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El trágico destino de los moriori, la tribu que odiaba la violencia

Los moriori eran una civilización muy avanzada para su tiempo, creían en la paz total y el entendimiento. Si bien ciertamente creo (o al menos espero) que el dialogo y la paz es el futuro que la humanidad merece y debe de trabajar duro para algún día alcanzar, todavía estamos demasiado lejos de esto. Infortunadamente los moriori intentaron ser absolutamente pacifistas en un tiempo y contexto donde reinaba la ley del más fuerte, sin reparar en al menos adoptar una postura de no agresión pero con cierta capacidad de defensa; por el contrario, negaron la violencia incluso cuando era en defensa propia.

Arte MorioriTodo comenzó a finales del siglo XV, cuando Nunuku-whenua, el lider de la tribu polinésica Hamata de los moriori llevó a su gente a las Islas Rēkohu, deshabitadas en ese entonces. Asqueado de las guerras que atestiguó durante su juventud, Nunuku estableció una serie de leyes que prohibían la guerra, la violencia, el canibalismo y el asesinato sea cual fuese el motivo. Eventualmente comenzaron a progresar en las islas, lo que impulsó a los otros moriori a migrar hacia las mismas y vivir en paz.

En 1791 llega a la isla el HMS Chatham, de la armada británica (de aquí que hoy se conoce a las islas como las Islas Chatham). Su tripulación establecería una pequeña base y al encontrar a los moriori muy pacíficos nunca entraron en conflicto con éstos, sólo comerciando de vez en cuando e intercambiando alimentos por cuerdas, lámparas y materiales de herrería.

No obstante, los tiempos oscuros llegaron en 1835, cuando alrededor de 900 guerreros maoríes desembarcaron en las islas. Los mismos cometerían atrocidades inimaginables, las cuales incluyeron desde la esclavización de niños hasta violaciones masivas y asesinatos rituales, en una oportunidad llegaron a masacrar al 10% de la población de las islas; obligando además a los sobrevivientes a defecar en las tumbas de sus ancestros e incluso a empalar vivas a decenas de mujeres en las playas. Este nivel de odio y violencia es totalmente inexplicable, ya que los moriori ni siquiera intentaron defenderse o presentar resistencia, por lo que no puede aducirse rencor alguno ante estas inhumanas acciones.

Guerreros maoríes

(Los maoríes eran una cultura guerrera por excelencia. Constantemente en expansión, altamente territoriales y con una habilidad de combate única. Con sus rostros y cuerpos enteramente tatuados atormentaban incluso hasta a los marinos del Imperio Británico.}

Los marinos británicos en las islas nunca intervinieron, ya que la relación con los maoríes era extremadamente tensa y no querían arriesgar desatar un conflicto en las colonias de Nueva Zelanda, ni ofender a los maoríes aliados al Imperio Británico contra las tribus maoríes más fuertes. Esta pasividad probaría haber sido inútil, ya que menos de 9 años después el Imperio Británico entrarían en guerra contra la gran mayoría de las tribus maoríes en las llamadas Land Wars (Guerras de Nueva Zelanda)

30 años después de la invasión maorí sólo menos de 100 Moriori quedaron con vida, y las antiguamente llamadas Leyes de Nunuku pasaron a llamarse como la Maldición de Nunuku.

Mimizuka, la colina de las cuarenta mil narices

100 aspectos de la LunaJapón posee un pasado, si bien muy romántico con su extremadamente rica cultura, honorables guerreros samurai, impresionantes jardines de ensueño y templos de madera que alcanzaban el cielo, bastante expansiona y agresivo contra sus vecinos. Es por esta razón que en el este asiático muchos países ven a Japón como un estado históricamente agresor. Esto no se remonta solamente a los crímenes de guerra cometidos contra la población civil china durante la Segunda Guerra Mundial en Manchuria, sino que se cementa tras una prácticamente incontable lista de agresiones a lo largo de los siglos.

