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Sabrina y Lucrecia, las huérfanas utilizadas en un experimento para crear a “la esposa perfecta”

Thomas Day fue un afamado escritor británico que luchó a través de su obra contra la esclavitud. Sus libros y artículos inspiraron a decenas de miles de personas en el mundo angloparlante a tomar una posición en contra del comercio de seres humanos en el Atlántico, y es por esta razón que se lo recuerda generalmente de manera positiva. No obstante, Day tuvo un pasado siniestro. Preocupado por no poder encontrar a su “esposa perfecta” e inspirado en el tratado de Rousseau denominado Emilio, o De la educación, este hombre, icono de la lucha contra la esclavitud, irónicamente decidiría adoptar a dos niñas huérfanas y criarlas como sirvientes sujetas a un riguroso programa de entrenamiento con el fin de convertirlas en el prototipo de la “esposa perfecta”.

Debido a su alta posición social Day envió en 1769 a uno de sus amigos, John Bicknell, a recorrer los asilos de huérfanos y hospitales de niños ingleses con el fin de encontrar a dos niñas “sanas y bellas”, quienes al igual que el Emilio de Rousseau debían ser huérfanas y no presentar impedimentos físicos ni intelectuales. Bicknell escogería a Sabrina Sydney, y otra niña llamada Lucrecia para luego entregárselas al escritor y así comenzar con el macabro y abusivo experimento. Experimento que planeó junto a su colega, el escritor y hombre de ciencia Richard Lovell Edgeworth, durante más de un año de manera meticulosa y organizada.

Day llevaría a las niñas a Paris para comenzar con su “proceso de educación” enteramente basado en el tratado anteriormente mencionado de Rousseau según su propia interpretación de la obra. El proceso incluía remover del entorno de las niñas cualquier “frivolidad” así como un desprecio general a los lujos excesivos por lo que las comidas y los cuartos de las chicas eran extremadamente austeros y su educación severa e intensiva. El experimento además requería que estas viviesen de manera aislada de la sociedad, sólo teniendo contacto con sus tutores, por lo que de hecho Day eligió sirvientes que sólo hablaran en francés, con el fin de evitar que las niñas pudiesen comunicarse con estos. El escritor era desmedidamente abusivo, empleando castigos tales como quemar las manos de las niñas con cera de velas, arrojarlas a un lago cercano durante el invierno e incluso disparar armas de fuego cargadas con cartuchos de fogueo hacia las mismas. Su extrema riqueza, la cual había heredado a una temprana edad, le permitió comprar los favores de las autoridades y otras personas de poder por lo que este se pudo mover constantemente al margen de la ley.

El hombre volvió a Inglaterra sólo con Sabrina, ya que, según las cartas que este le envió a su amigo y confidente Edgeworth, “Lucrecia era estúpida y una pérdida de tiempo”. Al cabo de unos años, con Sabrina ya siendo una adolescente, Edgeworth imploró a Day permitirle llevar a la joven una vida normal e incluso aprender un oficio. Day aceptó este cambio, pero no pasaría mucho tiempo hasta que este ordenara su regreso para así proponer a la misma una “oferta matrimonial”. Si bien la joven en un principio aceptó la oferta, muy posiblemente movida por el miedo, Day canceló de manera violenta y brusca la boda tras que lo ofendiera al entablar una conversación con una pareja de extraños.

Por fortuna para Sabrina la joven pudo alejarse del escritor, y encontrar refugió y un oficio como aprendiz de costurera. Años más tarde el mismo Bicknell, quien se sentía culpable y con remordimiento por lo ocurrido, le ofreció matrimonio en 1783 y juntos tuvieron dos hijos. Si bien durante los primeros años del siglo XIX la memoria y el legado de Day intentaron ser protegidos por la escritora Anna Seward y Richard Lovell Edgeworth en dos libros que describían a Day como un hombre amable que trató a las niñas con cariño como si fuesen sus propias hijas, fue Sabrina quien tuvo la palabra final al describir de manera detallada y contundente los abusos sufridos por ella y Lucrecia, tildando a Thomas Day de ser un abusador y haberlas criado prácticamente como esclavas al servicio de sus perversiones.

Crocky, el as de las cartas que arruinó a la aristocracia británica y se convirtió en el hombre más rico de Londres

William Crockford era el hijo de una humilde familia de pescaderos establecidos en uno de los sectores trabajadores del oeste Londres a finales del siglo XVIII. Si bien se esperaba que William siga el oficio familiar, este prefirió buscarse la vida jugando a las cartas por dinero y realizando todo tipo de apuestas. A pesar de no poseer una educación formal su talento mental para los números y su memoria privilegiada lo llevaron a convertirse en uno de los mejores jugadores de cartas en los barrios bajos. Su prestigio ganado a fuerza de victorias consecutivas tanto en las cartas como las carreras de caballos le aseguraron la en ese entonces rara oportunidad de movilidad social, y “Crocky”, como lo conocían en el mundo de las apuestas, comenzó a jugar en los establecimientos de clase media de Piccadilly.

