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El último insulto a Lavoisier

En el pasado habíamos hablado lo injusta y despiadada que fue la ejecución de Lavoisier, uno de los más grandes científicos en la Historia. Traicionado, acusado injustamente y decapitado sin reparo alguno, aunque posiblemente el desprecio que sufrió durante y tras su ejecución fue aun peor que cualquier daño físico.

Éste hombre fue el científico que descubrió y nombró el oxígeno, nombró el hidrógeno (descubierto anteriormente por Cavendish pero explicado y nombrado por Lavoisier), creó los primeros modelos químicos de los procesos de combustión, estudió los procesos de oxidación, dio por obsoleta la teoría pseudo-científica del flogisto, impuso el método científico en el estudio de los elementos y avanzó notablemente el uso de procesos químicos en la agricultura entre otros logros, fue ejecutado en la guillotina debido su origen noble y su rol como tesorero del fisco en el pasado, labor a la que nunca le dio importancia ya que su mente estaba completamente ocupada con sus estudios científicos. Durante su juicio rogó no por su vida, sino porque se le permitiese continuar con sus estudios, pero el juez le replicaría que:

“La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido”

El último insulto
Pero quizás el último insulto vino casi un siglo después de su ejecución de manos de una tierra que nunca lo apreció ni respetó como se debía. La única estatua que se erigió en su honor en más de un siglo fue hecha a regañadientes, por un escultor poco interesado y mal pago que utilizó como modelo la cabeza de otra persona, el Marqués de Condorcet, por “no tener tiempo y aprovechar que ya tenía la otra”, y peor aun, durante la Segunda Guerra Mundial la misma fue cortada por su base, rebanada en partes, y fundida por su metal. La estatua nunca fue remplazada.

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Cuando la roca cobra vida

Siguiendo con nuestra serie sobre monumentos épicos y dignos de competir con los que podrían existir en un mundo soñado por Tolkien, ya hablamos la semana pasada sobre Sver i Fjell, hoy es el turno de dos esculturas en la roca que enmudecen con su belleza.

El león herido de la montaña

León de la montaña
(Click para ampliar y ver la imagen en su contexto)

El mismo se encuentra en la Lucerna, una ciudad del centro de Suiza. Diseñado por Bertel Thorvaldsen, el león conmemora y honra la memoria de los guardias suizos del palacio de Tuileries que en 1792 fueron ejecutados de forma salvaje por revolucionarios franceses. Una vez capturados y ya indefensos, algunos de los guardias que no perecieron durante el combate fueron arrodillados para luego ser degollados y mutilados con cuchillas. Siendo sus cabezas clavadas en lanzas y distintas partes de su cuerpo arrojadas por todo Paris. Otros 200 guardias sobrevivientes serían guillotinados. Hubo tanta saña a la hora de su ejecución debido a que los guardias, a pesar de ser fuertemente sobrepasados en número, pelearon con extremo valor y lograron retener a los atacantes durante un período considerable de tiempo. El texto principal dice “Helvetiorum Fidei ac Virtuti” -A la lealtad y al valor de los suizos-

El monumento sería comisionado por Karl Pfyffer, un guardia que durante el ataque se encontraba en su día libre en las afueras de Paris. Pfyffer pasaría años juntando el dinero necesario para honrar a sus camaradas.

– Honestamente una sola imagen no le hace justicia. Les recomiendo ésta galería con varias imágenes del león herido.

El anciano y los tigres

El anciano y los tigres
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Esta espectacular escultura se encuentra en la fuente de agua natural de Hupao -tigre corriendo,- en Hangzhou, China. Si bien no estoy seguro si la escultura misma es moderna o antigua, la fuente natural de Hupao en si misma ha sido considerada por generaciones como una fuente de agua increíblemente pura -de hecho esto no es errado, ya que es la tercer fuente natural en pureza de toda China.- La leyenda dice que un monje anciano se encontraba sufriendo y enfermo debido a la sequía de la región. Una noche, mientras se hallaba durmiendo, una criatura mitológica se le apareció en sus sueños, diciéndole que no debía preocupar ya que dos magníficos tigres aparecerían al día siguiente y, con sus poderosas garras, cavarían sobre la tierra trayendo a la región el regalo de una fuente de agua única y mágica. Si desean una versión de la imagen en muy alta resolución, click aquí.

