinas inventadas para predecir el tiempo, y el desconcertante «mesías eléctrico» que causó un gran revuelo en los Estados Unidos del siglo XIX. No obstante, muchas de estas extrañas máquinas no tenían un fin alguno, y ese, irónicamente, era su fin: las máquinas de no hacer nada.

Las máquinas de no hacer nada

Fotografía de la máquina de no hacer nada.
La máquina de no hacer nada original. Con sus engranajes, cadenas y pistones la misma tenía la tarea de no hacer nada.

Por alguna razón siempre se espera que por de facto una máquina tenga un objetivo, una misión y un resultado. ¿Por qué? siempre me pregunté, quizás porque la concepción misma de las máquinas se genera a partir de la necesidad de resolver problemas. Pero no siempre fue así, y gracias a un comentario en la excelente revista Mental Floss conocí el maravilloso trabajo de Lawrence Wahlstrom, quien deseando criticar la inoperancia y burocracia de su gobierno, creó la «asombrosa máquina de no hacer nada.»

Comenzada en 1946. esta máquina es una magnífica obra de ingeniería de precisión. Un conjunto de 764 partes móviles funcionando de manera coordinada y realizando todo tipo de movimientos, que van desde rotar, oscilar, trasladarse y hasta girar. Curiosamente, Wahlstrom, su creador, empeño siete años de su vida creándola.

Cada año, en promedio, agregaba 50 partes nuevas y estudiaba nuevamente el mecanismo reemplazando engranajes o reajustándolos con el fin de, según sus palabras, «hacer nada más eficientemente». Pero eso si, la máquina sólo puede ser vista por «gente que no tiene nada que hacer toda una anti-paradoja podemos decir, y ciertamente una manera poética y armoniosa de describir su singular mecanismo».

Para no hacer nada, es una máquina ciertamente muy compleja. Razón por la cual fue llevada a varios programas de TV durante los 50s e incluso fue mencionada en varias revistas de ingeniería como la mítica Popular Mechanics. En el presente la maquina es propiedad de Earl Rensch, quien afortunadamente no tiene problema en compartirla con el mundo.

El motor más grande del mundo: si alguna vez te haz preguntado cuál es el motor más grande del mundo la respuesta te sorprenderá, ya que el mismo fue diseñado para alimentar las hélices de gigantescos barcos cargueros y posee cuatro pisos de altura: el motor más grande del mundo.

Curiosamente, existe una máquina de no hacer nada famosa justamente por el hecho de no hacer nada, la máquina de Berna.

La máquina de no hacer nada más famosa

En Berna se halla una de las farmacias más antiguas del mundo (y para el caso la más antigua de Suiza). En la vidriera de la misma, desde hace varias décadas, se encuentra una de las máquinas de no hacer nada con más historia. Curiosamente, los dueños actuales de la farmacia no saben exactamente cuando la máquina fue a parar ahí.

Sin embargo, la población anciana recuerda que durante muchos años, incluso antes de las Guerras Mundiales, se corrieron distintos mitos sobre la función de la máquina. En contadas oportunidades, y a causa de del correr de los rumores, solían agruparse gran cantidad de personas frente a la vidriera, esperando ver la tan anunciada función final de la máquina.

Por supuesto que nunca pasaba nada, y la máquina seguía funcionando sin parar y sin hacer absolutamente nada.

Fotografía de la máquina de no hacer nada.
Detalle de una máquina de no hacer nada rotatoria.

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