Fue en el año 1805 que Crocky dio el gran salto. Ese mismo año un caballero de la aristocracia, dueño del matadero más grande de Londres, con problemas de alcoholismo y que solía frecuentar los establecimientos de Piccadilly decidió reafirmar su orgullo desafiando al prodigioso jugador que “a veces perdía”. Crockford, cuyas derrotas eran casi siempre planeadas, ganaría esa misma noche el equivalente a 300 mil libras actuales y con ese dinero, más allá de retirarse del juego, comenzó su propia casa de apuestas. Si bien en el principio servía a jugadores de clase media y comerciantes, los juegos de dados como el hazard y las apuestas de considerables sumas de dinero contra la casa hicieron que el hijo de pescaderos genere una envidiable fortuna con el tiempo. Es así que a mediados de 1820 se asoció al Watier’s Club, un club que atendía a personajes de la alta sociedad entre los que se encontraban figuras tales como Lord Byron y John FitzGibbon.

La sociedad con el Watier’s Club duraría poco, su dueño, Josiah Taylor, no podía soportar ver a Crocky moviéndose cada noche entre los aristócratas de Londres con la mayor impunidad, como si las divisiones sociales no le importasen y estos, empujados por el alcohol y el juego desmedido, reían con él como si fuese uno más de ellos. La sociedad se rompería en 1827, y meses más tarde, en enero de 1828, Crocky abriría su propio club, el Crockford’s Club a metros del Watier’s Club.

Aristócratas, embajadores, e incluso miembros de la realeza comenzaron a visitar Crockford’s. Además de abrir mesas de juegos que existían en los clubes de clase trabajadora, como las mesas hazard, Crocky había creado el primer club temático de Londres. El mismo era en simultáneo un antro de juego y alcoholismo, pero la decoración era opulenta, la fachada al mejor estilo embajada e incluso el personal estaba siempre exquisitamente vestido. El club otorgaba la combinación perfecta entre los vicios y juegos de las clases más bajas con el confort y el lujo de la aristocracia. Se puede decir que Crockford creó el primer casino moderno, ya que incluyó el acto de bandas musicales y contrató los servicios de Eustache Ude, el más afamado chef francés, para manejar la cocina del establecimiento. Fomentando así una atmósfera festiva y de excesos dentro del club, en el cual se conseguían los mejores vinos y además ofrecía un exclusivo servicio de hotel para quien se encuentre agotado tras horas de juego.

El club fue un éxito gigantesco, movía durante los fines de semana más dinero que el puerto de Londres, y Crocky sólo se dignaba a jugar si la apuesta era millonaria, llegando a ganar tierras y mansiones en unas pocas manos de naipes. El Duque de Wellington, que en el pasado había derrotado a Napoleón en Waterloo, no pudo con el club y perdió una fortuna en sus mesas. Lo mismo ocurrió con Lord Rivers y el conde de Sefton quienes asumieron deudas millonarias. Prontamente, gran parte de la aristocracia británica no sólo había malgastado una fortuna en Crockford’s, sino que además le debía dinero a Crockford, quien oportunamente permitía jugar a cuenta. El conde de Linkwood, por ejemplo, se fue una noche del club habiendo perdido toda su fortuna.

Para 1840, William Crockford, hijo de pescaderos en el oeste trabajador de Londres, era el hombre no perteneciente a la familia real más rico de Inglaterra.

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Sno-cats los vehículos capaces de cruzar por tierra la Antártida

Existe una fotografía que representa de manera perfecta las condiciones extremas y los peligros experimentados durante las expediciones antárticas. La misma fue tomada durante la Expedición Trans-antártica 57/58, el primer cruce exitoso de la Antártida por tierra a través del Polo Sur. Comandada por dos leyendas vivientes: Sir Edmund Hillary, famoso por ser miembro de la primer expedición que llegó a la cima del Everest (aunque existe el misterio de Mallory e Irvine) y Sir Vivian “Bunny” Fuchs, un veterano y temerario explorador. Los primeros equipos llegaron al continente blanco a finales de 1955 y durante todo 1956 se realizarían los preparativos y el entrenamiento para la misión, debiendo pasar todo un año en el cual sufrieron una tragicómica serie de percances y problemas que pusieron en riesgo a la expedición en si misma. En 1957 los 12 integrantes partirían en su aventura histórica.

