Ken Allen fue un orangután de Borneo nacido en cautiverio en el año 1971 en el zoológico de San Diego. Este enorme y amenazante, pero a la vez amistoso, primate se hizo mundialmente famoso durante la década de 1980 no solo por su habilidad para escapar de su recinto, sino además por sus pacíficos paseos por el zoológico en los cuales visitaba a otros animales e interactuaba con los visitantes. Algo que hizo que se ganara el apodo de «El Houdini peludo».

Fotografía de un orangután caminando.
Un orangután caminando. Si bien el orangután de la fotografía no es Ken Allen, esta nos da una idea de lo que habrán visto los visitantes del zoológico de San Diego paseando junto a ellos como un visitante más.

Sus escapes comenzaron desde una edad temprana, cuando a los pocos años de vida ya era capaz de remover los tornillos del techo de su jaula, en la cual debía dormir, para escapar de esta y dar largos paseos nocturnos por su hábitat. Algo que no fue evidente en un principio ya que, y sorprendentemente como se indica en la biografía del primate provista por el zoológico, el orangután volvía a colocar el techo de su jaula y ajustar los tornillos cuando terminaba de dar sus paseos.

Su primer escape de importancia tuvo lugar el día 13 de junio de 1985. Escape en el que logró salir de su recinto y recorrer el zoológico ante la mirada atónita de los visitantes. Ken era amistoso y juguetón con las personas a su alrededor, e incluso miraba con asombro a los otros animales encerrados en el parque.

Si bien el escape de Ken fue tomado de buena manera y con humor por la prensa y los medios de comunicación, las autoridades del zoológico lo tomaron como un problema serio a resolver, ya que creían que el escape del orangután se debió a un acto de negligencia por parte de los cuidadores. No obstante, rápidamente se dieron cuenta de que este no era el caso cuando el primate pelirrojo volvió a escapar de su recinto a las pocas semanas y dar un nuevo paseo por los senderos del zoológico. En esta oportunidad Ken utilizó su breve período de libertad para arrojar piedras a otro primate. La victima fue Otis, otro orangután que en el pasado había compartido el recinto con Ken y su familia pero debió ser removido debido a su agresividad hacia estos.

Los directivos del zoológico entraron en pánico, ya que si el orangután volvía a escapar y lastimaba a un visitante esto podría desembocar en serios problemas legales para el establecimiento, especialmente en los Estados Unidos donde las demandas generalmente terminan imponiendo multas multimillonarias. Por esta razón decidieron disponer de una guardia de cuidadores temporal, los cuales tenían la tarea de observar al «Houdini peludo», como había sido apodado por la prensa, y así determinar cómo lograba escapar. No obstante, como si el primate supiese que era observado, este no intentó escape alguno durante dicho período de vigilancia. Frustrados en su plan original, los directivos decidieron reforzar la parte superior del recinto pensando que los escapes se daban por dicho lugar.

Sin embargo, Ken fue más listo que estos, y en agosto de ese mismo año el primate logro robar una palanca perteneciente a los trabajadores que estaban realizando las ampliaciones en su recinto y utilizarla en su nuevo escape. En un acto de sorprendente inteligencia el orangután arrojó la palanca a su compañera de recinto, Vicki, la cual utilizó dicha herramienta para forzar una ventana y así permitirle a Ken escapar nuevamente.

Fotografía del famoso orangután escapista Ken Allen.
Ken Allen en 1992, mostrando un gesto obsceno, el cual aprendió de los visitantes, al fotógrafo.

Tras este nuevo escape en el que Ken utilizó no solo trabajo en equipo sino que además empleó una herramienta, las autoridades del zoológico enviaron al primate a una celda aislada e instalaron una cámara en blanco y negro para observar sus actividades y comportamiento.

Esto no fue tomado de buena manera por el público en general, ya que, gracias a las varias noticias en los medios de prensa producto de cada escape e incluso su club de admiradores, el «Orang Gang» (Pandilla orang) y una canción escrita en su honor la cual se terminó volviendo muy popular, el orangután tenía miles de admiradores por todos los Estados Unidos e incluso el mundo. Admiradores que comenzaron una campaña de cartas y llamadas telefónicas para lograr liberar al primate, no dejando otra opción al zoológico debido a la presión y demanda popular.

