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El automóvil más viejo del mundo que aun funciona

Construido en 1884 y propulsado a vapor, éste De Dion-Bouton et Trepardoux, mejor conocido con La Marquise ha roto todos los récords no sólo por ser uno de los automóviles más viejos del mundo, sino porque aun funciona como el primer día. Ciertamente, ya no los hacen como antes.

Como apreciamos en el video, encender el motor del mismo era todo un tabajo, un proceso que requería más de media hora hasta que la caldera almacenera suficiente vapor como para poner al vehículo en marcha.

Mientras La Maqruise recorría las calles de París atrapando todas las miradas, en Alemania un ingeniero llamado Karl Benz se encontraba arduamente trabajando en algo revolucionario, un motor a combustión interna lo suficientemente pequeño como para funcionar en un vehículo de dimensiones similares a las de un carruaje. Benz ya había patentado un motor en 1878, pero la versión de 1885 era algo completamente distinto y verdaderamente revolucionaria. Un año más tarde, en 1886, construiría en Mannheim la primer versión de su mítico Motorwagen.

El hombre que logró volar en el siglo XI

Si bien en el imaginario colectivo la imagen borrosa del hombre pájaro probando su ridículo invento y encontrando la muerte rápidamente es endémica, existieron casos de hombres pájaro exitosos en el pasado. El más espectacular es el del joven monje Eilmer de Malmesbury Eilmer de Malmesbury, quien alrededor del año 1010 se obsesionara con la leyenda griega de Dédalo e Icaro y pasara días enteros estudiando el vuelo de los pájaros hasta construir un complejo par de alas muy similar a las alas de planeo actuales.

Tras finalizar y construir su diseño se subiría a la torre más alta de la abadía, sujetando con soga sus pies y manos a su “máquina voladora” y tras esperar al primer viento fuerte a favor se arrojaría al vacío. Pero, y a diferencia de muchos otros “hombres pájaro” a lo largo de la historia, el diseño de Eilmer era tan bueno que lograría planear por bastante más de un furlong (201 metros) según varios recuentos locales. Sólo cayendo no por un defecto de su aparato sino porque durante el vuelo se asustaría perdiendo el control.

Su aventura no le salió barata. Eilmer se rompió sus dos piernas y debió de ser puesto bajo la atención médica de los otros monjes durante varias semanas, siendo al mismo tiempo y casi a diario fuertemente reprendido por el abad. Tras recuperarse el intrépido monje quedó lisiado, debiendo utilizar un bastón por el resto de su vida (que sería muy larga, de hecho hay registros que datan del avistaje en Inglaterra del cometa Haley en 1066 que mencionan al “viejo monje Eilmer de Malmesbury”). Si bien nunca más se subiría a una máquina voladora el monje continuó perfeccionado su diseño original, sugiriendo, correctamente, que debía de agregarle una cola para mayor estabilidad y un sistema de ganchos para soltar las piernas rápidamente y así aterrizar fácilmente.

Hoy se recuerda al monje y su hazaña con un bello vitral en la abadía de Malmesbury.

Y un hombre pájaro que NO pudo volar
Hemos de re-visitar una historia que hemos tratado hace unos años. El primer (y último) intento de Franz Reichelt, un soñador austriaco de principios del siglo XX y sastre de profesión, que dio su vida intentado alcanzar su sueño de vencer a la naturaleza y flotar por los aires. Por desgracia la naturaleza fue más fuerte, y la fuerza de gravedad lo convirtió en estampilla del suelo de la torre Eiffel.

Utilizando sus conocimientos de sastre Franz creo algo que, en concepto, era muy similar a un paracaídas. Sin embargo, sus pocos conocimientos sobre aerodinámica le hicieron subestimar en gran medida la resistencia necesaria para frenar su caída.

El día de la prueba fue el 4 de Febrero de 1912, y tuvo lugar en la que ese entonces era la estructura más alta del mundo: la torre Eiffel. Docenas de curiosos y varios periodistas con sus atentas cámaras se reunirían a presenciar el gran acontecimiento.

Debo decir que la música agregada hace el “viaje de Reichelt” más que emotivo.

