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La obra de ingeniería que cortó a un país en dos

Nota: Esto iba a formar parte de la entrada sobre el nuevo Argo, pero por cuestiones de claridad he decidido cortarlas en dos

El canal de Corinto es quizás una de las obras de ingeniería más espectaculares en el mundo, no sólo por su belleza y tamaño sino además por su impresionante y milenaria historia. El mismo es un canal excavado sobre la roca del istmo de Corinto a finales del siglo XIX, y cuenta con una altura de más de 40 metros y una extensión de 6,3 kilómetros de largo debido a lo cual logra cortar efectivamente a un país en dos al separar a la región griega del Peloponeso de la Hélade -la Grecia continental-. Al momento de ser finalizado, en 1983, trajo un gran beneficio económico a la región, ya que creaba una vía marítima entre las aguas del golfo de Corinto con las del mar Egeo salvando así a las naves mercantes de tener que hacer un viaje de más de 400 kilómetros para cubrir estas dos áreas.

El canal de Corintio

Una rica historia
Lo más interesante de ésta obra es que desde hace casi tres mil años emperadores y generales han soñado con lograrla sólo para ver sus intentos demolidos por la enorme extensión de la tarea. El primer gobernante que intentó hacerlo fue Periandro el tirano alrededor del año 630 a. C. Abandonando el proyecto a los pocos años y conformándose con construir una serie de rampas marítimas en los alrededores. El segundo en intentarlo fue Demetrio I de Macedonia, quien en el tercer siglo después de Cristo intentara crear una línea de comunicación entre ambos puntos geográficos; abandonando el proyecto tras que un error de cálculos por parte de sus ingenieros lo llevara a creer que tal obra inundaría toda la región. Incluso, según el historiador clásico Suetonio, el mismo Julio César pensó en crear tal canal. No obstante, su repentino asesinato le impidió, entre tantas otras cosas, llevarlo a cabo. El próximo sería el emperador Nerón, quien fiel a su estilo despampanante, viajó hacia la región y, como ha sido fuertemente documentado, con un pico comenzó a cavar hasta llenar una canasta de trabajo entera con suelo del istmo -tan sólo intenten imaginar la escena, un emperador romano escoltado por su guardia pretoriana y vestido con toga púrpura y corona de laureles de oro hundido hasta los tobillos en el barro picando el suelo para alentar a su ejército de esclavos recientemente capturados en su guerra contra los judíos a cavar la tierra con esmero para partir un país al medio-. Si bien muy posiblemente lo podría haber llegado a logar dada la cantidad de recursos que puso en la tarea, Nerón muere al poco tiempo y el proyecto es abandonado por su sucesor. Curiosamente algunas de las tareas realizadas por los ingenieros de Nerón, como los ejes para estimar la calidad del suelo y el trazado del canal mismo, sirvieron a los trabajadores que a finales del siglo XIX concretaron definitivamente la tarea. De hecho, el canal original sigue el curso del canal trazado por Nerón.

El nuevo Argo El canal de Corintio El canal de Corintio

Si bien el canal hoy ha quedado pequeño para los superbarcos mercantes, el mismo continua siendo una concurrida atracción turística, especialmente para los amantes de la navegación a vela. En el mismo se han realizado todo tipo de eventos y acrobacias, que van desde vuelos en planeador hasta saltos en motocicleta, como podemos ver en el siguiente video donde se muestra al famoso motociclista extremo Robbie Maddison saltar sobre el canal desde una rampa.

Un ‘dandy’ extremadamente obsesivo

Beau Brummell.Siguiendo con nuestra serie de personajes excéntricos y fuera de serie, esto último no siempre en un buen sentido, nos toca el turno de conocer, quizás, al ser más vanidoso de la historia: George ‘Beau’ Brummell. Nacido en la última mitad del siglo XVIII, vería morir a su tempranamente, y de quien recibiría una relativamente moderada herencia. Tras esto, George, decidiría seguir los pasados de muchos jóvenes de clase media-alta británica, y se enrolaría en un regimiento de caballería. Lugar en el que haría migas con el Príncipe de Gales. No obstante, la acción no era lo suyo, y prontamente renunciaría al ejército para dedicarse a seguir a una vida más “sociable” en Londres. Ciudad en la cual, gracias a su amigo Real, tendría acceso a fiestas y galas de la alta alcurnia.

