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La antropometría y el ingeniero que parametrizó al ser humano para que las acciones y la interacción con los objetos resulten más simples

Hombre de vitruvioDefinir la altura estándar de una puerta parece algo muy simple: hacerla lo suficientemente alta como para que pasen por la misma las personas más altas dentro de un rango razonable que acapare al 99% de la población, pero lo suficientemente baja para que sea práctica estructuralmente. Eso resulta simple de comprender; pero qué acerca de, por ejemplo, la altura de una silla en relación a un escritorio y sus cajones, ciertamente debe existir una relación matemático estadística que enlace y determine los tamaños y distancias para que dichos elementos sean cómodos como para que el promedio de los seres humanos, y sus rangos de variaciones, puedan realizar una escritura confortable sobre la superficie del escritorio como a su vez poseer un fácil y rápido acceso a los cajones del mismo sin necesidad de mover el tronco de su cuerpo, todo perfectamente al alcance de nuestros brazos; o tal vez cuando nos sentamos en un automóvil, y simplemente con un movimiento de brazos podemos tomar el ojal del cinturón de seguridad e insertarlo en la traba con un simple movimiento que tampoco requiere mover el tronco del cuerpo para la absoluta mayoría de la población adulta.

Todo esto hoy lo damos por sentado y resulta tan básico, tan elemental y dado por hecho que nunca pensamos que esto, en realidad, es el producto de siglos de mediciones y estudios. Primero desde el saber común con tablas de medidas para ciertos objetos, y luego, con la llegada de la modernidad, del diseño industrial y el estudio científico de la biomecánica humana.

Los pioneros
Tabla de medidasPrimeramente ésta ciencia empezó como una técnica, midiendo la disposición y distancia de los elementos, por ejemplo, Hipócrates dio gran importancia en la cirugía al acceso y distancia del instrumental, Taylor durante la revolución industrial presto principal atención a mecanizar movimientos cortos, simples y prácticos durante el trabajo, y ciertamente infinidad de gremios a lo largo de los siglos desarrollaron sus propias “tablas de medidas” como la que puede verse hacia la derecha, utilizada por carpinteros del mundo angloparlante para determinar el tamaño y la distancia óptimos de distintos muebles para que estos sean prácticos y convenientes.

EL ModulorNo obstante, no fue hasta la llegada del arquitecto Charles-Édouard Jeanneret-Gris, mejor conocido como Le Corbusier, en que las dimensiones y movimientos humanos se comenzaron a considerar como relaciones matemáticas aplicables. Para esto creó el Modulor, una serie de escalas antropométricas que harmonizaban las dimensiones humanas con la arquitectura. Con éste, se podían dimensionar objetos tanto arquitectónicos como mobiliarios de manera tal que posean una mayor armonía con las dimensiones y movimientos humanos. El mismo empleaba fuertemente las series de Fibonacci y, a grosso modo, el sistema partía desde la mano levantada del hombre (226cm) y desde su ombligo (113cm). A partir de la primer dimensión se suma y se resta sucesivamente en relación a la sección áurea y se obtiene la serie azul; con el mismo proceso, pero a partir de la segunda medida, se obtiene la serie roja. Esto permite obtener miles de combinaciones aplicables tanto a un simple mueble como a un edificio entero.
EL Modulor

El hombre que parametrizó al ser humano
Estudios de Henry DreyfussEl problema con el Modulor es que si bien fue un adelanto no era un estudio científico, y se preocupaba más por la estética y el arte que el rigor matemático. No obstante, esto lo solucionaría el industrial Henry Dreyfuss a mediados del siglo XX. Con éste fin publicaría en 1960 una influyente obra denominada Measure of Man: Human Factors in Design (La medida del hombre: Factores humanos en el diseño), una obra culmine del diseño industrial; en la que se interpretan las relaciones ergonómicas como si se tratase de “ingeniería humana”. La antropometría deja de ser el paradigma principal siendo reemplazada por la ergonomía, es decir, las medidas en si dejaban de importar y las relaciones de movimientos y posiciones eran los factores determinantes

