De como mover un frágil obelisco de 4 mil años

Della Trasportatione dell’Obelisco VaticanoSemanas atrás pude conseguir una reproducción moderna de una genial obra creada en el año 1590 en Roma por Fontana Domenico, un magnífico arquitecto e ingeniero cuyos trabajos van desde la Cappella del Presepio hasta el Palazzo Montalto, entre tantos otros, y en la cual relata la monumental hazaña de ingeniería transcurrida entre los años 1586 y 1587 por mover un obelisco egipcio del siglo XIX a.C. de 327 toneladas traído a Roma por el Emperador Romano Caligula como trofeo de guerra en el siglo I y cuya mudanza de metros 237 metros hasta la parte central de la plaza de la basílica de San Pedro, fuese ordenada como parte del plan de renovación y modernización de Roma del Papa Sixto V.

A pesar de haber competido contra 500 ingenieros que propusieron distintas maneras para mudar al obelisco, el plan de Fontana resultaría ser el elegido por su elegancia y simpleza. Así, gracias a la participación de 900 hombres y 75 caballos, el obelisco, sería encofrado en una estructura de madera y transportado mediante la utilización de una cama de troncos. Siendo erigido en su nuevo lugar gracias a la utilización de complejas poleas. La hazaña duraría un año, y se convertiría en todo un espectáculo para los romanos. Por supuesto que esta tarea le traería gran fama y sería requerido para gran cantidad de trabajos. No obstante, y por alguna razón, Domenico no quedaría inmortalizado en la historia de la misma manera que su contemporáneo y conocido Miguel Ángel.

En el libro, Fontana relataría no solo la hazaña, sino que además explicaría los cálculos matemáticos, estadísticos y logísticos que debió realizar para concluir su asignación con éxito.
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Siguiendo este enlace podrán descargar el libro entero escaneado en gran resolución (4600x3500px cada página).

Nota: ¡Imaginen el trabajo y esfuerzo que le debió costar a los romanos transportarlo desde Egipto hasta Roma 1500 años antes de lo relatado por Fontana! (De todas maneras ¿quién se animaba a decirle que algo no era posible a Caligula?)

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8 thoughts on “De como mover un frágil obelisco de 4 mil años”

  1. Realmente ASombroso .. Aun hoy en dia no es tarea facil realizar tal movimiento .. En cuanto al libro me imagino que debe pesar mas de lo que puede guardar mi pobre disco de 40gb xD !! Jaja debe pesar muchoooo La resolucion es muy alta .. debe ser fastidioso bajarlo .. Muy Buen eL Post..
    Saludos Desde Venezuela Sigue asi y nO Prests atencion a Los cOmentarios De que Haces pocos Post .. Es Solo Un hobby EnTiEnDaN 😈

  2. Comenzo como un hobby, has creado un monstruo. No entiendo algo, por que costo tanto mover ese obelisco cuando traerlo de Egipto no parecio ser la gran proeza.

  3. Traerlo de Egipto fue una gran proeza, debieron construir un barco especial y utilizar varios miles de prisioneros para empujarlo.

  4. Increíble… es realmente fascinante lo que puede lograr la inteligencia humana… por cierto, muchas gracias por los posts, contienen siempre temas interesantes. Recuerdo que llegué a este post de casualidad, no recuerdo qué estaba buscando, y llegué a tu página, y lo primero que vi fue el video del tipo encerrado en el ascensor por 36 horas creo… pobre sujeto… y recién lo vi a mediados del año pasado, y desde entonces me he preocupado por leer todas las entradas. Sigue así, y muchas gracias por tomarte el tiempo de subir las publicaciones! Saludos desde Perú!

  5. Hay una curiosa anécdota que complementa este magnífico artículo. Se dice que cuando se produjo la erección del obelisco en la Plaza de San Pedro el papa Sixto V había prohibido bajo pena de muerte que ninguno de los asistentes al acto hablase para no entorpecer las órdenes de Doménico Fontana. Un marino ligur, viendo que las cuerdas estaban demasiado tensas y resecas para soportar el peso de la mole y que iban a partirse provocando la catástrofe, gritó a pleno pulmón: “Acqua, dai acqua alle corde!!!” (“¡Agua, echad agua a las cuerdas!”). Así se hizo y el obelisco pudo descansar sobre su pedestal gracias a la observación del marino, el cual no sólo no fue condenado por incumplir las normas dictadas sino que, además, recibió como premio el monopolio de la venta de pescado al Vaticano.

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