El día en que la Estatua de la Libertad se convirtió en un busto

Cabeza de la LibertadEsta es quizás una de las fotografías más raras y espectaculares que he visto, sobretodo por lo imponente en que su diadema solar se ve tan cerca del suelo y la gente. Su presentación tuvo lugar en 1878, durante la Exposisión Universal de Paris, con motivo, atrasado por cierto, de los 100 años de independencia de los Estados Unidos. Para la ocasión también se compondría un himno, el “La Liberte Eclairant le Monde.” Aunque, ciertamente, quizás el motivo principal para presentar la cabeza de la dama fuese el de recaudar fondos para su conclusión, ya que la construcción del monumento, originalmente con un costo de 100000 dólares de finales del siglo XIX, terminaría costando unos 250000 dólares de dicha época, más de cinco millones de dólares actuales, según mi calculadora inflacionaria -y si agregamos la base el costo se duplica.- Razón por la cual durante la exposición se venderían estatuillas firmadas por Frédéric Bartholdi, el escultor que le daría la forma, y varios planos y conceptos así como la creación de una lotería que resultaría ser todo un éxito al vender 300000 boletos.

Esta entrada quizás les haga recordar la entrada en que veíamos a la estatua por dentro.

Actualización: Alejandra, una visitante del sitio, me ha enviado un correo con un enlace a una galería de flicker que contiene gran cantidad de imágenes sobre la construcción de la estatua.

La feroz competencia de 1937 entre Alemania y la Unión Soviética

La Alemania Nazi y la Rusia Soviética fueron sin duda alguna dos regímenes que comprendieron y explotaron al máximo el concepto de propaganda política. No obstante, y en un evento único en la historia, sería en la Exposición Mundial de Paris de 1937, el la cual el pabellón Alemán se encontraba directamente enfrentado al pabellón Ruso, en que estas metodologías de adoctrinamiento fueran utilizadas simplemente como competencia estética y artística.


Postal histórica, ambos pabellones enfrentados y de fondo (en la otra orilla del Sena, la Torre Eiffel)

Sin duda alguna ambas naciones presentaron un espectáculo visual magnífico, ya que la misma no era una exposición más, sino que de hecho se convertiría en una batalla simbólica entre Rusia y Alemania. Algo que queda claro al ver los organizadores de cada pabellón. Del lado alemán Hitler y su visionario arquitecto Albert Speer, junto al escultor Arno Breker; del lado soviético Stalin y un bureau de diseño conformado por los mejores diseñadores y arquitectos soviéticos como los mundialmente famosos Konstantin Melnikov y Vera Mukhina. El objetivo: ver quien lograba el pabellón más espectacular, más épico de todos.

El pabellón ruso

El pabellón ruso intentaba dar, a simple vista, la idea de que la fuerza de la Unión Soviética estaba en sus trabajadores y campesinos, el proletariado en si mismo. Esto puede notarse al observar que el centro de la estructura, capaz de captar toda la atención a primera vista, es la magnífica escultura por Vera Mukhina hallada en el tope del edifico, en la cual el obrero y la kolhoz -o koljosiana, campesina comunal-, representando al proletariado, sostienen la hoz y el martillo para formar el emblema soviético (hoy reubicada en Moscú).

En el interior del mismo se mostraba una exposición de la subida al poder de los bolcheviques en Rusia (revisada específicamente por Stalin con el fin de que no se le diese crédito a Trotsky ni su hermana Olga) y el futuro de la Revolución Comunista en el mundo. Como por ejemplo, el modelo a escala del Palacio de los Soviéticos que puede observarse en las imágenes.

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El pabellón alemán

Su empírica mega-estructura uniforme y perfectamente simétrica intentaba transmitir un mensaje de solidez y fortaleza, dar una sensación de inamovilidad con solo verla. Su interior, rico y finamente decorado, a manera de museo y grandes salones, intentaba dar idea de la riqueza alemana. En el mismo se exponían piezas que explicaban la visión a futuro de Hitler y multitud de esculturas. Siendo la pieza central una enorme maqueta compuesta por miles de piezas meticulosamente talladas de la Berlin que construiría Albert Speer a futuro. En el interior, así también, podían encontrarse ejemplos de la industriosa Alemania Nazi, como era la exposición del prototipo de carreras de Mercedes Benz visto en esta imagen.

La enorme águila de 9 metros ubicada en el tope sería diseñada por el mismísimo Kurt Schmid-Ehmen, y construída de bronce macizo. La misma ganaría el Gran Premio de la República Francesa, y su imponente estética sería copiada hasta el hartazgo durante todo el siglo XX.

