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Las estatuas parlantes de Roma, un medio para descargar el descontento popular con origen en el siglo XVI

En Roma existen seis estatuas las cuales se han vuelto un símbolo y emblema de la protesta y el enojo popular. Estas se denominan como las statue parlanti di Roma, o estatuas parlantes de Roma, y permitieron a lo largo de los siglos, incluso durante las épocas de mayor represión ideológica y política de la ciudad, que los habitantes de la misma peguen o cuelguen carteles ya sea con epigramas o poemas comentando y enumerando sus descontentos y criticas hacia las autoridades o la situación social del país siempre con un tono cínico o ácido y a la vez con mucho humor.

La tradición no es nada nueva, y se remonta hacia varios siglos en el pasado llegando a haber desatado la ira de las figuras de poder más importantes de Roma a causa de los mordaces y ácidos mensajes dejados por los protestantes de manera anónima. De hecho, una las más famosas estatuas parlantes, Il Pasquino, irritó a tal punto al Papa Adriano VI en el siglo XVI que este quiso arrojarla al río. No obstante, como la misma es una estatua que se remonta a la época final del Imperio Romano y las autoridades católicas de la época no estaban seguras si se trataba de un hombre cualquiera o uno de los primeros santos ya que la estatua había sido desenterrada de pura casualidad mientras se renovaba un camino de la ciudad; el irascible Papa no pudo salirse con la suya, debiendo de conformarse con ordenar la presencia de una guardia militar permanente junto a la misma para evitar así que los sagaces críticos siguiesen dejando mensajes con críticas a la iglesia y burlas contra su persona. Hoy en día se sabe que la obra en realidad representa al rey espartano Menelao, uno de los protagonistas de La Iliada. Il Pasquino fue la primera de todas las estatuas parlantes, y con ella se inició una tradición centenaria, la cual, irónicamente, quizás nunca se hubiese popularizado si Adriano VI hubiese sabido soportar de manera más adulta las críticas.

Cada una de estas estatuas tiene generalmente un tópico en el cual se especializan. Por ejemplo, otra de las estatuas parlantes, la estatua de Madama Lucrezia, la amante del rey de Nápoles, generalmente suele sostener carteles mencionando las varias infidelidades y desfachatadas aventuras de algunos políticos italianos. Con Berlusconi Lucrezia ciertamente se hacía un festín. Así mismo, se encuentra también la estatua del Abate Luigi, también de la época final del Imperio Romano y caracterizada por sus constantes mudanzas, ya que la misma fue cambiada de lugar una docena de veces. Durante una de estas mudanzas uno de los trabajadores perdió el equilibrio y la estatua cayó al piso de cabeza, pulverizando la misma en el proceso. Desconcertados, las autoridades de la ciudad ordenaron a uno de los museos a remplazar la cabeza original de la estatua por alguna otra en su colección que no tuviese cuerpo. Por dicha razón se considera que la estatua “perdió la cabeza” y generalmente se deja en ella mensajes relacionados a la locura y problemas de juicio.

Si bien se las denomina conjuntamente a las seis como estatuas, algunas son fuentes. En total estas son: Pasquino, en la Plaza de Pasquino; Madama Lucrezia, en la Plaza San Marco; Marforio en los Museos Capitolinos; la Fontana del Babuino, en la vía del Babuino; la Fontana del Facchino, en la vía Lata y la estatua del Abate Luigi, en la Plaza Vidoni.

El hombre que se salvó de la horca ante un tribunal de cazadores de brujas admitiendo que era un hombre lobo, pero eso sí, al servicio de Dios para matar brujas

No hay nada más fascinante y entretenido que las historias de personajes carismáticos y con mucho pensamiento lateral que se salvan a si mismos o a otros de las situaciones más difíciles y peligrosas no con el uso de la fuerza bruta sino gracias a su audaz lengua, y Thiess, un curandero que vivió en Livonia en el siglo XVII es el mejor ejemplo de ésto.

Los licántropos, u hombres lobos, son una parte fundamental de las culturas germánicas, eslavas, escandinavas y bálticas, en el pasado ya habíamos hablado del hombre lobo de Ansbach, una leyenda que resultó ser cierta, aunque no se trataba de un ser mitológico per se sino más bien de una jauría hambrienta de lobos que diezmó un pueblo en el 1685 y eso causó una histeria masiva.

Nuestra historia también tuvo lugar a finales del siglo XVII, más precisamente en 1691, y esto no es casualidad, ya que durante este período la transición de los poblados en pequeñas ciudades y la extensión de los territorios de pastoreo del ganado llevaron a una mortal colisión con el territorio de muchas jaurías de lobos. Uno de estos pueblos fue Jurgenburg, Livonia (territorio báltico que ocupó gran parte de lo que hoy en día es Lituania). Una serie de cosechas fallidas y ganado perdido a los lobos llevó a una histeria masiva entre los pobladores, sobretodo porque varios de éstos acontecimientos habían ocurrido durante las fiestas de Santa Lucia y de San Juan, y varias turbas iracundas comenzaron a formarse para linchar a cualquiera que sospechasen de brujería.