De excelente vestir y pulcritud obsesiva, su finura y excelente oratoria lo llevarían a hacer amistades con personajes tales como Henry Mildmay y Lord Alvanley, famosos integrantes del “Dandy Club”. Consistiendo su rutina diaria en ir de fiesta en fiesta. Es en este punto de su vida en el cual su obsesión y vanidad cuasi-narcisista crecerían a alturas legendarias -muy para el pesar de sus finanzas, ya que las deudas del dandy crecían a la par como montañas.-

Prontamente los rumores sobre su obsesiva pulcritud, irónicamente, en lo que a rumores respecta, reales en su mayor parte, se volverían el tema de charla preferido de la alta sociedad. Y no era para menos, Brummell dedicaba de 6 a 9 horas de su día a su aseo y vestimenta. Según palabras del mismo Brummell, todo caballero que se considerase como tal no debía lustrar sus botas con otra cosa que no fuese espuma de champagne; los guantes, sobretodo, debían ser reemplazados al menos unas seis veces diarias y el cuello largo o el pañuelo corbata siempre debían de estar perfectamente almidonados.

Si bien Brummell no consideraba los atuendos llamativos como de buen gusto, su obsesión con la perfección era tal que llegaba a retener a sus sastres por varias horas, sin dejarlos marchar hasta que éstos lograran tomar las medidas perfectas de su figura, ni un milímetro más ni un milímetro menos. Esto ya que consideraba a este tipo de errores como la “mayor ofensa al buen gusto”. Incluso, según relatos de su amigo Lord Alvanley, Brummell a pesar de sus fuertes deudas siempre enviaba a lavar sus trajes a Francia ya que, según sus palabras, Inglaterra carecía del toque y la calidad franceses. Y esto, además, sin mencionar las costosas cremas y lociones que utilizaba para su rostro y cuerpo. De hecho, Brummell fue uno de los primeros hombres en utilizar cremas para afeitar, llegando muchas veces a crear sus propias recetas para así lograr la combinación perfecta entre aroma y textura.

Beau, como era conocido por todos, se convertiría en la figura número uno de la moda y el buen gusto. De hecho, sus consejos y opiniones eran muy preciados entre los caballeros de la alta sociedad. Sin embargo, su fama no lo salvaría de sus deudas, que terminarían arruinándole. Sólo gracias tras una intervención de Alvanley, conseguiría un modesto puesto en el consulado de Caen. Brummell moriría pobre y en el olvido a causa de la sífilis en el 1840.

Hoy lo redime su estatua, ubicada en la Jeremy street, calle en la que se encuentran los negocios más costosos de ropa para hombres.

La barba de Hans

Hans LangsethPor alguna razón siempre que hurgo por archivos fotográficos antiguos siempre, absolutamente siempre, me encuentro con fotografías que me maravillan. Esta es una de esas pocas tan bellas como interesantes y totalmente fuera de lo común. Se trata de Hans Langseth, un hombre noruego nacido en el siglo XIX y que a principios del siglo XX, entre 1910 y 1919, por alguna razón que escapa maravillosamente a la cordura, decidiera dejarse crecer una barba de 5,1 metros mientras vivía en Dakota del norte, Estados Unidos.

Quizás el proceso de plata coloidal utilizado para tomar la fotografía es lo que logra darle ese particular aura que rodea los bordes de la imagen y que deja tan definidos los rasgos de Hans y el bello ornamento de la silla sean lo que convierte a esta placa fotográfica en algo digno de otro mundo, quizás un plano fantástico digno de la imaginación de Tolkien.