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Pabellones de otros países
Catalogo de imágenes de la Universidad de Northwestern

El abate Moigno, el fonógrafo y la turba iracunda

La terquedad humana no tiene límite alguno y desgraciadamente los ejemplos se repiten una y otra vez. Recordarán cuando hablábamos sobre Tesla, y como en su primera demostración pública del control remoto lo acusaron de tener en el bote prototipo un enano escondido por lo que la muchedumbre casi lo lincha.

El abate Moigno era un monje del siglo XIX muy interesado en la ciencia, y de hecho fue un pionero de la divulgación científica intentando llevar a las masas las maravillas de la tecnología. Cuando Moigno se enteró de un dispositivo para grabar la voz humana el fonógrafo de Edison quedó fascinado e inmediatamente leyó todo lo que pudo encontrar al respecto, incluso tras un gran esfuerzo consiguió un aparato en parte construido por él mismo. Decidido a hacer famosa esta maravilla de la mecánica realizó una trágica gira por París. En la primer demostración llevada a cabo en la comuna lo acusaron de embaucador y lo encarcelaron durante un par de días; en su segunda demostración en las afueras de París, a pesar de ser un monje, lo acusaron de brujo espiritista e intentaron lincharlo y en la tercera demostración su aparato se vio fuertemente averiado cuando uno de los caballeros presentes se asustó y le disparó con su pistola.

Frustrado al no poder hacer comprender al público de la utilidad esta maravilla se dirigió esperanzado a la Academia de Ciencias de Paris, sin embargo el resultado no fue mucho mejor. El físico Sir William Barret, amigo de Moigno, relató con indignación el hecho:

“[…]cuando el abate Moigno, un conocido divulgador científico, mostró por primera vez el fonógrafo de Edison a la Academia de Ciencias de París; el abate mismo me explicó lo ocurrido. Todos los sabios presentes declararon, siguiendo al profesor Tait, que la reproducción de la voz humana por un disco de acero era físicamente imposible, debido a las sutiles formas de las ondas producidas por el habla, aunque admitían que la música podría transmitirse de este modo. El abate fue acusado incluso de tener escondido un ventrílocuo debajo de la mesa. Dejó la habitación disgustado”

Tait se fue insultando y el público no dejó de reírsele en la cara a Moigno. No obstante, a Edison le fue mejor, ya que en su demostración ante la Academia Americana de Ciencias en Washington ocurrida en 1876 se vio obligado a desarmar su invento para demostrar que no había ningún ventrílocuo enano escondido en su interior.

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Santos Dumont, ¿El primer aviador?

Hoy en día es casi universal el reconocimiento que gozan los hermanos Wright como los artífices de haber conseguido el primer vuelo tripulado de un objeto más pesado que el aire. Sin embargo, son muchos los que sostienen que el verdadero primer piloto fue Alberto Santos-Dumont, un brasilero nacido en 1873 y que tras mudarse a Francia para realizar sus estudios concretó una serie de máquinas voladoras pioneras en muchos aspectos. Fue el primer piloto en realizar un vuelo público, desarrolló el primer avión que no requería catapultas para despegar, construyó los primeros modelos de dirigibles estables, un prototipo de helicóptero y varios otros vehículos innovadores. Su fama mundial y reconocimiento, sobre todo en Europa, llegaron a opacar el vuelo de los Wright, trayendo con sigo uno de los debates de autoría más prolongados de todos los tiempos.

El conflicto

Son varias las personas que señalan que el vuelo producido el 23 de Octubre de 1906 por Dumont en Paris con su 14bis es el primer vuelo documentado de un aeroplano más pesado que el aire en lograr despegar, maniobrar y aterrizar por sus propios medios. Si bien el vuelo de los Wright fue realizado en 1903 su avión debió valerse de gran cantidad de ayudas externas, etre las que se encontraban un alerón externo, una catapulta de despegué, guías en el suelo y vientos fuertes. De todas maneras, para ser justos, hay que reconocer que los Wright despegaban desde pistas de pasto y no de asfalto como Dumont. Así mismo, también debemos tener en cuenta que en los tres años transcurridos desde los Wright hasta el 14bis los motores y materiales avanzaron en gran medida; y el temor que tenían los “Chicos de Dayton” a ser plagiados los llevó a realizar sus vuelos bajo rigurosa cautela, opacando así su fama y reconocimiento en Europa. Sea como fuese la rivalidad y el orgullo patriótico de los países que se disputan la paternidad del vuelo, convirtieron este dilema en un debate sin fin ni aparente final.

