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El museo sumergido de Tarkhankut

En el pasado habíamos hablado en Anfrix sobre como inmediatamente tras derrumbarse la Unión Soviética en varias de las repúblicas que la conformaban miles de personas tomaron las calles destruyendo monumentos y arrancando estatuas y bustos de sus pedestales. En una de estas naciones, más precisamente en Ucrania, dichos bustos y estatuas fueron arrojados al mar, creando así varios “museos sumergido” como testamentos mudos del periodo soviético.

No obstante, de lo anterior nacieron varios proyectos para crear museos sumergidos por toda Ucrania. Entre los más famosos se encuentran los ubicados en las regiones de Odesa, Tarkhankut y la impronunciable Dnepropetrovsk. Entre los planes se encontraba el de construir otro museo bajo el agua en la región de Kerch, Crimea, famosa por ser parte de la Ruta de la Seda y poseer varias reliquias arqueológicas sumergidas. Sin embargo, el reciente conflicto con Rusia ha imposibilitado la concreción el proyecto, el cual iba a representar una reproducción a escala de la histórica ciudad de Acre.

De los tres anteriormente mencionados es el museo hallado en Tarkhankut el más espectacular de todos. El mismo se encuentra ubicado en el Mar Negro a unos 12 metros de profundidad y 110 metros de la costa, y fue creado en 1992 por un grupo de buceadores quienes en un principio comenzaron a organizar algunas de las estatuas arrojadas al agua de manera artística, como si se tratase de un museo en si mismo, pero rápidamente el “museo” convirtió en un museo propiamente dicho cuando distintas obras a ser exhibidas fueron creadas para el mismo. Desde recreaciones de obras arquitectónicas como la Torre Eiffel hasta recreaciones de obras artísticas famosas.

Con sus dos “salas”de exhibición que separan las piezas soviéticas de las más modernas realizadas para el museo, gran cantidad de visitantes solían bucear a través del mismo. No obstante, el conflicto anteriormente mencionado entre Rusia y Ucrania ha puesto al museo dentro de la zona en conflicto, por lo que en los últimos dos años la asistencia al mismo se ha visto reducida.

Los cosmonautas que quedaron varados durante meses en la Mir tras la disolución de la Unión Soviética

Son conocidas las historias de personas que quedan varadas en aeropuertos tras que el estado al cual pertenecían entra en conflicto o simplemente desaparece debido a colapsos geopolíticos, guerras u otros problemas. Incluso existe una película protagonizada por Tom Hanks, The Terminal, la cual está basada en la larga estadía del refugiado iraní Mehran Karimi Nasseri en el aeropuerto Charles de Gaulle.

Si bien las historias anteriores son interesantes, lo que ocurrió a principios de la década del 90 en la estación espacial Mir es simplemente espectacular. Todo tuvo lugar el 26 de diciembre de 1991 cuando la Declaración 142-Н, la cual formalizaba lo pactado en el Tratado de Belavezha, puso fin formal a la Unión Soviética como nación. En la estación espacial Mir se encontraban el comandante Alexander Volkov y Sergei Krikalev, ingeniero mecánico prodigio y cosmonauta veterano quien entrenó para volar en el proyecto Buran (el transbordador soviético) y quien ya había realizado varias misiones a la Mir durante finales de los años 80, incluidas largas actividades extravehículares con el fin de instalar módulos extra en la estación.

El comandante recibió ese mismo día la orden, de “mantenerse alerta ante cambios repentinos”. Todo era pleno desconcierto ya que el programa espacial soviético no estaba centralizado, sino que por el contrario varias de sus instalaciones y talento humano así como depósitos, estaciones de control e incluso fábricas y cosmódromos se encontraban distribuidas en muchas de las 11 repúblicas que formaban la que fue la Unión Soviética. El control de la estación se encontraba en Rusia, pero el cosmódromo al cual retornaban las naves Soyuz desde la estación, el cosmódromo de Baikonur, estaba en Kazajistán. Peor aún, las fábricas y depósitos de los motores de cohetes estaban en su mayor parte ubicadas en Ucrania. Traer a los cosmonautas de vuelta probó ser un verdadero laberinto diplomático.

