Tag Archives: Astrónomos

Cruithne y la segunda “luna terrestre”

3753 CruithneNo queriendo causar falsas ilusiones en algunos de mis lectores romperé la ‘noticia’ rápidamente. No. 3753 Cruithne, un asteroide de aproximadamente cinco kilómetros de diámetro, no es la segunda luna terrestre ya que el mismo órbita al Sol y no a la Tierra -aunque en ciertos períodos de cercanía la gravedad terrestre perturba la órbita de Cruithne.- No obstante, desde su descubrimiento en 1983 su particular órbita de 364 días y su relativa cercanía con la Tierra durante, especialmente todos los meses de noviembre, hizo que se apodase informalmente a este asteroide como la “segunda luna terrestre.” Esto más que nada por la confusión que causó durante los primeros años de conocida su existencia hasta que se pudo saber correctamente su órbita y a manera broma.

Por desgracia deberemos de conformarnos con nuestros satélites artificiales y la siempre creciente chatarra espacial. Que a este ritmo, seguro en algunos cuantos siglos seremos exitosos en crear una luna de basura -Futurama ha sido visionaria-

La segunda luna terrestre
Proyectil lunarHallarle una segunda luna a la Tierra fue prácticamente una obsesión para varios astrónomos de siglos pasados, sobretodo en los del siglo XIX. Esto llevó a que varios prestigiosos observadores del cosmos se apresuraran a sacar conclusiones sin antes verificarlas del todo. Como por ejemplo Frédéric Petit, director del observador de Tolouse, quien con bombos y platillos anunciara haber descubierto la segunda luna terrestre en 1846. Prontamente el descubrimiento de Petit fue declarado como erróneo y la reputación de este prestigioso hombre se vio afectada considerablemente. No obstante, de esto se enteraría el legendario escritor Julio Verne, quien cautivado por la idea, escribió sobre una pequeña y diminuta segunda luna terrestre. Casi sesenta años más tarde el astrónomo Georg Waltemath, tras estudiar perturbaciones gravitatorias en la órbita lunar, creyó estar seguro de haber encontrado una segunda luna de unos 700 kilómetros de diámetro a poco más de un millón de kilómetros de la Tierra, llegando a anunciar muy orgullosamente que durante algunas noches podía vérsela brillar durante una hora o poco más.

Curiosamente el descubrimiento de Waltemath, que era errado, sería “confirmado” no por un astrónomo sino por un astrólogo, Walter Gornold, quien incluso fue tan lejos como ponerle un nombre: Lilith.

C. Grienberger, el hombre obsesionado con mover la Tierra

No no, el día Internacional del Salto no fue el primer intento por sacar a la Tierra de su órbita. A lo largo de la historia, infinidad de intentos, algunos incluso tragicómicos, fueron realizados. Sin embargo, sería Christopher Grienberg, matemático y astrónomo enrolado en la orden jesuita, quien a principios del siglo XVII se tomara el trabajo, de calcular seriamente, en base a cálculos matemáticos y principios de la física, cuánta fuerza sería necesaria para sacar a la Tierra de su órbita.

1142-1_0.jpg
Grienberger construiría infinidad de modelos a escala. En el aquí ilustrado, una Tierra de oro de varios Talentos podía ser levantada con el peso de un solo Talento y una serie de ruedas.

Tras finalizar sus estudios Grienberger, quien era, al menos secretamente, partidario de las teorías de Galileo, debería trabajar como asesor y editor de varias de las obras producidas por astrónomos y matemáticos afiliados a la orden Jesuita. Si bien durante su vida no publicaría muchas obras propias, su trabajo e ideas serían reflejadas en varias de las obras, muchas de estas clave, de la astronomía matemática primitiva.

1142-2.jpgSu trabajo, por otra parte, le daba los recursos, el tiempo libre y la libertad mental necesarias, así como el contacto fluído con otras grandes mentes, para embarcarse en proyectos científicos que, de otra manera, le hubiesen resultado imposibles.

Uno de estos proyectos sería su obsesión con calcular la fuerza y la metodología necesarias para mover a la Tierra de su órbita. Proyecto en el que trabajaría durante décadas y en el cual, intentaría involucrar a astrónomos, algunos de la talla de Mario Bettinus, en su proyecto.

Si bien en un principio creería que esto podría ser posible. Con el tiempo, y sobretodo cuando empezara a realizar seriamente su investigación, llegaría a la conclusión de que esto sería imposible -algo lógico en la actualidad, no así en su época, donde las noticias de nuevas maquinarias inventadas por los renacentistas y nuevos elementos de propiedades asombrosas traídos desde el Nuevo Mundo estaban a la órden del día-.

Que pena que no fue contemporáneo de éste hombre.