El último día de Lavoisier

LavoisierLa ejecución del químico Antoine Lavoisier durante la Revolución Francesa fue uno de los eventos más tristes de la historia de la humanidad. No solamente por la injusta ejecución de un hombre inocente, sino porque, una vez más, significaría el triunfo de la ignorancia sobre la ciencia.

Antoine-Laurent de Lavoisier
es, con todo derecho, considerado como el padre de la química moderna. No sólo identificó y nombró elementos tan fundamentales como el hidrógeno y el oxígeno, y dio los primeros pasos en la comprensión de la Ley de conservación de la masa. Sino que además ayudaría a la humanidad a quitarse un poco de su ignorancia al fulminar la teoría del flogisto -la cual databa de los tiempos de la alquimia.- Entre sus otros logros también ayudaría con la construcción teórica del sistema métrico, investigaría y descubriría nuevos métodos más eficientes de combustión, y estudiaría en profundidad la respiración animal en conjunción a la calorimetría. Irónicamente, Lavoisier era abogado de profesión -aunque nunca ejercería.-

Por desgracia le tocaría viviría en una época convulsa y caótica, y a causa de su posición social ‘aristocrática’ -si bien poseía un buen nombre no era realmente rico, de hecho, muchas veces debió de trabajar para el gobierno para así poder solventar sus investigaciones- sería señalado como enemigo de la revolución por el Régimen del Terror, el cual, un año antes, en 1794, había suprimido a la Academia de Ciencias. Si bien Lavoisier fue exitoso en lograr que se perdonara de la guillotina a varios científicos extranjeros, como Joseph Louis Lagrange, a quien “sólo” se le linchó y se le quitaron todos los bienes, no así pudo salvarse él mismo de la barbarie.

Laboratorio de LavoisierJunto a otros 27 intelectuales Lavoisier sería acusado directamente por el cabecilla revolucionario Jean-Paul Marat, quien, con cargos realmente ridículos, como el de “adulterar tabaco,” ordenaría la ejecución del gran químico en un juicio sumario. Irónicamente, una decisión nacida del rencor, ya que años antes Lavoisier había rechazado una invención de Marat tildándola, aunque de manera cortés, de ridícula. Si bien se armaría un gran revuelo entre los detenidos, Lavoisier intentaría jugar una última carta desesperada:

A pesar del veredicto, el químico intentaría apelar, citando la importancia de sus investigaciones y la necesidad de finalizarlas, a lo que, en una de las frases más increíblemente tristes e ignorantes de la historia, el juez revolucionario le respondería:

“La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido”

Les lentilles ardentesEstudios de LavoisierEstudios sobre la respiración

El Sr. Richebourg, un espía particular

Hoy en día cuando hablamos de espias inmediatamente nos viene a la mente la imagen del galán empedernido similar a James Bond o la femme fatale que al igual que Mata Hari atonta a los hombres con su belleza logrando sacarles todo lo que deseaba. Sin embargo, lo crean o no uno de los espías más prolíficos del mundo fue un hombre de solo 58 centímetros de estatura apellidado Richebourg.

Nacido en 1768 pasó sus primeros años trabajando como sirviente para una familia de Orleans, sin embargo a la edad de 21 prontamente sería reclutado por una de las facciones de la revolución francesa con el fin de convertirlo en un pasante de información al exterior. El método utilizado era para nada ortodoxo, Richebourg memorizaba el mensaje y acto seguido era rasurado y vestido como un niño pequeño, siendo cuidadosamente tapado con una manta. Una vez disfrazado una anciana lo hacía pasar por la frontera bajo la inocente imagen de una criada paseando al hijo de sus empleadores. Con el tiempo la táctica empleada para obtener información fue variado y Richebourg a veces era dejado con su carrito al lado de oficiales militares, agentes del gobierno o guardias quienes accedían de manera cortés al pedido realizado por una apresurada y amable señora mayor quien les rogaba cuidar a su nieto mientras ella iba a atender unos asuntos en un lugar cercano. durante ese lapso de tempo el diminuto espía trataría de captar algo de información de interés entre las charlas de los oficiales, quizás fechas en las cuales allanarían cierto edifico o la ubicación de prisioneros del rey o tal vez la existencia de depósitos de armas y pólvora. Richebourg murió en Paris en 1858 a los 90 años de edad, tras haber completado infinidad de misiones.

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