Las elecciones soviéticas de 1949

En 1949 la Unión Soviética decidió demostrarle al mundo la «libertad» y «libre opinión» de las que gozaba su pueblo realizando elecciones generales. Elecciones en las que los ciudadanos/prisioneros del régimen solo debían ir, recoger una boleta e introducirla en una urna. Todos los ciudadanos debían concurrir a estas elecciones soviéticas «votación», ya que los que se negaran irían a parar a un campo soviético de trabajos forzados.

Detención de Ivan Burylov.
Ivan Burylov, el hombre que se atrevió a desafiar a la corrupción del régimen soviético en 1949.

A simple vista lo anterior nos puede resultar como el proceso normal de una elección: presentarse ante las autoridades, ir a un sector apartado donde se encuentran las opciones disponibles, elegir un candidato e introducir nuestra elección en una urna. No obstante, este proceso electivo tenía una particularidad especial, de manera quizás tragicómica y muy característica de la Unión Soviética, los votantes solo tenían una boleta para «elegir». Es decir, un proceso electivo en el cual no se podía elegir nada.

Si bien a lo largo de la historia se realizaron elecciones corruptas en las que el ganador ya se conocía de antemano, o simplemente se elegía a un tonto de turno, la elección soviética de 1949 además poseyó un condimento muy sádico y hasta increíble en su desarrollo. Un claro ejemplo del abuso de poder orweliano que se vivía en el día a día en la Unión Soviética, donde la libertad personal era vista como una ofensa y una amenaza al estado la cual debía ser aplastada.

De por si, arregladas o no, hubiese sido imposible para el gobierno soviético perder las «elecciones» ya que solo se permitía la partición de candidatos comunistas. No obstante, y no contentos con esto, decidieron además diseñar un intrincado sistema para vigilar a todos y cada uno de los votantes antes, durante y después de los comicios.

Ivan Burylov, un rebelde con causa

A Ivan Burylov, un apicultor local de las cercanías de Moscú, esto le resultó no más que un circo y una gran patraña, por lo que bastante molesto decidió quejarse expresando su molestia amparado en el supuesto anonimato del voto. Con este fin, escribiría sobre la boleta la palabra «Comedia» haciendo mención a lo ridículo de la gesta.

Por desgracia , las boletas utilizadas para emitir el voto estaban numeradas y el votante en cuestión era registrado según el número de boleta que le tocaba, algo que los votantes no sabían, por lo que tras un breve cruzamiento de datos se identifico a Burylov como autor del «crimen» y por lo tanto un operativo para dar con su paradero y capturarlo rápidamente tuvo lugar.

La boleta con la cual Ivan Burylov.
La boleta con la cual Ivan Burylov se rió de la corrupción soviética. La misma estaba numerada, y era la boleta número 413.

Las autoridades capturaron al hombre y como castigo se lo condenaría a 8 años de trabajos forzados. Algo literal a una sentencia de muerte si tenemos en cuenta la edad y condición física del mismo.

Cuando las personas viviendo bajo el régimen soviético a finales del siglo XX, una de sus primeras acciones fue la de destruir las estatuas de los líderes que los dominaron con una mano de hierro en el pasado. En Ucrania, por ejemplo, se removieron las estatuas soviéticas y se arrojaron al mar, creando un «parque submarino» de estatuas caídas en desgracia.