La mujer que debió convertirse en hombre para ejercer la medicina

En el siglo XIX se tenía la teoría que la mujer, al ser físicamente más débil que el hombre, era a su vez más propensa a infectarse con gérmenes o contraer enfermedades. Por esta razón, y también el machismo de la época, la Medicina era territorio vedado a ellas. Sin embargo, el deseo de ser doctor de una mujer la llevaría a cambiar su apariencia y personalidad para convertirse en hombre y así poder lograr su sueño de ejercer la medicina. Esta es la historia apasionante de Miranda Stuart, o James Barry, como se le conocería a lo largo de su aventurera e intrigante vida. Sólo tras su muerte el mundo se enteraría de su secreto.

Nacida en el año 1795 bajo el nombre de Miranda Stuart, según se cree ya que los detalles de su vida temprana son escasos y en su mayor parte oscuros, desarrollaría una instantánea pasión por la Medicina. Su único problema para poder acceder a esta preciada meta era su sexo, por el hecho de que a las mujeres se les prohibía ejercer a causa de lo anteriormente mencionado. Ante ésta gran complicación Miranda opta por llevar a cabo la única salida posible que le permitiría ingresar a la universidad y comienza a vestirse y a actuar como un hombre, cambiando su nombre al de James Barry en el proceso. Tras su cambio, comienza sus estudios en la Universidad de Edimburgo (1809) siguiendo la carrera de «Literatura y Medicina», y a sólo unos pocos años de haber ingresado (1812) consigue su Doctorado en Medicina, según se cree con un excelente promedio. Tras recibirse rápidamente se une al personal médico del Ejército Británico como Asistente Hospitalario. De aquí en más la vida de Miranda, o Barry como todos la conocían, transcurría viajando por el mundo entre las tantas guerras y conflictos en los que el Ejército Británico participaba. El destino la llevaría a ser testigo presencial de hechos tales como la Batalla de Waterloo o las guerras contra la India y África del Sur; sus viajes la harían conocer lugares tales como Mauritania, Trinidad Tobago, Santa Helena -la famosa isla cárcel en la que Napoleón paso preso sus últimos días-, Jamaica, el Congo y Canadá. Paso a paso se iría haciendo de un importante currículum como cirujano de campo y el renombre no tardaría en llegar.

Su siguiente cargo profesional sería como inspector médico de la colonia en Cape Town, aquí, principalmente, es donde ganaría reconocimiento por haber realizado una de las primeras cesáreas exitosas de la historia. Tras Cape Town continúa con su viajera vida cumpliendo de asignación en asignación, y logrando ser reconocida tanto por su talento médico como por su carácter. De hecho se batió de manera exitosa a duelo en varias ocasiones contra los que, maliciosamente, sugerían la agudeza de su voz o lo esbelta de su figura. Sin embargo, su carácter un tanto insubordinado, llegó a ponerla en situaciones de riesgo en infinidad de ocasiones, debiendo enfrentar reprimendas oficiales y castigos por parte de sus superiores. Generalmente muchas de estas discusiones eran producto de su constante lucha por la mejora en las condiciones higiénicas y alimenticias de los pacientes -recordemos que la medicina de la época tenía poca consideración por la higiene y la nutrición balanceada-.

Tras haber alcanzado el alto cargo de inspector general de Hospitales, una de sus tantas discusiones la pone en un retiro forzado en el año 1864. Retiro que no soportaría y que llevaría a su deteriorada salud, producto de los años de enfrentar severas epidemias de malaria, fiebre amarilla, cólera y las crudas condiciones de la vida del campo de batalla, a dar un último respiro y fallecer en el año 1865. La primer persona que se enteraría de su secreto sería su enfermera, la cual, no tardaría en hacerlo saber a todo el mundo y el rumor se expandiría como una explosión. Prontamente todos comenzarían a asegurar que lo sabían o al menos lo intuían e incluso los periódicos de todo Lóndres comentarían y citarían el hecho como «Una extraña historia». Intrigantemente existe el rumor de que al revisar el cuerpo de Miranda, durante su autopsia, se descubrieron heridas de cesárea, sugiriendo que ésta, en algún punto de su vida, estuvo embaraza. Sea esto último cierto o producto de un rumor morboso, es algo que Miranda llevó consigo a la tumba.

3 Comments

  1. Seré mala pero el dibujo tiene cara de pensar: «Hey que están hablando a mis espaldas, les haré un duelo, malditos!»

  2. No se si sera la misma pero en esa decada tambien existio una mujer que hizo lo mismo lo unico que ella termino viviendo en Cuba… Cuando me documente mas sobre eso les escribo.. 😕

  3. :neutral:la verdad cuanta ignorancia!!!!, gracias a dios que hoy en dia los tiempos han cambiado…porque quien le dijo a ellos que el fisico de una persona determina la defensa que tenga???, es increible como podian limitar una carrera supuestamente por el sexo…
    creo que lo mejor hubiese sido que en ese tiempo hubieran existido mas mirandas con agallas para realizar su sueño…
    saludos.

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