La barba y la historia
Uno de los aspectos históricos más interesantes de las modas y las épocas, y que he leído en varios artículos pero nunca pude terminar de confirmar certeramente, es el por qué en la mayor parte de Europa con herencia latina, es decir de origen romano, los hombres solían rasurarse y recortar su cabello. Aspecto que dice que los romanos, a través de la influencia cultural de proveniente de Italia del sur, Magna Græcia, de etnia griega en ese entonces, se basaron en los códigos de conducta de Alejandro Magno quien, y esto si es verídico a la Historia, solía ordenar a sus soldados a rasurarse y cortar su cabello de forma regular, para así evitar ser sujetados del mismo durante el combate y sobretodo minimizar el efecto en las tropas causado por las epidemias de piojos.

Al volver a sus hogares, muchos hombres romanos ya acostumbrados a rasurarse cotidianamente, mantuvieron la costumbre. Siendo así el afianzamiento de esta costumbre en la Europa romana o latina. Costumbre que, como es evidente al ver representaciones de época de Vikingos y germanos, no era muy popular en lo que los romanos llamaban la “Europa Barbara.”

Por supuesto que hay muchas críticas al respecto, ya que por ejemplo también se adjudica a una herencia cultural etrusca -cultura itálica previa de la cual los romanos tomarían muchas costumbres- quienes solían afeitarse. Pero venga de donde venga la costumbre, para el 300 AC el rasurarse era normal en Roma, y dejarse crecer la barba volvería a estar en auge durante el Imperio cuando la “barba de filosofo” se impondría a través de los estoicos -siendo el emperador Marco Aurelio, junto a su gran barba, el estoico más famoso.- y, sobretodo, entre los paganos opositores al cristianismo, como el Emperador Juliano el Apóstata, quien dejara crecer su barba a manera de dejar en evidencia su preferencia hacia el paganismo.

Marco AurelioJuliano el ApostátaAlejandro

La primer imagen es la famosa Estatua Ecuestre de Marco Aurelio, contemporánea al Emperador, es una de las pocas estatuas originales del siglo II en sobrevivir a la turbulenta historia de Roma tras la caída del Imperio. La segunda es una moneda mostrando a Juliano el Apóstata y su barba pro-paganismo. Por último una moneda egipcia del siglo III AC utilizada en los territorios de Ptolomeo I Sóter con la cara de Alejandro el Grande. Ptolomeo fue uno de los tenientes que acompañara a Alejandro en su histórica campaña.

El rey de la caída libre

Joseph Kittinger es uno de esos pocos aventureros en el lugar y el momento justos para hacer historia. Comandante de la USAF, veterano de Vietnam y prisionero de guerra, durante toda su carrera volaría en cientos de misiones aéreas. Completando exitosamente todo tipo de tareas tanto de combate como experimentaciones que aumentarían el conocimiento humano sobre la aerodinámica y la capacidad de los aviones con propulsión a jet.

Esto lo llevaría a trabajar en conjunto con personajes como el gran Paul Stapp, de quien ya hemos hablados, sirviendo de observador aéreo en su viaje récord en los que alcanzara los 1,017 km/h en su tren-cohete.

No obstante, la hora dorada de Kittinger llegaría en 1957, cuando recomendado por el mismo Stapp, como “un gran hombre y un magnífico piloto,” para formar parte del programa médico de la USAF que buscaba investigar la capacidad corporal y salud humana en el espacio.

El trabajo de Kittinger sería muy arriesgado, como miembro de los proyectos Man High y Excelsior, se elevaría hasta la atmósfera en cápsulas presurizadas, como la vista en la imagen, utilizando balones atmosféricos para así estudiar el efecto de los rayos cósmicos en el cuerpo humano.

Si bien participaría en varios saltos, serían los más importantes el Man High I, donde saltaría de 29500 metros de altitud, y el Excelsior III, en los que alcanzaría los 31300 metros de altitud. Tras saltar al vacio, Kittinger descendería en caída libre por 4 minutos y 26 segundos, alcanzando una increíble velocidad de 988,3 Kilómetros por hora. A poco más de 5500 metros de altitud abriría su enorme paracaídas. Si bien saldría ileso, una falla en su guante le haría sufrir una veloz despresurización, hinchando su mano a casi el doble de su tamaño.