La travesía en si fue toda una odisea, partiendo desde el Mar de Weddell y llegando a McMurdo, uniendo así las bases Shackleton y Scott y pasando por el Polo Sur (segunda visita al Polo Sur en 46 años, tras que Robert Falcon Scott plantara bandera en el mismo en 1912). Se recorrió un total de 3473 km en 98 días y se sortearon tormentas de nieve, hielos quebradizos así como precipicios y pozos ocultos tapados por la nieve. Tras concretarse la expedición, deberían pasar más de dos décadas para verse nuevamente una travesía exitosa a través del Polo Sur, la expedición de Ranulph Fiennes en 1981 con equipos y vehículos mucho más modernos.

La estrella de la fotografía que mencionábamos al principio de este artículo, y la cual se encuentra en el cabezal de la entrada, es sin lugar a dudas uno de los seis vehículos todo terreno que salvaron a la expedición del fracaso en incontables oportunidades: un Tucker Sno-Cat 743, denominado como Sno-Cat “B”, al cual puede vérselo en todo su esplendor sorteando el traicionero y extremadamente hostil territorio antártico. Los otros cinco vehículos eran 2 Sno-cats, 2 M29 Weasel y 1 tractor Muskeg. De todos los vehículos los más importantes fueron los Sno-cats ya que permitían realizar las tareas de exploración y además transportar toneladas de provisiones, equipamiento científico, antenas e incluso llegando a tener que remolcar a los M29 en varias oportunidades. Originalmente se iban a utilizar 4 Sno-cats, pero durante los preparativos para la misión uno sufrió daños severos en su motor debido a una impericia mecánica.

(El siguiente video es muy recomendable)

Los Sno-Cat son verdaderas joyas de la ingeniería. Con cuatro orugas independientes capaces de funcionar de manera diferencial entre ellas y en distintos ángulos, con las delanteras capaces de funcionar en ángulos superiores a los 90°, estos vehículos pueden cruzar cualquier tipo de terreno. El modelo 743 poseía una velocidad máxima de 25 km/h, y estaban provistos de un motor Chrysler de 134 kW que consumía 70 litros de combustible cada 100 km. Además de ser capaces de sortear terrenos con hielo blando e hielo duro, además de terrenos irregulares y rocosos, esta bestia todo terreno era capaz de llevar una carga de 2,7 toneladas y arrastrar varias más en los denominados “trenes de trineo”.

Los vehículos utilizados por la expedición permanecerían varios años en la Base Scott, para luego ser llevados a distintos museos entre los que se encuentran el Museo Canterbury en Nueva Zelanda y el Museo de Ciencias de Londres.

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El tanque de guerra que resistió una explosión nuclear de 9,1kt y luego fue enviado a Vietnam

A principios de la década del 50 las pruebas nucleares tenían dos objetivos: estudiar el efecto de las explosiones en el equipamiento y vehículos militares, y lograr reducir el tamaños de los dispositivos nucleares. Para el primer objetivo lo común era organizar grupos de distintos vehículos, estructuras y fortificaciones ubicadas a distancias varias del punto central y luego estudiar tanto los niveles de contaminación como los de destrucción.

Es así que en agosto de 1953 durante la Operación Tótem 1 en el sur de Australia el Ejército Británico detonó dos dispositivos nucleares a 450 metros de distancia de distintos tipos de vehículos y equipos militares. El objetivo de la operación era estudiar el nivel de destrucción sobre los mismos, más precisamente el efecto sobre un grupo de vehículos avanzando hacia una posición y la subsecuente detonación de un dispositivo nuclear unos pocos metros más adelante antes de llegar a la misma. Por dicha razón todos los vehículos se dejaron con sus motores encendidos y sus partes frontales enfrentando hacia el epicentro de la explosión, mientras que su armamento y compartimientos de municiones y proyectiles estaban completamente cargados. Luego de que la primer explosión tuviese lugar, la cual tuvo un poder de 9,1 kt, todos esperaban encontrarse con un nivel total de destrucción; pero algo sorprendente tuvo lugar ese día, y si bien la mayoría de los equipos quedaron en efecto completamente destruidos, uno de los vehículos utilizados para la prueba, un tanque de guerra Mk 3 Centurion Type K denominado como tanque 169041, sufrió solamente daños externos pero a su vez quedando completamente funcional.

(Antes y después de la explosión. Vemos que todo lo que rodeaba al tanque fue vaporizado, y la misma incluso modificó el terreno. Su número de serie, 169041, incluso retenía la pintura.)