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Los insurrectos loros vigía de Paris

Durante la primer guerra mundial la aviación de combate era un recurso nuevo y poco explorado, que tomaba por sorpresa a los generales más experimentados y desequilibraba sus estrategias predilectas. Si bien el bombardeo aéreo no era para nada exacto, de hecho consistía en que el acompañante del piloto se levante y tire una granada a tierra con la mano, en la población local dichos ataques causaban un terror contundente. Para contrarrestar semejante arma psicológica los franceses comenzaron a entrenar un ejército de loros para que huyan al escuchar con su agudísimo oído el motor de un avión, una vez amaestrados los ubicaron en la Torre Eiffel. Desgraciadamente los emplumados vigías no distinguían bien entre amigos y enemigos, por lo que la población parisina se encontraba corriendo desesperada a guarecerse en sus casas cada vez que veía salir volando de la torre a las bandadas de loros… Su desempeño fue tan frustrante que el mismo almirante que sugirió la idea subió con una escopeta para deshacerse de sus infortunados vigías voladores.

Quizás les hubiese ido mejor con los hombres pájaro… ah no…

El hombre pájaro que no sabía volar

Franz Reichelt, un sastre austriaco, fue uno de los tantos “hombres pájaro” que intentaron volar utilizando conceptos totalmente erróneos. Con una prenda confeccionada por él mismo que intentaba servir de aladelta y paracaídas, ascendió un 4 de Febrero de 1912 al primer nivel de la torre Eiffel. Tras un pequeño discurso alentó a los turistas a cronometrar su vuelo… por supuesto nunca logró volar.

Nota: Punto extra por su bigote a lo rococo 😀

La leyenda del gran alquimista inmortal

Cuenta la leyenda que de todos los alquimistas que invirtieron sus vidas en la búsqueda de la Piedra Filosofal sólo uno tuvo éxito. Corría el siglo XV y los alquimistas comenzaban, lenta pero gradualmente, a diversificar su atención del mundo material hacia la medicina, no era para menos ya que las pestes carcomían sin la menor piedad a las poblaciones de toda Europa. Sin embargo, entre los oscuros pasillos de las librerías de París, habitaba un singular y llamativo personaje de personalidad excéntrica y de inmensa sabiduría llamado Nicolas Flamel. Del cual se dice, con un poco de inocencia y otro poco de romanticismo, que ha sido el único en alcanzar dos de las metas soñadas por todo alquimista: Obtener la piedra filosofal; y descubrir el secreto de la inmortalidad.

Si bien realmente existió un alquimista llamado Nicolas Flamel, incluso su casa, que hoy en día es un restaurante parisino, y parte de su laboratorio son conservados, es lógicamente improbable que la historia sea cierta -quien me lea regularmente sabe que tengo una mirada extremadamente escéptica del mundo, pero también saben que me fascina el folklore, la mitología y las leyendas- así que tomaremos todo lo que sigue a continuación no como un hecho factible sino como una bella y colorida leyenda:

El espejo de Nicolas Flamel
Cuenta la leyenda que una fría noche mientras Nicolas buscaba información sobre piedras un extraño hombre, el cual se presenta a si mismo como Abraham el Judío, se le acerca y tras una breve charla le regala un curioso libro. El libro estaba cargado de escrituras Cabalistas y Mitología Griega, algo que llamó inmediatamente la atención de Flamel. Inmediatamente tras recibirlo se pondría la meta de descifrar sus secretos, tarea que consumiría toda su vida. Como era tal el caudal de información y misterios que la obra contenía, Nicolas, se encuentra en la necesidad de consultar a varios sabios, por lo que comienza a recorrer el mundo. Viajando a España, en tierras Andaluzas, se entrevista con varias autoridades religiosas y lentamente va creando manuscritos explicando el libro. Un día, gracias a la fortuna, logra encontrar al “Maestro Canches”, un hombre de inmensa sabiduría, y quien sería su llave para develar el misterio. Tras muchas charlas deciden viajar hacia París, con el desgraciado resultado de la muerte de Canches por una enfermedad durante el viaje. Tal acontecimiento no frenaría el deseo de Nicolas y éste, muy empeñado, lograría tras varios años descifrar los misterios del tomo y conseguir la deseada Piedra.