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Kittinger aun mantiene el récord de ser el humano en viajar a mayor velocidad sin un vehículo, el salto a mayor altura, el récord en caída libre y el récord de vuelo englobo a mayor altura.

Los templos subterráneos más espectaculares del mundo

En el pasado habíamos hablado del misterioso templo enterrado de Beta Giyorgis, hoy le toca el templo a otros templos subterráneos asombroso.

Hypogeum
1119-10.jpgEl Hypogeum es una joya arqueológica de 4500 años de contigüidad, ya que es considerado como el único templo prehistórico subterráneo del mundo. Hallado en la isla de Malta y redescubierto de pura casualidad en 1902 por unos obreros que se encontraba realizando excavaciones. Se daría la tarea de la excavación inicial al padre Manuel Magri, de la Sociedad de Jesús, quien gracias a sus conocimientos en arqueología y etnografía, sobretodo su profundo conocimiento del folklore maltés, lograría ir desenterrando y revelando los misterios del templo gradualmente. Por desgracia Magri moriría antes de ver el resultado final de la excavación que había comandado. Quedando al mando de la excavación un alumno de Magri, Sir Themistocles Zammit.

Si bien en un principio, dada la cantidad de restos humanos encontrados, se creyó que se trataba de un templo de sacrificios, prontamente pudo descubrirse que se trataba de una antiquísima necrópolis. El templo se encuentra dividido en distintas salas, estando la menos profunda a 10 metros de profundidad.

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De especial interés son la Sala del Oráculo, un salón rectangular en el cual la voz grave de un hombre es capaz de retumbar de manera intimidante. Seguramente, siendo este el resultado deseado por los constructores. El foso de las Serpientes, por su lado, es una magnífica habitación en la cual existe un gran foso sobre el cual se criaban, valga la redundancia, serpientes. No esta claro su motivo, pero se ha sugerido que posiblemente también se haya adorado al Dios Serpiente o utilizadas para el comercio.

Afortunadamente el gobierno local ha realizado un excelente trabajo de preservación. Incluso, limitando el turismo a una cuota de 80 personas diarias.

Los templos de Damanhuria
1119-7.jpgEn el Valle de Valchiusella, en Turin, se encuentran 9 templos subterráneos. Los mismos no son el producto de un culto perseguido hace milenios, sino que se tratan de las excentricidades de Oberto Airaudi, un italiano que a la edad de 57 años, cavaría en la roca estos templos a partir de una visión de su niñez. Los templos poseen una temática histórica, representando la historia de la humanidad, y en sus casi 8500 metros cúbicos de volumen presentan bellísimas decoraciones y ornamentos.

Completamente autodidacta, de hecho su primer templo, construido en el terreno de sus padres, tuvo el único fin de enseñarle los principios de la excavación, Airaudi emplearía años y cientos de horas de esfuerzo cavando la roca. Por supuesto no estaba sólo, ya que como dice el dicho “siempre hay un loco para otro loco” y nuestro singular arquitecto encontraría gente afín que compartía su visión mesiánica.

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Así, comenzando la construcción sería a mediados de los 70s, pasarían 16 años, trabajando en equipos 24 horas al día en turnos de 4 horas. Si bien los templos primeramente serían secretos, con el tiempo el rumor corrió hasta el punto de llegar a la policía, quienes, bajo la amenaza de dinamitar el valle, lograron entrar a los templos.

Los agentes quedarían fascinados, y prontamente se les otorgaría el permiso para terminar con su obra. Hoy los damanhurianos, como se hacen llamar, son un culto dedicado a la meditación, poseedor de varias granjas orgánicas y panaderías naturistas en la zona. Fomentadas por los ingresos turísticos que generan los templos.

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El hombre que construyó su propio rascacielos… de madera.