Para evitar que el pueblo descienda en una guerra civil entre acusadores y acusados, las autoridades formaron un tribunal para juzgar a cualquiera que se sospechase de ser hombre lobo o brujo, quienes por supuesto eran vagabundos, borrachos y, en el caso de nuestro protagonista, un curandero. Ahora, juzgar es una palabra utilizada con mucha ligereza en éste contexto, ya que en realidad la única intención del tribunal era calmar a las turbas “haciendo justicia” contra los seres maléficos. Salvarse o ser exonerado por los mismos era tarea casi imposible, pero no para Thiess, un hombre que supo jugar con las frágiles y supersticiosas mentes de los pobladores en su favor. Cuando se le preguntó si era un hombre lobo Thiess rápidamente confesó que sí, que en efecto era un hombre lobo. Esto dejó atónito a todo el mundo, y rápidamente comenzaron a pedir por la hoguera (más purificador que la horca), pero Thiess dijo que matarlo sería un error ya que su licantropía no era una enfermedad sino que se trataba una bendición. Esto, por supuesto, confundió a todo el mundo por lo que rápidamente y con su pellejo dependiendo de sus palabras Thiess pasó a relatar las causas de los problemas con las cosechas: Todo comenzó cuando un poderoso brujo llamado Skeistan junto a otros brujos tenían la meta de robarse todo el grano del pueblo y llevárselo al infierno. Thiess, ahora en papel de héroe, descendería al infierno junto a otros hombres lobo protegidos por Santa Lucia y San Juan y lucharían con los brujos por el grano utilizando barrotes de hierro mientras que los primeros utilizarían escobas encantadas. Entre otras de las tantas cosas que le relató a los jueces estaba la del hecho que, a los hombres lobo, les encantaba poner sal en su pan con manteca.

Hans Peter Duerr, un famoso antropólogo alemán moderno que escribió algunas de las mejores obras sobre los mitos de licantropía en Alemania y sus alrededores, halló parte del archivo original de la transcripción del relato de Thiess:

“Comúnmente, ellos [los brujos] fueron al Infierno tres veces, durante la noche del Pentecostés, de San Juan y la noche de Santa Lucia; en lo que concierne a las dos primeras noches, no fueron exactamente en esas noches, sino que más tarde cuando el grano está para cosecharse ya que es el tiempo en el que las semillas se forman en el que los brujos eliminan las bendiciones y lo llevan al infierno. Es en ese mismo momento cuando los licántropos toman por su cuenta la tarea de recuperar el grano.

Confundidos, y ante un público enteramente en silencio escuchando el relato, los miembros del tribunal le preguntarían al hombre qué fue de los otros hombres lobo, a lo que Thiess respondió que sus almas fueron llevadas a al cielo, y que los hombres lobo eran en realidad los “canes de Dios” utilizados para luchar contra el demonio y evitar que éste robe la abundancia de la tierra. Remarcando además que los hombres lobo eran muy comunes en Rusia y Alemania, pero debido a que los brujos y brujas al servicio del demonio constantemente desparramaban mentiras en su contra el populacho les temía. Al escuchar lo anterior el cura del pueblo intentó bendecirlo, pero el supuesto hombre lobo le dijo que no necesitaba de su bendición, ya que era un hombre más pío aun que el mismo religioso.

Las palabras de nuestro acusado asustaron aun más al pueblo, quienes ahora pensaban que había cientos de brujos y hombres lobos, por lo que para calmar las aguas y no crear aun más histeria el tribunal decidió no ahorcarlo, ya que “claramente no se trataba de un hombre lobo sino de un loco”, con su breve relato e imaginación Thiess había logrado cambiar el sentido y motivo del tribunal, el cual en primera instancia era ahorcar a un par de vagabundos y borrachos para calmar a la turba, pero que, no obstante, ahora debía no hacerlo para no generar aun más histeria.

Thiess sería sentenciado sólo a 10 latigazos por idolatría, salvándose de la horca y convirtiéndose en un héroe popular en los países bálticos.

El asistente de laboratorio novato que destruyó por error el mejor archivo fotográfico del Día D

Robert Capa, de origen húngaro, es reconocido como uno de los mejores fotógrafos y corresponsales de guerra del siglo XX. Desde la Guerra Civil Española, donde capturó la “Muerte de un miliciano”, pasando por la guerra Segunda guerra sino-japonesa, la Guerra árabe-israelí de 1948, hasta la destrucción de Berlin entre otros. Es muy posible que sin saberlo hayas visto su obra cientos de veces, ya que tomó algunas de las fotografías más emblemáticas e icónicas de la Historia.

