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El asistente de laboratorio novato que destruyó por error el mejor archivo fotográfico del Día D

Robert Capa, de origen húngaro, es reconocido como uno de los mejores fotógrafos y corresponsales de guerra del siglo XX. Desde la Guerra Civil Española, donde capturó la “Muerte de un miliciano”, pasando por la guerra Segunda guerra sino-japonesa, la Guerra árabe-israelí de 1948, hasta la destrucción de Berlin entre otros. Es muy posible que sin saberlo hayas visto su obra cientos de veces, ya que tomó algunas de las fotografías más emblemáticas e icónicas de la Historia.

Su talento y su valor eran tales, de hecho Chttps://www.meneame.net/m/cultura/asistente-laboratorio-novato-destruyo-error-mejor-archivo-dia-dapa se metía entre los soldados en medio del combate, que el Comando Aliado lo autorizó para tomar las fotografías del desembarco en Omaha, durante la Batalla de Normandía. A ver, para que entendamos la dimensión de esto, era húngaro, y Hungría era parte del Eje, por lo que para el mando aliado y a pesar de ser judío y perseguido por los nazis Capa era ante todas las cosas un “ciudadano enemigo”, y la invasión a Normandía era crítica y se mantenía en el máximo secreto. No obstante, su talento y coraje eran tales que así y todo lo enviaron a capturar con su cámara el desembarco cómo fotógrafo para la revista LIFE. Después de todo, su lema era “Si tus fotos no son buenas, es que no estás cerca”

Y así lo hizo, el valiente fotógrafo se subió a una de las lanchas de desembarco, sobrevivió a la artillería que destruyo a varias de las lanchas antes de que toquen tierra en la Playa de Omaha, sobrevivió a las ráfagas de ametralladora que venían desde los búnkers alemanes, a las minas, al fuego de morteros y a los francotiradores alemanes todo mientras tomaba fotografías con sus dos cámaras Contax II y lentes de 50 mm de la acción aconteciendo a su alrededor. En total tomaría 106 fotografías. Si bien hubo otros fotógrafos, la importancia de Capa es que éste desembarcó con la primer ola junto a la Compañía E del Regimiento de Infantería 16 de la 1ra División, lo que le permitió capturar el momento más intenso y cruento de la batalla. En comparación, ninguno de los fotógrafos de la Agencia AP pudo desembarcar con la primer ola, y el otro fotógrafo de LIFE, Bob Landry, desembarcaría en una playa no muy defendida. Los fotógrafos restantes irían con el General Patton o con la fuerza aérea.

Pero lo peor, incluso peor que las balas y granadas alemanas pasando a centímetros de su cuerpo durante el Día D, llegaría más tarde, cuando un asistente de laboratorio de sólo 15 años de edad llamado Dennis Banks contratado por la revista Life por unos pocos dólares en Londres tomara tres y medio de los cuatro rollos entregados por Capa, configurara mal el secador de la plancha de negativos derritiendo los mismos en el proceso. Sólo 11 fotografías sobrevivieron, este juego fotografico se conoce hoy con “Las Once Magníficas”. Curiosamente, Capa se apiadó del joven y nunca le dijo nada a sus jefes en Londres.

Algunas fotografías de Capa
Sperlinga, 1943.

La muerte de un miliciano, 1936.

El error de vuelo que arrojó cuatro bombas termonucleares sobre España

Bombas de los palomaresLa Guerra Fría fue un tiempo caótico en la historia de la aviación. Ya que tanto Occidente como la Unión Soviética debido a la doctrina de “venganza inmediata” mantenían constantemente flotas de bombarderos armados con bombas nucleares con el fin de, en caso de un ataque enemigo, ser capaces de contraatacar efectiva y rápidamente con un ataque nuclear devastador. No es casual entonces que la perdida de bombas atómicas se hiciera un problema regular entre ambos bandos. Siendo quizás el tratado a continuación el más impresionante de todos.

