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Noruega y sus peces monstruo

Hace algunas semanas vi una intrigante fotografía mostrando a un habitual pez de la piscifauna de los fiordos noruegos. Si bien el artículo bromeaba con que se trataba de un delfín noruego, en realidad, este pez de apariencia tan temible, capaz de inspirar a cualquier marino vikingo del pasado a creer que si en las costas podía llegar a existir tal bestia ciertamente en las profundidades las aqvabestiae lo iban a estar esperando, es un rape. Y aunque no lo parezca, son bastante inofensivos si no se los provoca. Curiosamente todos los rapes que vemos son hembras, ya que los machos son extremadamente diminutos en tamaño y su ciclo de vida consiste en buscar a una hembra, morderla, y lentamente “derretirse” para adherirse permanentemente a la misma y transformarse en nada más que un apéndice reproductivo suministrador de semen.

Rape noruego

Existiendo en dos variedades, el rape blanco y el rape rojo, y siendo capaz de llegar a pesar más de 90 kilos y alcanzar el metro y medio de largo, éste pez es muy popular en la gastronomía ya que tiene un gusto similar tanto en sabor como en textura al de la langosta. Curiosamente por lo anterior se lo solía llamar langosta de pobre. No obstante, hoy día su precio es elevado principalmente a causa de leyes proteccionistas.

Rape hembra

El misterio de Bloop – ¿Monstruo de las profundidades?

Corría la Guerra Fría y los sistemas masivos de detección previa de flotas, tanto de aviones como de barcos y submarinos, eran una prioridad a desarrollar entre las dos súper-potencias. Uno de éstos sistemas, desarrollado por Estados Unidos, demostró ser ampliamente efectivo. Su función era la de detectar flotas de submarinos y trazar sus trayectorias. Con este fin, en el fondo de los océanos se instalaron complejos micrófonos acústicos los cuales, gracias al trabajo en red, lograban detectar y seguir sonidos que de otra forma serían imposibles de rastrear.

El Bloop

Terminada la Guerra Fría el sistema, a causa de su utilidad, continuó funcionando y escaneando los océanos de todo el globo. Si bien fue diseñado para detectar submarinos en el verano de 1997 detectaría un potentísimo sonido que se expendería por miles de kilómetros siendo capturado por micrófonos con 5 mil kilómetros de separación. Asombrados e intrigados por esta singularidad varios científicos analizaron la señal sin poder reconocerla, ni siquiera analizándola digitalmente y comparándola en inmensas bases de datos. Ante el desconcierto decidieron darle un nombre onomatopéyico: Bloop. La triangulación estableció que su centro tuvo lugar al Oeste de Chile, más exactamente en las coordenadas 50°S 100°W (ver imagen satelital)

Análisis posteriores establecieron que el sonido es ciertamente de origen animal ya que no presenta los patrones de sonidos cuyo origen es mecánico. El problema es que algo que pueda producir un sonido tan potente, en teoría, debería ser inmensamente más grande que una ballena azul (35 mts); e incluso, si llegará a ser una especie desconocida de ballena, no se conoce en los cefalópodos un mecanismo que pueda producir un sonido de estas características. Más importante aun, al ser las ballenas mamíferos, debería salir a respirar a la superficie y un ser de semejante tamaño ciertamente hubiera sido avistado en alguna ocasión

Si bien las conspiraciones sobran y van desde dinosaurios hasta extraterrestres, las más centradas y coherentes establecen que posiblemente sea producto de una especie de calamar o pulpo gigante desconocido. ¿Qué tan grande? unos 100 a 150 metros. Quién sabe, quizás el Kraken al que tanto temían los antiguos marinos nórdicos (primera imagen) no era una idea tan descabellada.

PD: Se que los fans de H.P. Lovecraft y su cuento La Llamada de Cthulhu se estarán regocijando 😆

Enlaces relacionados
NOAA, el organismo gubernamental que mantiene el Acoustic Monitoring Array, suministra en su sitio web un análisis espectral de Bloop, así como un archivo WAV con el sonido.
– Y como no podia faltar alguien combinó el sonido del Bloop con Cthulhu.

