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La legendaria katana perdida de Masamune

Masamune Ozaki es considerado de forma unánime como el herrero más legendario de todo Japón. Activo en el siglo XIII en la región de Sagami, prontamente sus espadas y dagas se volvieron legendarias en Asia, con candidatos a discípulos que viajaba desde todos los rincones de las islas para verlo. Dichas armas eran tan preciadas y buscadas que solo emperadores, shogunes y generales tomaron posesión de las misas, incrementando así aún más la leyenda.

La legendaria espada perdida
Masamune OzakiLas espadas de Masamune fueron utilizadas por algunos de los personajes más históricos del Japón, desde emperadores hasta héroes nacionales como Musashi y sus 47 rōnin.

Es por ésto que las espadas de éste celebre herrero son consideradas como tesoros nacionales de valor incalculable, todas resguardadas en museos o colecciones de prestigio, salvo, y tristemente, la que es por lejos la más legendaria de todas las espadas creadas por Masamune: Honjo.

La espada era el símbolo de la casa de los shogunes Tokugawa, pasada de generación en generación y considerada como la espada más filosa de todas. Debido a ésto, era llevada a las batallas y utilizada por el mejor de todos samurai de los Tokugawa, así, durante muchos años inspiró a miles de guerreros.

Durante una de éstas batallas, Umanosuke, el samurai encargado de llevar la espada en batalla, se trenzó en duelo contra el general enemigo, Honjo Shigenaga. Si bien en un principio Shigenaga queda gravemente herido ya que la filosa espada atravesó el costado de su casco casi sin esfuerzo cortando su rostro, el experimentado general logró sobreponerse y matar a Shigenaga. Como trofeo tomaría la espada, la cual sería renombrada a Honjo Masamune en su honor.

Honjo Masamune

Pasarían los años, las décadas y los siglos, y eventualmente la familia Tokugawa, ya no shogunes sino que adinerados empresarios, recuperarían la espada familiar y la preservarían.

Tokugawa IemasaNuevamente la espada volvería a pasar de generación en generación, hasta que en 1945, Tokugawa Iemasa, con un Japón devastado por la guerra y las bombas nucleares, llevaría la espada a una comisaría en el distrito de Mejiro para protegerla de los saqueos que los soldados invasores estaban cometiendo. Desgraciadamente su plan resultaría ser un tiro por la culata, ya que el ejército de los Estados Unidos, que se encontraba tomando todo Japón tras la rendición incautaría la espada tras obligar a los oficiales de policía a entregar todas sus armas, espadas y dagas incluidas.

Si bien en un principio un tal “Sargento Coldy Bimore(en comillas ya que hoy se sabe dio un nombre falso) tomó “posesión temporal“ de la espada, la misma rápidamente desaparecería y nadie en el ejercito americano se hizo cargo, permaneciendo perdida hasta el día de hoy a pesar de enormes recompensas ofrecidas por la misma y literales expediciones en su búsqueda.

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Claude, la falsa Juana de Arco

Historias de impostores hay muchas, pero tan fascinantes como la de Claude des Armoises hay pocas; y esto no es poco decir ya que personificar a un personaje histórico y además obtener la ayuda de los familiares de la persona original e incluso, eventualmente, llegar a convertirse en la persona que intentó personificar es algo nunca antes visto.

Pira de Juana de ArcoNacida en el siglo XV, Claude des Armoises fue una de las tantas mujeres que pretenderían ser la mismísima Juana de Arco, quienes, con algún que otro detalle pintoresco o poético sobre como escaparon a la muerte enamorando a un caballero o asistidas por Martin Ladvenu, siempre terminaban contando una coartada similar para justificar su presencia a pesar de que toda Francia sabía que la controversial Juana había sido quemada en la hoguera erigida a finales de mayo de 1431 en la Vieux-Marché (el mercado) de Ruan ante la presencia de cientos de morbosos espectadores, los cuales, no sólo no contentándose con la ejecución, además reclamaron a coro que uno de los soldados ingleses presentes revolviese la hoguera con su lanza hasta exponer y exhibir los restos de hueso y carne carbonizados de la occisa.