1064-4.jpgVia Neatorama encuentro un artículo de English Russia realmente asombroso. Construida en la ciudad de Arkhangelsk por el ex-mafioso y arquitecto amateur, Nikolai Sutyagin, quien además es dueño, obviamente, de una maderera y una pequeña empresa de construcción. “La Mansión” como es llamada por los demás habitantes de la zona, es un laberinto de maderas y habitaciones puestas una arriba de la otra. El edifio, de más de 13 pisos y en crecimiento, supera los 45 metros, y actualmente se ve amenazado por las autoridades locales las cuales dicen que debe ser reducido a 2 pisos.

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No se ustedes, pero me hace recordar a la casa del juego Maniac Mansion. Más imágenes en esta galería.

Los obsesivos hermanos Collyer

Su caso fue tan grave que el Síndrome Collyer hoy en día hace referencia al desorden patológico de acumular compulsivamente basura y cosas inútiles. Y no es para menos, ya que al morir Homer y Langley Collyer dejaron en su casa nada más y nada menos que 103 toneladas de basura la cual iba desde órganos humanos hasta munición de artillería pesada sin utilizar.

Nacidos en una acomodada familia del Harlem a finales del siglo XIX, cuando este barrio aun era exclusivo, fueron a la universidad y se graduaron con altos honores convirtiéndose Homer en un ingeniero, aunque el prefería ser inventor y pasaba todo su tiempo libre construyendo raros aparatos, y Langley en un abogado. No obstante, tras el paso de la Primer Guerra Mundial y la urbanización de New York, el Harlem se fue empobreciendo y los crímenes y delitos comenzaron a subir a medida que las familias acomodadas comenzaban a abandonarlo. Tras la muerte de su madre ambos hermanos quedaron desolados y decidieron no abandonar su casa familiar bajo ningún motivo.

Prontamente su temor a los cambios sociales en la zona los llevó a volverse extremadamente reclusivos, al punto de construir todo tipo de trampas y aparatos en el edificio. Al no pagar los impuestos quedaron desprovistos de luz, gas y agua. Sin embargo, rápidamente improvisaron un motor de auto conectado a varias baterías para proveerse de energía y realizaron un profundo túnel para obtener gas y agua de las tuberías del edificio. Por las noches Langley salía a recolectar todo tipo de cosas de la calle y a buscar comida. Cuando su hermano Homer comenzó a perder la visión, Langley, decidió que éste se curaría gracias a ingerir 100 naranjas a la semana y, previniendo el momento en que recuperara su visión, comenzó a juntar una cantidad monumental de periódicos para que se pusiera al día con las noticias llegado el día.

Tanto encierro llevó a que los vecinos creyeran que éstos vivían cuidando una gran fortuna, razón por las que varias veces intentaron invadir su departamento a la fuerza solo para encontrarse con un sin fin de trampas y bizarros mecanismos anti-invasores construidos por Homer.

El desenlace

Tras no tener noticias de los ancianos por varios días la policía decidió entrar a su domicilio el 8 de Abril de 1947. Para su asombro encontraron a Homer muerto en el piso. Sin embargo no había señales de Langley. Incrédulos de sus ojos llamaron a sanidad pública para sacar la basura. Entre los ítems dispersos encontraron, entre otras cosas, desde una máquina de rayos-x, varios pianos, un gigantesco órgano de iglesia, esqueletos de caballos y vacas, órganos humanos y animales conservados en jarrones de cloroformo, cientos de miles de libros y periódicos, cientos de litros de kerosene y, material quirúrgico, partes de autos, cientos de herramientas y material eléctrico y, ante la mirada atónita de los removedores, un arsenal de armas que iba desde ametralladoras de alto calibre, balas de tanque y hasta lanza granadas “suficiente armamento como para iniciar una pequeña guerra” según las palabras del comisionado de policía. Al cabo de 4 semanas de remoción de basura el cadáver de Langley fue encontrado enterrado en una pila de periódicos. Tras la investigación se descubrió que este, sin querer, había accionado una de las trampas siendo aprisionado por miles de periódicos y libros. Su hermano, ya ciego y casi paralizado, se hambreó hasta la muerte.