Krikalev había llegado a la estación en la misión TM-12 la cual tuvo lugar en mayo de 1991. Si bien debió volver en julio de ese mismo año, la inestabilidad política que la Unión Soviética se encontraba experimentando llevó a que se cancelen vuelos, por lo que el cosmonauta debió quedarse hasta octubre mientras que sus compañeros de la TM-12, considerados como personal no-crítico, retornaron a tierra. En teoría su reemplazo debió llegar durante la misión TM-13 comandada por Alexander Volkov. No obstante, el ingeniero de la TM-13, Toktar Aubakirov, fue enviado específicamente a reparar un subsistema de la estación sobre el cual era experto, pero éste no había sido entrenado para permanecer en el espacio durante períodos prolongados de tiempo por lo que pocos días más tarde la nave de retorno partió de la estación llevando a los cosmonautas de la TM-13 a la tierra y dejando a Volkov y a Krikalev en la estación, en efecto, ahora se encontraban solos en la estación y sin saber a ciencia cierta qué estaba ocurriendo en tierra y el alboroto político que acontecía a lo largo y ancho de la en unos meses sería la ex-Unión Soviética. Ni siquiera sabían exactamente qué país los debía rescatar, ya que Volkov era ucraniano y Krikalev ruso.

Tras recibir en diciembre el comunicado de disolución y durante los siguiente tres meses de incertidumbre, ambos realizaron varias misiones de mantenimiento de emergencia, incluidas varias caminatas espaciales y reparaciones improvisadas. Lo más interesante durante éste tiempo tuvo lugar cuando rompieron el protocolo varias veces para utilizar la radio de la estación y comunicarse con radioaficionados en tierra para obtener noticias ya que el control de la misión no les daba información alguna de lo que estaba ocurriendo.

Ambos cosmonautas finalmente lograron retornar a la tierra el 25 de marzo de 1992, Krikalev nunca se cansó del espacio, y meses más tarde ya se encontraba entrenando para las misiones de cooperación entre la NASA y la Federación Rusa, incluidas varias misiones de transbordador y la histórica Expedición 1, la primer misión a la Estación Espacial Internacional.

El dictador más megalómano y egocéntrico de la historia

Hace un par de años, más precisamente en el 2006, por motivo de su muerte, pude enterarme de la existencia de uno de los dictadores más megalómanos y egocéntricos, quizás, de la historia de la humanidad entera. De su cabeza salían ideas tan disparatadas y díscolas que uno, incluso, llegaba a tomarle “cariño”.

1112-3.jpgTras la caída del Bloque Soviético, infinidad de naciones y repúblicas se formaron de sus cenizas. La mayoría, como es el caso de Polonia o la República Checa, lograron salir adelante después de tal crisis. Sin embargo, otras, tan pequeñas que su tamaño era inferior al de una ciudad metropolitana y en regiones tan conflictivas como Medio oriente, se vieron a merced de la subida de nuevos dictadores.

Una de estas repúblicas fue Turkmenistán, la cual en 1992, poco después de salirse de la URSS, se metería en un problema aun más grande. Y no era para menos, ya que su recientemente electo Presidente, Saparmurat Niyazof, carecía de unos cuantos tornillos. Aunque debemos decir que la hazaña fue fácil, ya que él era el único candidato.

Niyazof, que había crecido huérfano en un orfanato soviético, estaba obsesionado con darle una “identidad” a su pueblo, que según él era inexistente tras tantos años de dominio Soviético. En primera instancia reflejaría su función mesiánica adoptando el nombre Turkmenbashi -Padre de los turcomanos-. Tanto le gustó su nuevo nombre que, prácticamente, renombró todas las ciudades, incluidas la más grande del país, como Turkmenbashi.

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Y para asegurarse de estar presente a todo momento, también renombraría el primer mes del año como “Turkmenbashi” -y como regalo a su madre Abril, y la palabra “pan” pasarían a llamarse como ella, Gurbansoltanedzhe-. No obstante, a sabiendas de que todo líder mesiánico debía escribir su propio libro de reglas morales y consejos para el pueblo, al cual llamaría Ruhnama. Libro que, por supuesto, estaría escrito con un alfabeto que él ayudaría a diseñar.

Este libro sería su orgullo, por lo que las bibliotecas de Turkmenistán, cuestión de no distraer al lector con “sandeces” como Platón, Aristóteles, Rousseau , Friedman, Darwin, etc, solo ofrecería el Ruhnama. Libro más que requerido, ya que si un turcomano quería graduarse en la secundaria, primero debía memorizar el libro completamente. Lo mismo si alguien deseaba ocupar un cargo público -el 99% de la plaza laboral de Turkmenistán-. Si eso no es poco, debemos agregar que su libro posee una un monumento de más de 10 metros.
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Kowloon, la ciudad más densa del mundo

El aspecto fortificado y compacto de la ciudad amurallada de Kowloon no es casualidad, ya que ésta empezó en el siglo XIX sirviendo de fuerte y puesto de vigía contra los piratas de la región. Pasaría a ser una ciudad recién en 1842, cuando tras cederle Hong Kong a las autoridades británicas, a causa del tratado de Nanjing, el gobierno chino decidiera que a pesar de esto debía contar con una presencia en la región. Por lo que Kowloon se convertiría en un enclave chino en la isla.