Su talento y su valor eran tales, de hecho Chttps://www.meneame.net/m/cultura/asistente-laboratorio-novato-destruyo-error-mejor-archivo-dia-dapa se metía entre los soldados en medio del combate, que el Comando Aliado lo autorizó para tomar las fotografías del desembarco en Omaha, durante la Batalla de Normandía. A ver, para que entendamos la dimensión de esto, era húngaro, y Hungría era parte del Eje, por lo que para el mando aliado y a pesar de ser judío y perseguido por los nazis Capa era ante todas las cosas un “ciudadano enemigo”, y la invasión a Normandía era crítica y se mantenía en el máximo secreto. No obstante, su talento y coraje eran tales que así y todo lo enviaron a capturar con su cámara el desembarco cómo fotógrafo para la revista LIFE. Después de todo, su lema era “Si tus fotos no son buenas, es que no estás cerca”

Y así lo hizo, el valiente fotógrafo se subió a una de las lanchas de desembarco, sobrevivió a la artillería que destruyo a varias de las lanchas antes de que toquen tierra en la Playa de Omaha, sobrevivió a las ráfagas de ametralladora que venían desde los búnkers alemanes, a las minas, al fuego de morteros y a los francotiradores alemanes todo mientras tomaba fotografías con sus dos cámaras Contax II y lentes de 50 mm de la acción aconteciendo a su alrededor. En total tomaría 106 fotografías. Si bien hubo otros fotógrafos, la importancia de Capa es que éste desembarcó con la primer ola junto a la Compañía E del Regimiento de Infantería 16 de la 1ra División, lo que le permitió capturar el momento más intenso y cruento de la batalla. En comparación, ninguno de los fotógrafos de la Agencia AP pudo desembarcar con la primer ola, y el otro fotógrafo de LIFE, Bob Landry, desembarcaría en una playa no muy defendida. Los fotógrafos restantes irían con el General Patton o con la fuerza aérea.

Pero lo peor, incluso peor que las balas y granadas alemanas pasando a centímetros de su cuerpo durante el Día D, llegaría más tarde, cuando un asistente de laboratorio de sólo 15 años de edad llamado Dennis Banks contratado por la revista Life por unos pocos dólares en Londres tomara tres y medio de los cuatro rollos entregados por Capa, configurara mal el secador de la plancha de negativos derritiendo los mismos en el proceso. Sólo 11 fotografías sobrevivieron, este juego fotografico se conoce hoy con “Las Once Magníficas”. Curiosamente, Capa se apiadó del joven y nunca le dijo nada a sus jefes en Londres.

Algunas fotografías de Capa
Sperlinga, 1943.

La muerte de un miliciano, 1936.

El día en que los Estados Unidos y Canada pelearon contra un enemigo fantasma y perdieron 300 hombres

La Operación Cabaña (Operation Cottage) es quizás una de las curiosidades más raras de la Segunda Guerra mundial. El 15 de agosto de 1943 un enorme contingente de tropas americanas y canadienses, pero principalmente de los primeros, desembarcaron en la Isla Kiska con 3 regimientos de la 7ma División de Infantería por parte de los primeros, y una brigada de la 6ta División de Infantería por parte de los últimos durante la puja Aliada por tomar definitivamente el control de las islas Aleutianas. La isla le brindaba una considerable ventaja táctica a los Japoneses, quienes instalaron una serie de búnkers y posiciones anti-aéreas en las misma, pero éstos sabían que no podrían defender sus posiciones por mucho tiempo, sobretodo tras la derrota en Attu, por lo se retiraron de manera estratégica abandonando así de una vez por todas sus intenciones de lanzar una invasión a Alaska en un futuro. Mientras se retiraban, un avión de conocimiento B-24 Liberator avistó los transportes, pero los comandantes aliados interpretaron la situación completamente al revés, y pensaron que los japoneses estaban reforzando la isla, algo que no podían permitir bajo ningún motivo ya que las islas eran un trampolín hacia Alaska. Esto además serviría como un golpe de moral, ya que los japoneses habían capturado la isla con facilidad un año antes.

Bañados por una espesa niebla, sin saber que estaban desembarcado en una isla abandonada, y muy nerviosos, ya que la mayoría de esos soldados formó parte de la sangrienta batalla por la Isla Attu meses atrás, los americanos y los canadienses, que habían desembarcado en dos posiciones distintas con un día de diferencia, explorarían la isla durante dos días, varios murieron al pisar minas y otras trampas dejadas por los japoneses, pero lo peor llegó cuando ambos bandos se cruzaron unos con otros, y, ante la confusión y el miedo, comenzaron a intercambiar fuego entre ellos. Ese incidente en particular se cobró 32 vidas y más de 50 heridos de gravedad, el mismo sería replicado varias veces a lo largo del día con múltiples intercambios de fuego entre canadienses y americanos o entre ellos mismos.