Si bien nunca se supo de donde obtuvieron los órganos humanos que coleccionaban la cantidad de material quirúrgico en su departamento trajo macabras sospechas a la policía. Al día de hoy continua siendo un misterio.

Friedrich Wilhelm I de Prusia, el rey que coleccionaba soldados altos

Tras asumir el mando de Prusia en 1711, Friedrich Wilhelm I prontamente puso en orden las finanzas de su nación y empeñó gran parte de su tiempo en mejorar las condiciones y economía de su pueblo, razón por la que inmediatamente ganó un gran apoyo entre las masas. Una de sus mayores preocupaciones fue darle a Prusia un ejército invencible, por lo que dotó a las fuerzas armadas de su país con armamento moderno y las hizo crecer en número; siendo uno de sus deseos que su hijo fuera un gran general lo hacía despertar al ruido de cañones y a la edad de 6 años le armó un ejército de niños a los que comandar. Sin embargo, Friedrich tenía una obsesión: los soldados altos, quizás a causa de que él mismo era casi un enano. Con este fin Friedrich envió a sus agentes a buscar “gigantes” por toda Europa, con órdenes de secuestrarlos si éstos se negaban a enrolarse voluntariamente. Incluso realizó uno de los primeros programas eugenistas de la historia, pagándole fuertes sumas de dinero a mujeres altas para que tengan hijos con hombres excesivamente altos; más llamativamente aun contrató varios médicos para investigar la manera de “estirar” artificialmente a sus soldados. Así rápidamente armó un ejército especial denominado “Los gigantes de Potsdam”. Irónicamente levantar este ejército le costó tanto esfuerzo que a la hora de la guerra se negaba a mandarlos al frente de batalla temiendo sufrir muchas pérdidas. Adoraba tanto a éstos soldados que incluso pintaba retratos de cada uno, conocía sus nombres de memoria y cuando estaba deprimido los hacía marchar por su jardín para alegrarlo.

En una oportunidad su soldado más alto, de unos 2,25mts, muere a pesar de haber sido atendido por los médicos reales tras una fuerte fiebre. Friedrich, completamente desolado rompió en lagrimas y ordenó un luto nacional de una semana. Procuró gran atención en la confección de sus uniformes, llegando a vestirlos como ridículos en el proceso ya que adornaba sus ya exagerados cascos con largas plumas erectas. Su obsesión llegó a tal punto que a pesar de ser los soldados mejor pagos de su tiempo muchos se suicidaban o terminaban desertando con tal de no soportar la vida en el palacio.

El hombre pájaro que no sabía volar

Franz Reichelt, un sastre austriaco, fue uno de los tantos “hombres pájaro” que intentaron volar utilizando conceptos totalmente erróneos. Con una prenda confeccionada por él mismo que intentaba servir de aladelta y paracaídas, ascendió un 4 de Febrero de 1912 al primer nivel de la torre Eiffel. Tras un pequeño discurso alentó a los turistas a cronometrar su vuelo… por supuesto nunca logró volar.

Nota: Punto extra por su bigote a lo rococo 😀

Wilhelm Voigt un estafador con estatua propia

Un día como cualquier otro de 1906 un alemán llamado Wilhelm Voigt se levantó con la intención de cambiar su empobrecidao y simple estilo de vida, y no exactamente de manera honrada. Con este fin se dirigió a una tienda de rezagos militares y tras un intenso regateó con el vendedor, al que convencería de haberle dado una valiosa estampilla la cual en realidad no valía nada, logró obtener un uniforme de capitán descartado del ejército prusiano. Acto seguido, y con un porte señorial y un caminar tan altivo que inhibiría hasta el más valiente, aparece en las barracas de Köpenick y ordena a un sargento y cuatro granaderos que le acompañen. Estos, al ver a tan imponente capitán, que por cierto nunca antes habían visto, no cuestionaron ni por un momento la orden y lo siguieron en su marcha.