Durante el breve periodo en el que Ken Allen estuvo en su celda las autoridades del parque trabajaron frenéticamente para ampliar las medidas de seguridad. Se cavó un profundo foso de agua, se rodeó la parte superior con una valla electrificada de 12 voltios y se contrataron escaladores profesionales para que trepen por las paredes del recinto intentando descubrir puntos críticos de escape que se les hayan pasado por alto a los constructores.

El día en el que la liberación tuvo lugar, y para incrementar las medidas de seguridad aun más, el zoológico dispuso de cuidadores perteneciente a otras áreas del parque «vestidos de civil», para así evitar ser descubiertos, con el fin de observar constantemente a Ken Allen y reportar cualquier intento de escape. Aparentemente, el plan funcionó. Los guardias vieron a Ken intentar trepar las paredes del recinto y ser prontamente disuadido por la valla electrificada.

La canción a Ken Allen, la misma se volvió tan popular en su época que incluso fue emitida en vivo por la cadena NBC.

El «Houdini peludo» ataca de nuevo

Pasados dos años de su último escape, los directivos del zoológico ya respiraban con tranquilidad y pensaban que los escapes era parte del pasado. No obstante, Ken volvió a escapar aprovechándose de un desperfecto en la bomba de agua que llenaba la fosa de su recinto. El orangután trepó una pared evitando la valla electrificada, dio un salto y otra vez disfrutó de uno de sus paseos por el parque, interactuando de manera amistosa con los visitantes y casi llegando al recinto de los leones, lo que podría haber terminado en una tragedia.

Desesperados nuevamente por hallar una rápida solución, los directivos y los cuidadores comenzaron a sugerir ideas, ya que era su sospecha que fue el mismo Ken quien había tapado la bomba de agua. La solución, esta vez, fue asegurar de mejor manera la bomba y conseguir cuatro hembras con el fin de «darle su propio harem y calmarlo».

Fotografía del famoso orangután escapista Ken Allen.
Ken Allen durante los últimos años de su vida.

Dicha solución se convirtió en una pesadilla cuando a los pocos meses no solo el «Houdini peludo» volvió a escapar nuevamente, sino que además llevó de paseo consigo a dos de sus novias, Jane y Kumang, por el parque.

Tras esto las autoridades incrementaron nuevamente las medidas de seguridad. Agregando nuevas cámaras y guardias cuyo trabajo era vigilar constantemente el recinto de manera permanente.

Con tres anillos de seguridad, cámaras y guardias permanentes, Ken no volvería a escapar. No obstante, aprendió a hacer todo tipo de gestos obscenos contra los visitantes del zoológico.

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Tributo a Ken Allen en el sitio oficial del zoológico de San Diego (en inglés)

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Este artículo me ha hecho sonreír de principio a fin. ¡Qué orangután tan inteligente!

  2. Pues a mí me produce tristeza…..un animal tan inteligente, que por ello te puede demostrar tan claramente sus ganas de libertad, y aún así los humanos no pillamos las señales …..
    Al haber nacido en cautividad en libertad no puede estar, pues que hubiera ido a un santuario….pero tener animales en una jaula solo para que los humanos los veamos no me cabe en la cabeza….
    Y ojo! Igual con todos los animales salvajes, aunque no sean tan inteligentes y no nos hagan ver sus ganas de libertad…
    No nos hace falta ver los animales de cerca para saber de ellos. En pleno siglo XXI se podrian ver documentales 3D en ese tipo de instalaciones, hacer safaris respetuosos con la vida de los animales…. Solo hay que pensar sobre qué animal saben más los niños, sobre los dinosaurios o sobre el mandril? Y al dinosaurio no lo han visto nunca y el mandril está en todos los zoos. Pero el nivel de divulgación que hay sobre los dinosaurios (tanto serio como en películas y entretenimiento) es mucho mayor.
    Conversión de los zoos en santuarios y centros de recuperación de especies YA

      1. Si, es bastante triste si uno lo analiza desde esa perspectiva. También es muy triste lo que está ocurriendo en el hábitat natural de los orangutanes de Borneo, el cual está siendo destruido para extraer aceite de palma.

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