La única persona enterrada fuera de la Tierra

En Anfrix ya habíamos hablado del único monumento en la Luna, ahora es el turno de hablar de la única tumba que existe en otro cuerpo celeste. Eugene Merle Shoemaker es considerado hoy en día como uno de los padres de la ciencia planetaria. Experto en asteroides y fundador del Programa de Astrogeología de la USGS, sus aportes variaron desde el entrenamiento de astronautas hasta el descubrimiento de algunos de los asteroides más singulares e interesantes del sistema solar -entre ellos el famoso Shoemaker-Levy 9 el cual impactó en 1994 contra Júpiter causando una liberación de energía de unos 6 millones de megatones (unas 750 veces el arsenal nuclear completo de la Tierra) y que dio la oportunidad única a la ciencia de estudiar por vez primera un impacto planetario de semejante magnitud-

Desafortunadamente tras sufrir un accidente automovilístico en julio de 1997 Shoemaker perdió su vida. Atónitos y dolidos por la noticia la NASA decidió honrarlo de una manera única, dándole el privilegio de ser el único ser humano enterrado fuera de la Tierra. Es así que medio año más tarde, en Enero de 1998, sus cenizas serían cargadas en la sonda Lunar Prospector la cual tras 19 meses de investigación tendría como objetivo final estrellarse en un cráter cercano al polo sur lunar enterrando los restos de Shoemaker en el proceso. No casualmente el nombre del cráter era Shoemaker, crater que durante su juventud Eugene habia estudiado y catalogado intensivamente.

Galileo, Kepler, los anagramas y la casualidad

En el siglo XVII Galileo anunciaría una serie de descubrimientos valiéndose de crípticos anagramas para evitar que estos cayeran en las manos erradas. Este sería el principio de una serie de casualidades que llevarían a Kepler a tratar de resolverlos, fallando en todos sus intentos. Sin embargo, de manera extramadamente curiosa y casual, a pesar de haber estado errado en el contenido real de los anagramas y haber decodificado por error algo completamente diferente a lo que escribió Galileo originalmente, Kepler “descubriría” las dos lunas de Marte y la mancha de Júpiter.

Al descubrir algo que le era imposible de explicar Galileo enviaría una carta al embajador toscano en Praga en agosto de 1610 cuyo contenido se constituía de un texto muy extraño: SMAISMRMILMEPOETALEUMIBUNENUGTTAUIRAS. Su destinatario, al leer el mensaje, quedó perplejo ante la extrañes del mismo. Razón suficiente por la que lo enviaría a una persona cuya genialidad y fama de decodificador eran mundiales, ni mas ni menos que Kepler.

Al recibir el mensaje Kepler inmediatamente descubrió una secuencia en latín a la que, debida su pobre gramática, denominaría “un bárbaro verso latino”. Este decía: Salve umbistineum geminatum Martia proles -Salve, ardientes gemelos hijos de Marte-. Al instante, y más aun ya que estaba en acordancia con sus ideas geométricas del universo, Kepler creyó que Galileo había descubierto dos satélites marcianos. Infortunadamente esa no era la solución del mensaje, pero en una gran casualidad de la historia la interpretación de Kepler no estaba errada… ya que siglos después se descubrirían Deimos y Fobos.

Viendo que el mensaje permanecía volando por el éter sin solución Galileo unos meses después decide revelarle el contenido al Emperador Rodolfo. Este era: Altissimum planetam tergeminum observavi -He observador el planeta más alto en triple forma-. Anunciando de esta manera el descubrimiento de los anillos de Júpiter.

El otro anagrama, Kepler vuelve a estar correctamente errado
Pasado unos meses Galileo envía otro anagrama, esta vez a Julián de Médicis, con el texto: Haec immatura a me jam frustra legunturoy. Kepler, decidido a resolverlo por una cuestión de honor, tras un tiempo piensa haber descubierto el siguiente mensaje: Macula rufa in Jove est gyratur mathem, etc -en Júpiter hay una mancha roja que gira matemáticamente-. Otra vez Kepler vuelve a estar errado en la resolución del mensaje… sin embargo dos siglos después se descubriría que de hecho Júpiter posee una gran mancha roja giratoria.

Al no ser resuelto Galileo revela el contenido real del mensaje: Cynthiae figuras aemulatur mater amorum -La madre del amor emula la forma de Cynthia-. Galileo anunciaba con este mensaje haber observado que Venus presentaba fases como la Luna, confirmado de esta manera que dicho planeta gira alrededor del Sol.

Edward “ojos de águila” Barnard, un astrónomo con buena vista

Considerado por sus colegas como el astrónomo con la vista más aguda en la historia, Edward Emerson Barnard utilizó su don natural, en un tiempo en el que las computadoras no existían, para analizar placas fotográficas obtenidas por observatorios y descubrir infinidad de cuerpos celestes y fenómenos astronómicos.

Nacido en 1857 su padre había fallecido unos meses antes de su nacimiento, por lo que su madre quedó sola y desde muy joven debió buscar todo tipo de empleos para ayudarla económicamente. Interesado en la tecnología y la ciencia en general quedó fascinado con la fotografía por lo que prontamente buscó trabajo como aprendiz de fotógrafo.

