Franz Reichelt, el paracaidista pionero

Franz Reichelt, un sastre austriaco, fue uno de los tantos «hombres pájaro» que intentaron volar utilizando conceptos totalmente erróneos, un paracaidista pionero que pasó a la historia por ser uno de los tantos inventores que perecieron a causa de sus propias invenciones.

Con una prenda confeccionada por él mismo que intentaba servir de ala delta y paracaídas, ascendió un 4 de Febrero de 1912 al primer nivel de la torre Eiffel. Tras un pequeño discurso alentó a los turistas a cronometrar su vuelo… por supuesto nunca logró volar.

Este novel paracaidista pionero, utilizó sus conocimientos de sastre para crear algo que, en concepto, era muy similar a un paracaídas. Sin embargo, sus pocos conocimientos sobre aerodinámica le hicieron subestimar en gran medida la resistencia necesaria para frenar su caída.

El día de la prueba fue el 4 de Febrero de 1912, y tuvo lugar en la que ese entonces era la estructura más alta del mundo: la Torre Eiffel, torre que era relativamente nueva en París. Docenas de curiosos y varios periodistas con sus atentas cámaras se reunirían a presenciar el gran acontecimiento.

La gente lo vio propinarse al vacío y caer a gran velocidad, dejando un enorme cráter en la tierra el cual fue medido por las autoridades tras que estas removieron su cuerpo del lugar del accidente. Tras esto se prohibió a cualquier intrépido el volver a intentar de la torre siguiendo el ejemplo de Reichelt, ya que muchos habían sugerido que podían mejorar el diseño y hacerlo funcionar, algo que las autoridades parisinas no querían volver a arriesgar.

Intentos pasados

Si bien el paracaidista pionero Franz Reichelt parece una persona avanzada a su tiempo, en realidad existieron muchos intentos anteriores, y algunos exitosos, tan remotos como en el siglo X.

De manera asombrosa siglos antes de que el sastre realizara su fatídica prueba, otros hombres probaron máquinas voladoras exitosamente. Los ejemplos son. Eilmer de Malmesbury, quien alrededor del año 1010 se obsesionara con la leyenda griega de Dédalo e Icaro y pasara días enteros estudiando el vuelo de los pájaros hasta construir un complejo par de alas muy similar a las alas de planeo actuales. Este monje construyó de manera exitosa un ala delta y saltaría de su monasterio volando más de 200 metros.

Incluso más de un siglo y medio antes, a Eilmer de Malmesbury, un hombre llamado Abbás Ibn Firnás quien estaba interesado en la ciencia del vuelo y la dinámica de los pájaros y vivió en Córdoba, España en el año 87, ideó el primer paracaídas funcional de la historia el cual también tenía elementos de parapente. Firnás saltó a los 65 años con su invento, y si bien rompió sus dos piernas vivió para contarlo. Tras sanar volvió a realizar varios saltos exitosos más. Hemos hablado sobre estos dos hombres en este artículo.

Posteriormente Leonardo da Vinci idearía y diseñaría varias máquinas voladoras tras estudiar los principios de vuelo de sus pájaros. Siglos más tarde, en el presente, dos grupos de hombres reconstruirían estos dispositivos voladores basándose en los dibujos del gran genio florentino.

Los soviéticos en los albores de la Segunda Guerra Mundial practicarían paracaidismo de tropa saltando desde las alas de un bombardero Tupolev TB-3 ya que carecían de aviones especialmente diseñados para unidades de paracaidistas.