Era el 17 de Enero de 1966 y un bombardero B-52G sobrevolaba el Mediterráneo cerca de la municipalidad de Cuevas del Almanzora mientras se encontraba realizando una tarea de acoplamiento con un avión cisterna KC-35 con el fin de abastecerse de combustible. Pero un error por parte de las tripulaciones llevó a que el acople no fuese exitoso causando una colisión entre ambas naves que derivaría en un incendio aéreo y terminaría con la explosión del avión cisterna y la precipitación a tierra del bombardero. Partes del fuselaje y su mortal cargamento de bombas termonucleares lloverían en la región.

U.S.S. Petrel junto a una de las bombas de PalomaresDe las cuatro bombas tres caerían sobre tierra y otra en el mar. Si bien la última no causaría ningún daño, dos de las caídas en tierra llegaron a detonar sus explosivos, siendo sólo gracias al sistema de seguridad interno de los artefactos que las mismas no fueron capaces de causar una reacción nuclear en cadena. Sin embargo, esta explosión sería suficiente como para desperdigar el plutonio contenido en las bombas dentro de un aérea de 2 kilómetros cuadrados, convirtiendo a las mismas en bombas sucias (bombas que liberan material radioactivo).

Rápidamente tras lo ocurrido varios equipos de recuperación y descontaminación estadounidenses se harían presentes, con una inicial y fallida intención de mantener el suceso bajo extremo secreto. Si bien las tres primeras bombas serían recuperadas rápidamente, la cuarta, caída en aguas costeras, permanecería en el misterio. En su búsqueda primeramente se utilizaría una nueva técnica estadística para intentar localizarla en las áreas más probables, pero tras varias semanas los intentos resultarían infructuosos, siendo localizada finalmente gracias al relato de un pescador que la vio caer mientras se encontraba navegando con su pequeño bote. El pescador, llamado Francisco Simó Orts, se volvería famoso y sería conocido de allí en más como Paco el de la bomba.

Intentando limpiar la imagen de PalomaresPor supuesto que el incidente no le saldría barato a los Estados Unidos, ya que cuatro días más tarde el gobierno español cancelaría definitivamente el permiso de vuelo a aviones pertenecientes a la OTAN sobre España y el Estrecho de Gibraltar. En conjunto a ésto agentes soviéticos organizarían protestas en embajadas con el fin de atraer a los medios internacionales a reportar lo ocurrido. Si bien se retiraron toneladas de tierra contaminada, incluso hasta el día de hoy aun continúan registrándose fuertes niveles de radiación en las aéreas cercanas a Palomares. Llegándose en el 2006 a un nuevo acuerdo entre España y los Estados Unidos para compartir los costes de descontaminación.

Una fortaleza vitrificada

Meses atrás había leído un fascinante artículo en English Russia sobre un supuesto experimento militar con napalm en una fortaleza abandonada, del cual, como resultado, se habían incluso derretido los ladrillos de la misma. Sin embargo, la información era muy escueta y difícil de creer. Razón por la que tras mucho investigar pude llegar a la verdadera historia tras este fascinante y escalofriante lugar.

Fuerte Zverev

Se trata del fuerte Zverev, una fortaleza en el norte ruso que forma parte de los denominados Fuertes del Norte. Construcciones fortificadas de artillería erigidas durante el siglo XX con el fin de crear una barrera militar en el norte ruso. Los mismos, verían acción durante la primer guerra y se serían renovados y ampliados durante la segunda.

Semiabadonados durante los años 60, prontamente se les volvería a encontrar utilidad durante la guerra fría como depósitos de munición y equipo. En los sótanos de Zverev particularmente se almacenaron varios tanques con compuestos inflamables. En los años 70 un trágico accidente tendría lugar a manera de un gigantesco incendio. El cual, potenciado por los tanques almacenados en el fuerte, ardería durante semanas -según se cree varios de los tanques almacenaban una sustancia hipergólica como las utilizadas en cohetería. –

Fuerte Zverev Fuerte Zverev

Ardiendo a más de 1500 grados, se estima que el intenso calor comenzó un lento proceso de vitrificación en los silicatos del barro hallado en los ladrillos. Creando de esta manera los impresionantes carámbanos reminiscentes a los dejados por una tormenta helada.