Cuando determinaron que la isla estaba vacía de japoneses, más de 300 soldados aliados habían muerto por el “fuego amigo” o por las minas y más de 2500 habían terminado gravemente heridos. La Operación Cabaña pasó entonces a la historia como uno de los mayores fiascos en la historia militar tanto de los Estados Unidos como de Canada.

Al día de hoy la isla es aun un campo de muerte, ya que en la misma hay una inmensa cantidad de minas, municiones y bombas sin explotar. Si bien lo más peligroso ya ha sido retirado, gran parte se ha dejado como un museo al aire libre y un recordatorio de la guerra.

Restos de un Kaiten kamikaze Restos de artillería Restos de un tanque

El día en que los Estados Unidos fue invadido por un enemigo imaginario

Batalla de los ÁnglesLa Batallas de Los Ángeles, nombre con el que hoy se recuerda al evento ocurrido entre las últimas horas del día 24 y las primeras del día 25 de Febrero de 1942, fue quizás uno de los eventos más bochornosos protagonizados por las fuerzas de defensa nacional de los Estados Unidos de América, ya que durante la misma, y empujados por la paranoia que trajo el ataque japonés a Pearl Harbour, las unidades de control aéreo costero confundieron a un globo meterológico con un avión de reconocimiento de avanzada japonés. Convencidos de que estaban a puntos de ser atacados por bombarderos y muy posiblemente paracaidistas suicidas japoneses, el alto mando de la guardia nacional ordena que se comiencen las tareas de defensa. La población, aterrorizada por las sirenas de alarma, corrió a esconderse en todo tipo de sótanos y refugios, mientras que a su veces era cortado el suministro eléctrico a toda la ciudad sólo permitiendo la alimentación de los gigantescos focos direccionales de luz a lo largo de la costa que iluminaban los cielos en busca de bombarderos. A la par, la guardia civil comenzaba a tomar posiciones estratégicas y distintos escuadrones aéreos comenzaban a ponerse a punto, entre los que se encontraba el 4to comando de interceptores, flota creada especialmente para defender la parte baja y media de la Costa Este de los Estados Unidos.

La batalla de los ÁngelesSi embargo, y como si las sirenas, los soldados, las luces y los aviones preparándose para enfrentar a los japoneses ya no fuesen mucho problema, el punto máximo de ésta invasión imaginaria comienza cuando pasadas las tres de la madrugada el alto mando, temeroso por la cantidad de espesas nubes de lluvia que surcaban el cielo, ordena a la 37ava brigada de artillería costera que abra fuego “sobre el enemigo”. Inciertos sobre donde se encontraba ése poderoso y ciertamente sigiloso enemigo, los artilleros realizaron todo tipo de distintos patrones circulares y lineales de fuego, intentando de ésta manera cubrir varios sectores del cielo con municiones explosivas. Esto duró menos de una hora y llevó a que, entre otros tipos de municiones, se disparasen más de 1400 balas de 12,8 libras -poco más de ocho kilogramos y medio-, varias con cabezas explosivas, las cuales al caer sobre la ciudad llevaron a causar destrozos sobre los edificios así como incendios y la muerte de tres inocentes.

Tapa del Los Angees TimesAl día siguiente, el secretario de la marina, Frank Knox debió salir a enfrentar a una fervorosa prensa que lo cuestionaba sobre qué fue realmente lo ocurrido y por qué, ciertamente, si no hubo flota de invasión japonesa alguna los sistemas de defensa de los Estados Unidos abrieron fuego causando destrozos y muerte en la ciudad. En vez de desmentir lo ocurrido y aceptar el error Knox dio respuestas inciertas, aumentando aun más la paranoia. Ante la conmoción el Congreso decidió establecer una comisión investigadora para analizar los eventos, y todo terminó siendo clasificando como un caso de nervios de guerra. En 1983 una nueva comisión investigadora reabre el caso y, tras investigar material fuente de la época, establece como origen de los hechos la confusión por parte del control aéreo costero de un globo meteorológico con un avión de avanzada japonés.

La leyenda que resultó ser cierta

El hombre lobo de AnsbachHay un aspecto particular en las leyendas y mitos de ciertas regiones del mundo que nos permite, más allá de ver particularidades culturales, observar la psicología y el pensamiento grupal de una cultura en cuestión. Aspectos que nos ayudan a comprender sus temores y anhelos en un tiempo particular dado. Sin embargo, muy pocas veces una leyenda nos puede servir para enterarnos de un evento singular y aterrador ocurrido en la historia. Es por esto que la leyenda del Hombre lobo de Ansbach es mi favorita, ya que la misma relata un hecho que en verdad tuvo lugar y el cual, por razones obvias, fuese reducido con el pasar de los siglos a un mero invento producto de la fértil imaginación de pobladores locales pasados en bebidas.