Si bien en la mayoría de los casos dichas impostoras eran ignoradas o rápidamente juzgadas y apresadas por embusteras, así como solía ser la regla con los tantos otros de miles de impostores oportunistas deambulando por el mundo en una época donde la información viajaba muy lentamente y a los personajes de importancia se los conocía principalmente por descripciones orales, Claude tenía una gran diferencia: era físicamente idéntica a Juana, a tal punto que en la misma Orléans, ciudad en la que se la conocía físicamente a la Doncella de Orléans, la presencia de Claude en 1434, unos tres años tras la ejecución, causaría una conmoción sin igual que envolvió a toda la ciudad. Presentándose en la plaza ante los rumores que comenzaron a correr, los hermanos de Juana, Jean and Pierre, se sorprendieron al ver una joven la cual era el calco viviente de su hermana, y durando poco su emoción ese mismo día idearon un singular plan para salir de su mala situación económica: reclutar a Claude como Juana, acompañarla por toda Francia, y así dar una validez irrefutable a los rumores. Quien negaría que no se trataba de la misma Juana cuando ésta no sólo era físicamente idéntica, sino que además iba acompañada por sus hermanos.

Preparando la pira de Juana de Arco

Así, viajaron de festival en festival, de recepción en recepción, recibiendo costosos regalos, premios y atendiendo elegantes banquetes en su honor. Claude, a quien todo el mundo ahora conocía como Jeanne, incluso se casa con un adinerado noble llamado Robert des Armoises, del cual tomaría su nombre familiar y títulos, permitiendo a los tres gozar de una vida rodeada de regalos y amistades con abundantes fortunas. Eventualmente, sería el mismo Carlos VII de Francia, a quien la verdadera Juana había asistido a llegar al trono, quien cuestionaría a Claude durante una reunión. No obstante, éste, quizás porque la vio inofensiva o quizás por el peso en su consciencia de haber dejado a Juana morir, la perdona y deja ir sin consecuencia alguna.

Claude, o ahora Jeanne, retornaría al castillo de Jaulny, donde vivió por el resto de sus años como la esposa de Robert des Armoises y además gozando legalmente de todos los títulos anteriormente pertenecientes a Juana de Arco. En efecto, la otrora impostora, terminó convirtiéndose a fuerza de convicción y credulidad popular en la persona que pretendió ser.

El burro que engañó a la élite intelectual de París

1080-2.jpgCorría el año 1910 y una exposición muy importante realizada en el famosísimo Salón de los Independientes en París, se celebraba una exposición de arte visual en la cual se le daba espacio a nuevos artistas.

Si bien la exposición sería muy concurrida por artistas de varios estilos, sería una pintura expresionista de nombre “Coucher de soleil sur l’Adriatique” -Atardecer en el Adriatico- la que cautivaria la mayor cantidad de opiniones y opiniones. La misma, realizada por el enigmático y desconocido artista Rafael Boronali, estaba compuesta por un conjunto de trazos fuertes y caóticos, colores amarillos y anaranjados que, según algunos de los críticos más respetados de Francia representaba “un acto de furia natural” y “una maravilla del arte expresionista”.

Habiéndo crecido la fama de la misma a un punto realmente considerable, aparecería un escritor y pintor que, tras presentarse bajo su seudónimo de Dorgelés, suministraría pruebas irrefutables demostrando que Rafael Boronali era en realidad un burro llamado Lolo.

1080-1.jpgDorgelés, cuyo verdadero nombre era Ronald Lecavelé, había planeado todo con un amigo. Poco tiempo antes de la exposición habían llevado a Lolo a un lugar tranquilo y, tras ponerlo de espalda a un lienzo, procedieron a atarle varios pinceles en la cola. Una vez que todo estuvo en su lugar, solo alcanzó con ofrecerle varias zanahorias a Lolo para que éste, tan feliz, moviese su cola en un vaivén interminable. Tras ver el resultado en el lienzo, el mismo daría a Dorgelés la impresión de una costa durante el atardecer,

Los críticos se convertirían en el hazmereír de todo París, y el interés por la obra crecería a tal punto que la misma terminaría siendo vendida en la para nada módica suma de 400 francos. Al momento de la broma Dorgelés tenía 24 años. Y si bien su intención no era la de criticar a los artistas en sí, sino a los críticos de arte, ganaría varios enemigos en el proceso.

Oliver, el eslabón perdido que no fue

Hace aproximadamente un año y medio hablábamos sobre los sueños de Stalin por poseer un ejército que no cuestione órdenes, incluso las más inhumanas. Sueño para el cual contaría con los servicios del científico Ilya Ivanov, quien intentaría crear un híbrido simio-humano. En el mismo, mencionábamos la existencia de Oliver, un chimpancé que durante varios años tuvo convencidos a varios investigadores sobre la posibilidad veraz de la existencia de híbridos chimpancé-humanos.