De este pasado violento son quizás las “tumbas de narices” o “tumbas de orejas” los más tristes recordatorios. Las mismas son tumbas para los enemigos del Japón en suelo japonés cuya función era la de servir como trofeos de guerra. Y su nombre, muy descriptivo por cierto, viene del hecho de que en las mismas se depositaban las orejas y narices mutiladas de los soldados, y en muchas oportunidades civiles, enemigos.

De todas estas, la más increíble es la hallada en Kyoto, Mimizuka, referida informalmente como la colina de las cuarenta mil narices, y en la cual se depositaron entre 38000 a 40000 orejas y narices de soldados coreanos y chinos traídas como trofeo tras las cruentas invasiones japonesas a suelo coreano en el siglo XVI. Invasiones que tuvieron lugar cuando un Japón unificado y bajo el mando de un regente ambicioso por poder, Toyotomi Hideyoshi, arrasara gran parte de Corea con la intención de hacerse con territorios de Corea, China e incluso la India. La contienda duró siete años, y éstos fueron suficientes para que solamente entre los bandos defensores, principalmente coreanos y chinos, murieran más de un millón de soldados y civiles. Japón ‘sólo’ perdió unos ciento-cuarenta mil hombres tras lo que decidió abandonar la causa.

Mimizuka

Increíblemente se calcula que éstas 38000 piezas humanas depositadas como trofeo en Mimizuka eran sólo una pequeñísima fracción del total de partes humanas traídas tras la invasión, ya que la gran mayoría de los ‘trofeos’ debieron de ser descartados durante el viaje a causa de la putrefacción de los mismos, sobreviviendo solamente los que pudieron ser almacenados en barriles de salmuera.

El primer campo de concentración formal de la historia

Si bien hoy la BBC se llena la boca hablando de los campos de concentración alemanes, curiosamente, o quizás convenientemente, parece que esta se olvida de un pequeño detalle histórico, el que los campos de concentración son un invento “Made in Britain”.

El Gobierno Británico siempre deseó controlar Sudáfrica por su valor estratégico y económico, razón por la cual intentó a lo largo de la historia defender sus territorios y expandirse en dicho lugar, realizando al mismo tiempo todo tipo de acciones contra la mayor fuerza opositora de la región, los bóers, descendientes de colonos de los Países Bajos, más cercanos y partidarios de Holanda y amigos de Alemania.

1167-3.jpgEs así que incontables sanciones, bloqueos navales, operaciones encubiertas y, principalmente, guerras, fueron planeadas y ejecutadas por el Reino Unido contra territorios bóer. La Primer Guerra Anglo-Bóer tendría lugar entre 1880 y 1881, y entre las varias razones de la misma se encontraba el control de los depósitos de diamantes en Kimberley descubiertos 14 años antes de la guerra -descubrimiento que desestabilizó enormemente el balance de la región,- las rutas navales del Cabo, y, sobretodo, eliminar a la república bóer de Transvaal, la cual se había independizado del Reino Unido hacia un poco antes. La guerra terminaría por motivos económicos y de opinión pública, especialmente tras la paliza recibida a manos de los bóer en Majuba. Sin embargo, el Reino Unido no se quedaría de brazos cruzados, en especial tras el descubrimiento de oro al sur de Transvaal en 1886. Así, tras ocho años de haber terminado la primer guerra -que hubiesen sido menos si no fuese porque en el intermedio los Zulu, con armas suministradas por los Bóer, atacaron a los Británicos en una guerra del tipo “todos contra todos”- y luego de una serie de ataques encubiertos, y sabotajes a intentos de mediaciones internacional, como el de la Conferencia de Berlín, desataría una nueva guerra mucho más larga y sangrienta que la anterior. Iniciada “informalmente” con un ataque a Transvaal, hoy conocido como el Jameson Raid, para obligar así a los Bóer a dar el “primer golpe” y dejarlos ante la opinión pública como agresores. Duraría tres años y el Reino Unido gastaría £200 millones de Libras en el proceso (una cantidad astronómica para la época). Esta guerra sería también recordada como la Última Guerra Imperial Británica, ya que demostraría al Reino Unido como incapaz de eliminar brotes independentistas en sus territorios coloniales. Algo que quedaría como un estigma hasta el día de hoy.

