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El Frankenstein de la aviación

El Piasecki PA-97 Helistat fue un prototipo con un costo superior a los 40 millones de dólares que hoy es recordado como uno de los mayores fracasos de la ingeniería aeronáutica. Creado por el Departamento de Bosques de los Estados Unidos para cargar, de manera aérea, toneladas de troncos cortados de un lugar a otro, éste Hindenburguesco monstruo de 104 metros de largo combinaba en una sola superestructura combinaba un dirigible militar ZPG-2W con el fuselaje principal de cuatro helicópteros de carga pesada H-34J fabricados por Sikorsky. Estos cuatro helicópteros eran montados en una configuración rectangular con base en una estructura metálica unida al dirigible. La idea era crear un vehículo capaz de levantar 26 toneladas por viaje, combinando los helicópteros con el dirigible para darle el centro de flotabilidad requerido para este tipo de tareas y a su vez mejor capacidad de control ya en el aire. Una vez en vuelo, se esperaba que la tensión en cada una de las bases del fuselaje que unía a los helicópteros conflagrara en un punto central y esto estabilizara la estructura metálica y limitara la cantidad de vibraciones. Si bien durante el vuelo inicial fue tripulado por cuatro pilotos controlando cada una de las hélices, la idea final era que un solo piloto ubicado en uno de los fuselajes traseros pudiera controlar completamente el vehículo.

Durante una de las primeras pruebas de vuelo, ocurrida el primero de julio de 1986, uno de los helicópteros traseros generara aire de racha durante el despegue -término técnico en la aviación para describir un flujo repentino y muy fuerte de aire-, causando así gran cantidad de vibraciones y llevando a la falta de estabilidad estructural que da como resultado a la desunión de varias partes metálicas y el posterior choque entre las hélices de los fuselajes de helicóptero con la estructura misma del vehículo. En el accidente muere uno de los pilotos y tres sufren distintos grados de heridas.

El lago que desapareció a causa de un error de cálculo

Hay errores y errores de cálculo, pero uno que lleve a la desaparición de un lago es ciertamente difícil de creer. Y es que el lago Peigneur en Luisiana pasó de ser un hermoso paisaje y reserva de agua dulce a convertirse en un desolado cráter salado cuando las perforaciones que intentaban explotar una mina de sal en su lecho se toparon con un enorme taladro que buscaba petroleo subterráneo creando un agujero tal que toda el agua del lago fluyó por éste, haciendo desaparecer el lago y causando un desastre ambiental de proporciones nunca antes vistas en el estado de Luisiana con perdidas millonarias debido a la destrucción de hogares e infraestructura. Además el riesgo de enfermedades se vio severamente incrementado debido a la creación de pequeños charcos pantanosos que quedaron desparramados por toda el área.

La operación estaba a cargo de la Diamond Crystal Salt Company empresa que poseía permiso de explotación de toda la sal bajo el lecho del lago. Años de explotación llevaron a que profundas cavernas fueran creadas a causa de la remoción de la sal. Al mismo tiempo la petrolera Texaco se encontraba de manera torpe y apresurada realizando profundas excavaciones con un gigantesco taladro con el fin de buscar petróleo en el lecho, sin siquiera cerciorarse de que el lugar en el que intentaban excavar había un gran pozo subterráneo. Esta falta de comunicación y un error en los planos originales llevó el 21 de Noviembre de 1980 a que las dos perforaciones se cruzaran, entrando el taladro de Texaco violentamente en la mina y creando literalmente una cascada de agua a presión que disolvía la sal y consecuentemente desestabilizando las cavernas internas de la mina. Según los reportes, la cascada alcanzó los 50 metros y en unos pocos días llegó a vaciar el lago e inutilizar toda el área. De forma imprevista los pobladores vieron como un gigantesco remolino “chupó” todas las estructuras que bordeaban el lago, incluida la plataforma de Texaco que se encontraba en medio de este. Peor aun la diferencia de presión logró que el agua sea expulsada a la superficie a manera de géiser en algunas partes destruyendo varias propiedades.

Hoy en día la zona no ha quedado árida, sino que ha sido “usurpada” por aguas del canal Delcambre, que para desgracia del antiguo ecosistema son saladas. El trágico evento no solo terminó con el canal sino que prácticamente destruyó y remplazó todo el ecosistema y fauna de la zona. Texaco solo debió pagar una multa de 42 millones de dólares, que para una petrolera es relativamente nada.

En la imagen hacia la derecha podemos ver los restos de una chimenea de lo que anteriormente fue un hogar. El desastre además de perdidas económicas causó un daño ecológico irrecuperable.