1076-1.jpgAdquirió a una edad muy temprana por los entrenadores Franl y Janet Berger, los cuales se encontraban buscando animales en la antigua Zaire, actual Congo, Oliver demostraría con el paso de los años que no era un bonobo normal. El hecho de poseer facciones que asemejaban a las de de un hombre y el caminar perfectamente erguido sin utilizar sus brazos como apoyo eran cualidades que, incluso para los más escépticos, resultaban intrigantes y hasta sospechosas. De hecho, prontamente surgiría la teoría de un híbrido chimpancé-humano, un aberración natural producto de la cruza sexual entre hombres y simios. Otros, incluso, llegaron a proponer que en realidad se trataba de una nueva especie, una que conformaba el eslabón evolutivo perdido entre simios salvajes y humanos –debemos tener en cuenta que este concepto era muy popular por aquella época, e incluso varios biólogos respetados creían en la posibilidad de encontrar una nueva especie con una capacidad mental y física intermedia-

No obstante, Oliver comenzaría a desarrollar una notable atracción hacia su entrenadora humana, por lo que temiendo un accidente, decidirían venderlo en el 76. Su nuevo dueño, un abogado oportunista neoyorquino, no lo dudaría ni un segundo, y comercializaría Oliver como, en efecto, el eslabón perdido. Así sería que lo harían recorrer países, en un show insensible de fenómenos. Especialmente en japón, donde se usuraría con la situación presentando información falsa y aseveraciones exageradas sobre el comportamiento racional del mismo -una de ellas representándolo con ropa y tomando de una copa-.

1076-2.jpgUsufructuado a más no poder, al año siguiente sería vendido a un parque de atracciones, donde permanecería varios años. Para el año 1989 Oliver sería comprado por la Buckshire Corporation, laboratorio que se dedicaba a la experimentación cosmética. Su nuevo hogar, en el que viviría durante 9 largos años, sería una pequeña jaula que lo obligaba a permanecer encorvado. Razón por la cual Oliver terminaría desarrollando una atrofia muscular y quedando casi ciego. Eecién en 1998 sería finalmente enviado a un santuario para chimpancés, una reserva especializada donde podría vivir en armonía y al aire libre. Lugar en el que permanece actualmente, atendido correctamente por veterinarios y expertos en reahabilitación animal.

El misterio develado
El único misterio sobre Oliver fue el producto de la exageración y las mentiras. Si bien Oliver presenta varias discrepancias a nivel genético en ciertos marcadores encontrados en los chimpancés, estas se deben más que nada a mutaciones aisladas, y no al producto de un híbrido chimpancé-humano. De hecho, un estudio realizado por la Universidad de Chicago en 1996 ha demostrado que Oliver no sólo posee la cantidad de cromosomas esperados en un chimpancé, sino que además su morfología craneal y otros aspectos particulares del mismo se encuentran entre los margenes esperados para su especie.

Este video es la parte 1 de 6 de un documental producido sobre Oliver. Si bien se encuentra en inglés en el mismo podrán ver filmaciones de Oliver caminando y parte del material promocional que fue utilizado durante su viaje como el “eslabón perdido”.

21 de Agosto de 1911, el día en que robaron a la Mona Lisa

Tiempo atrás la Mona Lisa no gozaba de la popularidad que hoy la acompaña, de hecho, a principios del siglo XX la misma ocupaba un un salón compartido con otras pinturas, no como pieza central, sino como una obra más de la exhibición.

El robo de la Mona LisaEste era el salón Carré, en el cual se exponía arte del Renacimiento. La seguridad era tan laxa en el mismo que tras ser robada, debería pasar un día corrido hasta que el pintor Louis Béroud, quien iba solamente de visita al museo, notara un faltante en la pared. Acongojado, el pintor se dirigiría hacia los guardias de seguridad, donde informaría que un robo había tenido lugar. El guardia con un tono relajado y un tanto despreocupado, le replicó que la misma seguramente se encontraba siendo fotografía para utilizar su imagen en los folletos de publicidad del museo. Béroud, a quien le resultó extraño el procedimiento, se dirigió a buscar información con uno de los superiores del museo, quien le confirmó su temor, efectivamente, la sonriente dama había sido sustraída ilegalmente.