Todas las antenas fueron arrancadas o simplemente derretidas, las luces y periscopios completamente destruidos y los paneles que servían como la coraza lateral del tanque fueron arrancados de manera violenta y expulsados a cientos de metros. El vehículo se encontraba a más de un metro y medio de su posición original, lo que quiere decir que a pesar de ser un mastodonte de 52 toneladas la explosión fue tan espectacular que logró empujarlo sin problemas. En un principio los ingenieros creyeron que el daño sufrido por el mismo había sido total e irrecuperable, ya que partes de su exterior se encontraban derretidas, carbonizadas o arrancadas y el tanque, el cual había sido dejado en marcha como todos los otros vehículos utilizados en el prueba, no emitía ningún ruido de motor. Sin embargo, y para sorpresa de todos, pronto uno de los ingenieros se dio cuenta que quizás el motor no estaba averiado; sino que simplemente si se consideraba el tiempo que transcurrió desde la explosión hasta que los especialistas comenzaron a estudiar la zona el tanque simplemente se había quedado sin combustible. Si bien la anterior parece una observación básica, debemos considerar que ninguno de ellos consideró que alguno de los vehículos iba a quedar con su interior relativamente intacto a pesar del daño externo. Así fue que tras agregarle combustible y activar el sistema de encendido el motor comenzó a rugir y el tanque podía ser comandado normalmente. En efecto, el tanque se encontraba relativamente en tan buenas condiciones que no necesitaron remolcarlo, y tres soldados se encargaron de comandar el tanque y llevarlo a través de cientos de kilómetros por el desierto australiano hacia el centro de operaciones en Woomera, el altamente secreto Long Range Weapons Establishment, desde donde se coordinaban y controlaban tanto las pruebas nucleares como otras pruebas secretas de la RAF. Si bien el tanque realizó la mayoría del viaje por sus propios medios 50 kilómetros antes de arribar a la base su motor se rindió y debieron remolcarlo con un remolque M9.

Si bien todos los vehículos de la primer prueba iban a ser utilizados en la segunda prueba para estudiar el efecto de explosiones múltiples, se decidió extraer a 169041, el cual ahora se había ganado el apodo de “El tanque atómico” y estudiarlo en profundidad. Tras varios meses en estudio el mismo fue reparado, pintado y sus antenas y periscopios reemplazados. También decidieron reemplazar el motor o planta de poder del mismo, el cual se encontraba en muy malas condiciones. Curiosamente no por la explosión nuclear en si misma, sino que las averías se debieron al viaje de cientos de kilómetros por el desierto, en el cual incluso el tanque debió arrastrar un remolque con piezas de otros vehículos.

Seis años más tarde el Tanque Atómico fue enviado a Vietnam junto a la RAAC, y utilizado en combate en múltiples instancias. Durante uno de estos enfrentamientos el tanque fue impactado por una granada propulsada por cohete, la cual ingresó a través del flanco izquierdo del vehículo causando gran daño en los sistemas inferiores. No obstante, si bien el daño fue considerable, el tanque permaneció perfectamente funcional, lo que permitió a dos de los tripulantes seguir comandando el vehículo y peleando con su enemigos mientras se dirigían hacia un punto de evacuación con el fin de darle atención médica a un tercer tripulante que quedó gravemente herido. Tras la batalla, los tres tripulantes sobrevivieron.

Hoy en día el tanque es una pieza de museo en la base Robertson Barracks del Ejército Australiano.

Espeleo buceo, la exploración de estrechas cavidades sumergidas

La espeleología, actividad que se basa en la exploración y el estudio de cavidades subterráneas muchas veces las cuales no son más que estrechas aberturas verticales, es ya de por si una de las actividades más peligrosas y físicamente demandantes que se pueda practicar. Si a eso le agregamos lugares sumergidos el peligro se incrementa de forma exponencial. El espeleo buceo es la exploración de cavidades sumergidas, muchas veces tan estrechas que los buzos no tienen más remedio que quitarse las botellas para poder avanzar por pasajes y pequeñas aberturas. De hecho, la actividad es tan peligrosa que en varios lugares del mundo existen carteles de advertencia sumergidos en las entradas a las cavernas.

El siguiente vídeo fue filmado en la caverna Castle Rock en Fennimore, estado de Wisconsin. El buzo en varios tramos debe quitarse las botellas e incluso el casco para poder continuar avanzando. En inglés la técnica de llevar las botellas por delante se suele denominar como “no mount diving” (buceo desmontado), y generalmente se combina con otras técnicas como la denominada “sidemount diving” (buceo de montaje lateral) en la cual las botellas se ubican a un costado para reducir el perfil vertical. El mismo fue filmado por el fotógrafo submarino Richard Dreher quien capturo las maniobras de su compañero en cámara.

Otro ejemplo de espeleo buceo desmontado, esta vez en la Florida. En ambos vídeos vemos la utilización de cuerdas. Estas sirven para marcar el camino de regreso.