Fuerte Zverev Fuerte Zverev

Por qué todavía a nadie se le ocurrió hacer una película de zombies en este fuerte, no lo sé.

El filósofo griego del cual todo se ha perdido

Crisipo de SoliCrisipo de Soli es quizás el mejor ejemplo de la turbulenta historia de la humanidad. Uno de los máximos intelectuales de su época, fue considerado durante su vida, hace unos 2200 años, como el Segundo Fundador del estoicismo y sus trabajos en matemática llegaron a ser de suma importancia -de hecho estableció al 1 como un número abstracto en si, algo que otros griegos como Aristóteles no aceptaban- siendo además citado y celebrado por personajes históricos como Plutarco, Galeno, Marco Aurelio, Cicerón y el mismo Séneca.

Sin embargo, por una serie caprichos del destino y varios descuidos, todos sus textos se han perdido en las arenas del tiempo. Y de sus más de 700 trabajos, sólo se conservan citas realizadas por los personajes anteriormente mencionados y unos pequeños fragmentos chamuscados hallados recientemente en la Villa de los Papiros -una biblioteca romana “congelada en el tiempo” tras ser devorada y enterrada por las cenizas del volcán que consumió a la ciudad de Herculea, que junto a Pompeya, se ha convertido en el mayor tesoro arqueológico de la historia. Al presente sólo se han procesado una pequeña cantidad de documentos de la misma, principalmente ya que, literalmente, se debieron de inventar y crear nuevas tecnologías para esta tarea. Por lo que en el futuro, con suerte, se puedan encontrar más fragmentos perdidos de clásicos de la antigüedad.-

No es de extrañar entonces que Crisipo, a pesar de haber formado e influenciado el pensamiento de varios personajes que cambiaron el rumbo de la historia, es hoy día prácticamente un desconocido. Tristemente, olvidado por el tiempo mismo.

Su muerte, un tanto extraña: murió de un ataque al corazón tras explotar a carcajadas al ver como su burro, borracho éste, intentaba a duras penas comer un par de higos.

El estafador con la mala suerte de tener buena suerte

Siempre me causó una perversa fascinación la historia de Charles Mallory Hatfield, ya que fue uno de esos raros casos de embaucadores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX que tuvieron la suficiente mala suerte como para que las promesas a sus clientes se cumplan.

Charles HatifieldComenzaba la primer década, y Charles, tras haber probado varios trabajos como vendedor, decidiría dedicarse al negocio de la lluvia. Una actividad considerada como lucrativa en una época donde los tónicos para la juventud y la calvicie hechos con “recetas secretas” abundaban por las calles. Con su nuevo negocio en mente, nuestro fatídico héroe comenzaría a investigar maneras de hacer llover. Probando varias mezclas de químicos y sustancias, que tras mezclar ponía en tambores con el la intención de lograr una rápida evaporación y así distribuir la mezcla por las nubes. “Excitándolas” y llevando a una repentina liberación de su agua.

Por supuesto que esto no servía, ya que, y como sabemos hoy en día, para lograr una precipitación artificial en las nubes es necesario utilizar hielo seco o yoduro cristalizado -con el fin de condensar el vapor de agua en la nube.- Algo que los chinos aprendieron no debe ser abusado tras las Olimpiadas.

Pero una serie de afortunadas pruebas, y casualidades, llevaron a que Hatfield confíe en su “mezcla de 23 elementos”. Así comenzaría a ofrecer sus servicios. Pasarían los años y sería artífice de una serie de pruebas fallidas y otras exitosas -en las que hubiese llovido igualmente de no haber estado Charles evaporizando su mezcla.- Pero su reputación crecería en gran medida, por lo que en 1915 se lo llamaría desde San Diego con el fin de contratar sus servicios para así llenar las reservas del lago Morena. San Diego, cuyo crecimiento demográfico había sido vertiginoso desde principios de década, debía además ese mismo año ser casa de la Panama-California Exposition, por lo que la necesidad por agua era desesperante.

