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Galileo, Kepler, los anagramas y la casualidad

En el siglo XVII Galileo anunciaría una serie de descubrimientos valiéndose de crípticos anagramas para evitar que estos cayeran en las manos erradas. Este sería el principio de una serie de casualidades que llevarían a Kepler a tratar de resolverlos, fallando en todos sus intentos. Sin embargo, de manera extramadamente curiosa y casual, a pesar de haber estado errado en el contenido real de los anagramas y haber decodificado por error algo completamente diferente a lo que escribió Galileo originalmente, Kepler “descubriría” las dos lunas de Marte y la mancha de Júpiter.

Al descubrir algo que le era imposible de explicar Galileo enviaría una carta al embajador toscano en Praga en agosto de 1610 cuyo contenido se constituía de un texto muy extraño: SMAISMRMILMEPOETALEUMIBUNENUGTTAUIRAS. Su destinatario, al leer el mensaje, quedó perplejo ante la extrañes del mismo. Razón suficiente por la que lo enviaría a una persona cuya genialidad y fama de decodificador eran mundiales, ni mas ni menos que Kepler.

Al recibir el mensaje Kepler inmediatamente descubrió una secuencia en latín a la que, debida su pobre gramática, denominaría “un bárbaro verso latino”. Este decía: Salve umbistineum geminatum Martia proles -Salve, ardientes gemelos hijos de Marte-. Al instante, y más aun ya que estaba en acordancia con sus ideas geométricas del universo, Kepler creyó que Galileo había descubierto dos satélites marcianos. Infortunadamente esa no era la solución del mensaje, pero en una gran casualidad de la historia la interpretación de Kepler no estaba errada… ya que siglos después se descubrirían Deimos y Fobos.

Viendo que el mensaje permanecía volando por el éter sin solución Galileo unos meses después decide revelarle el contenido al Emperador Rodolfo. Este era: Altissimum planetam tergeminum observavi -He observador el planeta más alto en triple forma-. Anunciando de esta manera el descubrimiento de los anillos de Júpiter.

El otro anagrama, Kepler vuelve a estar correctamente errado
Pasado unos meses Galileo envía otro anagrama, esta vez a Julián de Médicis, con el texto: Haec immatura a me jam frustra legunturoy. Kepler, decidido a resolverlo por una cuestión de honor, tras un tiempo piensa haber descubierto el siguiente mensaje: Macula rufa in Jove est gyratur mathem, etc -en Júpiter hay una mancha roja que gira matemáticamente-. Otra vez Kepler vuelve a estar errado en la resolución del mensaje… sin embargo dos siglos después se descubriría que de hecho Júpiter posee una gran mancha roja giratoria.

Al no ser resuelto Galileo revela el contenido real del mensaje: Cynthiae figuras aemulatur mater amorum -La madre del amor emula la forma de Cynthia-. Galileo anunciaba con este mensaje haber observado que Venus presentaba fases como la Luna, confirmado de esta manera que dicho planeta gira alrededor del Sol.

Guillaume Le Gentil, el astrónomo con la peor suerte de la historia

Guillaume Le Gentil nació en una adinerada familia francesa del siglo XVIII. No debiendo preocuparse por el dinero decidió estudiar astronomía, y todo indicaba que pronto ganaría fama ya que en sus primeros años logró catalogar algún que otro objeto interesante. Sin embargo, éste joven deseaba obtener gran renombre y prestigio por lo que decidió establecer la distancia exacta entre el Sol y la Tierra, valiéndose del transito de Venus como referencia. Con este fin hace los preparativos y pone rumbo a la mejor ubicación posible: Pondicherry en la India.

En Marzo de 1760 zarpa desde Francia, y tras luchar contra una peste y una muy curiosa invasión de ratas en el navío, llega a su escala en la colonia de Maurits. Allí, con pavor, logra enterarse de que Francia e Inglaterra habían entrado en una brutal guerra. Tras realizar una serie de astutos cambios de planes zarpa en una fragata hacia la costa de Coromandel y de ahí intentaría ir hacia Pondicherry. Desafortunadamente cuando estaba casi por llegar recibe la noticia que Inglaterra había capturado la región, fusilando a cualquier Francés que se atreviese a poner un pie en ella. El panorama no pintaba muy bien, no podía volver y no podía ir practimante hacia ningún lado.

A causa de este conflicto, Le Gentil, se encontraba de improviso en un barco al llegar el 6 de Junio, día del transito de Venus, lamentablemente a pesar de haber estado muy tranquilo por la tarde, debido a lo calmo del mar durante la semana, muy para su horror, ese mismo día una pequeña tormenta hizo que no pudiera tomar ninguna medición. Esto lo devastó, sabía que la próxima oportunidad sería en 8 años y si perdía esa debería esperar unos 100 años para una nueva.

En 1763 vuelve Pondicherry de nuevo a manos Francesas, decidido, esta vez sí, y después de todo lo soportado, a medir el transito de Venus se establece en la zona. Su tiempo de espera lo emplea realizando mapas y construyendo un pequeño observatorio. Tras esperar pacientemente durante tanto tiempo llega el día del transito y nada podía salir mal, había un excelente clima y ni noticias de algún enemigo… sin embargo esa misma noche del 3 de Junio de 1769 una terrible tormenta azota Pondicherry… Le Gentil no pudo medir absolutamente nada y la próxima oportunidad ocurriría en 100 años.