Los soldados se sorprenderían cada vez más al ir dándose cuenta que su viaje tenía como meta las oficinas del gobierno de la ciudad, no obstante, continuaron marchando sin objeción alguna. Una vez allí, “el capitán” les ordena que arresten a Rosenkranz, el secretario del gobernador, y a Georg Langerhans, el gobernador mismo, bajo los cargos de corrupción y desfalco del tesoro público. Los hombres perplejos por semejante orden pero temerosos de tan rígido capitán procedieron a atar a los “culpables” de tan grave crimen mientras al mismo tiempo Voigh tomaba como “evidencia” 4000 marcos y 70 pfennigs. Tras el arresto le ordena a dos de los hombres permanecer realizando guardia en las oficinas y al sargento y los otros dos granaderos a llevar a los “culpables” a Berlín para que sean interrogados. Luego de dar las ordenes el “capitán” se dirige hacia la estación de tren y desaparece.

Pasarían unos meses y finalmente debido a la “vida despampanante” que se estaba dando en los burdeles prusianos las autoridades lograron encontrarlo y apresarlo. Todo indicaba que iba a recibir la pena máxima por su crimen, sin embargo “su hazaña” le ganó la admiración del pueblo que no dejaba de burlarse de las fuerzas del orden a causa de lo sucedido. Semanas antes de su condena los disturbios fueron tales que el mismo Káiser Wilhelm II vetó la condena y le otorgó el perdón… Voigt, ni siquiera tuvo que devolver el dinero y quedó con tan buena fama que incluso le levantaron un monumento en su honor…

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El ordenador de Athanasius Kircher

Athanasius Kircher es una de las personas que más admiro. Un monje jesuita, un inventor excéntrico, un científico con una mente brillante y creativa que se conjugaban en un solo individuo dando como resultado algunas de las ideas y creaciones mas raras y llamativas. Ya hemos hablado de Athanasius en si (sin embargo, pueden leer algunos de mis otros artículos sobre sus ideas e inventos Aquí, aquí, aquí, aquí), sino que voy a comentarles de algo, que de haber funcionado, podría haberse convertido en una de las primeros ordenadores de la historia.

Kircher estaba convencido que el promedio de vida de una persona era demasiado poco, se sentía frustrado de saber que no llegaría a aprender todo lo que deseaba, y de hecho, lamentablemente, esto se reflejó en el que nunca pudo cumplir su sueño de viajar a China -tierra que catalogó y estudió tanto al punto de haber realizado un mapa, y bastante acertado, de la región sin siquiera haberla visitado-.

A causa de esto varias de sus investigaciones e inventos estuvieron enfocadas en realizar aparatos y maquinarias que facilitasen la vida, acelerando la resolución de tareas repetitivas. Una de estas máquinas fue, en efecto, algo que podría haberse catalogado como ordenador: El dispositivo creado al rededor del 1660 y cuya intención era la de resolver cualquier cuestión matemática, estaba dotado de un complejo sistema de engranajes y poleas. Estas piezas, ubicadas correctamente, eran capaces de formar mediante una serie de palillos la respuesta. Si bien el “ordenador” de Kircher logró resolver correctamente problemas sencillos fallaba al intentarlo con operaciones más complejas. Pero qué era lo más interesante de este singular aparato se preguntarán, la respuesta es su funcionamiento: Kircher, además de científico, era un artista por lo que continuamente mezclaba la ciencia con el arte. Su ordenado no fue una excepción, y para su manejo, uno debía memorizar largos poemas en Latín los cuales debían ser representados en las palancas de la máquina. Su complejidad era tal que Kircher escribió un “pequeño manual de uso” de unas 850 páginas… -que vaya sea de paso hoy se considera uno de los primeros “manuales de usuario” de la historia-.

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El gran inventor que nunca inventó nada

Durante las décadas del 60 y del 70 en el Reino Unido existió una persona que dedicaría todo su tiempo a pensar en ideas e inventos para mejorar la vida cotidiana. Estando absolutamente convencido de que sus aportes cambiarían al mundo, Arthur Paul Pedrick, se vio frustrado una y otra vez cuando absolutamente ninguno de sus 162 inventos resultara ser seleccionado para fabricación, utilizado en la industria o aplicado de alguna manera. Quedando así como uno de los inventores más prolíficos de la historia, que sin embargo, no inventó nada ya que ninguna de sus ideas y patentes fue concretada físicamente.