El pánico, el peor enemigo
Tanto para el espeleo común como para el espeleo buceo, el peor enemigo y la mayor causa de muertes son los ataques de pánico, sobretodo al quedarse atascados en un punto. El pánico domina todas las acciones, se pierde energía, el forcejeo y los golpes hinchan las partes del cuerpo haciendo contacto y se respira de manera incorrecta generalmente a temperaturas que superan los 40°C. El siguiente vídeo es incluso peor, ya que muestra un ataque de pánico dentro de una cavidad con agua fluyendo por debajo. Esto tuvo lugar en la caverna Lost John en Lancashire, Reino Unido.

El sombrerero enloquecido por los vapores de mercurio que fue la inspiración de Lewis Carroll

Alice’s Adventures in Wonderland de Lewis Carroll es uno de esos libros con múltiples interpretaciones dependiendo de la edad en la que se lo lea. Repleto de eventos fantásticos y personajes extraños es el Sombrerero Loco uno de los personajes más famosos e inolvidables no sólo de ésta obra sino de la literatura de fantasía en su conjunto. Su singular excentricidad, locura que a la vez parece por momentos un tanto cuerda y carisma inagotable son algunas de las características que hacen de éste un personaje tan entretenido. Si bien el libro en sí es una obra digna de una imaginación única y privilegiada, curiosamente Carroll no debió de haberse esforzado mucho a la hora de crear a éste personaje, ya que de hecho los sombrereros de su época estaban todos locos.

El proceso de curación que requerían los diferentes materiales que conformaban los sombreros de copa de antaño requería, entre otros materiales, la utilización de nitrato de mercurio. Si les llegaba el éxito, más sombreros debían producir y por ende respirar más y más vapor de mercurio en su trabajo, volviéndose así completamente locos y excéntricos. Por dicha razón la población en general comenzó a asumir que el arte de realizar sombreros era “un oficio de locos”. Muchos de éstos sombrereros además terminaban padeciendo una condición denominada como “hatters’ shakes” (temblores de sombrereros) causada por el daño nervioso que causaba el vapor de mercurio. No fue sino hasta 1869 que la Academia Nacional de Ciencias francesa describió el problema y sus causas, y recién en 1898 comenzaron a implementarse las primeras regulaciones obligando a los sombrereros tanto artesanales como las manufactureras industriales de sombreros a utilizar protección respiratoria durante el proceso de curado de materiales.

El verdadero sombrero loco, fue de hecho un sombrerero loco en la vida real. Theophilus Carter fue un singular personaje que trabajaba principalmente en Oxford y que solía pararse en la puerta de su negocio vistiendo un llamativo sombrero de copa y gritándole a todo el mundo que pasara cerca de su establecimiento. Theophilus era una bomba de tiempo, ya que no siempre enloquecía, sino que a veces se trenzaba en intensos debates sobre varios temas de los cuales tenía un conocimiento privilegiado, por lo que mucha gente corría el riesgo y se acercaba a hablarle. No sólo su presencia era llamativa, sino sus invenciones y maquinarías eran realmente asombrosas, entre ellas una “cama despertador” que al momento de despertar a su “víctima” ésta accionaba un mecanismo inclinado que tiraba a quien esté durmiendo al piso. El mismo Sir John Tenniel, ilustrador de Carrol, viajaria a Oxford para darle vida al sombrero de Alicia inspirándose en la figura de Theophilus.

Aterrizando un helicóptero en la isla más pequeña del mundo

El faro de Bishop es uno de los lugares más espectaculares de la tierra. Construido sobre la isla más diminuta del mundo, la Roca de Bishop, se ubica en un área de intenso oleaje y fuertes vientos, por lo que el acceso más seguro al mismo es a través de un helicóptero.

Construido en el siglo XIX, más precisamente en 1858 en aguas de del atlántico y a unos 45 kilómetros al oeste de Cornwall, Reino Unido, el mismo es una colosal torre de 5 mil toneladas de granito e hierro, con una base reforzada que le permite soportar el impacto de olas de más de 4 metros de altura.

Su señal luminosa puede ser vista como un haz a más de 24 millas náuticas (44 Km) y es constantemente visitado por turistas que, a falta de lugar y a causa de las peligrosas olas, llegan en un helicóptero el cual desciende en el helipuerto ubicado en la parte superior del far, unos 45 metros de altura. El mismo es uno de los helipuertos más espectaculares del planeta, y descender sobre éste no es tarea sencilla ya que los fuertes vientos, los cuales son prácticamente una constante del lugar, hacen que el menor error resulte en una fatalidad.