Devastado prácticamente se volvió loco, más de 9 años de su vida enfrentando condiciones pésimas, guerras y pestes para nada. Por lo que en un ataque de locura prendió fuego su observatorio. Desconsolado vuelve a Paris, no obstante, durante el viaje tuvo que soportar una serie de pestilencias que poco más acaban con su vida; y para colmo de males una tormenta cerca de Réunion lo tira por la borda.

Rescatado por un navío Español Le Gentil vuelve a Francia para enterarse que tras su caída al mar lo habían declarado legalmente muerto, siendo su puesto en la Real Academia de Ciencias otorgado a otra persona, su esposa se había casado con otro hombre -su amigo de la juventud- y para colmo de males todos sus bienes habían sido repartidos entre herederos que el ni conocía.

La creación del Mundo y el Universo: Grecia y Roma

De todas las mitologías de creación, a mi parecer, la grecorromana es la más hermosa. Esto es sin duda alguna porque, a diferencia de la Creación Judeo-Cristiana, con los griegos, y por extensión los romanos, nunca existió un canon a seguir. La creación del mundo según Grecia y Roma podemos definirla como una Wiki histórica, donde cada autor diferente enriquecía la historia y la ampliaba. En ella participaron poetas, escritores y filósofos que, movidos por un ansia de explicarlo todo, crearon una novela donde los amoríos, celos y rencores entre los Dioses dieron origen a todo lo que conocemos.

La creación de la Tierra
En el principio… todo era una masa amorfa y confusa, de hecho nada de lo que conocemos hoy en día sean océanos o bosques existía. En ése mundo, regido por la carencia de todo lo conocido, reinaba Caos, un Dios totalmente indiferente, junto a su Diosa Nyx -Noche- la cual traía un manto de oscuridad perpetua al mundo que negaba la visión de todo y de todos. Pasarían millones de años y tanto Caos como Nyx comenzarían a aburrirse en su mundo amorfo por lo que irían hasta su hijo, Erebo -Oscuridad- y solicitarían ayuda. No obstante, éste traicionaría a su padre y lo destronaría; poseyendo a su madre como esposa en el proceso. De manera comprensible Nyx, quien estaba aburrida de su marido indiferente y alejado, no tendría problema alguno en tomar como amante a su propio hijo y así éstos, madre e hijo, esposa y esposo, reinarían juntos por mucho tiempo.

De todas maneras el paso de los años, y tal vez la casualidad, lograría que, curiosamente, de padres tan oscuros y siniestros, nazcan dos hijas hermosas y radiantes: Éter -Luz- y Hemera -Día- quienes, por vez primera en la historia, traerían luz a un Universo reinado por la oscuridad absoluta. Prontamente Éter y Hemera verían que el mundo era algo horrible, plagado de veneno e inexistencia, y frustradas de vivir en un lugar tan desagradable, destronarían a sus incestuosos padres proclamándose Reinas. Así, por primera vez, la Luz se extendería acariciando todos los rincones del Universo y tanto Éter como Hemera, al ver lo triste de su mundo, deciden convertirlo en algo bello y majestuoso.

Ante semejante tarea, crear un mundo hermoso no era nada fácil, pidieron ayuda a Eros -Amor- y tras un gran esfuerzo crearon a Pontus -el Mar- y a Gaea -la Tierra- dos seres tan unicos como increibles. Sin embargo, ésta primera Tierra era algo pálido, vacio y aburrido: los árboles no tenían hojas que se movieran jugando al ritmo del viento; no existían pájaros que llenaran el campo de suaves melodías con sus cantos, ni tampoco existían las flores que perfumaran los montes con su aroma. Sencillamente la Tierra no era ese lugar hermoso que se habían propuesto crear. Eros triste y desolado, sintiendo que no podía existir amor en un mundo pálido, repasaba por su cabeza una y otra vez cómo es que los seres se irían a buscar unos a otros si no existía nada que los motivara a hacerlo, o cómo los amantes se declararían su amor sin una omnipresente Luna testigo fiel de su acto. Afortunadamente siendo Eros el amor, y qué más fuerte que el amor para empujar a alguien a hacer cosas imposibles con tal de lograr su cometido, decide terminar con la tristeza reinante y crear la belleza. Entonces, tensando su arco con la fuerza de su corazón, dio un certero flechazo en el pecho de la tierra, y una estampida de colores y aromas gratificantes comenzaron a surgir del seno de ésta. No solo colores y aromas saldrían de su interior; sino que múltiples animales, aves y flores: miles de hermosos y coloridos pájaros; cientos de tipos de peces sabrosos y majestuosos e incluso las flores más bellas jamás vistas. Serían entonces los nuevos habitantes que adornarían la Tierra con una gracia inimaginable. Gaea, quien toma vida repentinamente tras este acto, abriría sus ojos para quedar maravillada con tan majestuoso paisaje. Sin embargo, al elevar su vista vería solo una masa negra, aburrida y amorfa en las alturas. Deseosa de que su vista fuera perfecta decide entonces crear un ser majestuoso y hermoso que habitara estos lugares, es así que crea a Urano -Cielo-.

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