Théophile Homolle, curador del ala egipcia, encargado del museo ya que el director del Louvre estaba de vacaciones, llamaría a la Policía de Paris. Al llegar los oficiales, rápidamente implementarían un cerrojo y el museo cerraría sus puertas durante 7 días y medio, donde una frenética búsqueda se desarrollaría con el fin de encontrar la pintura. Búsqueda que resultaría inútil, ya que la misma no apareció, sólo su marco descartado.

Decididos a marcar un ejemplo los investigadores confeccionaron una larga lista de sospechosos, entre ellos Picasso, a quien lo citaron a declarar. Pero ninguno de los entrevistados parecía ser el culpable. En efecto, la Mona Lisa parecía haberse perdido para siempre.

No tardarían en aparecer todo tipo de conspiraciones y teorías del por qué del robo. Entre las más graves estaba la que sostenía que el robo fue organizado por el gobierno alemán para deshonrar a Francia. Tal sería la fuerza que tomaría la misma que un incidente internacional casi ocurre cuando los alemanes comenzaron a decir que era todo un complot francés.

Miles ven la Mona Lisa en su gira por ItaliaMiles de personas acuden a verla en Italia antes de ser retornada a Francia

(Click para ampliar)
Pasarían dos años y el comprador italiano de arte Alfredo Geri recibiría una carta ofreciéndole la pintura robada. Aunque incrédulo, Geri, que no quería problemas, daría aviso a uno de los administradores del museo Uffizi, quien le recomendó responder la carta. Este acataría el consejo y arreglaría con el misterioso vendedor una cita en Milan. Quien, tras presentarse bajo el seudónimo de Leonardo Vincenzo, comentó que quería vender la obra a un museo italiano por medio millón de liras en un acto patriótico de devolver a Italia los tesoros robados por Napoleón -curioso, ya que fue el mismo Leonardo quien llevó su obra a Francia y la vendió al Rey Francis I por varios cientos de onzas de oro-. Tras reconocer la obra como original, y dar aviso a la Policía, el hombre cuyo nombre real era Vincenzo Perugia y trabajaba como carpintero en el Louvre, sería apresado.

Sin embargo, a Perugia se le daría sólo una condena simbólica, ya que la gente lo alentaba como todo un patriota. La pintura recorrería por toda Italia antes de ser devulta al gobierno francés, y curiosamente, en un vuelco del destino, el incidente sería el primer escalón hacia la fama que goza actualmente.

Curiosidad 1: Una de las ironías es que la razón por la que Beróud fue a ver la pintura es porque éste quería unirse a la protesta de varios artistas por la colocación de cristales protectores frente a las obras más importantes, que según éstos, quitaban de la experiencia artística. Su intención era ver a la Mona Lisa y pintar a una mujer parecida arreglándose el cabello mientras utilizaba el reflejo del cristal protector como espejo.

Curiosidad 2: Posteriormente se sabría que Perugia no estaba sólo, y este había sido prácticamente convencido por un estafador argentino de nombre Eduardo Valfiemo. Valfiemo trabajaría junto al copista Chaudron durante los años en los que la pintura estuvo desaparecida vendiendo copias muy hechas de la obra maestra.

Para seguir leyendo
Sobre la sonrisa de la Mona Lisa
Extenso texto sobre el robo (en inglés pero con varias imágenes)
Info técnica sobre el cuadro y algunas curiosidades sobre su conservación

La Sirena de Fiji

Me encantan las historias que incluyen una estafa y un personaje extremadamente carismático y talentoso que logra engañar a medio mundo -siendo todavía Víctor Lustig el Rey de los estafadores!. Por esta razón he decidido hacer una lista con los 5 engaños -o hoax, anglicanismo que tomó mucha popularidad últimamente- de todos los tiempos.

La sirena de FijiCorría el año 42 del siglo 19 y los barcos a vapor exploraban el mundo descubriendo misterios y lugares asombrosos. Gracias a esto la imaginación popular se había elevado a un punto culmine de creencias artífices de monstruos, maldiciones y lugares exóticos dignos de un sueño compartido entre Joseph Conrad y Lovecraft. Una noche, como cualquier otra de la populosa New York, descendería de un barco transatlántico un caballero Inglés llamado “Dr. J. Griffin” de altísima cultura y modales dignos de un noble de alta cuna, también poseería magnificas credenciales siendo miembro de un tal “British Lyceum of Natural History” -inexistente por cierto-. La diferencia entre el Dr. Griffin y los demás pasajeros es que éste, en su equipaje, cargaba con un monumental “descubrimiento de la ciencia”, nada más y nada menos que una sirena.