Estudios de Henry Dreyfuss
Estudios de Henry DreyfussDreyfuss crearía dos modelos estandarizados Joe y Josephine, todas sus medidas no estarían determinadas por valores absolutos sino que representarían porcentajes interrelacionados, por lo que al ajustar ciertas variables los modelos podían representar personas de distintos tamaños, así como niños, personas con distintos índices de masa corporal e incluso personas en sillas de ruedas. La biomecánica jugaba un rol fundamental en dichos modelos, con las articulaciones y sus rangos de acción definidos en arcos proyectantes de gran información visual para quien emplee el modelo.

Estudios de Henry DreyfussLas dimensiones, los rangos de movimiento y rotación del cuerpo dejan de ser valores individuales y pasan a representar relaciones interdependientes, jerarquizadas. Un movimiento de la rodillas alterará los valores asignados a su respectivo pie, así como el área de acción del modelo. Más importante aun es la tabulación de valores aplicables a distintas acciones. Tablas para el modelo sentado, tablas para el modelo estático, tablas para el modelo en movimiento, etc.

Estudios de Henry Dreyfuss

Esta obra marcó un antes y un después, y ciertamente dejó por sentado que en el diseño industrial se deben adaptar los objetos a la persona y no la persona a los objetos, dando paso a los diseños altamente ergonómicos que disfrutamos hoy en día.

El hombre que sobrevivió a una desacelaración de 214g y el hombre que lo hizo posible

Kenny BräckKenny Bräck es un piloto sueco que antes de retirarse participaba en distintos circuitos de Indy, CART e Indianapolis. Fue en uno de estos torneos en los cuales sufrió el peo accidente de su carrera, el cual no sólo es el peor en su historia pero además considerado como el peor accidente en la historia del automovilismo. Este fue en el año 2003, en la Texas Motor Speedway, su vehículo trabo sus ruedas con el conducido por Tomas Scheckter y en cuestión de milissegundos ambos autos quedaron destruidos. El de Scheckter sufrió el menor daño, ya que continuo contra el borde de la pista, p3ro el de Bräck comenzó a girar como un trompo, desintegrándose en el proceso.

Galileo ProbeDurante ese trompo descontrolado, Bräck sufrió múltiples desaceleraciones, incluído un pico de 214g (1g es igual a la aceleración de la gravedad, 9,8m/s²), algo terrible. Para darnos una idea, la Galileo Probe, la mini sonda experimental que se desprendió de la nave sonda Galileo en 1995 y entró a la atmósfera de Júpiter a unos 47 kilómetros por segundo, al impactar contra la atmósfera sufrió una desaceleración de 230g, y la fricción fue tal que su escudo termal de 152 kilogramos perdió 80 kilogramos durante el ingreso. La sonda luego desplegó su paracaídas y durante 58 minutos transmitió a su nave madre las lecturas del interior de Júpiter, un verdadero infierno.

Ilustración de la Galileo Probe

El hombre que lo hizo posible
John StrappBräck no tendría que haber sobrevivido a semejante colisión, pero lo hizo, con fracturas múltiples y 18 meses de terapía, pero lo hizo, y lo hizo gracias a otro hombre: el coronel John Stapp, un médico, cirujano de vuelo y biofísico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos quien dedicó su vida al estudio de la desaceleración en los pilotos. Strapp también trabajaría, tras retirarse de la fuerza aérea en la NHTSA (National Highway Traffic Safety Administration), estudiando los efectos de las colisiones y la desaceleración en los conductores.

Strapp es un héroe silencioso, ya que a pesar de no ser conocido es quizás responsable de haber salvado cientos de miles de vida, y eso no es una exageración. A finales de los años 40, y con el fin de no arriesgar la vida de sus pilotos, se ofreció como voluntario para llenar su cuerpo de sensores y someterse a violentas desaceleraciones, estudiando además las reacciones mecánicas del cuerpo. La información recogida de éstas pruebas sería fundamental para la creación de los crash test dummies, los maniquíes de pruebas de choque.