Una vez con la piedra en su poder Flamel se volvió extremadamente rico y comenzó, como un Bill Gates de antaño, a aburrirse del dinero y regalarlo. Decenas de hospitales, librerías y escuelas fueron construidas bajo su padrinazgo -y curiosamente algunos edificios aun conservan escrituras con su nombre- . De todas maneras el tiempo iría predando su salud y la vejez prontamente llegaría a hacerle una última llamada. A su muerte su entierro fue llevado a cabo de la manera exacta que Nicolas había exigido, incluso fue utilizada una extraña lápida cargada de simbologías y runas -que hoy se encuentra expuesta en el Museo de Cluny-. Pasado un tiempo de su muerte ya todo el mundo se había olvidado del extraño personaje, pero, como no queriendo irse, Flamel sorprendería al mundo incluso una vez más. Unos meses después de su entierro, por cuestiones legales, debe abrirse su tumba ante la rigurosa mirada de abogados y hombres de ley. Lo que éstos hombres, ni el pueblo entero, podían haber imaginado es que al abrir la tumba esta se encontraba vacía sin ningún resto humano y sin ninguna señal de forzamiento o rotura. Quedando así el destino del viejo alquimista en el más oscuro y absoluto de los misterios.

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Imágenes de la gran inundación de Paris de 1910

Uno de los desastres naturales más destructivos y devastadores de principios del siglo XX tuvo lugar en París en el año 1910, sólo dos años después de la gran inundación que destruyó Moscú. Trágico porque junto a sus aguas la inundación se llevó consigo algunos de los tesoros de la historia más valiosos como monumentos y reliquias de incalculable valor.Y llamativo porque nadie pudo haberla previsto, de hecho, Jean-Paul Phillipon, el arquitecto que construyó el Musée d’Orsay diría con un gran dolor “Calculamos que el agua podría subir hasta 33 metros, nadie podía haber imaginado que lo haría hasta los 33.62 metros”. De esta manera hospitales, museos, casas y edificios fueron arrasados por el agua. Los taxis de tierra fueron reemplazados por lanchas que transportaban suministros y gente enferma en una ciudad aterrorizada y convencida de que sería arrastrada por el Sena. Sin embargo, la inundación pasó y las fotografías quedaron como testigos inmutables de un evento histórico.

Reconstruir la ciudad y los monumentos tuvo un valor cercano a los cien millones de dólares,

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― Una de las mejores colecciones de imágenes de la inundación de la red.

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El embaucador de Los Angeles

Christopher Rocancourt, o “el ambaucador de Los Angeles”, fue el hijo de una prostituta y un alcohólico que prontamente como era de esperar terminó en un orfanato a los cinco años. Tras varios años internado en la institución y luego de algunos años de rondar por las calles como un criminal de poca monta, escapó con rumbo a Paris donde comenzó a trabajar como botones. Gracias a su trabajo aprendió y practicó los gestos y el lenguaje de la alta sociedad, y tras robar algunos trajes y algo de dinero comenzó a visitar distintos bares de alto poder adquisitivo pretendiendo ser miembro de la familia Rockefeller. De fiesta en fiesta entre la alta sociedad y consiguiendo gran cantidad de préstamos y favores de gente que confiaba ciegamente en él gracias al prestigio del apellido que pretendía poseer, Rocancourt logró hacerse de varios contactos y socios comerciales. Llegando incluso a falsificar el título de una mansión y venderla por un millón y medio de dólares.

Pasado el tiempo comenzaría a ser reconocido en Francia, por lo que decide escapar con rumbo a los Estados Unidos. En el nuevo mundo no terminaría su historial delictivo, incluso, y sorprendentemente, se haría más sonante. Falsificando ser una estrella de cine, un boxeador campeón o un exitoso empresario se hizo pasar por el hijo de Sofía Loren o el sobrino de Dino de Laurentiis, logrando así asociarse comercialmente a varias celebridades de Hollywood. Contraería matrimonio con la conejita de Playboy Pía Reyes y consiguió que Mickey Rourke le preste su casa.