La leyenda, si bien existe modificada en sus distintas versiones, nos cuenta como en el año 1685, tras la muerte del Bürgermeister de Ansbach -el alcalde del pueblo- una seguidilla de asesinatos, primero tomando como victimas a piezas de ganado y luego directamente a mujeres y niños que se aventuraban a las cercanías bosque, tendría lugar llegando a aterrorizar al, en ese entonces, creciente pueblo de Ansbach. Los motivos para sospechar un castigo o maldición eran justificados, ya que ciertamente nadie en el pueblo tenía la conciencia limpia tras el asesinato del alcalde, persona que tras los años debido a su crueldad y avaricia había ganado el desprecio absoluto de todos. Asesinato que, según las creencias de la época, había desatado una maldición sobre el pueblo a manera de una bestia demoníaca cuya existencia solo tenía el fin de acabar con la vida de todos y cada uno de los residentes de Ansbach. Es así que determinados a acabar con la maldición un grupo de valientes pobladores se embarcaría en una odisea que los llevaría a enfrentarse con el oscuro e implacable invierno bávaro con el solo fin de enfrentarse y darle muerte a la bestia.

Si bien hasta aquí la historia parece una leyenda similar a tantas otras de la Europa central, la diferencia es que esta ocurrió verdaderamente, y la bestia en cuestión no era un ser mitológico, sino que se trataba de un enorme lobo salvaje que, empujado a cazar cerca del poblado debido a las duras condiciones de ese particularmente cruel invierno, terminaría devorando a varias personas desprevenidas. Tras días de persecución en la cacería, los cazadores, junto a sus grandes canes de caza, lograrían cercar al lobo, el cual, al verse sin salida, lucharía vanamente hasta su último aliento siendo atacado por los perros y atravesado por las lanzas de los cazadores. Una vez muerto, el animal sería vaciado, vestido con elegantes ropas de hombre y se le pondría una peluca, asegurándose también de mutilar su hocico con el fin de darle a su cabeza una forma más similar a la de un ser humano. Esto, obviamente, buscando representar en el lobo al mismo Bürgermeister, de quien se creía su espíritu, en venganza, había poseído a la bestia.

El hombre lobo de Ansbach

Es aquí, debido a la más que particular manera de festejar la muerte del animal, donde la travesía de un pueblo se convertiría en una popular leyenda a lo largo y ancho de Alemania, ya que tras vestir y preparar al lobo, su cuerpo sería paseado orgullosamente por la plaza del pueblo como si se tratase de un mismísimo triunfo romano; culminando en una misa en honor a las personas devoradas por el animal y acto seguido procediendo a colgar el cuerpo de la bestia en una horca como recordatorio, lugar en el que sería dejado durante un largo tiempo. Debido a que el frío clima de la región retardaría su putrefacción, prácticamente momificándolo, más de un visitante y viajero se terminarían sorprendidos ante tan particular vista, pensando que verdaderamente la gente de Ansbach había capturado a un hombre lobo. Los rumores e historias comenzaron a ir y venir y con el pesar de los años la leyenda del Hombre lobo de Ansbach se volvería infinitamente más popular y conocida que la verdadera historia detrás de los acontecimientos que tuvieron lugar en es frío invierno del 1685.

1712, el único año en la historia que tuvo un 30 de Febrero

Generalmente, cuando nos dicen una fecha exacta, hacen falta el día, el mes y el año para ubicarnos temporalmente. Salvo, que nos digan el 30 de Febrero, ya que hubo un solo día en la historia de la humanidad en el cual este mes alcanzó las tres decenas.

Cuando el papa Gregorio XIII ordenó el cambio del calendario juliano al gregoriano, para así solucionar los problemas de desfase temporal con respecto a las temporadas del primero, los países católicos los hicieron inmediatamente. Esto se logró bruscamente al quitar 10 días al mes de octubre de 1582 -y ya hablamos del lío que se armó cuando varios campesinos confundidos creyeron que se les había “robado” diez días de vida. No obstante, no todos los países de Europa acatarían el mandato. Los países protestantes, por ejemplo, se negaron a quitar los 10 días sobrantes de golpe aduciendo que esto traería perjuicios en los contratos y acuerdos. Pero ante la necesidad real de adoptar el nuevo y más certero calendario, comenzarían a buscar soluciones para hacer un cambio más gradual. Varios de estos países decidieron hacerlo en el 1600, aprovechando el cambio de siglo -algo que no sería así y la discusión se ampliaría por muchos años más-. Si bien los distintos territorios idearon sus propios planes de migración al nuevo sistema, fue Suecia la que peor lo pasó. Su idea consistía en saltarse los próximos 11 años bisiestos. De esta manera, creían, no tendrían que quitar los 10 días de golpe, y como resultado, para el 1740, estarían utilizando el nuevo calendario.