El campo de concentración
1167-2.jpgEsta nueva guerra seria despiadada y sangrienta, las tropas británicas estaban decididas a quedarse con todo y con todos. Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de recursos dispuestos, no se verían los resultados rápidos y esperados en un primer momento, ya que los bóer, no solo peleaban fieramente por su independencia, sino que además se habían organizado en guerrillas y unidades móviles denominadas “kommando”. Tras varios ires y venires y mucha sangre derramada, es así que llegamos al 1900. Cuando el mariscal de campo H.H. Kitchener intentara un “nuevo acercamiento” contra las guerrillas bóer: atacar directamente a las familias y el sustento de éstos.

Tras implementar una política de destrucción total de sus tierras y condenar a miles al hambre, Kitchener comenzaría a capturar a las esposas e hijos de los bóers, encerrándolas en un sistema semi-industrializado de detención, en el cual los mismos detenidos debían cubrir el coste de su proceso de detención realizando todo tipo de trabajos forzados. Kitchener llamaría a este lugar como “Campo de concentración”, inaugurando este oscuro término en las páginas de la Historia. Si bien en el pasado habían existido campos de detenidos -como el de Estados Unidos en las Filipinas un año antes,- este era el primero apuntado específicamente a un grupo étnico indistintamente y no solo combatientes, y a su vez destinado a “pelar” de población una región en conflicto. Las pésimas condiciones de vida en lugares insalubres llevaron a causar miles de muertos. Incluso, en una estrategia aun más inhumana, se limitaba la ración de comida a 1167-4.jpgmujeres e hijos de bóers aun en batalla, condenándoles así a una muerte por inanición. No solamente los bóers serían concentrados en estos campos, sino que también, y a pesar de no haberse involucrado en la guerra, varios africanos de raza negra, incluso de otras etnias ajenas a los zulu, serían detenidos para evitar así que ayuden a los bóer. En los campos morían un aproximado de 27 mil bóers, cifra alarmante si tenemos en cuenta que la población total de Transvaal (contanto también a los hombres) era de 200 mil personas. Es decir, el 13,5% de la población. Increíblemente la cantidad de soldados británicos en la región superaba las 470 mil unidades.

De manera tristemente curiosa, cuando comenzaron las detenciones, las tropas británicas alegarían que esto era “en defensa de los detenidos”; una excusa muy similar a la que dieron los nazis al aislar a cientos de miles de judíos en los ghettos. ¡Al final de la guerra había 45 campos distribuidos por todo Transvaal !

La guerra terminaría en el año 1902, miles de muertos, familias destruidas, territorios y economías arrasadas y, como ya mencionamos, con la reputación del Reino Unido en el mundo, y en las islas mismas, en el subsuelo y, peor aun para el gobierno, con un déficit que llevaría décadas reparar.

Enlaces relacionados
Lista de los campos y de las atrocidades cometidas, así como varias imágenes.
Estudio de los reportes producidos por las autoridades británicas de la época por la Universidad de Stanford.
Gran cantidad de imágenes y fotografías de la guerra.

El mayor cementerio subacuático de estatuas soviéticas

Estatua de LeninCuando Ucrania se liberó del dominio soviético, miles de personas salieron a las calles con el afán de destruir los símbolos y edificios que representaban la figura de poder soviético. Algunos de estos símbolos eran la infinidad de estatuas conmemorando a Marx, Lenin, Stalin y varios otros personajes que representaban el poder tanto ideológico como político o simplemente héroes de la Segunda guerra o de la Carrera espacial.

933-2Estatua submarina de Yuri Gagarin.

Estatua de LeninEn el 2003 un grupo de buzos checos exploró las fuentes de agua ucranianas. El resultado, un paisaje surrealista, docenas y docenas de estatuas sumergidas y semi enterradas por la flora marina a 20 metros de profundidad formando uno de los mayores cementerios de estatuas del mundo.

Realmente, un paisaje de otro mundo, bello y a la vez estremecedor.