Su ego lo llevó a escribir un libro sobre sus “hazañas” y ésto sería la mecha para que una investigación Federal lo condene alegando estafas superiores a 40 millones de dólares, solo en Estados Unidos.

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La piedra filosofal y su presencia en el arte

La mítica piedra filosofal, ese artilugio que en las leyendas de la alquimia permitía convertir plomo en oro, conlleva un legado cultural rico y abundante en el arte y la arquitectura de Europa occidental. Formada a partir de la conjunción de conceptos provenientes de ideas Aristotélicas, la mitología Griega, la alquimia medieval, el romance bárdico, y la masonería, la piedra puede verse representada de manera alegórica en monumentos, pinturas, palacios, catedrales y edificios antiguos a lo largo y ancho de occidente.

Los alquimistas

Los alquimistas rodeados de recetas secretas y fórmulas misteriosas pasadas de maestro a alumno por generaciones, durante su existencia se basaron fuertemente en las leyendas populares como base de sus investigaciones. Una de estas leyendas era la mítica piedra filosofal, la cual, alcanzadas las condiciones necesarias, demostraba extraordinarias características como convertir el plomo en oro y otorgarle la inmortalidad a su poseedor.

Aristoteles
La leyenda de la piedra filosofal nace con la escuela Aristotélica. Aristóteles creía que los elementos eran caracterizados por cuatro “cualidades básicas” calor, frío, sequedad y humedad -algo fuertemente relacionado a los Cuatro Humores. De ésta teoría nace la idea de que los elementos eran un balance de propiedades: la tierra sería fría y seca, el agua fría y húmeda, etc. Resumiendo, la leyenda establecía que si se lograba crear una piedra que “transmutara” las propiedades de los metales se lograría tener un artefacto que transmute el plomo convirtiéndolo en oro. Así también como que lograra balancear los “humores” del cuerpo otorgándonos inmortalidad.

La Gran Obra

Dentro del mundo de la alquimia y los cuentistas herméticos -una antiquísima orden que sigue las enseñanzas de la figura mitologica Hermes Trismegistos- se denomina Gran Obra al acto de crear la piedra. Si uno admira las catedrales góticas, o las antiguas sinagogas europeas notarán que en sus techos abovedados y muchas veces en los pisos se pueden observar símbolos de todo tipo haciendo alegoría a la piedra. Sin embargo, son los círculos concéntricos que, de una gran maraña, forman intrincados laberintos los de mayor interés. Estos laberintos son alegorías al gran Laberinto de Creta -recordarán la historia de Teseo, el joven príncipe Ateniense enviado a asesinar al Minotauro, y Ariadna, la princesa cretense que traicionando a su padre dota a Teseo de un hilo larguísimo que le permite escapar del laberinto-. Según varios historiadores, algunos tan grandes como el mismo Will Durant, éste laberinto fue relacionado simbólicamente con la piedra en muchas oportunidades. El laberinto, en muchos escritos medievales, es denominado como Absoley, Absolom, Absolum, etc algo que definitivamente concuerda con el nombre clave que se le daba a la piedra: “La Absoluta”. En si los alquimistas veían la gran obra de crear de la piedra como un gran laberinto imposible de pasar, cuya única solución vendría gracias a un “hilo de Ariadna”. Este hilo de Ariadna era el “ingrediente” clave que los alquimistas buscaron durante siglos. Su significado, siempre en forma alegórica, está inscrito en infinidad de monumentos, catedrales y palacios por toda Europa.

Notre Dame
En la catedral de Notre Dame en París se puede ver el laberinto y la piedra simbolizada por el mismo Lucifer. esta alegoría representaba el hecho de que quien lograra alcanzar tan ambiguo artefacto podría ser sólo alguien cuya codicia lo hiciera vender su alma para obtener el “Hilo de Ariadna”.

Y los masones…
Algo que se contradice con la creencia masónica, quienes veían la piedra como una meta que debía ser alcanzada en conjunto. En si los masones interpretaban la piedra como si fuera el mismísimo Grial… pero esa es otra historia que pronto continuaré.

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La Montgolfière, el primer vuelo humano de la historia

Varios años antes de que los hermanos Wright realizaran su histórico vuelo en un vehículo más pesado que el aire (aunque muchos aseguran que Santos Dumont fue el primero), curiosamente otros hermanos realizaron el primer vuelo humano de la historia. Joseph Michel y Jacques Étienne Montgolfier eran dos hermanos nacidos en Lyon en el seno de una familia relacionada a la industria papelera.