La sirena de Fiji
Supuestamente capturada en las Islas Feejee -en Español Fiji- la sirena se lograría convertir en la vedette de los periodistas por lo que decenas de reporteros de todos los medios correrían por entrevistar al prestigioso doctor. Por supuesto ayudó a este furor el que Griffin mandara unos meses antes cartas sobre el descubrimiento de un magnifico ser mitológico. Ante la unánime exigencia de mostrar a la sirena Griffin sólo ponía negativas, pero tras la presión, lograrían que éste la muestre brevemente… quedando absolutamente convencidos del hallazgo. Acto seguido, el cómplice de Griffin y comediante de profesión, un hombre llamado Barnum se dirigiría a todos los periódicos “ofreciendo” un grabado de la sirena con la excusa de que el ya no lo necesitaba más. “Curiosamente” el grabado reflejaba la imagen de una hermosa joven con cola de pez. Esto, y el que todos los editores pensaran que tenían la exclusiva, bastó para que el 17 de Julio todos los periódicos de New York mostrarían la imagen de la hermosa dama, creando un furor y deseo impresionante por presenciar dicho hallazgo entre el público.

Literalmente todo New York hablaría de la sirena durante semanas, y esto llevaría a que en el momento de su exhibición, no sorprendentemente, hubiera una gigantesca cola de personas esperando a pagar su entrada para ver ese magnífico ser. Sin embargo, una sorpresa aguardaría a los espectadores: La sirena no sería una mujer hermosa sino que terminaría por ser un horrible ser con una de las expresiones de dolor más horripilantes jamás vistas. Ninguno de los miles de espectadores se daría cuenta que en realidad era la cola de un salmón disecada y cosida al cuerpo de un mono que Griffin había comprado por unos centavos a un vendedor de porquerías un tiempo antes. Para cuando se dieron cuenta del engaño realizado por Griffin, que ni siquiera era su verdadero nombre, y sus complices, éstos ya estaban muy lejos con valijas repletas de dinero.

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Victor Lustig, el hombre que vendió la Torre Eiffel

Victor LustigVictor Lustig fue un personaje muy particular ya que, merecidamente, pasó a la historia como el mayor embaucador de todos los tiempos. Dotado de un carisma embriagante y con una sonrisa compradora, Victor, quedaría inmortalizado como “El hombre que vendió la Torre Eiffel”. Ya poseedor de un profundo historial de estafas, como el haber vendido máquinas que imprimían dinero en su juventud, Lustig se lanzaría a realizar uno de los mayores engaños de la historia cuando en 1925, al leer en un periódico sobre los sonantes problemas que tenía la ciudad a causa de los gastos de mantenimiento del emblematico monumento parisino, adoptara el falso personaje de un oficial de gobierno y le enviara una invitación de negocios a seis comerciantes de la industria metalúrgica. Armando una reunión en la misma torre, donde ofrecería a los posibles compradores transporte en lujosas limusinas y elaborados discursos sobre los beneficios de comprar el monumento, Lustig se las arreglaría para hacerlos entrar en un remate en el cual apostarían una gran cantidad de dinero. El remate lo ganaría André Poisson, y tras este, ya con un maletín repleto de billetes, Victor tomaría un tren hacia Vienna donde viviría como un duque por varios años.

Torre Eiffel

Sin embargo, las aventuras de Lustig no terminarían con esto. Un tiempo después de su particular venta de la torre convencería al mítico Al Copone de realizar un negocio, inexistente, por 40 mil dólares. Tras mantener durante dos meses el dinero en una caja de seguridad Victor lo regresaría a Capone con una falsa nota de disculpas y el comentario de que el negocio había fallado. Capone, sorprendido por la “integridad” de éste buen hombre, le enviaría la suma de 5 mil dólares en señal de agradecimiento por no haber escapado con el dinero. De esta manera Lustig se quedaría no solo con una considerable cantidad de dinero sino que, además, ganaría el favor y amistad de uno de los mayores jefes de la mafia, solo por haberlo estafado!!.

Abusando de su suerte, varios años después, sería atrapado en uno de sus negocios y enviado a la prisión de Alcatraz. De todas maneras se las arreglaría para vivir como un rey dentro de la misma.

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