Inundación en San Diego

El “Rainmaker” como ya era conocido en todo los Estados Unidos, accedería, entregando a las autoridades su pedido de pago en el cual establecia los márgenes de lluvia y cuánto debían pagarle por pulgada de la misma. No obstante, el consejo de San Diego le ofreciera 10 mil dólares por todo el trabajo. Hatfield aceptaría y comenzaría la construcción de una enorme torre cercana al lago desde la cual lograría la evaporación de su mezcla. Todo estaba listo, y para principios del 16 la torre comenzaría a funcionar.

Poco podría haber imaginado Charles que ese año comenzaría con una de las mayores tormentas registradas en San Diego. Los ríos y la reserva comenzaron a desbordar, arrastrando puentes y columnas de energía consigo y causando, en general, grandes pérdidas económicas, incluidos severos daños a las represas de Lower Otay y Sweetwater.

Inundación en San DiegoComo es de esperar, la prensa y la opinión pública se abalanzarían sobre el tan famoso “Rainmaker” exigiéndole respuestas. Hatfield, obviamente, respondería que su parte había sido cumplida, y que la ciudad le debía 10 mil dólares. Por supuesto, y como es de imaginar, el pago del servicio no llegaría nunca, incluso tras varios años de demandas judiciales.

Tras esto Hatfield continuaría con su carrera, más famoso aun. Incluso sería contratado para apagar un enorme fuego forestal en Honduras. No obstante, poco a poco su fama se iría perdiendo, lo dejaría su esposa y moriría a la edad de 83 años. Si bien su leyenda sería popular, hoy se cree que Hatfield basaba su “fábrica de lluvia” en su intenso conocimiento sobre meteorología. No obstante, Hatfield aseguraría incluso hasta el día de su muerte sobre su convicción en la efectividad de su técnica.

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Kurioso tiene un excelente artículo sobre Hatfield.
Información sobre el valle de Otay y la inundación (en Inglés)
Historia de los hacedores de lluvia (en inglés)

La Gran Inundación de Moscú de 1908

Hace unos meses habíamos charlado sobre la Gran Inundación de Paris de 1910, en la que el Sena engulló a la Ciudad de las Luces -y en la que según tengo entendido se ahogó uno de mis tatarabuelos-. Pero Paris no fue la única ciudad que prácticamente quedó ahogada en la furia de la naturaleza. Pocos años antes Moscú había pasado por lo mismo a causa de una épica crecida del río Moscova.

Esta crecida, de aproximadamente unos 127 metros sobre el nivel del mar, fue la mayor en la historia de la ciudad. En las imágenes se puede observar el casco histórico moscovita semi-tapado por el agua. La crónica de todo un diluvio moderno:

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Imágenes de la gran inundación de Paris de 1910.

Imágenes de la gran inundación de Paris de 1910

Uno de los desastres naturales más destructivos y devastadores de principios del siglo XX tuvo lugar en París en el año 1910, sólo dos años después de la gran inundación que destruyó Moscú. Trágico porque junto a sus aguas la inundación se llevó consigo algunos de los tesoros de la historia más valiosos como monumentos y reliquias de incalculable valor.Y llamativo porque nadie pudo haberla previsto, de hecho, Jean-Paul Phillipon, el arquitecto que construyó el Musée d’Orsay diría con un gran dolor “Calculamos que el agua podría subir hasta 33 metros, nadie podía haber imaginado que lo haría hasta los 33.62 metros”. De esta manera hospitales, museos, casas y edificios fueron arrasados por el agua. Los taxis de tierra fueron reemplazados por lanchas que transportaban suministros y gente enferma en una ciudad aterrorizada y convencida de que sería arrastrada por el Sena. Sin embargo, la inundación pasó y las fotografías quedaron como testigos inmutables de un evento histórico.

Reconstruir la ciudad y los monumentos tuvo un valor cercano a los cien millones de dólares,

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― Una de las mejores colecciones de imágenes de la inundación de la red.

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