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Simios o ángeles

2279-4Uno de los planteos más interesantes sobre la posibilidad de un encuentro con vida extraterrestre que pude leer vino de la pluma del gran Arthur C. Clarke. Clarke decía que estadísticamente, si observamos primero la cantidad de milenios que el ser humano permaneció en un estadio pre-histórico y luego, tras el establecimiento de la civilización, el carácter geométrico del avance tecnológico, sería casi imposible encontrar a otra especie de «hombres» -es decir, seres con una estructura socio-cultural y tecnológica relativamente similares a la nuestra-. De hecho, lo más probable es que, si se diera el caso, nos encontraríamos con seres en un estado evolutivo simiesco y muy primitivo o, de lo contrario, con seres tan avanzados tecnológicamente cuya tecnología y forma de vida nos resulten indistintas de la magia misma, literalmente, con el poder de un “ángel” ante nuestros ojos. Algo que, desafortunadamente, se ha respetado muy poco en la ciencia ficción.

Durante la Guerra Fría, que indiscutiblemente supo ser la ‘edad dorada’ de la ciencia-ficción con temática extraterrestre, se vivió un período en el cual Occidente prácticamente se obsesionó con seres de otros mundos, muchos de los cuales reflejaban el miedo popular hacia una guerra nuclear. Para entender esto, debemos notar que a la Unión Soviética no se la veía como realmente era, es decir un estado internamente fracturado y en crísis, sino que Occidente la percibía como un poderoso coloso capaz de aplastar al resto del mundo si así lo deseaba.

XenomorfoEs así que nos llegan joyas del cine y la literatura como ‘It Came From Outer Space’, ‘Invasion of the Body Snatchers’, etc. Todas estas, si bien representaban extraterrestres muy poderosos, a la vez les daban una carácter intrínsecamente humano, ya que en realidad representaban tanto a la ideología comunista -Body Snatchers- como a la Unión Soviética y sus espías -It Came From Outer Space-. Más tarde, se pondrían de moda los “ángeles” mencionados por Clarke, seres tan avanzados y poderosos cuya existencia y tecnología nos resultan imposibles de comprender. Vemos surgir obras tales como “2001: A Space Odyssey”, en la cual seres extraterrestres controlan la evolución humana, y “Contact” de Carl Sagan en la cual los seres son tan poderosos que llegan a modificar la estructura misma del universo con el fin, a manera de legado, de dejar escondido un mensaje.

No obstante, si bien me fascina la ciencia-ficción moderna -si es que a Asimov, Bradbury, Clarke, Miller, et al se les puede seguir diciendo “modernos”- dos de mis interpretaciones preferidas vienen del pasado lejano. Una es el viaje a la Luna de Luciano de Samosata, del cual ya hablamos, y otra, de la que hablaremos aquí, es la leyenda japonesa de más de mil años sobre la princesa lunar Kaguya Hime -Luz Brillante.- en la cual, un anciano y su esposa encuentran a una niña dentro de una planta de bambú. Niña que no resultaría ser humana:

La princesa lunarHabía una vez un anciano que vivía con su esposa. Un día fue a una plantación de bambú para recolectar brotes, y se encontró allí con un árbol de bambú que tenía luz en su interior. Se preguntó por qué y sintió una gran curiosidad acerca de lo que habría dentro.

Cuidadosamente cortó el bambú y se quedó asombrado al encontrar a un precioso bebé en el interior. Decidió recogerla y llevarla a su casa. Consultó con su mujer que hacer con el bebé, y llegaron a la conclusión de que era un regalo de Dios. Decidieron llamar a la niña Kaguya-Hime (Princesa de la Luz Brillante). A partir de aquel día, cada vez que el anciano cortaba bambú, encontraba oro dentro de él, no tardó en hacerse rico y construir una gran casa.
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De la inexistencia de la objetividad

En el siglo XVI Dinamarca invade Suecia bajo el mando del rey Christian II. Rápidamente vencidos por las fuerzas dinamarquesas la nobleza y episcopado sueco, fieles al gobierno independentista, son traicionados y asesinados por el mismo Christian II, quien deseaba convertir a Suecia en una provincia. El rey de Dinamarca logra esta victoria con una falsa promesa de amnistía, la cual fue utiliza como excusa solo para poder arrinconarlos en Estocolmo y luego ejecutarlos. Este incidente desencadenaría un odio inmenso entre ambas naciones. Odio que se expandiría por varios siglos y se traduciría en guerras sin mucho justificativo más que el de eliminar completamente de la existencia al otro. De hecho, la imagen en el cabezal representa otra de las tantas guerras entre Suecia y Dinamarca en el siglo XIX.

Hoy en día los suecos al referirse a Christian II lo hacen como “Christian el Tirano”, mientras que los dinamarqueses lo recuerdan como “Christian el Bueno”; las diferencias se extienden incluso a la manera en la cual el suceso fue denominado. Los suecos lo hacen como “El baño de sangre de Estocolmo” mientras que los Dinamarqueses, a veces, lo recuerdan como “Las campanadas de Estocolmo” (por los campanazos que dieron luego de las ejecuciones).

Por cierto, para los aficionados a la ciencia ficción: en Star Trek TNG hay un capítulo en el cual se habla de un conflicto entre los Klingons y los Romulanos, en el mismo se muestra como dependiendo de la facción un evento histórico tomaba un significado, mejor dicho un sentido, completamente diferente al interpretado por el otro grupo. Los Klingons recordaban los sucesos como “La Masacre de Kithomer”, mientras que los romulanos lo hacían como: “Las Campanas de Kithomer”. Una muy buena referencia histórica.