En la Segunda Guerra Mundial fue conquistada por los japoneses, quienes demolieron gran parte de la misma incluida la muralla. No obstante, lo peor vendría al terminar la guerra, ya que la ciudad se convertiría en un paraíso criminal que daba refugio y guarida a algunas de las más violentas pandillas de la isla.

Administrada por sus propios residentes, el control urbano resultó no ser prioridad y con el debilitamiento de las Triadas -grupos mafiosos- la ciudad comenzó a crecer de manera desproporcionada a mediados de los 70s. Así, debido a que no se podía construir fuera del territorio original de esta, el cual se extendía por unos 0,025 km2, Kowloon iría expandiéndose hacia arriba y achicando sus calles cada vez más. Literalmente convirtiéndose en un laberinto de edificios, puentes y pasillos. Tan extrema resultó esta práctica que la ciudad pasó a convertirse en un gran edificio.

Con 50 mil habitantes y 0.025 Km2 de extensión, Kowloon registraba el récord de densidad de población: unos 1.9 millones por Km2.

Sí, y si esta ciudad te resulta familiar, es porque el anime Ghost in the Shell se inspiró en la misma.

El fin de Kowloon

Tras un acuerdo conjunto entre China y el Reino Unido en 1987 se decidió demoler la ciudad. El proceso llevaría años y muchas negociaciones con sus habitantes, muchos de los cuales no preferían mudarse. Tras la evacuación y posterior relocación la ciudad sería finalmente demolida entre 1991 y 1992.

Es imposible imaginar lo que pudo haber llegado a ser vivir allí. De todas maneras, les recomiendo leer la descripción y el magnífico relato de Robert Ludlum -el autor de Bourne Supremacy- el cual nos dará una idea de lo claustrofóbico y vertiginoso de la experiencia.

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La ciudad de Lagos, aunque en mucho mayor tamaño, actualmente presenta un crecimiento orgánico.

La travesía de los patitos de goma

De patitos a aviones
Uno de los oceanógrafos más interesados y, de hecho, uno de los pocos especializados en el campo de “analizar objetos a la deriva” es Curtis Ebbesmeyer quien analizó más de 50 diferentes grupos de objetos a la deriva. Entre ellos el más interesante son las ruedas del primer vuelo solitario en cruzar el Pácifico. Vuelo en el cual, al llegar al Japón, el piloto expulsó las ruedas utilizadas para poder aminorar el peso y reducir el consumo de combustible. Durante años estas ruedas de goma permanecieron viajando por el oceano e, increíblemente, reaparecieron en Washington a unos pocos kilómetros de donde el avión original había partido.

Cada año aproximadamente 10 mil contenedores caen al océano desde barcos de carga. Si bien la mayoría de sus contenidos se hunden en las profundidades muchos otros permanecen flotando y viajando durante años. Esta es la historia de un cargamento de 29 mil patitos de goma cuya odisea duró más de 12 años y trajo nuevas luces al entendimiento de las corrientes trans-oceánicas.

La travesía de los patitos de goma

La travesía comenzó un 10 de Enero del año 1992 cuando una tormenta derribó varios containers de un mega carguero internacional. Inmediatamente el container se quebró y más de 29 mil patitos y algunas ranas y pájaros de goma destinados a ocupar las bañeras de nenes por todo Estados Unidos terminaron a la deriva en el océano. Así permanecerían durante más de 12 años viajando por el capricho de las corrientes y separándose en distintas “flotillas” que tomarían cursos considerablemente distintos unas de otras.

Sorprendentemente estos patitos han sido de vital interés para los oceanógrafos ya que permitieron estudiar el flujo de las corrientes de una manera muy innovadora. Varios de estos juguetes terminaron en el ártico, otros en Europa y una flotilla inmensa llegó a bañar las costas de Massachusetts, apareciendo durante semanas en la prensa. Vista la utilidad que brindaron, un nuevo campo de estudio oceanográfico existe hoy en día llamado “rubber duck tracking” en honor a los patitos. La única diferencia es que estos pequeños objetos arrojados están provistos de un arsenal tecnológico que va desde avanzados sensores GPS hasta medidores termales.

– Por cierto, me hizo recordar al sitio del “pato viajero” que ya ha recorrido docenas de países.