Es en parte una pena que el desarrollo tecnológico y científico se diera de la manera que se dio y no de la manera en la que soñaban los victorianos. Me fascinaría ir a mi trabajo no en automóvil sino en un globo a turbina; salir de paseo en mi bicicleta alada e ir a visitar a mi dentista que, con una máquina grande como un edificio y plagada de mecanismos internos accionados a vapor, es capaz de curar mi dolor de muelas en segundos.

Estas dos postales, las cuales, dada su paleta de colores y estilo calculo son de finales del siglo XIX, representan dos ciudades: Nueva York y Atlantic City, dos ciudades que en efecto a finales del siglo XIX eran vistas como la Meca de la tecnología, el industrialismo y el avance científico en los Estados Unidos, razón por la cual generalmente se las imaginaba como las ciudades del futuro. Incluso Metrópolis, la película pionera del género de la ciencia ficción, estaba basada en parte en Nueva York.

La siguiente imagen representa a Liberty, Nueva York. Vemos que la Nueva York del siglo XIX era muy distinta a la de nuestros días.

Postal del siglo XIX imaginando el futuro, vemos todo tipo de globos aerostáticos, dirigibles, monorieles y vehículos voladores.
Postal del siglo XIX imaginando el futuro, vemos todo tipo de globos aerostáticos, dirigibles, monorieles y vehículos voladores.

Sobre todo, y en especial a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se dio un fenómeno social y un movimiento cultural y de pensamiento denominado como optimismo científico, especialmente expresado mediante el cine y la literatura, en el cual se veía al avance científico y tecnológico como una especie de panacea que curaría y solucionaría todos los males habidos por haber en la sociedad y el planeta tierra.

Nota: la panacea era un remedio, en ocasiones un objeto, en la mitología de la antigua Grecia capaz de curar todas las enfermedades y aliviar todos los males y dolores.

Otro detalle de interés en las postales aquí presentadas es ver la existencia extendida y casi universal del monoriel aéreo, considerado como una de las tecnologías de transporte público masivo más prometedoras a futuro a principios de siglo. Este tipo de tecnología de transporte público masivo se popularizó en muchos países. Fue incluso en un monoriel aérea donde ocurrió la famosa historia de Tuffi, la elefanta que saltó al vacío desde uno de estos vehículos y logró sobrevivir.

La siguiente imagen representa la zona portuaria de Atlantic City:

Postal del siglo XIX imaginando el futuro, vemos todo tipo de globos aerostáticos, dirigibles, monorieles y vehículos voladores.
En inglés, escrito a mano y en letra cursiva por la persona que envió esta postal hace más de un siglo, se lee: «How is this for the future» o en español «Cómo va esto para el futuro»

Por alguna razón un futuro en el cual un marinero gigante sobrevuela el muelle de Atlantic City en su submarino volador mientras hondea una bandera holandesa. Las maravillas de la tecnología.

Vemos que además de los monorieles los dirigibles y globos aerostáticos eran universalmente vistos como el transporte aéreo por excelencia. En efecto, los dirigibles se volvieron extremadamente populares a principios del siglo XX, al punto que la primer linea aérea comercial de la historia, la DELAG, utilizaba exclusivamente dirigibles para realizar sus viajes aéreos.

Por otro lado también vemos que se creía que la generación de energía a vapor continuaría dominando el mundo incluso hasta nuestros días.

Por su parte, los globos aerostáticos fueron el primer tipo de vehículo que permitió llevar a cabo el vuelo humano en la Historia. Este fue el vuelo pionero en la Montgolfière por los hermanos Joseph Michel y Jacques Étienne Montgolfier.