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¿Por qué hay tan pocos zurdos?

la explicación de Thomas Carlyle
Uno de los primeros en preguntarse el por qué de la escueta existencia de zurdos fue el historiador, zurdo, Thomas Carlyle (siglo XIX). Su teoría consistía en que el corazón se encuentra en el hemisferio izquierdo del cuerpo, por esta razón los guerreros de la antigüedad debían portar su escudo en el brazo izquierdo para proteger tan vital órgano del ataque enemigo. De esta manera se dejaba a la mano derecha como portadora de la espada, al requerir de bastante destreza en dicha mano para utilizar correctamente la espada, con el tiempo la derecha se convirtió en la mano dominante.

La ciencia
Científicamente hay varias teorías, de las cuales todavía ninguna ha sido soportada con evidencia concreta:

Alta testosterona: Esta teoría indica que la exposición a cantidades excesivas de testosterona antes del nacimiento puede llevar al infante a ser zurdo. -Nota: Esta teoría es la más aceptada hoy en día y está de acuerdo con el que exista una cantidad muy superior de hombres zurdos que de mujeres-.

Ultrasonido: Una teoría, que posee evidencia estadística, es que el ultrasonido puede alterar ciertas estructuras cerebrales del feto. La evidencia que la apoya fue el resultado de estudiar un número de madres que no se sometieron a ultrasonido mientras estaban embarazadas y un número de madres que si se sometió, dando como resultado el que las madres que se sometieron tuvieron un promedio significantemente más alto de hijos zurdos.

Shock post natal: Otra teoría, no médica sino psicológica, indica que la utilización de la zurda como mano dominante puede ser producto del stress post natal.

Hemisferio dominante: El hemisferio dominante es, en la mayoría de los casos, inexistente en los humanos. Por ejemplo, una persona zurda puede patear con la pierna derecha y su ojo dominante ser el derecho; así como una persona diestra puede patear con la izquierda y su ojo dominante ser el izquierdo.

Codex Romanoff II, los modales en la mesa medieval.

Codex RomanoffHace unas semanas, más bien unos meses en realidad, comenté sobre el presunto texto escrito por DaVinci sobre la cocina, El Codex Romanoff, que en realidad no es más que una serie de artículos humorísticos escritos por un crítico de cocina muy famoso.

No obstante, no es secreto que el mismo Leonardo da Vinci estaba fuertemente interesado por la mesa y la cocina en general. Este interés por la cocina se acentuó en Leonardo cuando se encontraba pintando La Ultima Cena. Para crear esta obra, y esto lo explica su personalidad perfeccionista en detalle, pasó aproximadamente un año, antes de comenzar a pintar, pensando que es lo que podrían haber ingerido y que utensilios podrían haber utilizado estos comensales tan notables. Para investigar esta duda que tenía pasó varias semanas en la cocina de una abadía.

Es por lo anterior que el tratado sobre los modales del Codex Romanoff resulta tan interesante y gracioso, ya que si bien es una humorada, es a su vez algo que perfectamente podría haber escrito Leonardo considerando su obsesión con la mesa y los manerísmos y modeles en la misma. En el artículo, da Vinci les da a los comensales de su señor mecenas Ludovico Sforza:

* Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.
* Tampoco ha de poner la pierna sobre la mesa.
* Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en ningún momento.
* No debe poner la cabeza sobre el plato para comer.
* No ha de tomar comida del plato de su vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.
* No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.
* No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.
* Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa.
* No ha de limpiar su armadura en la mesa.
* No ha de tomar la comida de la mesa y ponerlo en su bolso o faltriquera para comerla más tarde.
* No ha de morder la fruta de la fuente de frutas y después retornar la fruta mordida a esa mismo fuente.
* No ha de escupir frente a él.
* Ni tampoco de lado.
* No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.
* No ha de hacer ruidos de bufidos ni se permitirá dar codazos.
* No ha de poner los ojos en blanco ni poner caras horribles.
* No ha de poner el dedo en la nariz o en la oreja mientras está conversando.
* No ha de hacer figuras modeladas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor así se lo pida).
* No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.
* Ni tampoco serpientes ni escarabajos.
* No ha de tocar el laúd o cualquier otro instrumento que pueda ir en perjuicio de su vecino de mesa (a menos que mi señor así se lo requiera).
* No ha de cantar, ni hacer discursos, ni vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si está sentado junto a una dama.
* No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor).
* No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.
* Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.
* No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia).
* Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.