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Tuffi, la elefanta que saltó al vacio desde un tren aéreo

La historia de Tuffi es tan estrafalaria como llamativa. La misma tuvo lugar en Alemania, en una época en la cual los animales no gozaban con las protecciones con las que cuentan hoy, y los circos urbanos de animales eran moneda corriente en todo el mundo. Tuffi era otro de esos tantos animales que, en vez de encontrarse en su medio natural, debía servir para divertimento humano. Una elefanta de circo de tres años que a merced de los deseos de su director, Franz Althoff, sería montada en un vagón de mono-riel aéreo en la ciudad de Wuppertal para ser exhibida a manera de publicidad para el circo un 21 de julio de 1950.

Tuffi saltanto
(click para ver la imagen completa)

Por supuesto que a Tuffi no le gustaría nada la idea, y con cada pizca de velocidad que ganaba el tren comenzaría a ponerse más y más nerviosa. Esto, en conjunto a las risas de los pasajeros y las luces de las fotografías, llevaría a que la joven elefanta enloqueciera, ignorando las órdenes de su cuidador y arrasando con el vagón entero. Desesperada, pero inteligente como todo buen elefante, decidiría saltar del vagón en movimiento hacía el río Wupper. Una caída de cinco metros que, por suerte, sólo le causaría algunas heridas menores. Increíblemente, lo ocurrido sería captado de pura casualidad en una fotografía.

Tuffi sobrevivió, afortunadamente no habiendo causado ninguna muerte en el vagón durante su histeria producto del estrés. El director sería despedido y Tuffi vendida a otro circo más piadoso. De hecho vivió durante muchos años más, muriendo en 1989, casi 40 años después, y habiéndose convertido prácticamente en todo un icono para Wuppertal, con canciones y libros infantiles en su honor e incluso una gran pintura de lo ocurrido en el mismo lugar en el que saltó desesperada al río años atrás.

Tuffi y su director Tuffi va en camino Tuffi siendo cargada en el tren

Gracias Pablo Mana por la info sobre el Schwebebahn de Wuppertal 🙂 .

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Dajo, el hombre de goma

Mirin Dajo fue un fakir de los Países bajos cuyo acto quedaría en la historia como algo único e irrepetible. Ya que no solo atravesaba por completo su cuerpo con todo tipo de espadas y puñales, sino que además el sangrando no era aparente y, efectivamente, ante el asombro del público, parecía poder clavarse las espadas más filosas sin emitir un solo quejido o señal aparente de dolor. Incluso, ante el asombro del público, solía clavarse todo tipo de objetos para luego tomar agua y convertirse en la “fuente humana”.

Su nombre artístico, que en el idioma artificial esperanto significa “maravilloso”, fue tomado a mediados del siglo XX con el fin de describir de manera sutíl la principal característica de su actuación: un acto de control corporal digno de maravillar. Entre 1946 y 1947, tras ser avistado por un representante, llevaría su acto al Teatro Coros en Zurich, en el cual ganaría popularidad por toda Europa. Incrédulo, personal del hospital Cantonal de Zurich invitaría a Dajo a realizar una serie de pruebas y experimentaciones practicadas personalmente por el Dr. Werner Brunnerand, jefe de cirujanos de dicha institución. Los resultados asombrarían a todos ya que, tras una prueba de rayos-x, los médicos y la prensa presente podrían comprobar que no se trataba de un truco, y que el hombre había sido efectivamente atravesado por un sable en una zona considerada como de importancia vitál.

Curiosamente, y lo que convierte su caso en algo único, es que a diferencia de otros fakires, los cuales atraviesan objetos por zonas grasosas, Dajo generalmente atravesaba su cuerpo por zonas consideradas vitales -algo que eventualmente lo llevaría a una muerte prematura, a causa de un daño irreversible a su aorta-. De todas formas, para la medicina actual, el caso del fakir maravilla continúa siendo un misterio.