Reiniciando el computador digital más viejo del mundo aun en funcionamiento

Siguiendo con la serie de artículos con las cosas más viejas del mundo que aun realizan sus tareas, le toca el turno a WITCH / Harwell Dekatron, restaurada por ingenieros del National Museum of Computing en el Reino Unido en el 2012 tras más de tres años de trabajo. Construida entre 1949 y 1950 y puesta en funcionamiento en 1951, esta es una computadora digital a base de relés (interruptores controlados por circuitos eléctricos) con una memoria basada en decatrones (válvulas que cuentan pulsos). Al mirar los decatrones, y viendo cuáles estaban activos y su respectivo estado podía saberse los contenidos de la memoria de la máquina, mientras que los resultados eran marcados en una hoja continua por una máquina de tambor mecanográfico.

En este otro vídeo puede verse WITCH cargando un programa para calcular la raíz cuadrada de 2.

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El mecanismo de Antiquerra, la computadora más antigua de la historia.

Operación British Bang, el día que el ejército británico intentó desaparecer una isla

HeligolandSu nombre parte de un juego de palabras con el Big Bang y fue una de las mega explosiones con los motivos y justificaciones más extraños de la historia, ya que tuvo lugar tras que en 1947 un grupo de ingenieros militares británicos intentara hacer desaparecer una isla llenándola de explosivos y provocando su destrucción.

La isla en cuestión era Heligoland, formación utilizada por los alemanes durante la Segunda Guerra básicamente como un fuerte flotante, plagada de búnkers, depósitos de explosivos y baterías anti-aéreas que le complicaron la vida a la RAF inmensamente y sirvió como una perfecta base de operaciones navales. En caso de un conflicto futuro, era obvio para los estrategas del Reino Unido que la isla podía ser un problema si era recapturada.

HeligolandLa Marina Británica dio como motivo el “destruir las toneladas de explosivos abandonados en la isla” pero la verdadera razón fue negar a los alemanes ese punto estratégico en un futuro, y probar cómo toneladas de explosivos podían alterar y hasta desaparecer formaciones naturales, de hecho, entre los cálculos manejados en un principio se creía que se podía llegar a eliminar como mínimo la parte expuesta de la isla.

6.700 toneladas de explosivos fueron empleados y detonados, y si bien en un principio, como ya hemos mencionado, creyeron que sería suficiente para hacer desaparecer la isla, la explosión sólo logró alterar permanentemente la forma y base de la formación.

Fred Dibnah, el señor de las alturas

Fred Dibnah fue desde siempre uno de mis héroes personales. Amante de tiempos más simples y cálidos, se especializó en el antiguo y olvidado arte de la construcción en altura victoriana, y así pasó el resto de su vida escalando altísimas chimeneas y torres, reparandolas y enseñándole a nuevas generaciones como los steeplejack victorianos escalaban y construían en las alturas semejantes obras monumentales utilizando cuerdas y escaleras de madera que ellos mismos cargaban en sus hombros.

Por fortuna, Fred ha dejado un museo y varios manuales plasmando gran parte de su conocimiento para las generaciones futuras. Ciertamente, su sueño era que ésta técnica y arte no mueran con el pasar de los años.

El barómetro viviente del profesor Merryweather

El barómetro viviente del profesor MerryweatherGeorge Merryweather, personaje de apellido graciosamente apropiado ‘tiempo alegre’, era un naturalista e investigador británico de mediados del siglo XIX, uno de esos arquetipos victorianos que creían que todos los problemas y cuestiones de la humanidad podían ser oportunamente resueltos con ingeniosos mecanismos, e industrioso inventor que en su tiempo libre y con motivo de la Gran Exhibición de 1851 desarrollo la que es quizás la máquina metereológica más extravagante de la historia: el pronosticador de tempestades.

Este artificio digno del resultado de mezclar al dios Vulcano con Athanasius Kircher, utilizaba 12 sanguijuelas continentales que, atrapadas en un anillo conformado por 12 matraces transparentes los cuales estaban a su vez unidos superiormente a un centro en común en el cual se encontraba alojado un juego de palancas hechas con huesos de ballena que accionaban una serie de campanillas, lograban predecir el tiempo al agitarse con la inminente llegada de una tormenta y subir a través de los canales hacia las palancas. Según palabras del mismo Merryweather, los pobres anélidos ciertamente “no resistirían soportar el yugo de la soledad ante la llegada de una tormenta”.

Hasta aquí parecerían los divagues de un loco, pero Merryweather no era ningún loco, sino que se trataba de un naturalista experto en invertebrados que no sólo calculó perfectamente la forma y dimensiones necesarias del dispositivo, sino que además conocía perfectamente el comportamiento de este tipo particular de sanguijuelas, tanto, que en octubre de 1850 logró anticipar con algo más de dos días de antelación la fatídica tormenta que desbordó el Támesis y causó más de 20 muertes en Londres.