Kolyma, Una autopista construida con trabajo esclavo y huesos humanos

La llegada del comunismo a Rusia no solo incrementó el nivel de opresión que el pueblo ya venía sufriendo con los Zares. Sino que además, y desafortunadamente, propiciaría una serie de metas belicistas, muchas veces aceleradas y desmedidas, que intentarían ser alcanzadas bajo cualquier precio. Incluso si ese precio significaba la pérdida de millones de vidas humanas. Uno de estos proyectos fue la autopista de Kolyma, la cual, a causa de la enorme cantidad de esclavos que murieron durante su construcción, sería apodada como “La Vía de los Huesos,” ya que los restos óseos de miles de los obreros muertos serían también utilizados como material poroso en la mezcla de construcción.

En 1932 el Directorado de Dalstroy, encargado de planear construcciones a gran escala y a su vez bajo el control de la NKVD -la agencia predecesora de la nefasta KGB,- decidiría construir una autopista con el fin de conectar las regiones orientales de Yakutsk y Magadan con el banco este del río Lena. Pretendiendo así mejorar el transporte de suministros y el movimiento de tropas en esta región de dificilísimo acceso. La obra sería faraónica y comprendería realizar trabajos en un clima inclemente, cuyo promedio de temperatura iba de los -30ºC a los -40ºC y, en algunos casos, como en los picos de las Colinas del Este de Siberia, donde el viento se incrementaba, unos -60ºC.

Tales condiciones no significarían un gran problema para el Directorado de Dalstroy, ya que éste contaba con una casi inagotable fuente de trabajo esclavo al emplear prisioneros del campo de concentración de Sevvostlag. Gente, que en una gran mayoría, su único “crimen” había consistido en tener opiniones diferentes a las normas generales o simplemente haber criticado públicamente a la doctrina marxista.

Éste inhumano proyecto no solo se apoyó en la utilización de esclavos para su, eventualmente fallida, concreción. Sino que además, los restos óseos de los miles de esclavos que perecieron en la construcción, fueron utilizados como material poroso en la mezcla utilizada para realizar la base de la ruta. Esto llevó a que hoy en día la misma sea considerada como un monumento conmemorativo al sufrimiento de dichas personas y se apodara como “la Ruta de los Huesos”.

A las decenas de miles que perdieron sus vidas en el campo de concentración, o gulag, de Sevvostlag hoy se las recuerda con un masivo y a la vez emotivo monumento llamado la Máscara del Lamento. Algo que me impresionó del monumento, es que la lagrima del rostro más grande esté hecha a partir de rostros más pequeños. Creo que ese es un fiel y revelador reflejo de las atrocidades de Kolyma.

Personalmente recomiendo el libro del escritor y poeta Varlam Shalamov, “Historias de Kolyma”. Shalamov fue prisionero del gulag y durante su cautiverio trabajó como esclavo, entre otros, en el proyecto de la autopista.

Enlaces relacionados
– El Museo del Gulag tiene un excelente artículo (en inglés pero con varias fotos) mencionando las duras condiciones en las que estos esclavos debían de trabajar.

Hosen-Ji, el árbol que sobrevivió a la bomba de Hiroshima

Hace unas semanas Alejandro Rivoz me envió un correo comentando una interesante historia a partir del artículo que había escrito sobre los Ocho afortunados -supervivientes a ambas explosiones nucleares en Japón-. La historia realmente me sorprendió.

Hosen-JiEl árbol de los cuarenta escudos, o Ginkgo biloba, posee características particulares que lo hacen único ya que no cuenta con “parientes” vivos al ser el único miembro de su clase y formar una sola especie -recordarán cuando hablábamos de fósiles vivientes 1 y 2. Originarios de china estos árboles se encuentran muy escasos sobre Japón, sin embargo, uno de éstos sería el protagonista de una historia plagada de esperanza y buena fortuna. Hoy en día, un ejemplar de esta especie posee el nombre de árbol portador de esperanza -Hosen-Ji-, ya que fue el único ser vivo que logró, junto a tres ejemplares más de esta especie, salir intacto a la fuerte ionización producida por la bomba de Hiroshima en la zona cero.