Fue así que tras varias idas y vueltas casi todos los países protestantes terminaron adoptando el nuevo almanaque, salvo Suecia quien se mofaba del resto comentando las maravillas de su plan. Pero para su desgracia, el festejo les duraría muy poco, ya que prontamente se encontraron abandonando la idea de saltear los años bisiestos al darse cuenta del severo error matemático de su plan: ahora se encontraban un día desfasados con respecto a los países que seguían utilizando el juliano y diez con respecto a los que utilizaban el gregoriano. Esto trajo un caos comercial y político -ya que se hacía difícil fechar los tratados y contratos con el exterior-

Más allá de solucionar su situación, ahora tenían un nuevo problema: cómo quitar ese día de más. Es así que en 1712 decidieron hacer algo que nunca más se repetiría en la historia, darle 30 días a Febrero. Por lo tanto, el 30 de Febrero siempre será el de 1712.

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El papelón más grande en la historia de la ciencia

Leyendo una entrevista al ya fallecido historiador Gordon Wright, doctorado en historia francesa, me encontré con un episodio increíble: La anécdota de Emmanuel Domenech y su obra la cual supuestamente iba a cambiar el entendimiento antropológico de América, pero que terminó siendo el mayor papelón científico de la historia.

En el año 1860 el ministerio de Bellas Artes de Francia publicaba con gran pompa y utilizando fondos del estado un tratado llamado “Manuscrit pictographique Américain précédé d’une Notice sur l’Idéographie des Peaux-Rouges” -Manuscrito pictográfico Americano – Precedido por una anotación sobre la ideografía de los pieles-rojas-. Dicha obra era considerada como un gran avance en el estudio antropológico de América que pondría a Francia a la vanguardia. Varias reuniones y congresos fueron organizados en torno al estudio de dicho ejemplar y su autor, el reconocido geógrafo y experto en los pueblos autóctonos de América, Emmanuel Domenech, se había vuelto una especie de celebridad momentánea en la comunidad científica.

Ciertamente la suerte había llamado a su puerta ya que la autoría del tratado fue gracias a la serendipia. Varios meses antes una llamada del director de la Biblioteca del Arsenal de Paris pondría en sus manos un misterioso manuscrito del que no se sabía el origen y había sido catalogado bajo el nombre de “Livre des Sauvages” por un empleado de la biblioteca que lo había encontrado mezclado entre los archivos de la misma. Este manuscrito, supuestamente creado por tribus nativas de América, contenía varias imágenes que Domenech interpretó como orginales lenguajes y religiones americanas de la época precolombina, y significaba un redescubrimiento total de estas culturas. Apresurado para evitar que alguien se le adelantara y tras estudiar profundamente los dibujos hallados en el manuscrito, Domenech compiló el tomo mencionado en el párrafo anteriores en el cual ofrecía un detallado y complejo análisis de cada supuesto “pictograma” hallado en el manuscrito. “Pictogramas” que iban desde representaciones de templos hasta figuras de dioses.

Tal obra hizo que incluso lo sugieran para el Prix Volney -un prestigioso premio otorgado por el Institut de France- y fuera agasajado con varias cenas y premios. Con tanta gloria nadie podría haber imaginado la tormenta que se estaba por desatar luego de que en una de estas cenas el Ministro de Estado francés -que como curiosidad era el hijo de Napoleón-, muy pasado de copas y alegre por el descubrimiento, comenzara a despotricar contra Alemania e Inglaterra diciendo que la “civilización francesa” era “una luz entre la oscuridad” y que esta era el “motor del avance en el mundo Occidental” -incluso llegando a hacer referencias escatológicas sobre los países rivales-.

Estos dichos levantaron un gran revuelo e indignación, entre ellos la del reconocido bibliógrafo Petzhold quien, con el fin de desprestigiar la obra de Domenech, decidió analizar el manuscrito original con el fin de encontrar algún error. Tras obtenerlo algunas semanas después este no pudo llegar a creerle a sus ojos, el supuesto “manuscrito” indígena no era más que el cuaderno de tareas de un niño alemán, y los “pictogramas” que Domenech había identificado eran simplemente los intentos de escritura del niño realizados en letra gótica -inmensamente utilizada en Alemania pero casi desconocida en Francia-. Más vergonzoso aun todas las figuras que Domenech había catalogado como “brujos”, “dioses” y “templos” eran simples dibujos de cosas triviales como un panal de abejas o una salchicha. Pero claro, el prestigio como geógrafo de Domenech, su notable pasado como explorador y conocedor del nuevo continente llegando a haber sido el Secretario de Prensa del Emperador de México Maximiliano von Habsburg, hicieron que todos den por sentado la veracidad de su investigación. En un abrir y cerrar de ojos Domenech pasó de celebridad a hazmerreír de la comunidad científica.

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– Catalogo sobre las distintas obras de Emmanuel, donde se pueden ver sus investigaciones sobre tribus americanas (algunas pueden ser leídas on-line).
Escaneo del comentario sobre el “Manuscrit pictographique Américain précédé d’une Notice sur l’Idéographie des Peaux-Rouges” publicado en el boletín de 1861 de la Société de Géographie.