Enterado de la organización fundada por el filántropo H. Warner, el cual donaba 200 dólares a cada cometa americano que fuese descubierto -tengamos en cuenta que 200 dólares en esta época era mucho dinero-, logró tras varios intentos conseguir un telescopio de 120 mm de abertura y comenzar su cacería de cometas en 1881 poco antes de cumplir los 20 años.

Su búsqueda comenzó a dar frutos y el talentoso astrónomo se convirtió en el descubridor de un total de 16 cometas, que además de aliviarles la vida económicamente a él y a su madre le granjearon gran reputación en la comunidad astronómica por lo fue becado para asistir a la universidad y en 1887 trabajar en el observatorio Lick de California.

Barnard comenzó a combinar sus conocimientos en fotografía y astronomía y se convirtió en la primer persona en descubrir un cometa en una placa fotográfica, y en 1892, ya trabajando para el observatorio de Yerkes, tras dirigir el telescopio hacia Júpiter, descubrió a Amaltea, el último satélite natural hallado a simple vista y sin la ayuda de fotografías.

Tras esto continuó su trabajo publicando algunos de los más precisos catálogos de nebulosas y comprobó definitivamente que sí existía gas y polvo entre las estrellas. Sin embargo, su mayor descubrimiento llegó en 1916 cuando tras comparar fotografías de la constelación de Ofiuco de su año con unas tomada hacía 22 descubrió una estrella fuera de su lugar, hoy llamada Estrella de Barnard, la cual es la estrella con el más elevado movimiento propio de todas las que se conocen.

Enlaces relacionados
Listado de los descubrimientos de Barnard. También contiene fotografías de los observatorios en los que Barnard trabajó.

Guillaume Le Gentil, el astrónomo con la peor suerte de la historia

Guillaume Le Gentil nació en una adinerada familia francesa del siglo XVIII. No debiendo preocuparse por el dinero decidió estudiar astronomía, y todo indicaba que pronto ganaría fama ya que en sus primeros años logró catalogar algún que otro objeto interesante. Sin embargo, éste joven deseaba obtener gran renombre y prestigio por lo que decidió establecer la distancia exacta entre el Sol y la Tierra, valiéndose del transito de Venus como referencia. Con este fin hace los preparativos y pone rumbo a la mejor ubicación posible: Pondicherry en la India.

En Marzo de 1760 zarpa desde Francia, y tras luchar contra una peste y una muy curiosa invasión de ratas en el navío, llega a su escala en la colonia de Maurits. Allí, con pavor, logra enterarse de que Francia e Inglaterra habían entrado en una brutal guerra. Tras realizar una serie de astutos cambios de planes zarpa en una fragata hacia la costa de Coromandel y de ahí intentaría ir hacia Pondicherry. Desafortunadamente cuando estaba casi por llegar recibe la noticia que Inglaterra había capturado la región, fusilando a cualquier Francés que se atreviese a poner un pie en ella. El panorama no pintaba muy bien, no podía volver y no podía ir practimante hacia ningún lado.

A causa de este conflicto, Le Gentil, se encontraba de improviso en un barco al llegar el 6 de Junio, día del transito de Venus, lamentablemente a pesar de haber estado muy tranquilo por la tarde, debido a lo calmo del mar durante la semana, muy para su horror, ese mismo día una pequeña tormenta hizo que no pudiera tomar ninguna medición. Esto lo devastó, sabía que la próxima oportunidad sería en 8 años y si perdía esa debería esperar unos 100 años para una nueva.

En 1763 vuelve Pondicherry de nuevo a manos Francesas, decidido, esta vez sí, y después de todo lo soportado, a medir el transito de Venus se establece en la zona. Su tiempo de espera lo emplea realizando mapas y construyendo un pequeño observatorio. Tras esperar pacientemente durante tanto tiempo llega el día del transito y nada podía salir mal, había un excelente clima y ni noticias de algún enemigo… sin embargo esa misma noche del 3 de Junio de 1769 una terrible tormenta azota Pondicherry… Le Gentil no pudo medir absolutamente nada y la próxima oportunidad ocurriría en 100 años.

Devastado prácticamente se volvió loco, más de 9 años de su vida enfrentando condiciones pésimas, guerras y pestes para nada. Por lo que en un ataque de locura prendió fuego su observatorio. Desconsolado vuelve a Paris, no obstante, durante el viaje tuvo que soportar una serie de pestilencias que poco más acaban con su vida; y para colmo de males una tormenta cerca de Réunion lo tira por la borda.

Rescatado por un navío Español Le Gentil vuelve a Francia para enterarse que tras su caída al mar lo habían declarado legalmente muerto, siendo su puesto en la Real Academia de Ciencias otorgado a otra persona, su esposa se había casado con otro hombre -su amigo de la juventud- y para colmo de males todos sus bienes habían sido repartidos entre herederos que el ni conocía.