Los destripa casinos

A lo largo de la historia existieron infinidad de estafadores, desde el carismático Victor Lustig que logró vender la torre Eiffel y estafar a Al Capone, hasta el circense P. T. Barnum considerado en el presente como el rey de los mentirosos. No obstante, debido a los colosales esfuerzos de seguridad y monitores, estafar a los casinos parece ser una tarea imposible. Dos grupos demostraron que esto no era así, los Eudaemons y el Clan Pelayo, mejor conocidos como: los destripa casinos.

Los Eudaemons

Este pequeño grupo de expertos en física y sagaces matemáticos hasta el día de hoy logra hacer que recorra un frío temor por la espalda de los dueños de los casinos más importantes del mundo. Fundado por Doyne Farmer y Norman Packard el objetivo de esta logia consistía en encontrar una manera fiable de vencer científicamente a la ruleta con el fin de ganar suficiente dinero como para construir una comunidad de ciencias de alta tecnología.

Tras una intensiva investigación descubrieron que mediante funciones trigonométricas y cuatro variables interdependientes -período de rotación del disco, período de rotación de la bola, etc- se podía lograr predecir con un margen muy aceptable donde caería la bola. Como las ecuaciones eran complejas para ser resueltas mentalmente construyeron una primitiva computadora oculta en un zapato, la cual podía ser alimentada discretamente con los datos obtenidos durante el juego.

Detalle visto desde arriba del zapato ordenador de los Eudaemons.
Ordenador introducido en un zapato por los Eudaemons con el fin de explotar las fallas de los casinos y así volverse millonarios. El infame grupo de estudiantes del MIT que intentó destripar casinos utilizado tencnología de punta.

El mini ordenador era operado con los dedos del pie y la información procesada era enviada a ocho dispositivos vibrotáctiles ubicados en el pecho de la persona. De esta manera dependiendo del lugar en el que sintiera la vibración, la persona debería apostar al octeto correspondiente.

Por desgracia, para los estafadores obviamente, las limitaciones tecnológicas les acarrearon muchos problemas, como por ejemplo sobrecargas que resultaron en quemaduras, errores de conductividad que terminaron en shocks eléctricos, etc.

Si bien el proyecto no obtuvo mucho éxito a causa de problemas personales y la inexperiencia de sus participantes, el resultado dejó preocupados hasta el día de hoy a los dueños de casinos. Ya que no solo los Eudaemons -o Eudemonios si lo prefieren castellanizado- lograron demostrar que se podía predecir con un margen bastante cercano el resultado de la ruleta, sino que además lograron en ganancias obtener un 44% de lo invertido.

Asustados con este resultado hoy los casinos invierten fortunas en sistemas «anti-Eudaemons», incrementando su personal de vigilancia remota y ampliando en gran medida el personal de control de piso.

Exhibición de museo mostrando los elementos que los Eudaemons intentaron utilizar para destripar a los casinos de Las Vegas.
Exhibición de museo mostrando los elementos que los Eudaemons intentaron utilizar para destripar a los casinos de Las Vegas.

Ciertamente el agudo ojo de los agentes de seguridad de los casinos de Las Vegas está siempre atento, sin dejarse encandilar por las aparentemente infinitas luces de la ciudad más emblemática de los juegos de azar.

El Clan Pelayo

Son muchas las personas que se adjudican hazañas tales como haber vaciado «legalmente» casinos y de ser poseer algún método infalible, sin embargo en lo que a evidencias se refiere casi nadie puede demostrarlo. Gonzalo García-Pelayo es uno de los integrantes de ese selecto puñado de apostadores que posee pruebas innegables, y que mejor evidencia que su apodo de «saquea casinos» o el hecho de que tenga la entrada prohibida a la gran mayoría de los casinos europeos.

En el libro que coescribió junto a su hijo, titulado «La Fabulosa Historia de Los Pelayos», llegó a contar varias de sus técnicas y anécdotas. Entre las más interesantes se encuentra su «Sistema para ganar a la ruleta»

El sistema para ganar a la ruleta de los Pelayo

Basándose en la premisa de que algunas ruletas concretas deben tener alguna imperfección física y que no existe la ruleta perfectamente aleatoria (abombamientos, tamaño de los casilleros de los números, flexibilidad de las placas separadoras, etc.) basta con examinar los números ganadores durante varios miles de lanzamientos buscando un sesgo hacia los que más frecuentemente aparecen.

Si la ruleta tiene una pequeña deformación o abombamiento y, digamos, el 21 está en un “valle”, tal vez salga con más frecuencia de lo que cabría esperar y superados ciertos valores es favorable apostarlo (puede que ese sesgo supere la ventaja teórica del 2,7% del casino).

Tras examinar al menos 5.000 “bolas” (lanzamientos) sobre una ruleta real, se analizan los números que han salido más de lo normal. Salir “más de lo normal” significa que ese número aparezca “más de 1/36 de las veces”, que sería lo habitual para obtener un premio [también podría hacerse con 1/37 ó 1/38, pero García Pelayo prefiere la probabilidad vs. premio.

Varios fajos de dólares desparramados sobre una mesa.
Varios fajos de dólares desparramados sobre una mesa.

Para saber si esa desviación es debida a un sesgo real del mecanismo de la ruleta o al puro azar, se comparan esos valores con dos límites. El primer límite es aquel que en una simulación realmente aleatoria por ordenador abarca al 95% de los casos (solo un 5% de los casos se pasan del límite).

El segundo límite es el que engloba al 99,95% de las simulaciones (solo un 0,05% de los casos pasan ese límite). Si tras esas 5.000 tiradas comprobadas algún número supera el primer límite significa que casi con toda probabilidad habrá un sesgo real sobre ese número en esa ruleta debido a algún defecto (no hace falta saber cuál). Y se supera el segundo, más estricto, el sesgo será según García-Pelayo “absolutamente seguro y cierto” mientras esa ruleta no se modifique o manipule.

Por ejemplo: si tras 20.000 pruebas se espera el valor de +278 como límite al 99,95% y se observa que el 36 ha salido +633 veces de lo normal… es que algo extraño pasa. Conclusión: algo realmente extraño le pasa al 36, y hay que jugarlo porque es un número ganador. Si ese sesgo supera el 2,7 ó 5,4% de margen que tiene el casino, que es lo que sucede al pasar esos dos límites, la ruleta puede considerarse, en palabras de García-Pelayos, “una caja de ahorros” más que un juego de azar.

Crocky

En la otra esquina tenemos a William «Crocky» Crockford, un niño pobre de las calles victorianas londinenses quien, al crecer, se dio cuenta de que la mejor manera de amasar una cuantiosa fortuna era crear su propio casino y vaciar a las clases aristocráticas del Reino Unido. Crocky es considerado como el creador del primer casino moderno.