En 1954 realizaría su más peligrosa prueba, tras la misma quedaría temporalmente ciego. Esta prueba, para la cual se debió atar a un trineo impulsado a cohete, sirvió para re-diseñar los arneses de seguridad y los asientos del piloto para proteger el cuello y evitar un paro cardíaco al sufrir presión extrema en el pecho por parte del cinturón de seguridad sujetando al piloto. Parte de estos hallazgos brindarían información para la creasion de los HANS Devices (Head And Neck Support Device), o en español: Soporte para cabeza y cuello, que salvan incontables vidas en pilotos de carrera y de aviones.

Los datos recolectados sirvieron para la creación de los maniquíes de pruebas modernos, tanto los efectos físicos sufridos por la victima así como varios rediseños y nuevos conceptos de seguridad que no eran considerados hasta ese momento.

Relacionados
– Su historia nos recuerda a Joseph Kittinger, otro arriesgado hombre que recolectó datos imprescindibles para la ciencia.

– Para más información sobre Strapp ver: La bala humana

Las asombrosas máquinas del Dr. Zander

Las asombrosas máquinas del Dr. ZanderLas promesas de perder peso y ganar unos maravillosos músculos abdominales sin mover un dedo no son nada nuevo. No obstante, y si bien a diferencia de los timos que hoy día pueden verse en TV, existió a finales del siglo XIX en Suecia un médico, ortopedista e ingeniero llamado Gustav Zander quien se obsesionó, de manera honesta, con poner a la tecnología al servicio de la humanidad.

Las asombrosas máquinas del Dr. ZanderEs así que comenzó una frenética búsqueda intelectual para desarrollar su mecanoterápia, lejos de la mecanoterápia moderna, la mecanoterápia de finales del siglo XIX y principios del siglo XX contenía en si misma todo el caudal de optimismo tecnológico que caracterizó la época. Ciertamente, muchos creían que prontamente la tecnología solucionaría todos los problemas de la humanidad. Creencia que llegó a su ápice en la década del 50 para gradual y velozmente caer y convertirse en los futuros sombríos y post-apocalípticos a los que nos acostumbran las obras de ciencia ficción modernas y las predicciones sobre robots que, indefectiblemente, o nos destruirán o quitarán todos los trabajos.

Las asombrosas máquinas del Dr. Zander

Las asombrosas máquinas del Dr. ZanderPero volviendo al tema que nos compete, las asombrosas máquinas del Dr. Zander. Diseñadas para ofrecer una estimulación mecano-motriz localizada, las mismas se dividían en máquinas de rehabilitación y máquinas de mejora corporal. Las visualmente complejas máquinas de Zander, efectivas o no, se volvieron un éxito comercial tras que éste las presente en la Exposición Centenal de Filadelfia bajo el concepto del Instituto del Cuerpo, lo más cercano visto en el siglo XIX a un gimnasio moderno, en el cual las máquinas predominan por sobre los clásicos ejercicios calistécnicos que reinaban en los gimnasios desde la Antigua Grecia. Ganándo así la medalla de oro ofrecida por los encargados del a exposición.

Las asombrosas máquinas del Dr. Zander Las asombrosas máquinas del Dr. Zander

Para 1906 las máquinas de Zander podían ser vistas en más de 140 países, gradualmente dejando de lado su estrambótica estructura que prometía hacer todo por uno y evolucionando en las máquinas de ejercicios modernas que buscan estimular la musculatura a través de ejercicios localizados de alta intensidad.

Cirugía plástica Medieval

1210-7.jpgHace dos años habíamos hablado sobre un fantástico tratado medieval editado por Gaspare Tagliacozzi, un cirujano veneciano medieval que idearía, basado en teorías aun más antiguas, una autoplastia en la cual un adinerado guerrero o rico señor, podía recuperar una nariz u oreja perdida en batalla o un accidente tras asegurarla mediante un sistema de arneses a uno de sus brazos. El cual, mediante cirugía, sería unido con la nariz u oreja para que así, al cabo de unos meses, el crecimiento de la piel del mismo cubriese la nariz o la oreja perdida.