Los conejos cornudos

Siempre me llamaron la atención los monstruarios antiguos, y el folklore detrás estos libros. Nacidos de las mentes más imaginativas para aterrorizar incluso hasta los más valientes es difícil sospechar y menos aun creer que alguno de éstos seres pueda llegar a existir. Sin embargo, en uno de los más interesantes casos de la zoología moderna, uno de éstos “monstruos” dejo de serlo para convertirse en un fenómeno de la naturaleza:

El Conejo Cornudo

El Lepus Cornutus, cuya mayor referencia y descripción antigua se encuentra en la Tableau Encyclopedique et Methodique compilada por Bonnaterre en 1789, durante mucho tiempo se creyó un mero invento de la imaginación del hombre antiguo. No era para menos ya que el solo hecho de pensar en un conejo que portara una cornamenta similar en forma a la de un antílope era algo más que descabellado para la mentalidad actual.

No obstante, un día como cualquier otro de 1982 se descubrió el primer espécimen real de un Lepus Cornutus, el cual no era un monstruo en lo más mínimo. Tras una renovada investigación en el tema se descubrió que éstos conejos cornudos padecían de un virus denominado papillomavirus, el cual lleva a que una cornamenta callosa se desarrolle generalmente en su cabeza.

La Sirena de Fiji

Me encantan las historias que incluyen una estafa y un personaje extremadamente carismático y talentoso que logra engañar a medio mundo -siendo todavía Víctor Lustig el Rey de los estafadores!. Por esta razón he decidido hacer una lista con los 5 engaños -o hoax, anglicanismo que tomó mucha popularidad últimamente- de todos los tiempos.

La sirena de FijiCorría el año 42 del siglo 19 y los barcos a vapor exploraban el mundo descubriendo misterios y lugares asombrosos. Gracias a esto la imaginación popular se había elevado a un punto culmine de creencias artífices de monstruos, maldiciones y lugares exóticos dignos de un sueño compartido entre Joseph Conrad y Lovecraft. Una noche, como cualquier otra de la populosa New York, descendería de un barco transatlántico un caballero Inglés llamado “Dr. J. Griffin” de altísima cultura y modales dignos de un noble de alta cuna, también poseería magnificas credenciales siendo miembro de un tal “British Lyceum of Natural History” -inexistente por cierto-. La diferencia entre el Dr. Griffin y los demás pasajeros es que éste, en su equipaje, cargaba con un monumental “descubrimiento de la ciencia”, nada más y nada menos que una sirena.

La sirena de Fiji
Supuestamente capturada en las Islas Feejee -en Español Fiji- la sirena se lograría convertir en la vedette de los periodistas por lo que decenas de reporteros de todos los medios correrían por entrevistar al prestigioso doctor. Por supuesto ayudó a este furor el que Griffin mandara unos meses antes cartas sobre el descubrimiento de un magnifico ser mitológico. Ante la unánime exigencia de mostrar a la sirena Griffin sólo ponía negativas, pero tras la presión, lograrían que éste la muestre brevemente… quedando absolutamente convencidos del hallazgo. Acto seguido, el cómplice de Griffin y comediante de profesión, un hombre llamado Barnum se dirigiría a todos los periódicos “ofreciendo” un grabado de la sirena con la excusa de que el ya no lo necesitaba más. “Curiosamente” el grabado reflejaba la imagen de una hermosa joven con cola de pez. Esto, y el que todos los editores pensaran que tenían la exclusiva, bastó para que el 17 de Julio todos los periódicos de New York mostrarían la imagen de la hermosa dama, creando un furor y deseo impresionante por presenciar dicho hallazgo entre el público.

Literalmente todo New York hablaría de la sirena durante semanas, y esto llevaría a que en el momento de su exhibición, no sorprendentemente, hubiera una gigantesca cola de personas esperando a pagar su entrada para ver ese magnífico ser. Sin embargo, una sorpresa aguardaría a los espectadores: La sirena no sería una mujer hermosa sino que terminaría por ser un horrible ser con una de las expresiones de dolor más horripilantes jamás vistas. Ninguno de los miles de espectadores se daría cuenta que en realidad era la cola de un salmón disecada y cosida al cuerpo de un mono que Griffin había comprado por unos centavos a un vendedor de porquerías un tiempo antes. Para cuando se dieron cuenta del engaño realizado por Griffin, que ni siquiera era su verdadero nombre, y sus complices, éstos ya estaban muy lejos con valijas repletas de dinero.

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