Un científico optimista

En el año 1860 el Ministerio de Bellas Artes de Francia publicaba con gran pompa y utilizando fondos del estado un tratado llamado «Manuscrit pictographique Américain précédé d’une Notice sur l’Idéographie des Peaux-Rouges» -Manuscrito pictográfico Americano – Precedido por una anotación sobre la ideografía de los pieles-rojas-. Dicha obra era considerada como un gran avance en el estudio antropológico de América que pondría a Francia a la vanguardia. No obstante, fue todo lo contrario, y terminó siendo el peor fiasco científico en la Historia, solo comparable al que fue el peor engaño en el arte del siglo XX.

Varias reuniones y congresos fueron organizados en torno al estudio de dicho ejemplar y su autor, el reconocido geógrafo y experto en los pueblos autóctonos de América, Emmanuel Domenech, se había vuelto una especie de celebridad momentánea en la comunidad científica.

Las expediciones científicas al nuevo mundo: durante los siglos XVIII y XIX muchos científicos y exploradores viajaron al nuevo mundo con el fin de explorar sus misterios e intentar descubrir algo asombroso y así ganar prestigio. Uno de estos fue el gran ilustrador y naturalista Alexander Von Humboldt, quien descubrió un loro que era el único ser vivo que conocía palabras del extinto lenguaje de los atures.

Ciertamente la suerte había llamado a su puerta ya que la autoría del tratado fue gracias a la serendipia. Varios meses antes una llamada del director de la Biblioteca del Arsenal de Paris pondría en sus manos un misterioso manuscrito del que no se sabía el origen y había sido catalogado bajo el nombre de «Livre des Sauvages» por un empleado de la biblioteca que lo había encontrado mezclado entre los archivos de la misma.

Este manuscrito, supuestamente creado por tribus nativas de América, contenía varias imágenes que Domenech interpretó como originales lenguajes y religiones americanas de la época precolombina, y significaba un redescubrimiento total de estas culturas. Apresurado para evitar que alguien se le adelantara y tras estudiar profundamente los dibujos hallados en el manuscrito, Domenech compiló el tomo mencionado en el párrafo anteriores en el cual ofrecía un detallado y complejo análisis de cada supuesto «pictograma» hallado en el manuscrito. «Pictogramas» que iban desde representaciones de templos hasta figuras de dioses.

Otros manuscritos: si bien el manuscrito de Domenech era una farsa, hay otros manuscritos cuyo valor científico era incalculable y los cuales requirieron tareas de conservación monumentales para preservarlos. Por ejemplo, en 1952 un científico debió inventar un ingenioso método para abrir los Manuscritos del Mar Muerto sin que se desintegren.

Tal obra hizo que incluso lo sugieran para el Prix Volney -un prestigioso premio otorgado por el Institut de France- y fuera agasajado con varias cenas y premios. Con tanta gloria nadie podría haber imaginado la tormenta que se estaba por desatar luego de que en una de estas cenas el Ministro de Estado francés -que como curiosidad era el hijo de Napoleón-, muy pasado de copas y alegre por el descubrimiento, comenzara a despotricar contra Alemania e Inglaterra diciendo que la «civilización francesa» era «una luz entre la oscuridad» y que esta era el «motor del avance en el mundo Occidental» -incluso llegando a hacer referencias escatológicas sobre los países rivales-.

Un gran fiasco científico

Los dichos anteriores levantaron un gran revuelo e indignación, entre ellos la del reconocido bibliógrafo Petzhold quien, con el fin de desprestigiar la obra de Domenech, decidió analizar el manuscrito original con el fin de encontrar algún error.

Tras obtenerlo algunas semanas después este no pudo llegar a creerle a sus ojos, el supuesto «manuscrito» indígena no era más que el cuaderno de tareas de un niño alemán, y los «pictogramas» que Domenech había identificado eran simplemente los intentos de escritura del niño realizados en letra gótica -inmensamente utilizada en Alemania pero casi desconocida en Francia-.

Más vergonzoso aun todas las figuras que Domenech había catalogado como «brujos», «dioses» y «templos» eran simples dibujos de cosas triviales como un panal de abejas o una salchicha. Pero claro, el prestigio como geógrafo de Domenech, su notable pasado como explorador y conocedor del nuevo continente llegando a haber sido el Secretario de Prensa de Maximiliano von Habsburg el Emperador de México (El Segundo Imperio de México fue uno de los tantos estados efímeros de América), hicieron que todos den por sentado la veracidad de su investigación. En un abrir y cerrar de ojos Domenech pasó de celebridad a hazmerreír de la comunidad científica.


Enlaces relacionados

A lo largo del río durante el Festival Qingming, el manuscrito de 52,8m

― Puedes ver un escaneo del manuscrito «Manuscrit pictographique Américain précédé d’une Notice sur l’Idéographie des Peaux-Rouges» siguiendo éste enlace publicado en el boletín de 1861 de la Société de Géographie.