Por desgracia o falta de visión, y si bien Merryweather logró predecir todas las tormentas hasta esa fecha con días de antelación (todas reportadas a Henry Belcher, el presidente en ese entonces de la Philosophical Society), y el barómetro viviente en si mismo mismo fue exhibido en el salón central de la exhibición, la Cúpula del descubrimiento, en un lujoso formato cuya construcción fue pagada por los organizadores del evento, durante el transcurso de la Gran Exhibición los visitantes ridiculizaron el dispositivo y nadie tomó con seriedad el aparato a nuestro vanguardista inventor.

Esto no detuvo a Merryweather de seguir inventando por fortuna, y con los años desarrollaría infinidad de creaciones alocadas, y curiosamente precisas, para predecir el tiempo. Algunas de las cuales hablaremos en el futuro.

La obra musical que permaneció escondida a plena vista durante 550 años

Capilla de Rosslyn

Una de las maravillas arquitectónicas que más me fascinan es la capilla de Rosslyn. Construida a mediados del siglo XV en el poblado escocés de Roslin bajo ordenes del conde de Caithness, ésta capilla, cuyo arquitecto permanece en el anonimato hasta el día de hoy, ha sido el epicentro de incontables leyendas y teorías conspiratorias. Algo incluso hasta lógico si tenemos en cuenta no sólo a su particular arquitectura e intrincadas decoraciones, entre las que no faltan incontables seres grotescos y gárgolas, sino que además desde un principio se la asoció con grupos de masones y caballeros de la Orden del Temple quienes durante varios años la utilizaron como refugio.

Los pilares musicales
Si bien en la capilla encontramos todo tipo de curiosas decoraciones que van desde grabados, según se cree, relacionados con la mitología nórdica hasta infinidad de pequeños seres verdes de grotescas facciones que miran atentamente a los feligreses, lo más interesante es sin lugar a dudas el pilar musical.

Hombre verdeDurante más de medio milenio nadie supo a ciencia cierta cuál era el significado o el simbolismo iconográfico que intentaban comunicar los grabados hallados sobre éste singular pilar central y sus respectivos arcos, algo comprensible ya que los mismos no poseen ningún tipo de escritura o símbolo religioso conocido y ‘solamente’ constan de patrones irregulares formados a partir de 215 cubos ornados con peculiares figuras geométricas perfectamente definidas sobre su cara exterior y un conjunto de ángeles con instrumentos musicales que los rodean y parecen mirarlos con cuidadosa atención. Por fortuna para todos nosotros, el secreto fue finalmente develado en el año 2007 por el pianista escocés Thomas Mitchell y su hijo Stuart, siendo efectivamente más espectacular de lo que cualquiera hubiese podido imaginar, ya que se trataba de una compleja obra musical que permaneció escondida a plena vista durante más de medio milenio.

Pilar musicalTras estudiar los cubos durante años, llegaron a la conclusión de que los mismos forman 13 patrones distintos que encajan a la perfección con varios de los patrones descritos en el siglo XVIII por el músico y matemático alemán Ernst Chladni, quien empleó gran parte de su vida en el estudio de la codificación visible de ondas vibratorias y sonoras mediante la utilización de un medio mecánico, siendo, en efecto, el padre de lo que hoy en día se conoce como cimática -el estudio visible de las ondas sonoras-. Para realizar sus experimentos Chladni utilizaba placas metálicas a las cuales cubría con una fina capa perfectamente regular de sal extremadamente fina. Luego, utilizando distintos instrumentos mecánicos calibrados producía intensas frecuencias sonoras detrás de la placa, frecuencias que tras atravesar la placa perturbaban con sus vibraciones la capa de sal dejando como resultado patrones geométricos bien definidos los cuales catalogaba y anotaba pacientemente. La sorpresa sería gigantesca, no sólo los patrones geométricos formados por varios de los cubos correspondían perfectamente a varios de los patrones descritos por Chladni más de 300 años después de que la capilla fuera construida, sino que también uno de los ángeles que adornaban el pilar central en el cual se encontraban la mayoría de los ángeles con instrumentos musicales oficiaba como ‘director’ de lo obra, ya que con sus dedos señalaba tres notas que, efectivamente, eran las que indicaban el tono y el comienzo de la melodía.

Tras un laborioso trabajo padre e hijo fueron decodificando los cubos y traduciendo la obra a notación musical contemporánea. A los pocos meses y ya con las partituras completas llamaron a cuatro cantantes y a ocho músicos experimentados con los instrumentos musicales medievales tocados por los ángeles para representar la obra. Dando, nuevamente, vida a una pieza musical que permaneció alrededor de 550 años escondida a plena vista y a la cual denominarían como el Motete de Rosslyn.