El tratado en cuestión se denominaba De Curtorum Chirurgia per Insitionem y sería editado en el siglo XVI a partir de metodologías y técnicas de cirugía más antiguas, recopiladas por el mismo Tagliacozzi durante su paso en la Universidad de Bulåggna (actual Bolonia) como profesor de cirugía.

La obra en sí consta de 22 placas bien ilustradas y explicadas con el fin de permitirle a otros cirujanos utilizar el método de Tagliacozzi para reparar narices u orejas. Dando consejos no solo sobre en la cirugía en sí sino además sobre el cuidado postoperatorio. Recomienda, el innovador Gaspare, que un tiempo óptimo de espera con la nariz adosada al brazo es de dos a tres semanas. Transcurrido este tiempo, se debía práctica otra cirugía para separar e brazo y dar forma a la nueva “nariz”.

Tagliacozzi moriría los 54 años y su cuerpo, tras unos años de su muerte, seria excomulgado, desenterrado y vuelto a enterrar en tierras no sacras, ya que su trabajo no le había caído muy bien a las autoridades religiosas.

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Nota: Si bien la mayoría de los estudiosos considera el fin de la Edad Media en el siglo XV, yo soy partidario de la escuela de Le Goff, en la cual, como expone en su gran obra “Un long Moyen Âge”, considera, dado ciertos factores culturales y de pensamiento, que la misma puede extenderse hacia finales del Siglo XVI

La triste suerte de caer en un doctor de la Guerra Civil Americana

Guerra civil americanaPorque nada dice mejor “doctor de la guerra civil” que limpiar el bisturí en la suela de la bota antes de abrir al paciente.

En el pasado ya hablamos de los doctores medievales (1, 2, 3) y de los ensalmadores, especialistas en “poner huesos en su lugar” de la Edad Media, quienes no tenían problema en pisar el pecho del paciente para tirar un brazo con fuerza y acomodar los huesos. Pero si doctores poco fiables se trata, los doctores de la Guerra civil Estadounidense si que eran de temer. La primer guerra a gran escala con armas de fuego, miles de heridos todos los días y los largos viajes, llevaron a algunos de los accionares más excéntricos de la historia.

Guerra civil americana

Tras la batalla de Gettysburg, que resultó en 30 mil heridos, las amputaciones ocurrieron al por mayor, incluso en hombres que tenían heridas superficiales. Según la Civil War Society, de 175 mil casos de heridas en extremidades 30 mil terminaron en amputación, realizadas en una carpa al aire libre entre la bosta de caballo y las moscas. Las posibilidades de supervivencia al doctor en el bando de la Unión era de 1 en 4, mientras que en los Confederados ni siquiera podían llevar registro de las muertes. Para colmo de males, uno de los mayores timos de la época era hacerse pasar por doctor sin serlo -así se evitaba ir a la batalla-, y solamente se requería saber anatomía básica para pasar el examen admisión, por lo que nunca se sabía si el que te iba a operar era un doctor o un mentiroso que se hacía pasar por uno.


Guerra civil americana
(Maletín de trabajo de un médico de la guerra civil.)

Peor aun, se utilizaba cloroformo como anestésico, e incluso, como si ya no fuese poco, el que lo administraba generalmente era otro soldado que servía como ayudante del doctor, por lo que casi siempre morían en la mesa de operaciones no por la herida en si sino por un paro cardiorespiratorio causado por el cloroformo. la segunda opción era peor, si no había cloroformo se suministraba whisky barato.