Debido a que Joseph Michel y Jacques eran los hermanos menores de la familia, el negocio papelero sería heredado legado a Raymond, el hermano mayor de la familia. Por lo que, como era costumbre, los hermanos menores fueron enviados a estudiar y perfeccionarse intelectualmente en distintas academias de Francia. No obstante, el destino quiso que Raymond deje repentinamente éste mundo, y Étienne fue llamado a volver al hogar familiar y hacerse cargo del negocio. De todas maneras esto no significaría una pausa en sus estudios e investigaciones, ya que se dedicaría arduamente durante los próximos 10 años a experimentar y probar nuevas técnicas en los procesos de fabricación del papel, ganando gracias a esto una amplia gama de conocimientos y renombre en la industria.

De los dos hermanos Joseph era el más soñador y tenía la típica personalidad de inventor y cabeza fresca. Es por esto, y a causa de sus conocimientos y estudios, que gradualmente comenzó a realizar esquemas para lograr máquinas voladoras. Se cree, aunque no es seguro, que en 1777 Joseph se encontraba observando un incendio en una lavandería en el que, no casualmente, grandes prendas de tela salían elevadas en el aíre formando “balones” que envolvían los gases de las llamas. Esto daría luz verde a una idea en la que Joseph venía interrogándose a si mismo desde hacia varios años, por lo que muy velozmente comienza a realizar diagramas de globos voladores.

Ya perfeccionados sus globos y metodologías de fabricación, comienza a buscarle aplicaciones prácticas a su descubrimiento. Como no es de extrañar sería gracias a las aplicaciones militares que el globo encuentra una utilidad en el mundo real. Más específicamente, mientras repasaba el asalto al fuerte de Gibraltar -tan bien fortificado que se decía era imposible su invasión por mar o por tierra-, Joseph pensó en una invasión aérea transportando soldados en globos.

Con este fin, el transporte de tropas, comienza a construir bases para su goblo. Estas debían ser lo suficientemente resistentes como para soportar el peso de personas pero a la vez lo suficientemente livianas. por lo que Joseph enrola a su hermano Étienne en el proyecto, quien pondría su conocimiento adquirido en la industria papelera para mejorar la fabricación y utilización de los materiales de la canasta.

Tras varias pruebas, algunas realizadas en secreto en los jardines de la familia, los hermanos se encontraban listos para realizar una demostración pública de gran escala. Razón por la que el 4 de Junio de 1783, en su natal Annonay -una comuna del sudoeste francés en Lyon, realizan la primer demostración pública atrayendo gran cantidad de dignatarios y testigos curiosos quienes no podían creerle a sus ojos.

Como no es de extrañar la noticia correría por toda Francia y el mundo, logrando que los hermanos sean invitados rápidamente a París para realizar una demostración ante la nobleza. Sin embargo, es muy interesante el por qué fue su globo el elegido. Estos no eran los únicos realizando globos, de hecho, se encontraban en una carrera contra Jacques Alexandre César Charles, quien estaba realizando pruebas de globos más avanzados rellenos con hidrógeno. No obstante, los hermanos decidieron apelar a lo que sería uno de los primeros intentos de marketing comercial de la historia, decorando el globo con extravagantes y llamativos diseños, lo que daría a su globo una preferencia estética por sobre el de su competidor. Gracias a esto, y a los contactos de los hermanos, logran realizar una monumental demostración el 19 de Septiembre de 1783 ante la presencia del rey Luis XVI y la reina Maria Antoineta -más conocida en Español como María Antonieta, pero no me gusta cambiar los nombres-. Los tripulantes de la máquina voladora consistirían en: Un pato, una oveja y un gallo -los cuales saldrían ilesos del viaje-.
De todas maneras el primer vuelo con un ser humano abordo del aparato fue realizado el 15 de Octubre de 1783 y repetido los días 17 y 19 del mismo mes. los tripulantes serían el mismo Étienne y su amigo Pilâtre de Rozier. El primer “vuelo libre”, es decir sin que el globo esté anclado a Tierra, fue realizado el 21 de Noviembre de 1783 tripulado por Rozier y el Marqués dÁrlandes. Transcurriría durante 25 minutos y se elevaría a una altura de 100 metros desplazándose unos 9 kilómetros.

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