El sauna espacial

Energía, el organismo soviético encargado de construir la mayoría de los vehículos espaciales rusos, había buscado diferentes acercamientos para brindarle más comodidad a los cosmonautas. Uno de estos se basaba en un sistema de duchas calientes, cuyos sistemas, también podían alimentar un sauna -los saunas o bayna son extremadamente populares en Europa del Este-. La construcción se realizó sin problema alguno hasta que una vez en el espacio y tras el primer uso, el control de la misión descubrió que el sauna requería mucha más energía de la esperada ya que en Tierra solo se había probado el módulo por separado y nunca en conjunto con los demás sistemas. Desesperados ante esto le ordenaron directamente a los cosmonautas desconectar el sistema de raíz. Por supuesto que éstos se negaron y se armó una gran pelea por radio, teniendo todas las de ganar los cosmonautas permanecieron toda su misión utilizando felizmente el sauna. Meses después se envió una segunda misión con órdenes de desconectar el sistema. Al llegar la nueva misión, por supuesto, lo primero que hicieron fue probar el sauna… y tras esto radiaron a Tierra “Desconectaremos el sauna luego de completar todos los experimentos”, algo que nunca hicieron y permanecieron toda la misión utilizando el conflictivo sauna. Cansados de la situación y decididos a terminar con el problema de una buena vez en la tercer misión el Comando decidió mandar un militar con la orden directa de desconectar el sauna a cualquier precio. Al llegar a la estación el militar cumplió con sus órdenes y desconectó el sauna -averiando su sistema para impedir la reconexión-.

Buscando un poco de información en Internet logré encontrar en un foro militar el post de un integrante que dice ser el hijo de Komolov Vladimir Viktorovich -uno de los ingenieros de Energia- comentando la misma historia solo que de una manera muy graciosa ya que menciona los insultos entre Tierra y la Mir. El foro está caído puede encontrarse un cache del debate -en inglés-.

A qué se deben los espejismos

El espejismo común

El espejismo común, es decir el que produce la impresión de estar viendo agua donde no la hay, ocurre con mucha frecuencia y es causado por una ilusión óptica natural que confunde nuestra percepción. Cuando la luz refracta sobre una capa de aire que fluye sobre una superficie calentada excesivamente, se origina un fenómeno llamado “espejismo inferior”, ya que produce un reflejo de los objetos debajo de éstos mismos. A causa de esto el aire recalentado “se convierte” en un “espejo”. Ahora, es muy llamativo el observar olas en el espejismo, lo que lleva a confundirnos plenamente y creer que efectivamente estamos viendo un mar o un lago. Esto, es decir las olas, ocurre porque además de los objetos del paisaje las nubes del cielo son también reflejadas en el aire recalentado.

Si bien dicho tipo de ilusión está muy lejos de ser el espejismo típico de los dibujos animados donde se ven oasis con árboles frutales y todo tipo de delicias, el efecto de espejismo inferior influye mucho a la hora de jugar con la mente de la persona extraviada. Ya que generalmente éstas personas sufren de considerable deshidratación y se enfrentan a un nivel extremo de stress, comienzan a construir delirios en base a dicha “agua” que ven a lo lejos. Por este motivo la gran mayoría de personas extraviadas por tiempos prolongados en el desierto, tras ser rescatadas, relatan historias relacionadas a “oasis escurridizos” y raros personajes que los visitaron durante su travesía.

El espejismo de Fata Morgana

No obstante, no solo en los lugares calientes se puede ser víctima de espejismos. En los lugares montañosos y generalmente fríos ocurre otro tipo de ilusión denominada Fata Morgana. Nombrada en honor al hada emparentada el Rey Arturo, la cual poseía el poder de cambiar de forma, este espejismo posee la particularidad de “elevar” y alargar los objetos, haciendo a las construcciones parecerse a los castillos de los cuentos de hadas, de allí su nombre. Al igual que los espejismos inferiores este tipo de espejismo es una ilusión óptica natural que se origina cuando la separación entre el aire frío y el caliente a nivel superficie crea un pseudo lente refractante que distorsiona la luz engañando la percepción.

La historia real de un matemático muy despistado

Norbert Weiner era el típico matemático despistado. En cierta ocasión su familia se mudó a un pueblo muy cercano donde vivían antes. Su esposa, conociéndolo, decidió mandarle al MIT como todos los días, y ella se encargó de la mudanza. Tras repetirle cientos de veces que se mudaban tal día, el día “D” le dio una hoja de papel con la nueva dirección, porque estaba absolutamente segura de que se iba a olvidar.