Guerra civil americanaSi bien uno puede llegar a pensar que lo anterior ya era mucho, todavía nos faltan las infecciones y las epidemias. Los heridos se apilaban junto a los muertos, siendo el limpiar el bisturí en la bota una práctica común. La Civil War Society establece que 995 de cada 1000 hombres contrajo disentería; y en los Confederados 1/4 de las bajas fueron a causa de fiebre tifoidea, ya que muchas veces la barraca y la cocina ocupaban, literalmente, el mismo lugar que la morgue, desencadenando en enormes brotes de salmonella. Otro de los grandes problemas fueron el más de 1 millón de enfermos de malaria, contraída en los pantanos del sur, esto generalmente afectando a la unión (el norte) ya que no estaban tan acostumbrados a surcarlos como los sureños.
 

Guerra civil americana

Enlaces relacionados
Como un excelente recurso de información sobre la medicina durante la Guerra Civil Americana les recomiendo la Enciclopedia de la Civil War Society (en inglés).

La bala humana

1095-2.jpgEsta historia ya la conocía, y gracias a esta entrada pude recordarla. Se trata de las “aventuras” del cirujano John Paul Stapp, quien a finales de los 40s y 50s donó su cuerpo a la ciencia, estando aun vivo, para estudiar los efectos de velocidades supersónicas, aceleración y desaceleración sobre el cuerpo humano.

Sus estudios comenzaron en 1947, cuando la creencia de “la barrera de los 18g” era considerada una prácticamente una ley. Esta barrera, hacía referencia al límite de aceleración o desaceleración que el cuerpo humano podía soportar antes de que colapsen sus órganos. Sin embargo, Stapp probaría la falsedad de la misma. De hecho, llegaría a los 46,2g, convirtiéndose en “El hombre más rápido del mundo”.

1095-1.jpgUno de los focos principales de la investigación realizada por Stapp y sus colegas, consistió en mejorar las condiciones de supervivencia de los asientos eyectores en los aviones de alta velocidad. Para esto utilizarían distintos vehículos especialmente preparados para la misión, siendo el Sonic Wind I y más especialmente el “El desacelerador humano” los más importantes. El último de los mencionados, fue un vehículo de 648 kg montado sobre una vía de 610 metros, que gracias a una serie de cohetes en su parte trasera y un freno mecanismo de múltiples etapas lograba acelerar y desacelerar el vehículo a distintas intensidades.

A lo largo de sus investigaciones, sufriría roturas de huesos y hasta un doloroso desprendimiento de retinas. Pero valdrían la pena. Stapp demostraría que un humano era capaz de soportar de frente una aceleración de 46g (récord que lograría el 10 de Diciembre de 1954 con la Sonic Wind, segunda imagen), y los datos obtenidos servirían para dar forma desde las siguientes generaciones de asientos de eyección hasta en la construcción y diseño de los marcos para choques en automóviles. Los hallazgos servirían además para mejorar el diseño de los cinturones de seguridad, desarrollando el sistema de cinturones extensibles con los que contamos hoy en día.

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El piloto que experimentó 40g involuntariamente
El siguiente video pertenece a una filmación de un F-15 Eagle, en la cual tras desorientarse el piloto experimentaría primeraramente una fuerza de 15 a 20g durante 3 segundos y luego, en menos de 5 segundos, debería experimentar una fuerza cercana a los 40g. Es realmente impresionante escuchar el sufrimiento del piloto en los segundos finales. Por fortuna podría recobrar el mando de la nave antes de estrellarse.

Las máscaras antiplaga medievales

Hoy en día estamos acostumbrados a pensar que las máscaras de gas fueron inventadas durante la Primer Guerra Mundial, después de todo son las únicas imágenes que vemos de personas utilizando máscaras para protegerse de gases nocivos. Sin embargo, estas datan de mucho antes, nada más y nada menos que de la Edad Media, y se extendieron en el tiempo durante varios siglos. De hecho, hay registros de las mismas siendo utilizadas durante los siglos XVI y XVII por médicos que visitaban pacientes con enfermedades contagiosas o zonas en cuarentena.

