Vlad III Draculea

Vlad Tepes, mejor conocido como Vlad el Empalador, es en Occidente una de las personas peor entendidas de la Historia. Quizás por la fama que le dio el escritor irlandés Bram Stoker con su novela Dracula y también en parte gracias a la exageración popular, hoy en día Vlad es representarlo como un monstruo mitológico. No obstante, en Europa del Este, y sobretodo Rumania y Hungría, Vlad es recordado como un héroe nacional y un estratega que utilizó la propaganda de guerra, algo tan viejo como la civilización misma, para salvar a su pueblo de la conquista otomana.

La invasión otomana a Valaquia

De joven fue entregado por su padre a manera de «señal de buena voluntad» a los otomanos, éstos lo humillaron a tal punto que creyeron tenerlo subyugado, sin embargo, el mayor dolor de Vlad, no era la humillación misma, sino el que su padre hubiese traicionado el juramento de la Orden del Dragón, el cual prometía defender a los territorios de la familia de la conquista otomana.

Seres mitológicos que resultaron ser ciertos: si bien Vlad era un hombre de carne y hueso al cual los siglos y la literatura convirtieron en un ser mitológico, a lo largo de la historia han existido seres considerados como mitológicos que resultaron ser ciertos. Dos ejemplos de lo anterior son el conejo cornudo, popular en los bestiarios medievales y el cual se descubrió era en parte cierto debido a un virus que hacia crecer una cornamenta callosa en los conejos, y el hombre lobo de Ansbach el cual se descubrió era en realidad el relato medieval sobre un enorme lobo alfa que atacaba sin piedad un poblado alemán.

Fue así que cuando los otomanos conquistaron la región de Valaquia lo pusieron en el trono como príncipe vasallo. Sin embargo, una serie de convulsiones internas de la región destronaron a Vlad a menos del año y éste, que de marioneta otomana no tenía ni un pelo, en una serie de inteligentes movidas políticas no solo se rehízo con el trono de Valaquia, sino que también se acercó a los poderosos húngaros, enemigos de los otomanos y quienes en, en 1451, habían recapturado Serbia de manos de éstos.

Transcurriría la década y entre 1459 y 1460 respectivamente, Vlad tomó la arriesgada y ciertamente belicosa decisión de dejar de pagar tributo al Imperio Otomano, reafirmando finalmente su alianza con Mathias Corvinus líder de Hungría.

Pintura antigua mostrando una corte real.
Pintura reflejando el enviado del sultán Mehmed II a la corte de Vlad Tepes, el empalador.


Los otomanos, ya bajo el mando de un viejo conocido de Vlad, el sultán Mehmed II, decidirían impartir un castigo ejemplar a la población local con el fin de demostrar a otros estados vasallos que los levantamientos no serían tolerados. Vlad sabía que los otomanos no exageraban, como ejemplo existía Constantinopla, la cual pocos años atrás, en 1453, había sido conquistada por éstos, y los castigos a la población fueron extremadamente duros.

La propaganda sangrienta

Para 1462 los otomanos habían amasado un ejército aproximadamente tres veces superior al de Vlad y mucho mejor equipado, razón por la que entraron en Valaquia y prontamente dominaron su capital, Târgoviste. Si el haber estado prisionero durante su juventud le sirvió de algo, fue el hecho de conocer fuertemente las costumbres y el pensamiento de sus enemigos.

Grabado de Vlad el Empalador.
Grabado alemán de Vlad el Empalador almorzando mientras sus enemigos son empalados en la estaca.

Por lo que se valdría de la guerra de guerrillas para atacarlos. Esto lo concretaría ejecutando todos sus ataques por la noche, sin prácticamente actuar o aparecer de día, y los mismos los repartiría en pequeños grupos de hombres. Muchas veces vestidos como otomanos infiltrándose en sus campamentos y causando estragos.

Esto, según el cronista polaco de la época Jan Dlugosz, llevaría a que los otomanos se intranquilicen, llegando a crear toda seríe de leyendas al rededor de Vlad sobre «su amor por la oscuridad». No obstante, lo que más amedrentaría al enemigo serían los empalamientos. Ya que, por costumbres de la época, Vlad solía empalar, en lugares altos y a la vista, a los distintos contingentes otomanos capturados.

Tal fue su utilización de dicha metodología que todo tipo de leyendas a su alrededor sobre su gusto por la sangre se comenzaron a formar. Sobretodo ya que Vlad explotaba esta técnica al máximo, por ejemplo, antes de invadir una ciudad o poblado que pudiese representar oposición fuerte, solía empalar a varias personas arreglando las estacas en distintas figuras geométricas, una de sus formas preferidas era en círculos concéntricos. Incluso, varios panfletos y manuscritos medievales ilustraban a Vlad disfrutando de los empalamientos mientras comía.

Los castigos de antaño: si bien el castigo a los otomanos propinado por Vlad puede resultar extremo, en el pasado todos los castigos militares eran de esta índole. Por ejemplo, el castigo de los kanes mongoles contra otros kanes era literalmente hervirlos vivos en una gigantesca olla.

El resultado de la propaganda sangrienta

Este accionar a Vlad le sirvió para ganar la guerra ya que eventualmente los otomanos abandonaron la región. Por ejemplo, uno de los eventos más registrados de esta campaña. tuvo lugar en Octubre del 62, cuando un contingente de soldados Otomanos se negó a cruzar el Danubio al toparse con miles de cuerpos podridos clavados a estacas en los bancos del rio.

E incluso el mismo Sultán Mehmed II quien al llegar a Târgoviste vio desde las colinas distintas figuras geométricas de estacas en las que, según dicen los registros otomanos, había entre 15 mil a 20 mil hombres pudriéndose. Acto seguido Mehmed II se asqueó y volvió a la recientemente conquistada Constantinopla.

Pintura sobre la Batalla de las Antorchas, el ataque nocturno de Vlad el Empalador contra las fuerzas del sultán Mehmed II. Pintura por Theodor Aman. Estos ataques eran extremadamente efectivos y mortíferos.

Pintura de una batalla medieval.
Pintura sobre la Batalla de las Antorchas

Si bien su accionar durante la guerra fue excesivo, su oscura fama nace a partir de sus brutales acciones tiempo después contra los Boyardos, la clase aristocrática local responsable de la muerte de varios de sus familiares y conspiraciones en contra de los príncipes de Valaquia.

Además, su profundo odio hacia los mercaderes e inmigrantes sajones, a quienes los Valaquios consideraban como parásitos, hizo que siglos más tarde Stoker e Inglaterra se las cobraran haciendo famosa la leyenda del Conde Drácula.


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