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El sombrerero enloquecido por los vapores de mercurio que fue la inspiración de Lewis Carroll

Alice’s Adventures in Wonderland de Lewis Carroll es uno de esos libros con múltiples interpretaciones dependiendo de la edad en la que se lo lea. Repleto de eventos fantásticos y personajes extraños es el Sombrerero Loco uno de los personajes más famosos e inolvidables no sólo de ésta obra sino de la literatura de fantasía en su conjunto. Su singular excentricidad, locura que a la vez parece por momentos un tanto cuerda y carisma inagotable son algunas de las características que hacen de éste un personaje tan entretenido. Si bien el libro en sí es una obra digna de una imaginación única y privilegiada, curiosamente Carroll no debió de haberse esforzado mucho a la hora de crear a éste personaje, ya que de hecho los sombrereros de su época estaban todos locos.

El proceso de curación que requerían los diferentes materiales que conformaban los sombreros de copa de antaño requería, entre otros materiales, la utilización de nitrato de mercurio. Si les llegaba el éxito, más sombreros debían producir y por ende respirar más y más vapor de mercurio en su trabajo, volviéndose así completamente locos y excéntricos. Por dicha razón la población en general comenzó a asumir que el arte de realizar sombreros era “un oficio de locos”. Muchos de éstos sombrereros además terminaban padeciendo una condición denominada como “hatters’ shakes” (temblores de sombrereros) causada por el daño nervioso que causaba el vapor de mercurio. No fue sino hasta 1869 que la Academia Nacional de Ciencias francesa describió el problema y sus causas, y recién en 1898 comenzaron a implementarse las primeras regulaciones obligando a los sombrereros tanto artesanales como las manufactureras industriales de sombreros a utilizar protección respiratoria durante el proceso de curado de materiales.

El verdadero sombrero loco, fue de hecho un sombrerero loco en la vida real. Theophilus Carter fue un singular personaje que trabajaba principalmente en Oxford y que solía pararse en la puerta de su negocio vistiendo un llamativo sombrero de copa y gritándole a todo el mundo que pasara cerca de su establecimiento. Theophilus era una bomba de tiempo, ya que no siempre enloquecía, sino que a veces se trenzaba en intensos debates sobre varios temas de los cuales tenía un conocimiento privilegiado, por lo que mucha gente corría el riesgo y se acercaba a hablarle. No sólo su presencia era llamativa, sino sus invenciones y maquinarías eran realmente asombrosas, entre ellas una “cama despertador” que al momento de despertar a su “víctima” ésta accionaba un mecanismo inclinado que tiraba a quien esté durmiendo al piso. El mismo Sir John Tenniel, ilustrador de Carrol, viajaria a Oxford para darle vida al sombrero de Alicia inspirándose en la figura de Theophilus.

El día en que una nariz casi detiene el descubrimiento de la evolución

El viaje en el HMS Beagle llevó a Charles Darwin a recorrer las costas del mundo entero. Fue en este mismo viaje, gracias al contacto con infinidad de especies exóticas y desconocidas, donde el padre de la evolución comenzó a entender y a darle forma a la que sería su obra máxima: El Origen de las Especies. Sin embargo, Darwin estuvo a punto de no viajar. Todo por culpa de la forma de su nariz.

Al mando del capitán FitzRoy la misión original del Beagle consistía en realizar mediciones cronométricas y catalogar las costas de América del Sur. Esto, a Darwin, le sería de vital importancia en el desarrollo de su investigación, ya que le daría acceso a especies y lugares desconocidos. Pero más importante aun, sería el punto de partida que le permitiría relacionar al mecanismo evolutivo con el principio de selección natural. De hecho, de no haber visitado las Galápagos, y observado allí las distintas variaciones y diferencias en las especies de las islas -islas cuya configuración geográfica las hace únicas en el mundo con respecto a las notables diferencias evolutivas entre las especies que las habitan-, éste no hubiera escrito uno de los capítulos más fundamentales e importantes El Origen de las Especies.

La nariz de la discordia

No obstante, Darwin estuvo a punto de no subir al barco, todo por la forma de su nariz. FitzRoy era una persona muy especial. Hiperactivo, excéntrico y fácil de ofender -incluso llegando a ofenderse de por vida sólo por cosas tan simples como ver a alguien arreglándose el pelo mientras él hablaba-. Entre las obsesiones del singular capitán se encontraba la de “analizar” a una persona en base a sus rasgos físicos. Por lo que prácticamente conocía de memoria la obra del famoso “morfopsicólogo” Lavater. Es así que cuando vio a Darwin, de inmediato lo analizó minuciosamente. Desafortunadamente el naturista tenía la nariz de “un hombre flojo de carácter, de poca energía y determinación”. Muy arduamente FitzRoy buscó un remplazo para el joven investigador. Sin embargo, la proximidad del viaje, le impidió encontrar uno por lo que muy a su pesar y a regañadientes tuvo que dejar viajar a Darwin. Si lo desean, pueden leer el diario del viaje aquí.

De no haber viajado en el Beagle es muy probable que eventualmente hubiera escrito su gran obra. Sin embargo, no hubiera contado con la enorme base de datos y evidencia empirica que recopiló durante el viaje. Evidencia que luego, en las subsiguientes ediciones del ODLE, utilizaría para responder a todos los ataques y contra-analisis de sus detractores. Por lo que la Teoría de la Evolución hubiera tenido un despegue mucho más lento y dificultoso del que tuvo.