Cucaña, ¡que lugar!
Hoy comenzamos una nueva serie de artículos, dada a llamar Tierras de plenitud. Aquellos lugares mitológicos donde todo era alegria y buenaventura.
De todas las tierras de plenitud habidas y por haber es Cucaña, ese reino ficticio con el que todos soñaban durante el siglo XII, mi preferida.
La población de Cucaña es más que feliz, no existen los malestares cotidianos del campesino, ni siquiera existe el trabajo y casi todos los días son Jueves -día de descanso de los estudiosos-
La geografía de Cucaña es más que singular, los ríos son algunos de vino fino y otros de leche fresca que nunca cuaja, desde los que pescados ya asados saltan a nuestros pies. Montañas de queso se amontonan sobre el horizonte, y los árboles además de dar los frutos más dulces también nos ofrecen lechones asados a la miel y cestos de salchichas que, al instante de ser cortados, vuelven a crecer.
La abundante comida no trae problema alguno a los Cucañenses, ya que la indigestión y el dolor de barriga no existen, tampoco lo hacen los resfríos o, para el caso, la enfermedad.
Pero lo mejor de Cucaña, aunque aparezca en versiones menos populares del poema, es su césped. Constantemente perfumado por los más suaves aromas florales de la pradera y tan abundante que es incluso más cómodo y acolchado que el almohadón más costoso del reino.

La leyenda de cucaña
Cucaña comezó a aparecer durante el siglo XII, principalmente en poemas escritos por goliardos. Es decir clérigos vagabundos y rebeldes que no se negaban ningún tipo de placer. Y la misma se volvería realmente popular.




Este artículo fue publicado el: 10/12/08 a las 5:38 am,y se encuentra archivado bajo las categorías: