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De puentes, botes e invasiones de hormigas

Siempre me interesaron las hormigas, incluso mucho antes de ir a la universidad y estudiar en profundidad su evolución, comportamiento y su dinámica me sentí atraído por esos diminutos y frágiles seres que, a pesar de ser insignificantes en su forma singular, en su conjunto se vuelven una impenetrable fuerza capaz de arrasar a su paso con jardines y plantaciones sin existir solución ni orgánica ni industrial que pueda frenarlas por completo. Sin embargo, no fue hasta cuando tuve unos 10 o quizás 14 años, o tal vez 15, en que leí un cuento de Carl Stephenson titulado Leiningen contra las hormigas que comencé a sentir fascinación por estas. En dicha obra, nuestro atareado protagonista cree estar a salvo de las voraces hormigas que repentinamente invaden su modesta plantación de a millones tras mucho esfuerzo y lucha por salvar su vida. No obstante, con terror y resignada sorpresa ve como estas comienzan a sacrificarse en masa para construir puentes de cuerpos y así lograr sortear esa frontera de agua que significaba la diferencia entre la vida y la muerte para si mismo.

Es por esto que siempre que veo un puente de hormigas me acuerdo del pobre Leiningen. Este video a continuación no es la excepción. En el mismo vemos un grupo de hormigas en el Amazonas sacrificarse a si mismas para construir un puente de cuerpos y así salvar a su preciada y perezosa reina así como varias larvas de las aguas amazónicas.

Puente de hormigas

Por cierto, si hablamos de hormigas no podemos dejar de mencionar otra de las rarezas y quizás una de singularidades más raras de estas: los vórtices. Algo que ocurre con, por lo general, las hormigas soldado, es decir las encargadas de proteger tanto las rutas de alimento como el hormiguero, y las cuales son generalmente mucho más grandes y agresivas que las obreras. Estas confunden un camino de feromonas y básicamente comienzan a seguirse unas a otras en un interminable círculo hasta morir.

Si bien durante mucho tiempo se creyó, y todavía se cree, que este es un fenómeno “accidental” por parte de las hormigas, una de las sugerencias alternativas más interesantes que he leído estipula que posiblemente sea un mecanismo de supervivencia de los hormigueros para combatir la superpoblación en territorios que no pueden sustentar los números actuales y en los cuales el método tradicional, es decir el que una nueva reina se vaya llevándose consigo parte del hormiguero, sólo serviría para condenar a ambos hormigueros a una muerte segura.

Todo esto me recuerda que debo volver a ver esa gran obra llamada Phase IV

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Una reunión con muchos invitados -bueno, técnicamente no trata sobre hormigas, pero la image area habla por si sola-

Cordyceps, un hongo digno de otro mundo

Si bien el cordyceps, un hongo endoparasitario, no es el único ‘organismo vampiro’ de la naturaleza, que para sobrevivir, debe infectar y causar la muerte de su anfitrión, ya hablamos del Leucochloridium paradoxum, que obliga a ciertos caracoles a suicidarse tempranamente, el cordyceps es sin duda alguna el más interesante y visualmente espectacular. Ya que, una vez que su micelio -parte vegetativa de un hongo- invade y reemplaza los tejidos de su víctima, un largo filamento -estroma- comienza a crecer desde el cuerpo de esta. Al cabo de unas semanas, el estroma comenzará a largar esporas, y cualquier insecto compatible con dichas esporas será infectado. Al haber más de 400 especies de cordyceps, varios insectos muy distintos entre si pueden llegar a ser atacados por algunas de dichas variantes. En el video se muestra la especie Cordyceps unilateralis.

Este hongo puede causar realmente la desaparición de una colonia entera de hormigas, por lo que es normal que al presentar síntomas, la hormiga infectada sea rápidamente expulsada del nido por otra que la traslada a una distancia segura.

La picadura más dolorosa del mundo

Justin Schmidt es un entomólogo que durante sus estudios y trabajo fue picado por infinidad de insectos, motivo suficiente como para llevarlo a crear una escala de dolor, actualmente conocida como el: Justin O. Schmidt Pain Index. Esta escala conforma un índice de picaduras ordenados en una escala de 1 a 4 según la magnitud de dolor que provocan al ser recibidas. Como patrón se utiliza el dolor producido por la avispa común como referencia, otorgándole a su aguijonazo un punto.

En su índice vemos especies tales como Hormiga de fuego (factor de dolor 1.2) o la temible abeja africana (factor de dolor 2). Sin embargo, de todas las picaduras la peor es la hormiga Paraponera clavata con un factor de dolor de 4.0+ y la cual es hallada en las selvas nicaragüenses. Su picadura se describe como un: “Un dolor puro, intenso, dolor brillante. Similar a caminar sobre brasas ardientes con una aguja de 7 centímetros clavada en tu talón”.

La hormiga paraponera es apodada como “hormiga bala” por los habitantes de la selva debido a que su picadura duele como un balazo y el dolor tarda más de 24 horas en disipar. Su agente es un peptido neurotóxico que produce un ardor paralizante; tan poderosa es su toxina que una persona promedio muere de un choque anafiláctico si es picada una segunda vez. Su picadura es además comúnmente utilizada por las tribus indígenas del Amazonas en los rituales de iniciación. Festejos en los que se prueba el coraje y valor de un adolescente a punto de convertirse en hombre, haciéndolo ser atacado por estas hormigas y observar como reacciona ante el dolor.

La escala de Christopher Starr
Curiosamente existe una escala similar, pero para abejas y avispas exclusivamente, diseñada por el aclamado entomólogo Christopher Starr.

Los hormigueros más grandes del mundo

El Gran nido de Hokkaido

Durante la década del setenta, uno de los más respetados entomólogos del mundo, el profesor Seigo Higashi, se encontraba investigando las colonias de hormigas en las costas de la isla japonesa de Hokkaido. Su investigación parecía ser rutinaria y metódica, hasta que, junto a su equipo, realizaron un descubrimiento que los dejaría perplejos e incrédulos. Una súper colonia, que se extendía a lo largo de aproximadamente 18 kilómetros, de más de 45 mil nidos unidos por complejos e intrincados puentes y juntas, la cual conformaba el hogar de más de 307 millones de hormigas. De éstas, 306 millones eran trabajadores y 1.1 millones eran reinas. El asombro llegaría no solo por el astronómico número de habitantes sino por la complejidad y densidad de la estructura, que logró dejar pasmados a los ingenieros de las mejores universidades de Japón. No solo en complejidad matemática se destacaba esta súper colonia sino que además hacía gala de un avanzado sistema social donde las reinas se distribuían el poder en cúmulos de influencia.

Por desgracia el tsunami sufrido en 1993 borró gran parte de los nidos, ahogando cientos de millones de hormigas a su pasó. Pueden visitar el sitio web de una Universidad Japonesa que se dedica a estudiar las diferentes especies de hormigas de la Isla de Hokkaido. (Está en Inglés pero hay gran cantidad de imágenes)

En los Estados Unidos un grupo de científicos llenó con cemento líquido un nido de hormigas gigantesco para lue

Las montañas de Jura
El caso de Japón no fue algo aislado. Otra súper ciudad de hormigas que deja a New York opacada en la categoría de pueblucho se encuentra en Suiza, dentro de las hermosas montañas de Jura. En Jura, a diferencia de Hokkaido, los nidos no están unidos. Forman “feudos” monumentales controlados por un puñado de reinas aliadas. La particularidad de estas colonias son los densos nidos que forman para protegerse de los crudos inviernos Suizos.