Su origen y creación es incierto pero sí sabemos que varios doctores, desconcertados por los causantes de la Peste, comenzaron a buscar maneras de tratar a sus pacientes y a la vez protegerse de algún modo. Estos profesionales teorizaban que la peste era transportada por un “aire maligno” que se apoderaba del sistema respiratorio de la victima y posteriormente de todo su cuerpo. Con esto en mente no nos sorprendemos al saber que no pasó mucho tiempo hasta que algún aprovechado comenzó a vender “repelentes anti Peste”… que en realidad no eran nada más que perfumes de olor muy fuerte. Es así que llenando un pomander con “repelente”, que se introducía en el pico de una mascara fabricada de roble y forrada en metal, muchos médicos creían estar a salvo de la Peste al poseer una máscara que filtraba el aire contaminado del aire limpio…. por supuesto que luego morían como ratas ya que esa confianza extra que les otorgaba llevar puesta la máscara hacía que no tomaran todas las precauciones que tomaban cuando no la utilizaban.

Nota: Un pomander es una decoración originada en Francia que consiste de un pequeño frasco metálico con orificios en el cual se depositan perfumes y aceites aromáticos.

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La mujer que debió convertirse en hombre para ejercer la medicina

En el siglo XIX se tenía la teoría que la mujer, al ser físicamente más débil que el hombre, era a su vez más propensa a infectarse con gérmenes o contraer enfermedades. Por esta razón, y también el machismo de la época, la Medicina era territorio vedado a ellas. Sin embargo, el deseo de ser doctor de una mujer la llevaría a cambiar su apariencia y personalidad para convertirse en hombre y así poder lograr su sueño de ejercer la medicina. Esta es la historia apasionante de Miranda Stuart, o James Barry, como se le conocería a lo largo de su aventurera e intrigante vida. Sólo tras su muerte el mundo se enteraría de su secreto.

Nacida en el año 1795 bajo el nombre de Miranda Stuart, según se cree ya que los detalles de su vida temprana son escasos y en su mayor parte oscuros, desarrollaría una instantánea pasión por la Medicina. Su único problema para poder acceder a esta preciada meta era su sexo, por el hecho de que a las mujeres se les prohibía ejercer a causa de lo anteriormente mencionado. Ante ésta gran complicación Miranda opta por llevar a cabo la única salida posible que le permitiría ingresar a la universidad y comienza a vestirse y a actuar como un hombre, cambiando su nombre al de James Barry en el proceso. Tras su cambio, comienza sus estudios en la Universidad de Edimburgo (1809) siguiendo la carrera de “Literatura y Medicina”, y a sólo unos pocos años de haber ingresado (1812) consigue su Doctorado en Medicina, según se cree con un excelente promedio. Tras recibirse rápidamente se une al personal médico del Ejército Británico como Asistente Hospitalario. De aquí en más la vida de Miranda, o Barry como todos la conocían, transcurría viajando por el mundo entre las tantas guerras y conflictos en los que el Ejército Británico participaba. El destino la llevaría a ser testigo presencial de hechos tales como la Batalla de Waterloo o las guerras contra la India y África del Sur; sus viajes la harían conocer lugares tales como Mauritania, Trinidad Tobago, Santa Helena -la famosa isla cárcel en la que Napoleón paso preso sus últimos días-, Jamaica, el Congo y Canadá. Paso a paso se iría haciendo de un importante currículum como cirujano de campo y el renombre no tardaría en llegar.

Su siguiente cargo profesional sería como inspector médico de la colonia en Cape Town, aquí, principalmente, es donde ganaría reconocimiento por haber realizado una de las primeras cesáreas exitosas de la historia. Tras Cape Town continúa con su viajera vida cumpliendo de asignación en asignación, y logrando ser reconocida tanto por su talento médico como por su carácter. De hecho se batió de manera exitosa a duelo en varias ocasiones contra los que, maliciosamente, sugerían la agudeza de su voz o lo esbelta de su figura. Sin embargo, su carácter un tanto insubordinado, llegó a ponerla en situaciones de riesgo en infinidad de ocasiones, debiendo enfrentar reprimendas oficiales y castigos por parte de sus superiores. Generalmente muchas de estas discusiones eran producto de su constante lucha por la mejora en las condiciones higiénicas y alimenticias de los pacientes -recordemos que la medicina de la época tenía poca consideración por la higiene y la nutrición balanceada-.