Esta hazaña no fue producto de la suerte ni de la casualidad, sino que al contrario el árbol de la esperanza logró sobrevivir a causa de su singular biología. El Ginko, al ser un fósil viviente, evolucionó en un tiempo en el que la atmósfera terrestre poseía una configuración particularmente diferente a la actual, al encontrarse esta fuertemente oxigenada. Razón por la que esta especie posee una alta tolerancia a la oxidación; mismo tipo de oxidación celular que acabó con casi todos los tejidos vivos de los seres que se encontraban en o sobre la zona cero del fatídico “Día Nuclear”.

Y el ser humano más cercano a la explosión
Si bien el ser humano más cercano a la explosión Akiko Takakura, empleada bancaria, se encontraba a sólo 300 metros del hipocentro, la diferencia con Hosen-Ji y los otros Ginkos era fundamental. Akiko, así como otros supervivientes cercanos, se encontraba en la bóveda de un banco fortificado construido para soportar el peor de los terremotos. Sin embargo, así y todo, sufrió fuertes quemaduras.

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Las siguientes imágenes son un collage de Nagasaki centrado en el punto exacto donde cayó “Fat Man” -el nombre clave de la bomba-. Es impresionante ver el antes y el después, prácticamente no quedó edificio en pie.

En las imágenes podemos observar la brutalidad de éste crímen contra la humanidad por parte de los Estados Unidos. Realmente una atrocidad sin nombre. Nagazaki era una ciudad sin mucha importancia estratégica, repleta de civiles que escapaban de Tokyo, ciudad bombardeada con armamento incendiarion constantemente.

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En Japón se denomina como los Ocho Afortunados a los sobrevivientes que estuvieron tanto en Hiroshima como Nagasaki cuando las bombas atómicas fueron lanzadas. Si bien es muy probable que más personas hayan sobrevivido a ambas detonaciones, de hecho el Museo de la Paz en Hiroshima calcula que pudieron existir unas 160 Nijū Hibakusha -traducción literal: personas doblemente irradiadas-, la falta de registros por parte del gobierno y el caos tras la rendición de Japón hicieron que sólo se confirmaran ocho casos. Frustrado con este panorama el afamado productor de TV Hidetaka Inazuka decidió filmar un documental llamado “Niju Hibaku” -Doble Irradiación- en el cual entrevista al último sobreviviente, Tsutomu Yamaguchi, de 90 años.

Yamaguchi era un ingeniero de Mitsubishi trabajando en el puerto de Nagasaki. El destino quiso que el fatídico 6 de Agosto, día en en el que fue detonada “Little Boy” la primer bomba de de 13 kilotones, se encontrara en Hiroshima en un viaje de negocios con el fin de asegurar el suministro de repuestos para el astillero de Nagasaki. En el momento exacto de la explosión se encontraba a 2 kilómetros de la Zona Cero guarecido por una fortificada instalación de la zona industrial de Hiroshima. Sin embargo, el calor intenso y los temblores hicieron que sufriera quemaduras y contusiones por todo su cuerpo. Cuando se lo entrevistó mencionó sólo recordar ver el flash y lo difícil que era respirar con el aire tan caliente. Tras ver el caos y el descontrol pasó dos días intentando volver a su ciudad. Al llegar, y a pesar de las heridas, decidió dirigirse a su puesto de trabajo y reportar lo ocurrido a su jefe quien, como gran parte de la población de Japón, ignoraba lo que había ocurrido. Como ingeniero Tsutomu sabía que el arma utilizada en Hiroshima no era convencional y temía que la guerra esté totalmente perdida. Sus temores se confirmarían ese mismo día, el 9 de Agosto explotó la segunda bomba. Yamaguchi se encontraba en las oficinas del astillero a unos 3 Km de la zona cero reportando y describiendo todo lo visto. Volvió a sentir el calor intenso y en ese momento, según sus palabras “aterrado pensé que las explosiones me estaban siguiendo a mi”. Cuando salio a las calles llegó a pensar que había llegado el fin del mundo.

Afortunadamente desde ese entonces Tsutomu pudo vivir una vida pacífica y formar una familia. Ya jubilado sigue viviendo en Nagasaki y dedica su tiempo libre a escribir poesías.

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