Los actos circenses del pasado

Los siglos XIX y XX se caracterizaron por los más espectaculares actos nocturnos en los varios distintos clubes nocturnos, bares, teatros en incluso cabarets de la época. Desde los extraños actos de cabaret como los realizados por Le Pétomane, un artista que «hablaba y cantaba» con sus flatulencias, hasta los grandes actos de faquires, contorsionistas e ilusionismo y magia como los realizados por el gran ilusionista Cardini, el primer as de las cartas, y de quien solo se conserva un solo video en la actualidad.

En este artículo hablaremos sobre otro de estos artistas fuera de lo común del pasado, Mirin Dajo, el último de los faquires. Un hombre que, ante el asombro de todos, era capaz de atravesar su cuerpo con espadas sin salir lastimado.

Mirin Dajo, el último de los faquires

Mirin Dajo fue un faquir de los Países Bajos cuyo acto quedaría en la historia como algo único e irrepetible. Ya que no solo atravesaba por completo su cuerpo con todo tipo de espadas y puñales, sino que además el sangrando no era aparente y, efectivamente, ante el asombro del público, parecía poder clavarse las espadas más filosas sin emitir un solo quejido o señal aparente de dolor. Incluso, ante el asombro del público, solía clavarse todo tipo de objetos para luego tomar agua y convertirse en la «fuente humana».

Su nombre artístico, que en el idioma artificial esperanto significa «maravilloso», fue tomado a mediados del siglo XX con el fin de describir de manera sutíl la principal característica de su actuación: un acto de control corporal digno de maravillar. Entre 1946 y 1947, tras ser avistado por un representante, llevaría su acto al Teatro Coros en Zurich, en el cual ganaría popularidad por toda Europa.

Incrédulo, personal del Hospital cantonal de Zurich invitó a Dajo a realizar una serie de pruebas y experimentaciones practicadas personalmente por el Dr. Werner Brunnerand, jefe de cirujanos de dicha institución. Los resultados asombrarían a todos ya que, tras una prueba de rayos-x, los médicos y la prensa presente podrían comprobar que no se trataba de un truco, y que el hombre había sido efectivamente atravesado por un sable en una zona considerada como de importancia vitál.

Temerarios del pasado: quizás debido a la falta de regulaciones o simplemente a causa de cuestiones culturales de la época muchos actos del pasado contenían un nivel de peligrosidad inexistente en el presente. Esto queda claro en el cine pionero, donde pilotos de prueba como Ormer Locklear eran capaces de colisionar sus aeroplanos contra edificios con el fin de conseguir la toma perfecta.

Curiosamente, y lo que convierte su caso en algo único, es que a diferencia de otros faquires, los cuales atraviesan objetos por zonas grasosas, Dajo generalmente atravesaba su cuerpo por zonas consideradas vitales -algo que eventualmente lo llevaría a una muerte prematura a causa de un daño irreversible a su aorta-. De todas formas, para la medicina actual, el caso del fakir maravilla continúa siendo un misterio.