Desgraciadamente, uso este papel para resolverle por la otra cara una duda a un estudiante. Cuando volvió por la tarde a su casa, por supuesto, se olvidó de que se habían mudado. Su primera reacción al llegar a su antigua casa y verla vacía fue la de pensar que le habían robado, y entonces recordó lo de la mudanza. Como tampoco conseguía recordar a donde se habían mudado y no tenia el papel, salió a la calle bastante preocupado, y vio una chica que se acercaba; entonces le dijo:

– Perdone, pero es que yo vivía aquí antes y no consigo recordar…
– No te preocupes, papá, mama me ha mandado a recogerte.

El hombre que confundió a su esposa con un sombrero

El hombre que confundió a su esposa con un sombrero es un libro escrito por el Dr. Oliver Sachs, autor y profesor de neurología en la Universidad de New York el cual recopila y analiza con la mirada experta del doctor una serie de anécdotas, ensayos y vivencias de casos de pacientes con severos desórdenes neurológicos. De hecho el mismo título del libro es el recuento del caso de un hombre que, efectivamente, estaba seguro que su esposa era un sombrero.

Este gran libro deja de ser un texto compuesto por palabras para convertirse en una ventana llena de imágenes. Imágenes que nos permiten observar el intrincado mundo de la locura de forma vívida. Ciertamente. este tipo de trastornos mentales. son algo que podría llegar a entristecer al lector, como es lógico ante historias realmente trágicas. Sin embargo, gracias al relato humano y compasivo del Dr. Sachs, donde más que un texto científico logra crear una obra filosófica y alegórica a la humanidad misma, nos encontramos con una historia apasionante y extremadamente interesante que nos invita a viajar por las maravillas de la mente humana de forma amena y clara.

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Página de Oliver Sachs.
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El día que se eliminaron 10 días del calendario y la gente medieval pensó se les había quitado 10 días de vida

Históricamente a la iglesia Católica se la acusó de muchas cosas, pero la más original y bizarra de todas las acusaciones nace en la edad media cuando la gente creyó erróneamente que la iglesia les había robado parte del tiempo de sus vidas.

Dada la diferencia entre el año solar y el año lunar existió desde siempre, en las civilizaciones que utilizan estos astros como referencia, un problema de desincronización entre las estaciones y el calendario. Ya los Romanos debían introducir cada tanto un mes intercalar para “re-sincronizar” el desfasaje de tiempo que producían éstos días de “menos” en el año lunar con respecto al solar. Sin embargo, la mala implementación de estos días compensatorios llevó a que las estaciones del año y los meses del calendario no concordaran en lo más mínimo. Obligando a Julio César a encomendarle la tarea de diseñar un nuevo calendario a un astrólogo griego -puede leer más sobre el Calendario Romano haciendo click aquí-. Así nace el Calendario Juliano que es la base del que usamos hoy en día. De todas maneras, e incluso con las modificaciones y mejoras del nuevo calendario, el tiempo seguía desincronizándose constantemente con respecto a las estaciones del año. Esto llevó al Papa Gregorio XIII (1582) a encomendar la creación de un nuevo calendario: el Calendario Gregoriano, que corregía los errores que llevaban al desfasaje temporal en el Calendario Juliano. Una de las medidas fue quitarle diez días al año en curso para así hacer coincidir a Marzo 21 con el equinoccio. Por esta razon, el 4 de Octubre de 1582, fue el último día del Calendario Juliano y el próximo día, eliminando de la numeración 10 días debido al ajuste, pasó a ser el 15 de Octubre del calendario Gregoriano. La población, en su gran mayoría granjeros y gente de pensamiento rústico, no comprendió que esto era sólo un ajuste y, de hecho, pensó que la iglesia les había robado 10 días de su vida. Razón suficiente para que una explosión de ira y terror asaltara los poblados de toda Europa (de las partes que aceptaron de primera el ajuste, ya varios paises lo rechazaron). La gente comenzó a salir a las calles y rebelarse exigiendo la devolución del tiempo robado, incluso bajo la amenaza de elevarse contra sus líderes.

Aloysius Lilius, el científico a cargo de estudiar el nuevo calendario, sugirió añadir el día de más del año bisiesto, con lo que en 40 años quedaría solucionado el problema. Sin embargo, al Papa le pareció la solución demasiado lenta, y prefirió afrontar la situación de tan brusca forma.

Fueron muchos países los que se negaron al cambio de hora, aunque poco a poco fueron adaptándose a él, hasta el punto de que en Grecia no actualizaron el calendario hasta 1923. Estos desajustes de fechas son muy delicados, y hace que estudiar la cronología de la época en que se produjo dicho cambio de lugar a grandes errores. El caso más famoso es el de la muerte de Shakespeare y Cervantes, que sucedió en ambos casos el 23 de Abril, pero en el calendario de Shakespeare no habían incluido la modificación, luego serían días distintos. Por el simbolismo se ha preferido mantener esa fecha, aunque la correcta hubiera sido el 13 de Abril.

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