Preocupado por las leyes de la física y sus aplicaciones en el mundo moderno, Arthur, se metería en todo tipo de invenciones. Desde diversos tipos de transporte como un automóvil “empujado por caballos” hasta un sistema de intrincados acueductos desde la Antártida para irrigar los desiertos del mundo. Si bien no era un experto en nada, opinaba de todo: Desde mecánica cuántica hasta física nuclear, siempre sorprendiendo a los técnicos del registro de patentes con sus explicaciones “alternativas”.

Algunos de los inventos de Paul:

El automóvil con “caballos de fuerza reales”:
Curiosamente no fue el único con esta idea. Básicamente un intento de revivir la tracción a sangre utilizando automóviles como carros.

Cómo terminar la Guerra Fría:
Ubicar tres satélites en órbita que en caso de detección del lanzamiento de un misil nuclear por alguna de las potencias automáticamente borren del mapa, con una lluvia de misiles nucleares, a Washington, Moscú y Peking… Por supuesto que en ése escenario el “remedio” sería peor que la enfermedad, ya que el mínimo error de cálculo o mal funcionamiento activaría el sistema destruyendo el mundo como lo conocemos.

Irrigar los desiertos de Australia:
Utilizando una lluvia de nieve importada de la Antártida. Utilizando éste método, según el inventor, se podrían crear nuevos campos de cultivo y cosecha en el territorio australiano, el cual es en su mayor parte desiertos. De ésta manera podría terminarse con el hambre mundial, o al menos eso creía Pendrick. En definitiva, los nuevos campos además impulsarían a repopular las áreas desérticas de Australia, incentivando así la economía global en su conjunto y generando una era de bonanza.

Athanasius, el microscopio y el descubrimiento de los microbios

Athanasius Kircher fue un monje jesuita cuyos logros le ganaron el apodado de “el maestro de las cien artes” el cual no sólo fue uno de los precursores de la audiofonía, como vimos en el tema sobre la Musurgia Universalis, sino que, y entre tantas otras cosas, también fue el primero en plantear una teoría microbiológica sobre las pestes. La siguiente es una excelente traducción del texto sobre Athanasius Kircher de Scott McLemee (ver más adelante por el texto completo), ensayo de gran calidad sobre la genialidad de Kircher y su odisea científico-intelectual por este mundo. En el texto de McLemee hay un párrafo que hace mención a un escrito realizado por Athanasius mientras examinaba la sangre de víctimas de la plaga con un microscopio, Kircher deduce:

“La enfermedad puede ser causada por organismos muy minúsculos que se incorporan al cuerpo desde el exterior.”

Eso no sólo acredita a Kircher como el primer proponente de una teoría microbiológica, sino que más adelante en su libro, Ars Magna Lucis et Umbrae, donde habla sobre óptica y las fases de la Luna, Kircher hace referencia, por vez primera en la historia, a un microscopio. Si bien el microscopio ya existía sería Kircher quien lo nombraría, convirtiéndose así en el responsable histórico de acuñar la palabra “microscopio”.

Vemos, de esta manera, que Kircher no solo fue el primero en proponer una teoría microbiológica como vector de infección, sino que también fue el responsable de otorgarle el nombre a la herramienta más importante con la que cuenta la microbiología. Sin duda alguna para un hombre común y silvestre esto ya hubiera sido motivo suficiente como para haber pasado a la historia con laureles. Sin embargo Athanasius no era un hombre cualquiera, Kircher fue sin duda alguna uno de esos grandes que la humanidad pocas veces puede ver. Un científico aventurero y soñador tan deseoso por descubrir esa omnipresencia natural, esa búsqueda de la harmonía matemática de la naturaleza que lo harían capaz de las más alocadas hazañas, como ingresar a un volcán activo, con tal de descrubrir, de alcanzar esa verdad. Pero esa es otra historia.

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