Tras haber alcanzado el alto cargo de inspector general de Hospitales, una de sus tantas discusiones la pone en un retiro forzado en el año 1864. Retiro que no soportaría y que llevaría a su deteriorada salud, producto de los años de enfrentar severas epidemias de malaria, fiebre amarilla, cólera y las crudas condiciones de la vida del campo de batalla, a dar un último respiro y fallecer en el año 1865. La primer persona que se enteraría de su secreto sería su enfermera, la cual, no tardaría en hacerlo saber a todo el mundo y el rumor se expandiría como una explosión. Prontamente todos comenzarían a asegurar que lo sabían o al menos lo intuían e incluso los periódicos de todo Lóndres comentarían y citarían el hecho como “Una extraña historia”. Intrigantemente existe el rumor de que al revisar el cuerpo de Miranda, durante su autopsia, se descubrieron heridas de cesárea, sugiriendo que ésta, en algún punto de su vida, estuvo embaraza. Sea esto último cierto o producto de un rumor morboso, es algo que Miranda llevó consigo a la tumba.

Un breve paseo por la Medicina Medieval

Los médicos
Si nos enfermásemos en la Edad Media tendríamos tres posibles destinos, que variarían dependiendo del tipo de especialista que nos toque: los doctores, los monjes o los herborístas. Irónicamente caer en las manos de un doctor medieval era lo peor que podía ocurrirnos ya que éstos se basaban en amuletos y oscuras teorías relacionadas a “sobrantes de cuerpo” que llevaban a amputaciones o drenados de sangre groseros e innecesarios que, consecuentemente, terminaban en la muerte del paciente. Ser tratados por un monje era más bien esperar a que nuestras auto-defensas corporales nos salvaran de morir. Aunque un plus radicaba en que los monjes ofrecían comida y reposo al paciente, lo que en gran parte de las enfermedades “mortales” de la época (gripe, resfríos, etc) era lo suficiente como para curarnos. Por último se encontraban los herborístas, éstos, llamativamente, eran lo mejor que podría tocarnos. Basados en los conocimientos empíricos dejados por los Griegos y Romanos de las plantas y los animales, se dedicaban a realizar “pócimas” que, algunas veces, lograban recuperarnos.

Tratado médico medieval

Qué se creía
Existían dos tipos de teorías acerca de las enfermedades:

La creencia religiosa: se pensaba que la enfermedad era un castigo de Dios (algo heredado de los Romanos, quienes atribuían las enfermedades a enojos de los distintos Dioses Olímpicos).

Tratado médico medievalLa escuela Hipocrática, o de “los 4 humores”: Los humores, originalmente, no eran emociones sino que eran los fluidos del cuerpo. Como se creía que cada humor era responsable de otorgarle alguna de las emociónes a la persona se entendía, entonces, que el correcto balance de estos “humores” era la llave a la buena salud. Lamentablemente esta teoría llevaba a que los “médicos” pensaran que en una persona existían “excesos de humor” ocasionando prácticas de drenado del o de los líquidos en cuestión. Esta teoría tenía una aceptación muy grande entre los “científicos” ya que se basaba en las cosmogonías generadoras del Universo, o los elementos: Sol (Fuego), Tierra, Agua Aire. Veamos una lista de cada humor y que emoción contenía:

De esta manera, si una persona tenía fiebre y sudaba mucho (calor y humedad) instantáneamente se pensaba que tenia un exceso de sangre, por lo que se procedía a drenarle parte de este tejido líquido. O también, por ejemplo, si una persona tenía problemas mentales y era agresiva, se creía que ésta padecia de un exceso de bilis amarilla (y ya se pueden imaginar lo mal que la iba a pasar). Como podemos ver era mucho mejor que nos tocara un monje o un herborísta que un doctor.

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