En el video a continuación, subido por el mismo Stuart Mitchell a su canal de YouTube, escuchamos la representación de la obra y también podemos hallar una explicación técnica de la misma (en inglés) así como ejemplos de experimentos similares a los realizados por Chladni.

El día en que Londres fue tapada por su propia contaminación

Great smogEl Great Smog -gran niebla- es el nombre con el que hoy se recuerdan los acontecimientos ocurridos entre el 5 de diciembre al 9 de diciembre de 1952, cuando una serie de eventos climáticos llevaron a que la polución producida por la quema de combustibles fósiles y las estufas de carbón, utilizadas en exceso durante aquel particularmente frío invierno, descendiera nuevamente sobre la ciudad en vez de disiparse y causara la muerte de más de doce mil personas y más de cien mil enfermos.

El inverno de 1952 fue extremadamente frío, al punto en que las fuentes públicas se congelaban dando un espectáculo tan bello como aterrador. Éste intenso frío, prolongado y agravado por la incapacidad de los servicios energéticos en suministrar de energía suficiente a la industria, más la costumbre aun en ese entonces muy popular de utilizar estufas de carbón y braseros, llevaron a que se quemaran miles de toneladas de carbón, queroseno y leños durante tres meses en prácticamente todas las hogares y establecimientos de Londres; mientras que a su vez la quema de combustibles fósiles en fábricas y el sector de transporte se vio fuertemente incrementada.

Pero el frío complicaría a los londinenses aun más, ya que su intensidad fue tal que terminó causando una inversión térmica. Fenómeno meteorológico por el cual cambian las propiedades normales de la atmósfera impidiendo, debido a ésto, la circulación atmosférica vertical al hacer que el aire que se encuentra a menores altitudes sea más frío, y por ende más denso, que el que se encuentra a mayores altitudes. Esto “atrapa” bolsas de aire a menor altitud que, lógicamente, terminan por convertirse en trampas de de polución y otros contaminantes transportados en el aire. Si el frío se incrementa aun más, como ocurrió en 1952, éste aire sucio atrapado comienza a enfriarse aun más y por consiguiente se acerca prácticamente a pocos metros del suelo.

Great smog

Todo comienza el 5 de diciembre, cuando la población nota durante la mañana que la niebla, eterna compañera de Londres, se encontraba curiosamente oscurecida y espesa, si bien en un principio no hubo alarma general, y muchos a su vez llegaron a tomarlo como algo curioso, ya para el siguiente día era evidente que se trataba de un gran problema. Los hospitales comenzaron a llenarse debido a la cantidad de personas sufriendo de complicaciones Great smogrespiratorias -algo agravado debido a la alta cantidad de azufre presente en el carbón de baja calidad utilizado-, los restaurantes, cines y tiendas comerciales comenzaron a cerrar sus puertas en masa y las autoridades incluso establecieron planes de contingencia para contener a la población en caso de disturbios masivos. Al 7 de diciembre, el peor día, ya no quedaba ninguna duda, no sólo se trataba de una enorme catástrofe económica y ambiental, sino que además era una tragedia con una cantidad de muertos tal que Londres no veía algo así desde la Segunda guerra mundial. Los casos por infecciones respiratorias y obstrucción de las vías nasales se contaban en decenas de miles, y lo mismo ocurría con las infecciones pulmonares -que durante las semanas posteriores al Great Smog causarían ocho mil muertes-. Así mismo el tráfico terrestre y aéreo era imposible, por lo que además las autoridades se encontraban ante un verdadero caos logístico y asistencial. Algo que no ayudaba ciertamente a calmar la docenas de incendios, altercados y protestas que no se hicieron faltar durante los peores momentos.

La tragedia tuvo un impacto tanto cultural como económico para la ciudad, según lo establecido por la comisión investigadora que debió de contabilizar los daños sufridos por el Great smog: cuatro mil muertos durante el transcurso de la catástrofe en si misma y luego otros ocho mil victimas mortales más debido a infecciones pulmonares y respiratorias durante las semanas siguientes.

Great smog

Si bien la lección fue aprendida, y entre 1956 y 1968 toda una serie de leyes y regulaciones fueron proclamadas para evitar un nuevo evento de este tipo, en 1962 ocurrió algo similar, aunque en ésta oportunidad sólo mueren al rededor de 700 personas. Al día de hoy las fuertes regulaciones y leyes ambientales han logrado limpiar en gran medida el aire de Londres, evitando la aparición de fenómenos de esta naturaleza y escala durante más de cincuenta años.

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Killer Fog
En Youtube pueden encontrar un gran documental con varia información de archivo sobre la histeria y el pánico que causo el Great Smog. Aquí la primer parte: